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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Héctor Díaz.

COLLAGE

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El tierno dilema de la poesía,

calle que se busca a sí misma,

bostezando en los silencios del planeta

cuenta que te cuenta, vibraciones de la tierra,

caminos de ida y vuelta, tu mirada

vida y muerte,

rehaciendo el comienzo, tu andar y tu elegancia

moldeada por la lluvia, y la tormenta ,

al grano de maíz y la cosecha,

ave de pico encorvado, no respeta propiedades,

pacientementa espera, el amarillo oro

en el justo momento que la parva

descarga su energía al firmamento.

Aventuras del planeta,

misterios de la madre natura,

tu mirada,

heriendo mi memoria ,

lunas llenas jugando en la laguna,

croar del sapo, en su batracio salto,

un San Antonio coquetea,

su vocación de malabarista

en el hilo de la cuerda de la ropa.

Vida, rutinas, ausencias.

Golpe de balde, sonido en el fondo del aljibe,

profiláctica piedrita de cal,

la tortuga pacientemente espera,

una posible libertad de sus ancestros.

La abuela recorriendo gallineros,

caballos que juegan a los cuentos,

-si pasa don Zaino, noche de tormenta

- si el brioso Colorado relincha,

el amor visitará los campos secos.

La vida no es más que eso, andar andando

cuentos y cuentos y los misterios,

la noche aquella en la batalla,

en que el viento anunciaba campo santo

un cañaveral se puso en marcha,

con su ceño chajá, chuzas al viento

en el comienzo de nuestras mocedades

sabiendo que existíamos, sin saberlo

tan solo un andar contando sueños,

un presente diario, se hace pasado

cuando las huellas de nuestros pasos,

se han borrado.

Después,

sobrevividores desamparos carcelarios,

algunos contando eternamente

los pasos del celdario,

desafiando el desafio, sin saberlo

la idea, la justicia, el hombre nuevo,

gritando libertad, allá en plaza

sacando del bronce al héroe del momento,

meditando en su dios, su patria imaginada,

su sable curvo, severo y sin sentido,

su mirada perdida en un perdido ocaso,

la voz sin voz, el dedo índice al horizonte,

ordenando la muerte en el campo de batalla.

La vieja abuela, tan sola de mirarla,

cantaba la canción de los indios de su tierra,

un largo calvario de cantos rodados

mitos que se fueron trucando en “ Pacha mama “

vientos que otros vientos fueron empujando.

Los yuyos , los ladridos al pié del hombre y el caballo;

una historia de carros y de palenques

de potros bravos de la pampa,

de noches frías cruzando los arroyos,

del miedo a los yacaretés en los bañados

tardes de calor, en los veranos,

troperos que van en busca de querencias,

el mangangá chillando en sus saludos

los picaflores con sus azules- nacarados,

verdes sedosos, llenos de energía y vuelo

llenan de colores y música,

la eterna música del verano.

No le habían rapiñado el sueño al hombre,

organizó la resistencia desde lo cotidiano,

del “ lamento “ negro, de los negros esclavos

a la pluma penacho del jefe Zapicán,

de emigrantes que se cayeron del barco,

de ida o vuelta o de regreso,

abatares de los días o de los años,

de los roces con el hambre y el trabajo,

crecieron, como nacen los jardines,

sus dígitos obreros, creciendo en los oficios,

obreros, del mundo proletario,

carpinteros, herreros, zapateros, panaderos,

soñando,con la lejana herida de otro tiempo,

de otra madre, otra lluvia, otra comida,

otro suelo natal, otras historias,

que es la historia del hombre repetida.

Los mismos éxodos,

los mismos muertos.

Quizás son diferentes,

el orden de la fila.

Es diferente el nombre o apellido.

Los mismos Castros de la injusticia,

la misma injusticia del otrora,

la que hablaba de paz y amor y tiempos nuevos.

Haríamos la guerra, la última batalla,

para que no hubiera más guerras en la tierra.

Cuentos raros y mentiras,

mentiras, mentires y mintiendo,

la historia del hombre es ese cuento,

yo te robo, tu me robas, toditos nos robamos,

y luego, lo de siempre.,

reorganizamos los momentos,

los otros, los que llegaron tarde a la cola,

pueden seguir remando,

de país en país, en el mar muerto.

Haremos el último recuento,

m abuela sigue colgando la ropa en el alambre,

la tortuga aprendió a nadar de espalda en su celdario,

Miguel sigue escribiendo poesía guerrillera,

mi abuela sin saberlo, sigue guardándole,

las armas al futuro,

mi abuelo recorre gallineros,

los inmigrantes siguen llegando

adonde creen que hay comida.

los amigos de “ Mi Lucha “

le siguen prendiendo fuego,

a los refugios,

no se puede decir, es propaganda,

políticamente incorrecto, no es diplomático

todos se aprestan para el zarpazo,

en Brasil, Argentina, Venezuela,

en la agraciada España de los cuervos negros.

Dios mire para otro lado, metieron la mano en la lata

no soy corrupto de los corruptores,

de los corruptores, corruptos de mi cofradía,

todas acercados a mi excenta incorrupción,

no soy corrupto ni responsable

de toda esa enorme corrupción.

En el péndulo éste de la muerte,

compré el mejor departamento de la city,

confortable, temperatura regulable,

termómetro digital de última generación,

balcones por los cuatros costados,

ascensores individuales, vista al mar,

horizontes movibles, nubes de plástico

según mi médico, me quedan tres meses de vida,

¡!! Qué bien lo paso ¡!!

Me salva el horizonte,

la forma sin forma de las nubes,

su discurso, su poema,

el eterno idioma de los astros.

Eso que está en las arcaicas escrituras,

“ salvar el alma “,

el niño que tiene hambre y roba

no es un ladrón,

al niño que le robaron su espacio y tiempo y roba,

no es un ladrón,

del niño violentado desde niño,

no esperes otra cosa que violencia,

mi abuela, la india,la mulata

criaba niños del asilo,

los llevaba a su rancho, los peinaba,

les lavaba los pies todos los dias,

les daba un beso en la frente,

y en los pocos monosílabos de un idioma escondido,

se le oía decir; - que les quería.

Tan abuela era esa india de amores repartidos,

no ansiaba un Nobel, ni un Oscar, ni el Balón de Oro,

ni el mejor pié derecho de un jugador izquierdo, ni una triste mediocre

mirada de reconocimiento,

su revolución era la vida, AMOR como herramienta,

el saber que cuando dejamos la montaña,

somos tiempo ido, pasado que se precipita.

Voy por la calle meditando,

me sentaría mal decir,

que sé todo los cuentos,

en qué momento, en qué locura

en qué aventura aquella de los años mozos,

donde hay rostros y nombres que lloran todavía,

en qué vuelta de esquina le ví que lo llevaban,

dos esbirros vestidos de civil,

“No dejen que me llevan compañeros,””

No supimos que hacer.

Golpeó la calle, olfateamos a muerte, a tortura.

Se vistió de mate verde, verde poncho, verde cuartel

la prensa al otro día.

Nosotros guardamos

El cadáver en el ropero,

recién hoy,

a muchos años bomba,

a muchos años luz

abriremos la puerta.

La sangre sigue corriendo.

Como que hay que decirlo con alegría.

En Iraq, en Syria, en Afganisthan, en Etiopía,

en el Africa ardiente, en el Africa fría.

Si llegamos a tiempo,

la Libertad es el único jardín

que se riega con sangre

Y se abona con vidas.

Mi abuela emigrará de nuevo,

buscará sus gatos y sus perros,

charlará condescendientes extraños monosílabos

con su cotorra verde, su eterna patita levantada,

su piquito dorado, filosofando, sobre la jaula

del mundo del futuro.

 

Héctor Díaz

Unas horas (Renovarse es vivir)

Querida sobrina, la poesía tiene el alma corroída por la noche, 

los huertos unen a la genteuna forma disimulada de vivir, 

no nos conocemos del todo, el hombre en todas partes 

lloramaldice, se ríe y piensacomo si la vida tuviera otro programa 

que el de la vida misma. 

Creo que ayer fuí a la playa, pensé que el río Santa Lucía me regalaba  

su estuario. 

Me vinieron ganas de decirle a Paco Ibañez que en Montevideo también  

lloran los niños al nacer, 

que la muerte existe en todos lados, y los viejosen su gran mayoría 

todavía disfrutan del perfume que despide la gramilla recién cortada, 

que entra por la ventana, y si ha llovido, el olor es tan fuerte 

que el verano entra con fuerzas por la puerta del recuerdo. 

En el barrio del huerto, lo vecinos pintan las paredes 

alguien diseña verduras gigantes que se trepan a las casas, 

mientras que los viejos ladrillos de los murosreviven 

en el jolgorio de la pintura y la nueva risacomo una nueva dentadura. 

  
Jugar como los niñosdonde el tiempo pierda la tiranía, 

una niña estudiante improvisa música clásica de guitarra. 

Los chocloslos zapalloslos boniatoslos tomates sonríen. 

La sinfónica viene una vez al mestoca para todos, 

esto es, no  en que pueblo de España, el agua hace a la gente igual, 

todos se sacan sus calzadosriegan el mañana,- en algo hay que creer 

dijo un asambleístaen uno de esos tantos días repetidos. 

