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COLLAGE

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El tierno dilema de la poesía,

calle que se busca a sí misma,

bostezando en los silencios del planeta

cuenta que te cuenta, vibraciones de la tierra,

caminos de ida y vuelta, tu mirada

vida y muerte,

rehaciendo el comienzo, tu andar y tu elegancia

moldeada por la lluvia, y la tormenta ,

al grano de maíz y la cosecha,

ave de pico encorvado, no respeta propiedades,

pacientementa espera, el amarillo oro

en el justo momento que la parva

descarga su energía al firmamento.

Aventuras del planeta,

misterios de la madre natura,

tu mirada,

heriendo mi memoria ,

lunas llenas jugando en la laguna,

croar del sapo, en su batracio salto,

un San Antonio coquetea,

su vocación de malabarista

en el hilo de la cuerda de la ropa.

Vida, rutinas, ausencias.

Golpe de balde, sonido en el fondo del aljibe,

profiláctica piedrita de cal,

la tortuga pacientemente espera,

una posible libertad de sus ancestros.

La abuela recorriendo gallineros,

caballos que juegan a los cuentos,

-si pasa don Zaino, noche de tormenta

- si el brioso Colorado relincha,

el amor visitará los campos secos.

La vida no es más que eso, andar andando

cuentos y cuentos y los misterios,

la noche aquella en la batalla,

en que el viento anunciaba campo santo

un cañaveral se puso en marcha,

con su ceño chajá, chuzas al viento

en el comienzo de nuestras mocedades

sabiendo que existíamos, sin saberlo

tan solo un andar contando sueños,

un presente diario, se hace pasado

cuando las huellas de nuestros pasos,

se han borrado.

Después,

sobrevividores desamparos carcelarios,

algunos contando eternamente

los pasos del celdario,

desafiando el desafio, sin saberlo

la idea, la justicia, el hombre nuevo,

gritando libertad, allá en plaza

sacando del bronce al héroe del momento,

meditando en su dios, su patria imaginada,

su sable curvo, severo y sin sentido,

su mirada perdida en un perdido ocaso,

la voz sin voz, el dedo índice al horizonte,

ordenando la muerte en el campo de batalla.

La vieja abuela, tan sola de mirarla,

cantaba la canción de los indios de su tierra,

un largo calvario de cantos rodados

mitos que se fueron trucando en “ Pacha mama “

vientos que otros vientos fueron empujando.

Los yuyos , los ladridos al pié del hombre y el caballo;

una historia de carros y de palenques

de potros bravos de la pampa,

de noches frías cruzando los arroyos,

del miedo a los yacaretés en los bañados

tardes de calor, en los veranos,

troperos que van en busca de querencias,

el mangangá chillando en sus saludos

los picaflores con sus azules- nacarados,

verdes sedosos, llenos de energía y vuelo

llenan de colores y música,

la eterna música del verano.

No le habían rapiñado el sueño al hombre,

organizó la resistencia desde lo cotidiano,

del “ lamento “ negro, de los negros esclavos

a la pluma penacho del jefe Zapicán,

de emigrantes que se cayeron del barco,

de ida o vuelta o de regreso,

abatares de los días o de los años,

de los roces con el hambre y el trabajo,

crecieron, como nacen los jardines,

sus dígitos obreros, creciendo en los oficios,

obreros, del mundo proletario,

carpinteros, herreros, zapateros, panaderos,

soñando,con la lejana herida de otro tiempo,

de otra madre, otra lluvia, otra comida,

otro suelo natal, otras historias,

que es la historia del hombre repetida.

Los mismos éxodos,

los mismos muertos.

Quizás son diferentes,

el orden de la fila.

Es diferente el nombre o apellido.

Los mismos Castros de la injusticia,

la misma injusticia del otrora,

la que hablaba de paz y amor y tiempos nuevos.

Haríamos la guerra, la última batalla,

para que no hubiera más guerras en la tierra.

