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Herido de muerte...

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A veces la vida nos depara sorpresas o imprevistos que no estamos preparados para soportar sin que nos cause un daño difícil de sobrellevar: la infidelidad descubierta, la traición premeditada, el engaño conciente o simplemente la mentira encubierta en sentimientos de un amor que nunca existió. Es para mi una incógnita sin respuesta como se puede herir a un ser humano cercano a ti, sin que tengas ni una pizca de remordimientos, ni tampoco de empatia.

Pero como nuestra existencia está rodeada de circunstancias las cuales muchas veces no podemos influir, no queda mucho más que hacer que seguir viviendo con esa cruz sobre nuestros hombros, como un estigma que te marcará de por vida. 

Mas, por fortuna o por desgracia, el homosapiens tiene también la enorme capacidad de sobrellevar diversas situaciones negativas, lo cual con el correr del tiempo, irá a engrosar su bagaje de experiencias acumuladas lo que - con suerte y mucha voluntad - no lo afectará directamente el resto de su vida. Por supuesto que las conclusiones que saque de cada una de esas experiencias dependerá del nivel social en el cual se desenvuelve. Pero también del pasado en el cual se desarrolló (infancia, adolescencia, etc) y que lo ha convertido en el individuo que es en la actualidad.

Aqui no hago sino tratar de entender ciertas actitudes o accionares, palabra esta que en si no significa más que poner en funcionamiento un mecanismo, y es justamente ese funcionamiento lo que me llena de dudas, desconcierto, tristeza y frustración, porque no logro entender como se puede de manera consciente y racional, engañar a alguien sin que te produzca ningún remordimiento, turbación de tu ánimo o graves conflictos con tu propia conciencia, es decir del conocimiento que tienes de ti mismo y de tu entorno.

Y con esto no quiero condenar a nadie, porque también entiendo que tras cada traición o infidelidad hay sentimientos verdaderos que hacen que actuemos asi como lo hacemos, sin importarnos las consecuencias de nuestro accionar. Pero claro, cuando somos nosotros las victimas nos cuesta aceptar que "otro" u "otra" sea mejor que nosotros y nos tiren al basurero de la vida sentimental o afectiva como condón usado.

Actualmente estoy metido en un tunel lleno de angustia y ansiedad, pero trato de buscar alguna salida a esta realidad, ya que no tengo más que aceptarla tal y cual es: yo soy el que ha sido marcado a hierro candente y otro el que me ha herido de muerte. Pero tampoco llega esto como una gran sorpresa, pues era algo que venia oliendo desde hace mucho tiempo atrás, pero si que es terrible constatar que tus presunciónes se han transformado en cruel realidad.

Pero basta ya de todo esto. No tengo más remedio que aceptar mi nueva situación y seguir viviendo hasta que esta herida abierta cicatrice, deje de sangrar y no me produzca ya tanto dolor.

Desde Estocolmo

Guillermo Ortiz-Venegas

guillermo_suecia@hotmail.com



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