 

Querida sobrinapienso en la playa,  

supongo que fue el primer día de verano, 

río con  María que se ríe cuando jugamos a las cartas, 

en el estuario sustituto que encontramosdonde ella pescaba, 

leo en la playa, el libro que te hablabadonde Dante clasifica 

en la lengua popular de su momento.   

Los pueblos van y vienen, 

la tercera generación ha mezclado su pelajesiriosasiriospalestinos, 

sudaneses y hasta algún mexicano, el agua democratiza los intentos. 

  
Brown dice en este libro que la superpoblación es el problema, 

lo converso conmigovaya uno a saber, 

todo está en el hilo de los tiemposnacermorir son accidentes 

el cielo está oriental cuasi celeste, el desfile va y viene por la playa 

en pocas horas se viven tantas cosas, el sol se desquita con la gente, 

un túnel largo, sin principio ni fin, bajo el suelo renacentista de Florencia, 

como la vida misma y esa infamia que se llama tiempo. 

 

Querida sobrinapienso cosas que ya no me animo a confensarle a los otros, 

elegí ser pobrete cuentosigo caminando por las ciudades 

por el lado de afuera de las casas, por el lado de adentro de los recuerdos, 

por el lado izquierdo de los sueñosallí dónde el subconsciente simplifica, 

la mano del hombre crea 

Rodó y su parábolaparábola de escuela 

Un niño eleva la copa de cristalgolpeando la misma con su vara de nardos. 

Música triunfal se eleva al vuelovence los ortos y los ocasos, 

la maestra, y el libro de Rodó en su mano, se eleva hacia los astros, 

el niñollena la copa de arena, se apagan los sonidos cristalinos. 

Renovarse es juegovestir la copa de primavera, 

el color de la flor, en pleno intento, se llena de pigmento la arena del trofeo, 

la muerte se reanima para seguir viviendo, 

Rodó, el niño, la flor y la parábola sonríen, 

Caminando, con un trofeo nuevoembelleciendo el día. 

  

  

Héctor Díaz 

2015 



Remembranzas de verano

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El verano se extingue en su último mangangá

en la ventana semiabierta, último zumbido horada el aire,

el tiempo pierde su importancia,

ronronea el gato, ojos encendidos, agazapados  los instintos,

 busca, escucha el silencio de las cosas,

recuerdos que cabalgan en su nostalgia

 todo se vuelve un lejano gris,

gracia provinciana que se enfuma,

hilo de agua que se hace arroyo

en el lejano tiempo que se fue.

Crecer,  fue un parto doloroso,

al final..., caminos de regresos.

Alma y materia de salmón, cambiamos el color del cuero,

volvemos al origo de nuestros desencuentros,

final y comienzo, todo al mismo tiempo,

lejos, al sur del sur, las tierras siguen esperando

con sus higueras bajas, las tres Marías en el cielo

cuando la noche nos quiere dar sorpresas,

y senderos ausentes que invitan

a visitar las tumbas pobres  en cementerios orilleros.

 

Aquí vivió un poeta de otro tiempo,

pluma que versaba en los ocasos,

escribía, escribiendo en piedra dura,

la veleidad del viento en los tiempos.

Estasiábase con un buey coji-tranco ( la paciencia ),

terco, bizco y sordo el otro, ( la desgracia )

para llenar vacíos, complementando las carencias,

un ir y venir, en las huellas del zurco,

rumiando en lo vivido, en el tiempo perdido,

el que nos vamos gastando tranco a tranco,

para curar heridas mal habidas.

Esos amores, luces y colores pasajeros,

nos trajeron el eco eterno de la tierra,

un atrás, un adelante, atajos de los tiempos,

el miedo que enerva y paraliza.

La flor de la  ventana nos cuestiona,

coloquios de un verano que bosteza,

supo llorar el cielo en su consuelo,

acaudalando ríos con su agua

y al final, en los mares profundos se descarga

fotografiando los cielos de las tardes.

El poeta, quiere ser luna, noche, aljibe y pecesito

vivir la vida de las variadas formas,

ser gota de agua, lágrima,

pensamiento de novia enamorada,

juego de niño en su obsesivo empeño,

justiciero, que va enmendando entuertos,

la libertad que reaparece y enciende corazones,

el pueblo, siempre el pueblo, capaz de todas las hazañas.

El llamado de la montaña mágica,

 libre y sola, antes y después,

roja de misterios, adueñada del astro rey y de la luna,

siempre apareciendo en el espejo de la muchacha mora,

en sus mozarabes sueños de solariega empedernida,

la tierra roja,  bocas de las cuevas, garganta de la tierra

la voz de Tellus nos habla desde adentro,

desde el tiempo en que gobernaban los mares,

haciendo la geografía de la tierra,

tiempo álado y sin verguenzas,

cuando la nieve tan sólo era un penacho,

la señal de Cupido,

en tiempos venideros.

En el silencio cósmico solo juega el viento,

tiempos de dioses cabalgando camellos,

 vistiendo la ropa del desierto,

Melchor, Gaspar y Baltasar.

Inventaban el amor de aguas serenas,

los cipreses, las albaceas, las aguas del aljibe

 las naranjas agrias y los jardines del palacio de la Alhambra.

Vi Granada, lo atestigua un tronco centenario,

un viejo roble que se quedó esperando el tiempo nuevo,

apoyado en un muro de un tiempo viejo

para que alguien lo agregara al último cuento

de las “Mil y una Noches”.

Cierro los ojos para ver

el silencio del silencio,

amores inventados, como todos los amores

quereres que de alguna forma fueron

los espasmos del entonces,

rayo de luna que apresado queda

en las alas de un azul ruiseñor,

posado en la ventana de la sultana,

el código de la hormona que esclaviza

un beso prometido toma forma,

el río prometido se desgasta,

corre el agua buscando su objetivo,

la tierra roja, toda tiembla.

Soraya ríe y llora, sin oirnos.

 

Alhambra llorando,

mil gitanos llorando la noche,

mil guitarras acompañando el llanto,

mil estrellas redoblan distancias

mil amores enjuagan nostalgias.

 

Arco Iris de flores que juegan,

a vestir alberjas de un tiempo que fue,

el Almudábar escondiendo puertas,

paredes que lloran sus signos secretos,

las estalactitas colgando del techo,

maderos de cedro, traídos del Líbano

un poco a camello y otro poco a pié.

 

Héctor Díaz

2014

Domingo, 09 de Noviembre de 2014 11:57. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

La máquina de coser, la metafísica de la existencia o apocalipsis‏

20141021113208-subciente.jpg

El subconsciente,
lloraba sus silencios,
regresábamos una vez más
de nuestras últimas muertes;
éramos los pobres de la tierra, 
los
piches,
los sin
patrias.
la materia prima,
los que no conocen el discurso,
los equivocados
los que todos los días,
como todas las noches,
teníamos las estrellas cambiadas,
éramos..., de izquierdas,
de derechas, del presente,
del pasado.
Los desheredados,
los que perdimos las batallas,
los presos, los torturados,
los torturadores,
los que sufríamos el hambre
mendigando.
Eramos, nuestra muerte anunciada.
la fotografía de nuestro cadaver,
la hoja inmoral de la noticia,
la tumba común que estaba preparada.

Fue el olor de tu piel y tu mirada,
que nos retenía en esta vida,
el milagro de tus intenciones,
nuestra desesperada necesidad de proyecciones,
tu abnegada continuidad,
tu frescura de río, de agua clara,
tu luz, la flor de loto,
tu mano repartiendo sandía abierta en el desierto,
tus noches de esperas y de sueños.

Hemos muerto tantas veces,
pasos directos hacia lo incierto,
hacia la noche, con o sin estrellas,
portando la llave del regreso,
tu voz fue la caricia,
tu voz el hilo tenue de energía,
río largo del encuentro,
la playa, devolviéndonos la vida,
la dignidad como preámbulo,
largo camino de la LIBERTAD,
que se ganó su premio, caminando.

Qué sería una avenida sin palabras.
sin la grafía hecha cartel, neón
aviso...., llamado de atención,
invocaciones al grito o al silencio,
un libro escrito en blanco,
la biblioteca sin catálogos,
la voz del orador que no se escucha,
vos y yo cruzando la avenida
con los semáforos apagados.
la frenada inquieta de los autos,
el desagradable olor a amianto,
la mirada furtiva de los ciegos,
la voz sorda de los que nos gritan,
y nosotros, ajenos, contemplando
una ciudad sin cielo, techos sin casas,
plazas sin niños,
que no tienen monumentos,
donde los peces sin bozal, 
mean en los rincones de los perros.
Y vos seguís cosiendo,
Arrimandohilocolorado,
apretando un pedal desenfrenado,
y me seguís contando el sueño:
- pájaros sin alas, arrastrando
el castigo de no creer en los ocasos,
de no guardar para mañana,
de bañarse donde el mar
no tiene agua.
 

Y me preguntás por la querencia,
aquel planeta, que un día habitamos,
por los caminos cortos y los caminos largos,
por las palmeras, que emigraron todas
cuando la bomba de napal y uranio
hizo saltar de golpe el mercurio
de todos los controles y aparatos.
El tacataca de la máquina,
la cortina con un nuevo diseño,
las luces malas de la alfombra,
la araña del techo, tantendo, desconfiada,
sabe del radón, que decora la casa,
los caracoles ya no van a las plantas,
los ríos buscan desesperados sus aguas.
De las selvas, hay solo fotografías quemadas
y de lo que nos va quedando,
un cemento que se multiplicó de a rato
por toda la superficie plana
convertida en gran zona de estacionamiento.
Quedaban recuerdos,
vaga memoria confundida,
si había habido beduínos,
si quedaban indios en las pampas,
si los tigres eran gatos inflados,
si los helechos habían existido,
y si quedaba del llamado hombre,
algún triste esqueleto.
Mientras ronroneabas la máquina,
hablabas de la cueva, del comienzo
del miedo a todo, cuando el miedo no existía,
cuando no existía la existencia,
realizarse una abstración sin realizantes,
y tu abuela corriendo la roca de la puerta,
nos preguntaba:- ¿Qué comemos mañana?