Cuentos raros y mentiras,

mentiras, mentires y mintiendo,

la historia del hombre es ese cuento,

yo te robo, tu me robas, toditos nos robamos,

y luego, lo de siempre.,

reorganizamos los momentos,

los otros, los que llegaron tarde a la cola,

pueden seguir remando,

de país en país, en el mar muerto.

Haremos el último recuento,

m abuela sigue colgando la ropa en el alambre,

la tortuga aprendió a nadar de espalda en su celdario,

Miguel sigue escribiendo poesía guerrillera,

mi abuela sin saberlo, sigue guardándole,

las armas al futuro,

mi abuelo recorre gallineros,

los inmigrantes siguen llegando

adonde creen que hay comida.

los amigos de “ Mi Lucha “

le siguen prendiendo fuego,

a los refugios,

no se puede decir, es propaganda,

políticamente incorrecto, no es diplomático

todos se aprestan para el zarpazo,

en Brasil, Argentina, Venezuela,

en la agraciada España de los cuervos negros.

Dios mire para otro lado, metieron la mano en la lata

no soy corrupto de los corruptores,

de los corruptores, corruptos de mi cofradía,

todas acercados a mi excenta incorrupción,

no soy corrupto ni responsable

de toda esa enorme corrupción.

En el péndulo éste de la muerte,

compré el mejor departamento de la city,

confortable, temperatura regulable,

termómetro digital de última generación,

balcones por los cuatros costados,

ascensores individuales, vista al mar,

horizontes movibles, nubes de plástico

según mi médico, me quedan tres meses de vida,

¡!! Qué bien lo paso ¡!!

Me salva el horizonte,

la forma sin forma de las nubes,

su discurso, su poema,

el eterno idioma de los astros.

Eso que está en las arcaicas escrituras,

“ salvar el alma “,

el niño que tiene hambre y roba

no es un ladrón,

al niño que le robaron su espacio y tiempo y roba,

no es un ladrón,

del niño violentado desde niño,

no esperes otra cosa que violencia,

mi abuela, la india,la mulata

criaba niños del asilo,

los llevaba a su rancho, los peinaba,

les lavaba los pies todos los dias,

les daba un beso en la frente,

y en los pocos monosílabos de un idioma escondido,

se le oía decir; - que les quería.

Tan abuela era esa india de amores repartidos,

no ansiaba un Nobel, ni un Oscar, ni el Balón de Oro,

ni el mejor pié derecho de un jugador izquierdo, ni una triste mediocre

mirada de reconocimiento,

su revolución era la vida, AMOR como herramienta,

el saber que cuando dejamos la montaña,

somos tiempo ido, pasado que se precipita.

Voy por la calle meditando,

me sentaría mal decir,

que sé todo los cuentos,

en qué momento, en qué locura

en qué aventura aquella de los años mozos,

donde hay rostros y nombres que lloran todavía,

en qué vuelta de esquina le ví que lo llevaban,

dos esbirros vestidos de civil,

“No dejen que me llevan compañeros,””

No supimos que hacer.

Golpeó la calle, olfateamos a muerte, a tortura.

Se vistió de mate verde, verde poncho, verde cuartel

la prensa al otro día.

Nosotros guardamos

El cadáver en el ropero,

recién hoy,

a muchos años bomba,

a muchos años luz

abriremos la puerta.

La sangre sigue corriendo.

Como que hay que decirlo con alegría.

En Iraq, en Syria, en Afganisthan, en Etiopía,

en el Africa ardiente, en el Africa fría.

Si llegamos a tiempo,

la Libertad es el único jardín

que se riega con sangre

Y se abona con vidas.

Mi abuela emigrará de nuevo,

buscará sus gatos y sus perros,

charlará condescendientes extraños monosílabos

con su cotorra verde, su eterna patita levantada,

su piquito dorado, filosofando, sobre la jaula

del mundo del futuro.

 

Héctor Díaz



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