Héctor Díaz, desde la galaxia 0 321
años galáticos, después que la estrella-sol
se nos muriera.

 


 

 

La poesía de nuestras vidas

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Quisiera escribir los versos más bonitos este día,

que aún espero tus pasos en la calle,

que mi indiferencia no era más que un mal pretexto

que mis manos temblaban para adentro,

que el solo mirarte, confundían los silencios,

que se extasiaban, con tu gracia y contenido,

los amaneceres, las puestas del sol y el ámbito terreno.

 

Un pasado que se vive tan intenso,

memoria confundida con el tiempo,

te sigo yendo a buscar, hasta en los sueños,

cuando eras esa alegría, ingenua de la vida,

donde la luna confundida entre los álamos

jugaba a la escondida con las nubes,

en las calles lejanas y cercanas,

de eso que fuimos construyendo..., la poesía....

 

Héctor Díaz

2013-04-21

 

8 de abril 2013

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Las borras del café  ya lo insinúan,

hurgamos en la matriz de las derrotas,

se rompen geografías y los héroes de la pantalla

son caminos repetidos y sin  regresos,

refugiados en las geología de la descendencia,

buscamos la noche aquella,

en que descubriendo el fuego

un beso de amor,  juntó  la sangre,

tejiendo el fino hilo,

en las cosmogonías de los sentidos,

sin que nosotros intuyéramos el enigma.

 

De estrella en estrella, estrellizamos,

fuimos los tatuajes de las piedras,

las afeitadas llanuras del Mar de los Silencios

donde los ríos secos nos dejan su memoria,

ceremonias de antiguos dioses, danzando en el olvido,

ninfas y faunos, aún trabajan

para que la luz, se haga pensamiento.

 

Alguna vez vinieron las palabras,

se cocieron los idiomas con los siglos,

nació la consciencia de los hechos,

el hombre nuevo se hizo viejo

y antes de descubrir como entendernos,

transformamos el miedo irracional

en muchas guerras.

 

En eso estamos todavía.

Son pocos siglos, de eso que se llama tiempo,

renegamos y peleamos con los dioses,

con los mitos que cada uno lleva adentro.

Nos cuesta mucho ser los otros,

las otras voces que a meditar invitan.

 

Después vino la historia,

la memoria de los besos,

el ósculo que quiebra los silencios.

La tierra roturada, que espera la semilla

los entuertos de la poesía,

letra desprolija, amparando a mi enemigo,

si lo tengo.

 

Tu existencia me preocupa

es la memoria triste o alegre de tus sueños,

tus refugios de sótanos inconfesos,

ahí donde los libros se esforzaban

por construir un mundo nuevo.

 

Ignorábamos que fuera del guión

estaba el hombre de carne y hueso,

hombre despojado de sus sueños,

noches sin pan, techos oxidados

barrios de cartón y de pobreza,

donde dios es un pretexto,

y el mañana, una incógnita del cielo.

 

De todas formas, desafiamos,

éramos jóvenes, la muerte no existía

el presente era un pasado de injusticias,

redentores de una humanidad,

que se sigue buscando, todavía.

 

Los espectros siguen escondidos,

ancestrales amigos de la memoria,

conocen casi todos los cuentos,

la narración de las dos lunas..., en el espejo,

la que entraba de noche, disfrazada de sueño,

y otra aventurera, amiga de los gatos y los perros,

escondiendo la tenue sombra del estaño,

en lagunas, aljibes, o el mar abierto,

fabricando  los poetas y los celos,

atando las pasiones y los momentos,

noche y día, muerte y nacimiento.

 

Argencio golpea en la ventana,

viene con la luz de Belén, el pan de los hebreos,

la luz de Prometeo y su castigo,

las chispas del cometa Haley

que nos trajo a Samuel,

y se llevo a Héctor Díaz,

de este planeta sur, a alguna parte norte,

donde el bosque de abetos, conversa con el cielo.

 

Héctor Díaz

Abril del 2013

 

De tu escarbadiente un gajo:

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Querido Luis, el tiempo se va gastando, y por ahí se termina,
calles largas, calles cortas, recovecos de la vida
no manejamos el tiempo, que nos gana la partida
ni dirigimos la vida, que se va abriendo camino.
 
Aramos sin preguntarnos donde poner la semilla,
transportada por los pájaros, por toda la geografía,
desparrama las ideas de la sublime utopía,
que otra vida es bien posible, y es posible la anarquía.
 
Yo no conozco de otroras y tiempos de devenir,
otra forma de entender, la vida plena y posible
de amores que nos cobijen en libertarias razones
donde el hombre es un comienzo, y por supuesto un fin.
 
Algún día ya vendrá, y viniendo cada día
si vemos correr un niño, en busca de nueva vida,
la libertad no se agota, si guardamos escondido
la esperanza que es posible, comenzar un juego nuevo.
 
Calles largas, calles cortas, pedruscos en el camino,
todo es seguir caminando, por las huellas escondidas
que muchos fueron sembrando, antes de nuestra llegada,
después de nuestra partida....

Héctor Díaz

13/12-2012

Sábado, 15 de Diciembre de 2012 20:50. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Como despedida

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                           I

 

Hermano, me quedé pensando

en la hoja amarilla del ayer,

buscando en el pellejo de una geografía,

la polilla que mordió el comienzo,

alguien enterrando la llave en el jardín,

entreabriendo la puerta, dejó en su despedida,

una bohemia quieta,  palabras casi al viento,

la luz prendida del cuarto,

una noche más o menos sin vivir,

la vieja foto de Gardel, en el estante,

una chaqueta escondida en el ropero,

la gastada bombilla compartida,

el olor a humedad de los inviernos,

el tintero y la pluma, el amor por lo antiguo

un gato negro, simulando un cenicero,

la biblioteca reflejada en el espejo,

susurros de una poesía que se niega a morir.

 

                           II

 

Las lágrimas sin recorrido fijo,

contemplan la  ventana  (de la niña de Vallecas),

 que ven pasar la vida.

Llovizna insulsa, que nos moja por dentro,

nostalgias de un tiempo, sin tiempo,

largo suspenso, en yo no sé qué abril.

Las cosas tienen alma,

mimetismo de trastos viejos,

esencias trascendentales,

cosmogonías de los recuerdos,

compases, de un ritmo ciego,

bailarín que entra en los espejos.

Estamos de paso, compañero,

la pluma, la palabra y los versos,

empujando a los sueños,

como herramientas,

hasta quemarnos, por afuera y por adentro.

Adoquines  en la protesta,

agujas del reloj, llenas de polvo,

la hora veinticinco de los cuentos,

un pedrusco con otro, son caminos,

rejas oxidadas, arabescos de un portón colonial,

la novia del balcón,  con sus esperas,

el piano y el soneto

las once sílabas, del endecasílabo de un verso.

 

                           III

 

Ladrillos carcomidos por el musgo nostálgico del tiempo,

graffittis  en las maderas, postigos, tapa agujeros,

un almacén cualquiera, Barrio Sur,

libros que van y vienen, fueron y vinieron,

palabras amontonadas, generosas,

creciendo, en los bancos de los parques,

en las cortezas quebradas de los árboles,

en las noches con lunas y con sueños,

en la  diestra expuesta de un viaje alcohólico,

donde dios, no es más que un mal pretexto,

para juntar el fin y los comienzos.

Juntar, los días, los meses, los quinqueños, la vida

volver a comenzar, a lo Sisífo

el polvo inicial y los silencios, el barro largo de los siglos

el agua de los ríos que nos trae el origo,

creando ese tango a rajatabla

la luna Cuneo, hace amacar tu tenue sombra

el césped tranquilo del amor al acecho,

mirando el cielo, contamos las estrellas sigilosas,

inhalando el libre oxígeno de los pueblos,

alma de la ciudad, cantando su pena,

penetra en el jardín de cada uno,

sufre el zumo, dando el sudor color granito,

y después, el milagro de lo nuevo.

 

 Héctor Díaz

9 de julio del 2012

hectordiaz​2000@hotmai​l.com

 

Confusiones de viaje

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Hace días, que quería contarles algo;

- no sabía bien ¡qué!

un viaje al revés, una película hecha de ocasos

donde el horizonte se duerme, en una línea roja

desvergonzada, prohíbida, inalcansable

atravesada por una gastada gaviota,

controlante austera, de las olas perennes,

chocando en  el silencio de la costa.

Trozos de fotografías descoloridas,

metamorfoseados recuerdos,

resto de la energía de una intención,

diluida en la idea de un tiempo,

que pudo haber comprendido, tus silencios.

 

En esa triste regresiva narración de un viaje

dormitan  los antiguos murmullos  del pasado,

lo que nos ata a la tierra y a la vida,

de lo que pudo haber sido y yá es olvido.

Manojos de sensaciones y miradas,

calles de nombres sin olvidos,

olvidos sin calles, de dígitos anónimos

plazas regadas de besos y suspiros,

verano todavía, el amor no espera,

sueño que no descansa y en la mira

de una furtiva luna de extramuros,

una ciudad sigue pegada al río.

Insólita belleza que me atrapa,

mar troglodita, jugando con ausencias,

convertido en poeta enamorado,

escribe los versos mas sublimes,

de voces indias y huellas del pasado,

ceibales discurriendos sus momentos,

temas de la nación y sus origenes

bajo un  límpido celeste abovedado.

Esos que nosotros fuimos,

durmiendo el sueño quieto de los puentes,

inocencia primera, el primer llanto,

 olvidando el silencio de haber sido,

un proyecto de tierra, totora y barro.

Algunas vez, fuímos los pobres de la tierra,

la viviente materia prima del marxismo,

los leprosos del hijo del dios de los cristianos,

los hijos del pueblo de algunos-istas,

los desheredados de la historia,

negros, mulatos, zambos y entonados

que en nuestra propia tierra, estamos de prestado.

 

La ignorancia crasa del “progreso”,

el capital acorralando al río

dios se apiade de los que van al templo,

al banco, donde crecen honorarios,

al palacio a generar palabras, honores y medallas

asientos purpuréanos, padres de la patria

artífices de acuerdos, guardianes sepulcrales

del contrato social de los Estados.

 

El crimen se adueña de la calle, una noche de cuchillos largos,

los pobres viven al borde del estado,

de la global globalización, de los atajos

a la violencia de los uniformes, la violencia de los desheredados,

yo duermo debajo del puente, entre auto y auto,

pasa un turista despistado, un recurso más en la estadística,

tengo una chancleta color rosa y el pié izquierdo descalzo,

no sé quién fue mi madre y mi padre, un esperma adulterado,

rasco en el fondo del tarro, la voz de la justicia,

si no existieran dioses, habría que inventarlos.

Me acuerdo de Juanita, me ayudó con mis miserias,

un día me hizo hombre, otro día se fue con un saludo

y le quedé mirando un rato largo, se hizo horizonte

y no se porqué, un lagrimón vino sudando.

Un libro vino y se hizo almohada,

hablaba de la utopía, el hombre nuevo, un pié descalzo

de la desesperada lucha contra un ZAR, un Cheik, un REY

contra un dios, de un nihilista tira-bomba, de la política de Aristóteles

de Maquiavelo, que lo único posible es la lucha,

contra la lluvia, el frío, la ventana rota,

que la sopa boba de los pobres, también es un negocio.

Dios nos libre de los profetas y nos libre de dios,

en este loquero del ISMO, liberal-comunismo-socialismo

que alguien nos libere de los bancos, de la mafia capitalista

de los dueños del fútbol, de la marca de marca

y del absurdo negocio de pantalones rotos.

La ciudad despierta, como en el tango

se despereza con un aliento de café,

de tenedor libre, en la lustrosa baranda del hotel,

los chirimicas y sus carros venidos de la pobreza    

atacan sin consideración las latas de basura,

pelean por la sobras del naufragio,

no esperan, ni piden permiso a nadie,

no tienen respeto por el orden, la ley o la dignidad burgesa,

mastico mi última empanada,

miro con recelo, desprecio mi mirada,

me siento ese niño mendigando,

se agría el día y el subsiguiente,

sola la voz desconocida de Machado

me salva los sentidos:

“Caminantes no hay caminos, se hace camino al andar”.

 

Héctor Díaz

 Hectordiaz2000@hotmail.com

A solas

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En el híbrido, invierno de mis días,

invernaban mis sueños alocados,

nada di, ni dejé ni fue pedido,

hasta el final, inercias sin sentidos,

esa energía conseguida a plazo,

para un mundo que subyace, en sus bostezos.

Hacía el espacio huye mi delirio,

a consultar el estallido en su origen,

acelerada, expansiva, se dilata

en las galaxias ralas y sin sentido,

palabras labrando su propio, camposanto,

diccionario para  locos, sin sentido.

 

La distancia, es tan solo un accidente

el abajo y arriba, es campo incierto,

no existe el norte, el sur, ni los caminos

estrellas solas, soles escondidos,

agujeros negros y mares de aerolitos.

La galaxia interior que me acompaña

tiene su medioevo, su pasado,

la eterna discusión sobre las cosas,

-¿quién derrota al oro y sus pecados?

Saturno cuestionando a Salomón,

o Sancho ironizando a su señor,

el tiempo va haciendo y deshaciendo

la bufanda que Penélope nos teje.

En la longeva soledad que me acompaña

me escapo hacia el planeta de los solos,

aplanizo, en rocas milenarias

ahí tan solo, me espera el Principito,

juntamos arena con la lengua,

somos turistas en nuestros propios corazones,

no hay referencias de tiempo,  

ni sonaran las cuerdas de la mejor guitarra.

Mi onírico bostezo que niega a desflorar,

como el artista que se quedo sin público,

en la inmensidad de un cosmo incierto

como  un discurso, para salas vacías.

 

Somos el mundo que llevamos adentro,

en donde estemos, vamos, o nos toque llegar,

haremos de las rocas, nuestro mejor amigo

y aunque no exista el agua, las haremos al llorar.

 

Héctor Díaz

hectordiaz2000@hotmail.com

 

2011-10-13

Sencillamente, amor...

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En tiempos en que el capitalismo salvaje se debate entre la vida y la muerte, tocado profundamente por las protestas masivas de los indignados de toda América – inclusive USA -, Europa y África; en donde la reacción del Poder económico, político y militar del neoliberalismo asesino no se hace esperar, reprimiendo masivamente a los que levantan su voz de protesta, asoma como una bella rosa en medio de un bostal, la pluma de Héctor Díaz, poeta de alma anarca y solidaria, para recordarnos que, a pesar de todo, nuestros sentimientos de ternura aún existen, y perduraran siempre. O como él mismo lo expresa tan bien:

En un mundo tan áspero, imprevisto y con espíritu de cataclismo, de auto-flagelo y "necesidad" de sangre, aventuro unas tímidas palabras, sobre uno de los aspectos de los humanos que siempre vale la pena vivirlo: el amor. Sencillamente, el amor.”

Guillermo Ortiz-Venegas ®

 


  Amor

De todas formas,  escapabas del espejo

vértices voraces y suspiros

ibas y volvías, curvas sigilosas

felina, se agrandaba tu hazaña,

y, esa

desnudez exigía,.... meditativa contemplación.

 

Caballo blanco, galopa, galopa, galopando,

sueños presos de mi yo,

contravertidos,... por soñar fugas imposibles,

soñar sueños, en un mundo

llenos de cadenas, rejas y policías.

 

Me hablabas de tus pies pequeños, tus zapatos,

búsqueda entre la línea y curva sugestiva,

dios no es más que eso,

tus dedos, llenos de uñas color sexo,

un alarido huyendo del presente,

la existencia sin tiempos,

búsqueda de romper los paralelos,

hacer que....,  se cruzasen en un punto,

tu amor, el alarido y la ausencia del tiempo.

 

Te amé, mientras lo permitió mi subconsciente

te amé de a ratos, y a veces todo el tiempo,

tu negra cabellera, se escapaba libertaria,

jugando entrelazarse con mis dedos.

 

Grande tu natura,

buscabas la amistad y adivinamos,

que el SER del otro  es lo que más importa,

por eso hablaba, de tu peinado

mientras contemplabamos la lluvia,

volaban las palomas de la plaza,

hacia sus sucios balcones oxidados,

el café se enfriaba, en esa taza blanca

mientras contemplabamos el FUTURO,

de las pequeñas cosas.

 

Después lo de siempre, el humo pesado del cigarro,

los muchos recuerdos que se agolpan

y... de los tantos silencios, elijo el de los cautos,

de ese que no sabe lo que quiere.

Pienso en tí, y me pregunto, ¿si es posible el regreso?

con su barrio latino y sus pintores,

en esa eterna barricada, utopía de otro tiempo,

y las interrogantes, ¿si la muerte es otro sueño?,

- ¿si el amor es lo único posible?

- ¿si se puede vivir sin el conflicto?,

- ¿si la felicidad radica en eso?

 

Tus manos juegan con la servilleta,

una paloma blanca escapa de tus dedos,

nunca se sabe, si es de ida o de regreso,

tan solo tu voz no tiene vuelta,

queda vibrando entre mis nervios,

me llevas por la cueva de los ciegos

buscando la luz de la salida,

que nos aproximará,... a mares nuevos.

 

Héctor Díaz

hectordiaz2000@hotmail.com

 

2011-09-27

Domingo, 02 de Octubre de 2011 19:32. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Carta para destinatarios universales

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(Querido Miguel…)

Todo es más de lo que uno puede,

y puede uno lo que la memoria exige,

y exige el tambor, MIENTRAS SUENAN LOS TIMBALES,

Y EN LA NOCHES SOLAS, de los solos del mundo

rompemos el rompecabezas y lo recomponemos muchas veces,

se nos gastan las hojas, las letras de molde y el tiempo perdido

y la nieve, nos trabaja la nostalgia

y recordamos nuestros miedos iniciales,

los primeros ingobernables pasos,

de aquellas baldosas flojas,

que nos salpicaban, con el brillo de un mundo mejor,

de vivir de otra manera,

de relacionar el sexo y la LIBERTAD,

de matar el MESIAS,

porque el abstracto sustantivo PUEBLO

vive con el viento, viene desde el tiempo,

va más allá de los líderes temporales,

y decidimos ser herejes,

romper la ortodoxia de los libros "sagrados",

y con la timidez, de los que van a ser "desaprobados"

escribiremos en los muros de nuestro anonimato,

el viejo confesionario de los "locos",

la vida está hecha de entregas, 

sacrificios anónimos, abnegados,

gota a gota, de sonrisas perdidas

gota a gota, de noches compartidas

esperando que ellos vinieran a buscarnos,

con su inquisición,

su medioevo guerrero,

sus botas bañadas en sangre,

donde se escondía y se esconde

"la patria, la propiedad y la familia",

la prepotencia de los ricos,

con sus metamorfosis y sus cambios,

con su prensa conservadora, vende patria,

sus asociaciones de comerciantes y banqueros,

sus PG2 y sus masones, su capital hebreo-americano,

sus Opus Dei, sus triples alianzas,

sus invasiones militares,

sus bolsas recalentadas, por los robos,

de expropiar sus propios bancos,

haciéndose pagar por los de abajo.

Vamos a homologar a los aedos,

esos eternos caminantes,

con sus manos llenas de caricias

y sus miradas hacia las cumbres altas,

"nosotros que ya nos sabemos todos los cuentos"

romperemos el confesionario,

- hay que matar al rico, al presidente, al sub-presidente,

al banquero, al bancario, al cómplice

al comerciante dueño del supermercado,

que abrió puertas, "con los haberes de la solidaridad"

al que instala su prepotencia con evasión de fondos,

de bancos con "economía recalentada",

todo lo que ya sabemos,

químicamente "puro" no hay nada,

los milicos, son los mismos de siempre,

y cuando los políticos los precisen,

los llamarán de nuevo.

Y las voces de la sangre del verso bíblico,

el abnegado "sacrificio" "del cordero",

es la línea constante y fraticida,

que acompaña a los hombres, desde el origen de los tiempos.

 

La única flor que se alimenta de sangre, es la flor de la revolución,

desde ahí se levantan, los asesinados, los torturados, los muertos,

los sin nombres, los eternos olvidados del esfuerzo,

Pedro Rojas y la cuchara de albañil,

linda palabra, los albañiles que construyen las ciudades,

los carpinteros que arman la silla,

ahí donde se sientan los que aman,

los agricultores, que cultivan las flores,

que ayudan a vestir la casa,

Martín andando en bicicleta,

un "CORRE VE Y DILE" de los que luchan por la causa,

Idilio, con su otro yo "gauchito", desafiando

el malón uniformado,

la vieja Julia comiendo papelitos,

doña María, escondiendo tres fierros desarmados,

un ex marinero de la naval escuela,

con sus ganas de ser, de ser pueblo

y gesto libertario, en una larga noche de Tacoma barco,

en fin, un pueblo de rehén, por esa entente

por esa tripartita, del capital, la iglesia y el estado.

Ahora que no es táctico, ni estratégico,

que es de mal gusto decir lo que ha pasado,

que la historia es disciplina del pasado,

que mirar para delante es "progresismo",

"orientalidad" "de los festejos",

desfile militar, ministros de "primera",

un poncho verde, disimulado

entrando en las entretelas,

de un "contrato social" rousseauniano.

 

El anarquista Artigas, seguirá exiliado

con su escuadrón indígena, sambo, mulato

seguirá galopeando por la historia,

de unos campos ariscos y hombres bien montados.

 

 

Héctor Díaz

28/07/11

 

hectordiaz2000@hotmail.com

 

 

Veinte amores derrotados y unos versos sin terminar

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Se trata de buenos momentos

de escribir y sentir el carraspeo del papel,

de escribir para no estar solo,

de envidiar la calle, con sus postigos rotos

los balcones viejos, llenos de sueños nuevos

y los sueños viejos, llenos de esperas.

 

Le escribo a cualquiera,

al que ponga la oreja, el ojo, el índice, el sentido

a la carcajada del disfrute, la lágrima de la nostalgia,

al pescador que nunca conocí, y me ganó el alma

sobre el muelle aquel de Baires, procurando pescar el tango

que escapa del fondo del río, hecho de luna y barro.

 

Amor número inconfeso,

 viajar desde la lluvia a la neblina,

insólita tristeza,

cuando las gotas de agua bajan por la espada de los monumentos,

los guerreros se preparan, en corceles de bronce

a bañar en rojo, el mármol blanco de la muerte.

En esta plaza estuve antes

retazos de otros seres, al que se les rajaba la cara de humedad,

pensando en un mundo sin regresos,

cementerios de palabras, palabras perdidas, palabras que pudieron ser, diccionario

anónimo de los desheredados.

un boliche a la vuelta de la esquina, copas compartidas

hablaban del amor universal,

intento de un mundo sin muertes y atropellos.

Noche, onírica fantasía de los ebrios,

mitos de  la ciudad, con sus colores, sus olores, sus miedos

que clausuraron las palabras

y el pincel verde que hizo crecer los uniformes

donde se guarecen los batracios del pantano,

 

Tu nombre confundido en los perfumes,

juntabas sueños, contabas pececitos dorados en la fuente,

eras las palabras buenas de los otros,

escribías a pulso en el aire, o en la tierra,

con un carbón, un cincel, una mirada

la palabra aquella que te trajo el mar,

arrastrada por la quilla de algún barco,

o en el ala larga de una gaviota,

cuando el verano hace la aventura eterna,

de salpicar la costa repetida, renovando  los sueños,

de aquella juventud, expresada en candentes búsquedas,

desafiando al miedo y la tristeza,

ofreciendo a la noche, amor, amor de luna

camino que conocieron tus nostalgias.

en esas mil formas de dar y hacer la letra.

El papel se esconde, la tinta se hace borrón

suena un bandoneón su barullo de noche,

de bulín cerrado, un gato se asocia en el paisaje

el boliche llora sus viejas ausencias,

el alma de una ciudad se esconde en una música,

gime el diapasón, su desafío al cielo,

el trigal susurra algún secreto

y la palabra LIBERTAD sigue insistiendo.

              

 

Héctor Díaz

13 de Junio del 2011

 

hectordiaz2000@hotmail.com

 

Tango de luna (Epitalamio; poema compuesto en celebración de una boda)

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Hoy la luna se comió el cielo,

peligrosa la memoria, nos salió al paso

se cayó por el agujero de un rascacielo

en este Estocolmo del mes de abril.

Un polisón de nardos,

la vida quieta de la laguna,

que se tragó el croar de la rana,

dejando dormir en su lecho,

la magnanimidad de lo plateado.

Inexplicable necesidad de la belleza,

de los sencillos epitalamios del vivir,

en este mes de nueva primavera

que nos ofrece algo de su mejor silencio,

dejando su argentiada firma

en una esquina de remolino y hojas secas.

 

Se nos casó la luna con el recuerdo,

en su otra cara de Judas,

guarda la música de sus secretos,

en su nostálgico patio trasero,

cultiva las flores olvidadas,

las  penas de otros cielos,

las otras lunas de mundos extraviados,

en ese sur convalesciente,

que nos tiene atrapados.

 

Entonces, para esquivar  las angustias,

para hacerte un lugar en la parada,

te soñé pegada a los zapatos de la gente  

en busca de la calle y de las novias

gastándote en firuletes disfrazados,

asaltando ventanas y tejados

vestida de  candombe o de milonga,

de tango, de arrabal orillero y de comienzos,

donde la pampa, de atrevida,

se transformaba en mar abierto.

 

En tus noche urbanas,

vestías el canto del tranvía,

vía extendida, caminos y regresos

generosa en todo el hemisferio,

fantasiabas de estaño, en el techo

de la siempre viva Estación de la Esperanza.

Sos como la voz del tambor, llegás al cielo

buena, como el agua mansa del arroyo

coqueteás con el charol de los zapatos

te escondés en el mango de plata

del bastón de algún viejo,

te das abierta en la ventana enrejada, de los presos

competís con la paloma blanca de Picasso,

en otorgarle sueños alados a los momentos.

 

Un día de amoríos te cubriste de ausencias

no sé en que parque de que ciudad, ni que pasado,

era un tiempo sin tiempo, un final sin comienzo

donde las palmeras altas, bajas, flacas, anchas,

estaban escondidas, con verguenza

en esas desoladas avenidas llenas de mansiones

con rejas y techos de la negra pizarra.

Hubo que empezar de nuevo

darle lugar a la  voz de los silencios,

organizar de nuevo los idiomas ,

respetar el incipiente balbuceo,

aprender a observarte a la distancia,

desde esta otra inexplicable galaxia de los tiempos,

 donde quedan las estrellas titilantes,

las noches de galope en el caballo de la nostalgia

donde a lomo de recordar, me encontré con la luna y la palabra.

 

 

Héctor Díaz

26.04.11

 

hectordiaz2000@hotmail.com

 

La Galaxia de Anthon

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Habla el corazón, voz de no sé dónde

oscuros latidos, dilatados silencios

el ojo, ojo de la tierra, lagrimea,

sucumbirá la galaxia de mi nieto?...

 

Repite el hombre con la guerra,

escondido sentimiento apocalíptico de la historia,

una vez más, nos perseguimos;

¿ aprenderemos a querernos ?....

 

Miedo de no sentir el instrumento,

viajando las cuerdas al universo,

diapasón  de los sonidos y los arpegios

viejo eco, repiqueteando en la galaxia de mi nieto.

 

En las travesuras de la Vía Láctea,

viajamos al país de los apremios,

al de la soledad, con un Viernes de asistente,

nos perderemos en la cueva de los hombres.

 

Con un solo ojo y en la frente,

grabando letras raras en las rocas

inventando el vidrio, domando el fuego,

jugando con la mitología de los dioses olvidados

desafiamos el canto de la sirenas,

atando el sentido al mástil enhiesto

que rascaba la galaxia de las estrellas en la isla de Capri.

 

No aprendimos a ver del todo,

incapaces de ir más allá de nuestros epitelios,

olvidamos nuestros primeros pasos,

donde lo mío y lo tuyo, no existían.

 

De salto en salto,

de estrella en estrella,

de nieto en nieto

de sueño en sueño,

donde se acunan lo mejores momentos;

un día de olor a tomillo,

el mujido llamado de la vaca,

acordes cencerriales que cuelgan de su cuello

el cavilar tranquilo de algún perro,

repitiendo el eterno sueño de un ladrido,

contabilazando los anhelos,

supimos del vuelo arisco de los teros,

el grito, como defensa de los miedos,

la sonrisa defendiendo los recuerdos,

la mano extendida, para negar adioses,

la mirada, que te lee por dentro,

porque no somos del todo nosotros,

si alguién no comparte los intentos. 

 

La palabra como puente,

los oídos bien despiertos,

añorando otro viaje,

la terapia de un subconsciente traicionado,

planeta azul, que perdió la cuenta de sus vueltas,

divaga, en la taberna de los muchos olvidados,

espera que el invierno se vista de verano

hombres sin violencias, flores, animales,

novias con sus besos y sus abrazos,

ríos de cristalinas aguas,

apagando las ansias de la guerra.

 

En esta galaxia epistemológica,

la que se ahoga en fundamentos,

saturada de métodos del conocimiento,

que extermina los tigres, los pájaros y el tiempo,

acelerando la destrucción de  lo creado

en un apocalíptico sunami energético,

sin espacio para el mañana y el regreso.

 

 

Hombres enfermos de poder, hombres descalzos,

ocaso de los dioses, noches sin sueños,

ausencia del viaje, hacia nosotros mismos,

tristeza mineral, en el más azul de los planetas,

caminos destruidos por nuestros propios pasos.

 

Del otro lado...

en la otra orilla de la sal, con sus diamantes

están mi nieto y el nieto de mi nieto

y todos los nietos del planeta;

quieren conocer los espejos tensos de la luna,

todo esa plata, lejana, allá en el cielo,

su quietud, su silencio, su lugar, su tiempo.

 

Galaxia Sur y geografías,

libros viejos, hojas amarillas

imperfecta la polilla, con su idioma morse

recreando alfabetos viejos.

Un polvo rojo es la amenaza,

tarde ardiente,

el día sin aire, sin prisa,

dormía en las alas de los pájaros,

con sus picos abiertos, añorando el agua.

Una nube amarilla derrotaba el último suspiro,

todo era confusamente atómico, radioactivo,

la galaxia del recuerdo, del otro tiempo,

incalculablemente lejos,

como la curiosidad de los que fueron

en ese cementerio de silencios.

 

Pero del todo no están muertos,

cuando recojo lo que fue de su alfabeto,

sus pedacitos de sufrimientos negros,

el color castigado, describiendos ausencias,

el pedacito chiquito y metafísico

de la larga lista del solar del sufrimiento,

esas voces lejanas de la experiencia,

que nos hacen sentirnos un solo pueblo.

 

En ese caminito al Sur,

se van mezclando, no solo el zurco y la semilla,

la reja, el terrón, la pampa, el cielo,

sino las ganas de ser de muchos suelos,

tocar la mano árida del desierto,

perdernos en la estepa larga de los abedules,

cruzar los eucaliptus y los ombúes,

abrazarnos con cada uno de los seres

 humanos de la tierra.

Tenemos mucho miedo,

se trata de seguir creciendo,

camino largo hacia el Norte-Sur,

tan lleno de sal y primavera,

tan lleno de gente y mar abierto

y se sabe y está en la memoria inmaculada de mi nieto

que el antes, el ahora, se nos pueden resbalar

de nuestro tiempo.

 

Héctor Díaz

hectordiaz2000@hotmail.com

 

Miércoles, 06 de Abril de 2011 22:59. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Amor, juego, poesía (de tumbo en tumbo)

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Si la magia de la prosa desbordase,

se rompería en cuandrantes mi poesía,

tendríamos canteros simétricos, igualitos

prosapopéyicos de la fruta y la verdura

de un supuesto arte fingido del jardín

¿poesía en fin? poesía, sudando

de tanta ritma medida,

desconfío y viceversa

que el agua, la lluvia, el viento

 seguirían creando versos, aunque nadie los escriba.

 

Nostalgia de los nostálgicos, la nostalgia compartida,

literatura, eslabón entre la flor y la vida

un inolvidable amor, un beso de despedida,

una mano que señala  tu silueta dominguera,

un espejo que no miente  tus heridas pasajeras,

los airosos deseos tan fingidos y tus segundos remingos,

bruto alado, cabalgando en cielo abierto

forma de nube, cuadrúpedo alzado,

casco que se hunde en la herida de la espera,

rapto, siempre un juego de vuelos consentidos.

 

Crecer, crecer es vivir perfumes nuevos,

vivir es un misterio, cajita de Pandora

donde se sueltan las ansias, que siempre tienen precio.

 Liberar la poesía ¡Qué premisa¡

espíritu de parra, mesa bien servida,

niños de pies descalzos, niños volando

fantasía del juego, instinto airado

juntemos toda la fuerza del futuro,

juguemos a la libertad, al arte

estamos a tiempo, nunca es tarde.

Por las ventanas siguen entrando mariposas,

vienen del barrio de los colores,

revolotean en la cabeza de los hombres,

son las ideas  con sus generaciones de fracasos

aprendiendo un nuevo vuelo, dejar los pies de barro,

que el río de aguas claras nos devuelva el alma.

 

Un hado aedo hace sonar un tango,

SUR, para que sepan los muchachos,

la métrica de tumbo y sin rumbo,

dice  cosas de ningún sentido,

de versos que nunca dijo, los que nunca borroneó

los que naufragan al viento  o se quedaron escritos

en la emulsión borrosa de una ventana muy fría.

Por lo tanto no pregunten,

sobre moral, ni cariño, de ser o de haber sido,

de tener o no tener, de largos o cortos caminos,

de mañanas con cantares, de voces rojas de vino,

con su granito protesta, como gritando al silencio,

haciendo la resistencia, al capital y al olvido.

Pasar por todo una vez, pasar ligero, ligero

ser mano en el viento abierto, remo ancho y timonel,

acercándonos al puerto, o quedarse en el pantano,

donde se hunden tus pies, donde se ensucian tus manos.

 

Me engancho en la vela blanca,

del lanchón de las derrotas, los que siempre están dispuestos,

de grito en grito, alarido, a caer en la batalla,

levantando la incolora, bandera de la derrota,

de los pobres que no tienen más que las horas contadas,

anónimos sufrimiemtos, sin historias y monumentos,

solo gritos y gemidos, que llenan los cementerios.

Tristes balas de rebeldes, edificando poesía,

entre ardores  libertarios, y sonidos de utopías,

entre sonidos cuzados de tambor y batería,

donde se escribió la historia, de tu única sonrisa.

No se trata del poder, se trata de democracia,

bien abiertas las ventanas, vientos del pueblo queridos,

cabalgando a contrapelo, por los caminos del tiempo

con las cerradas arengas, de los clarines de carga,

para dejarle al futuro, sencillamente un suspiro.

 

Héctor Díaz  

2011-03-11

 

hectordiaz2000@hotmail.com

 

DOMINGO

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De mi cadencia, un verso

de su sempiterna potestad,

amor quisiera,

quemar mis endebles travesuras,

desgarrar mis ataduras en la playa,

en la parte dura de la piedra,

dejar las marcas de mi pobre alma.

Todo sacrificio es un llamado,

una anónima protesta,

un revolver la herencia del pasado

la conversación dejada entre comillas

con aquel abuelo que vivía en la cueva.

Permitidme la travesura de una idea,

una noche en castellano, un sueño

el olor a albahaca, tomillo, perejil o ajo,

el canto de la cadena del aljibe,

con su encanto sahara y su noche sin límites.

El mugido de una vaca de los Alpes,

la mística música del cencerro,

rebotando en el fondo de los valles,

animándose a conversar, allá en el cielo,

y una ría que baje de la cima,

con sus hilos de plomo, con su locura de agua,

con su historia de helechos,

cronologías de troncos muertos,

corriendo, corriendo, como el amor

al mar del nuevo tiempo.

 

Entonces, de mi verbo, un gajo

fruto extraviado en la nostalgia,

noches de aciertos siderales,

donde el verde verde de las aceitunas,

me traen al pensamiento,

que los recuerdos no dejan de ser,

       también un arma,

una anotación para el futuro,

un atajo, un mano a la distancia

un repecho que se hace bajada,

cuando empezamos a conversar,

     con nuestros muertos.

Silencios de esperas repentinas,

meditaciones afuera de los tiempos,

compases disonantes, extraviados

noches que no tienen voz,

estrellas que no nos ven

si nosotros no las miramos.

Entonces hay que mirar,

la huerta del vecino,

aquel que trabajaba los domingos,

cuando aún no era mi domingo todavía,

y la vuelta entera de la vida se venía,

siempre con muros afueras del jardín,

los muros que la gente se ponía,

de clase, de Berlín, de antipatías

de ingresos, de edades, de conceptos

siempre muros cerrando los domingos.

 

Un domingo es calle con jardines floridos,

ahí las novias cultivaban el ramillete de la esperanza,

todos las casas tenían un juego de macetas,

llenos de caracoles y geranios,

un corredor de las baldosas flojas,

el muro semicubierto de la esquina,

por una enredadera de otro tiempo,

el cemento de la calle, con pasos olvidados,

un zapato viejo, un basurero

un perro viejo y flaco

como antropólogo de la historia

husmeaba, desde lo recóndito de sus ancestros

las historias viejas de otros perros.

Todavía era un tiempo sin apuro,

el mediodía de la gente con olor a polenta,

la aromática mesa dominguera,

con vino en damajuana, manteles blancos,

cortinas movidas por la brisa,

la abuela ronroneando al compás de los gatos,

un pajarito en una jaula,

el sol reventando en el verano.

Después, siempre un después,

vinieron los domingos desgraciados,

gusto a tango, a cambalache

a hoja mojada del otoño,

domingos de muerte y de tortura,

de música marcial y de uniforme,

de no levantar la vista de la calle,

de no acordarte de tus años, ni tu nombre.

 

Teníamos miedo, mirábamos la vida con cuidado

contemplábamos los domingos bravos,

esos domingos apurados de los pobres,

de niños sin regreso en la noche del tiempo,

domingos de impotencias, de soledad, de irreverencia

de ira, de rebeldía,

domingos, casi domingos revolucionarios,

ventanas abiertas a las tres de tarde,

radios encendidas, la noticia,

domingos de los pueblos, verdaderos artífices,

de una historia arrimada a los caminos.

Fuimos un domingo feliz, no cabe duda

teníamos todo el tiempo de la infancia,

la confianza de ser en las mañanas,

disfrutar del astro sol sin cuestionarnos,

que domingo era, ni que época del año.

Fueron tantos domingos,

que me quedé esperando,

se fueron pasando las semanas,

se acallaron las luces de los años,

primaveras apurando los veranos,

los muros se fueron derrumbando,

nuevos muros se fueron instaurando,

pero aquellos días de pastas domingueras

todavía me siguen rebotando.

 

Héctor Díaz.

2011-03-02

 

hectordiaz2000@hotmail.com

 

Miércoles, 02 de Marzo de 2011 10:25. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Nadie es más

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Extraviado en tu mirada recorría

mi sigiloso andar,  tu andar venía,

fué la sonrisa, quizás la noche

un remolino venido, canción cantada

eterno vuelo de paloma, vibraciones ligeras

alas blancas, abanico cortando los suspiros

 de un momento sin tiempo,

donde los verdes silencios espiaban los jardínes

de esa brisa ligera escapando hacia el mar

y a los abismos ignotos que nos brindó la vida.

 

Amar es un dilema, inmensurable axioma,

un demonio encerrado, sin peso ni medida

laberintos de oníricos deseos, promonitorios estertores

flor que se cultiva  aprendiendo a sufrir.

Un verso es la mano querida de una amiga,

una línea de tierras trabajadas para ser un vergel,

semillas a punto de hacer capullos nuevos

canteros, regadios, cielo celeste, amaneceres

sintaxis venideras, futuro devenir.

No somos más, que lo que fueron otros

retazos de una colcha, con desflecados ecos

esperas y agonías, esperanzas y afectos

el que paciente espera derrotar el poder.

 

Nadie es más que nadie, de paso estamos

somos agua corriendo, regando ese vergel

cultivando a veces las flores más airosas

viendo nacer el sol, dios de todos los días

que nos da vida eterna  y nos hace crecer.

La mañana que el hálito de mi voz no empañe,

el cristal que refleja el dejo de tu ser

te veré con mis ojos cerrados para siempre,

miraré hacia adentro y ahí te encontraré.

Después seremos eco, recuerdos del ayer

caminos de otros sueños, empujando detrás

de la eterna esperanza, que acompaña al hombre

de hacer un mundo nuevo, con nuestro propio ser...

 

Héctor Díaz   

2011-02-09

 

hectordiaz2000@hotmail.com 

Miércoles, 09 de Febrero de 2011 19:18. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

El LOCO JORGE

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Es la historia de nuestro pasado la que reaparece cuando alguien se nos va. Hay amores que todavía me duelen, sueños que irán más lejos que mi propia muerte, como si fuéramos un eslabón más de la gran cadena que es la humanidad.  Nuestra insignificante historia, no cuantificable e inesperadamente ingenua es también una parte, un pedacito del mundo de los otros. Estas raíces que nos pesan, son un trasplante, donde algunos prendimos con más suerte en estas tierras que nos protegieron, regadas por muchos lagos y cubierta por el bosque boreal. Emigrar es una aventura, una lucha contra reloj, un mundo fascinante que nosotros tuvimos que recorrer. Se podría decir que fuimos los primeros uruguayos que descubrimos la Península Escandinava. Al mismo tiempo supimos de otras muchas migraciones, chilenos, bolivianos, todo un mosaico latinoamericano y del oriente medio , de los países bálticos, de Rumania, de Africa etc,  que nos permitió compararnos. Compararnos es un consuelo, aprender a mal aceptar nuestra realidad y esto se acentuó más cuando nuestros hijos tuvieron hijos y quedamos atados a la tierra que, sin asombro, nos vio descender por la escalerilla de un avión intercontinental en los albores del año 1975. Los fantasmas del pasado siguen estando,  pero con otra energía, de otra manera.  Y cuando un compañero de ruta se nos va repasamos esa historia de nombres y de hechos que nos tocó vivir.  Le tocó el turno a Jorge  Vieites y los recuerdos se agolpan y naufragan en esa interrogante. De común tenemos la historia del exilio, la desesperación de haber tenido que aprenderlo todo de nuevo, de hacernos un lugar, de bajar nuestras revoluciones de orientalismo levantisco y procurar adaptarnos a la sobria forma organizativa de una sociedad nórdica. Y pensamos en el inexorable pasaje del tiempo, en el sufrimiento sin peso y medida de otros semiadaptados, inadaptados, cuasi-adaptados de nuestra migración y de las otras muchas que la humanidad de continuo padece, y no tenemos ni aproximadamente idea o medida del peso o el tamaño del dolor universal.   

El “Loco  Jorge”, como algunos llegamos a conocerle, tenía un comportamiento un tanto desordenado. Nos encontramos  en el campamento de Moheda cuando recién abandonábamos los miedos rioplatenses. Frente a lo inesperado de la geografía, la forma de resolver de la gente, el idioma, la comida y hasta formas de relación diferentes , cada uno encontró su forma de  “ integrarse“. Las respuestas fueron múltiples, y cada uno ofreció lo que traía en su acervo personal. Algunos con la ventaja que ofrece ser joven, o la ventaja de aprender idioma rápidamente, otros con sus posiciones tomadas desde su extracción de clase social, otros con la veteranía que da ser mayor, o intentando formar ghetto, o como en el caso de Jorge, una aptitud de “ loco solitario”, lobo estepario que le permitía contemplar la existencia, sin molestar. Cuando la gran mayoría procuraba aprender idioma, retomar una profesión, descubrir la sociedad, y aterrizar lo mejor posible en este inesperado mundo nuevo el “ loco  Jorge” se consiguió un perro, (el Gaucho) un compañero de andanzas, una forma de ser a la uruguaya, completando esta idiosincrasia con un “puchito” hecho siempre de tabaco comprado en paquete, con la inconfundible hojilla para armarlo y la ceremoniosa aptitud como para darle un verdadero valor a su tiempo. En su bohemia veía el mundo hecho de las pequeñas cosas.  Una mezcla de bohemia tupamara,  más predispuesta a la reflexión y la lectura que a un apologismo guerrillerista. Leía sistemáticamente toda la bibliografía del pensamiento socialista de la época, con un caudal de autocrítica que le permitía estar fuera de marcos ortodoxos. Esta actitud le permitía acercarse a los “ desprolijos” de la colonia, a los cuales nunca abandonó y con los cuales siempre tuvo relaciones fraternales.

Pasaron los años y pasaron de largo también muchos compañeros y muchos nombres. Dejamos de frecuentarnos y reaparecimos en una especie de experiencia común en una escuela en desuso en el barrio de Sätra, periferia de la ciudad de Estocolmo. Fue un tiempo lindo donde se hizo pintura, fotografía, carpintería y donde se soñaba crecer desde ahí a un proyecto social distinto  que nos permitiese sentirnos humanamente mejor.  Jorge siempre estaba en la vuelta, con un libro, con un mate, con una frase oportuna, con la idea que es posible un mundo distinto si el hombre llega al convencimiento de que se puede.

Con la reinstauración del proceso democrático en Latinoamérica volvieron muchos compañeros. Muchos se fueron,  dejando sus hijos grandes en estos lares. Otros fueron y vinieron, de alguna forma los vínculos se debilitaron, nos fuimos haciendo más viejos, le dedicamos más tiempo a nuestros nietos y soñamos con dejarle cambiar el mundo a ellos. Cuando sonó el teléfono con la mala-nueva del fallecimiento del amigo, se agolparon los recuerdos, diríamos recientes y nos sorprendió el rápido pasaje del tiempo. Son muchos los compañeros que se han muerto durante estos años, se que vivirán mientras algunos de nosotros los vayamos sobreviviendo, después seremos parte de un largo y necesario olvido para que los que vengan detrás sean más libres y menos faraónicos.

La muerte sigue siendo una incógnita, en el caso del compañero  “Loco  Jorge”, lo saludamos con un: Gracias por haber vivido y alegrado nuestro tiempo.

Héctor y Martha

hectordiaz2000@hotmail.com 

2011-02-02

Miércoles, 02 de Febrero de 2011 17:48. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Alegoría a la palabra

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Tanteamos la palabra,

sin peso, impresa de seguro

en ”negrita cursiva“,

decorada, con silueta

curva, de sueños confesos

besos de extremaduras.

En los comienzos,

presagios casi yertos,

en los estertores

finales del ritmo

que siempre se engancha

en otro comienzo.

Y rueda por el tiempo,

recostada a algún verso,

perdida en el cajón

de algún escriba,

traída por la voz  de algún profeta

cantada, por la recia garganta de algún sueño,

que le cuenta su amor a alguna amada,

alguna pena, que de belleza dice,

alguna flor, que deslumbró el estío

cuando el sol alumbra los presagios,

y el vidrio de tus ojos llenaban los espacios.

 

La palabra llora en el coro

de las musas, se hizo puente

de la fábula, del secreto del río,

del viento y los sueños liberales,

numen del arte y del conocimiento.

 

En ese barro de la geología,

nació la flor de la palabra,

son GERANIOS de una música coqueta,

PALOMAS de una brisa levantisca,

el ADJETIVO justo, que califica el SUSTANTIVO,

el BESO, que te despertó en los comienzos

cuando el BALBUCEO de tus pasos

se arriesgaron en la incertidumbre,

de estos VERSOS.

 

Desde ahí, siguió creciendo,

un largo recorrido, sin medida,

idiomas, ríos, geografías,

fuegos, pueblos, caminos, pies descalzos,

idas y venidas,

y los fonemas, haciendo la memoria,

la tan vetusta y necesaria

para inventar el tiempo,

para inventarle al hombre, un ALA

una LENGUA, un PIE derecho

una metafísica de ganas.

 

Héctor Díaz

22-1- 2011

 

hectordiaz2000@hotmail.com

 

 

Quejas del alma

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Ahora, es la hora de cerrar el alma

como se cierran los ojos,

en el incógnito y angustiante resquicio

que la noche le deja a los  recuerdos.

Cuando la luna se hace más pálida

porque se la come el día,

o se gastó, como tus años,

buscando el filo agudo de la vida.

 

Y regresas de tu muerte prematura,

atado a la utopía del amor posible,

al sentir la voz de tu enemigo

como tu propio aliento.

Y lloras por todos tus muertos,

por las noches ebrias cargadas de sueños,

y buscas atajos  para inventar lo nuevo,

para sentir que valió la pena haber vivido.

 

No son tus calles, y te duele

ni las casas son tus casas, nunca lo fueron

los sueños, los pícaros fantasmas del silencio

te siguen llamando de otro tiempo.

La cuasi pobre valija de cartón y agujeros,

transportadora de libros, y algún sueño

es tu viejo penacho, tu hidalgo símbolo huero

donde descansan tus consultas a lo incierto.

 

Refuerzas el confesionario, con lo que te queda,

con los retazos que te dejaron los momentos,

y recuentas al azar, como contando al viento:

dos lunas llenas, una ventana bañada por la lluvia,

un perro rabón de nombre Toni, zapatos de charol,

la gorra de golero, la soledad de todos y cada uno,

la pelota de cuero, el higo tibio del verano

el día en que el sol  hizo cantar a los jilgueros.

 

Ese es tu abecedario, y lo sigues queriendo,

el aljibe que te hablaba desde el hueco,

con la tortuga, como si fuese un presidente,

el zumbido del mangangá, para ahuyentar silencios,

el amor, cuando despuntaron los encuentros,

el querer vivirlo, sin entenderlo

como aquel beso que cauterizó aquel momento.

Ahora que vas cerrando el alma,

te abrazas más a los entuertos,

y comprendes más la soledad del caminante,

el miedo triste del guerrero,

la noche ebria, para juntar silencios,

el refugio de Rey Solo,

donde la belleza refugiada en el ámbar,

espera paciente el filo del magneto,

y el mar, el mar, siempre el mar

el mar del Río de La Plata.

 

2011-01-05

 

Héctor Díaz

hectordiaz2000@hotmail.com

 

 

 

El Queco

20101228193507-el-exilio.jpg

 Aspirante a quilombo,

sublimación de la palabra,

voz ligera y contagiosa,

ganas de esconder,

lo ya escondido.

Estamos quequeando,

aquí en el Queco,

queco compartido,

de aquí no se va nadie;

ni los que tienen la corneta,

de estar formando quequeadas opinones,

información “queca“ opinión manejada,

la que le dice al “cascarriaje“ “la que-ca-gada“,

que estan haciendo los sindicatos,

el queco de la inflación,

el queco de la desflación,

el queco del la huelga,

el queco de la crisís,

el queco de  la burbuja inmoviliaria

el queco de un “país de primera”,

el queco de la droga la mexicana,

el queco que es droga colombiana,

el queco y su mercado en la realidad americana,

el queco de los norcoreanos “muertos de hambre”

el queco de buscar comida en el fondo de los tachos,

allá en Manhattan.

 

¿qué queco será eso?

el queco de la economía en alza,

el queco del dólar, que se baja

en el queco de la seguridad y el manoseo,

si me quequeas con el fantasma de la huelga

te largo la quequeada de las cifras de la encuesta,

en el queco de esta prehistoria,

no se escapa nadie,

ni el que recibio, un pedacito de la torta,

ni el que se patina en el queco de la mierda.

queco de los militares, viejos jubilados

quecos torturadores, sin memoria,

quecos de los pederastas con sotanas,

de estos quecos “quilomberos“

no se escapa nadie, je, je

ni el banquero, ni los bancos,

ni el comerciante a medias,

ni el comerciante virtual,

ni el dueño de las minas o el ganado,

ni el que manda tropas a quequear,

a los países de tercera,

ni el quequeo de la tortura

en el queco, de los países de cuarta.

El queco de los que quieren componer

                   lo que se raja,

el queco de los industriales,

             quecos de la Fiat, queco de la Opel,

              Queco de la Seat, con licencia prestada

                 

la huelga empezo a ser mala palabra,

ni ocho horas ni trabajo, consigna proletaria

“ la emancipación de los obreros es obra del mismos proletarios“, ni dios, ni amo, ni estado, por una economia repartida, por la administración de las cosas y plena libertad de los humanos. Abajo las armas y las guerras, transformar la familia en algo mas universal, y mas humano.

En este queco, de sandalías rotas

de discursos en plazas apestadas,

sucumben todavía,

por la gracia de dios y el capital,

los políticos de colores cambiados,

los camaleones, de la carrera hacia el palacio,

el gran queco, que son los parlamentos

el gran queco, que son las instituciones del estado,

el queco del voto cada unos cuantos años,

el queco de la “democracia protegida“

donde tenés la democrática libertad

de polular en tu pleno queco asquiado.

 

Hágase la luz, dijo el señor

por allá en el queco de lo alto,

inventemos el queco del castigo,

Eva quequeando cara al sol, sin contrabando

ingenuamente forniquiando,

cara al sol en su postura,

mientras Adam en pelotas,

se afirmaba en sus cuartos.

Y el espíritu elevado y victoriano

de desvirtuados ojos diabetíanos,

falto de Viagra, cuerno molido de alce o de cabra,

condenaba a los juegos de los bravos,

mientra él se mastubaba de costado.

En el queco del comienzo,

se escondía la vara levantada,

el exilio, la muerte o la cicuta

todo a la hoguera o a la nada.

 

Dios, me salve por estos coqueanos desvarios

del queco salgo, al queco voy

ya no me salvo

al satanás me entrego, gracías dios mío,

por tanto queco contagiado.

 

Héctor Díaz

28.12.2010

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Martes, 28 de Diciembre de 2010 19:35. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

La máquina de cocer, la metafísica de la existencia o apocalipsis

20101221211326-metafisica.jpg

El subconsciente,  

lloraba sus silencios;

regresabamos una vez más

de nuestras últimas muerte;

eramos, los pobres de la tierra,

          los piches,

        lo sin patrias.

     la materia prima,

los que no conocen el discurso,

       los equivocados

   los que todos los días,

   como todas las noches,

teníamos las estrellas cambiadas,

eramos..., de izquierdas

de derechas, del presente

           del pasado,

los desheredados,

los que perdimos las batallas,

los presos, los torturados,

      los torturadores,

los que sufríamos el hambre

         mendigando.

Eramos, nuestra muerte anunciada.

la fotografía de nuestro cadáver,

la hoja inmoral de la noticia,

la tumba común que estaba preparada.

 

Fue el olor de tu piel y tu mirada,

que nos retenía en esta vida,

 el milagro de tus intenciones,

nuestra desesperada necesidad de proyecciones,

                                  tu abnegada continuidad,

tu frescura  de río, de agua clara

tu luz, de flor de loto,

tu mano repartiendo sandía abierta en el desierto,

tus noches de esperas y de sueños.

 

Hemos muerto tantas veces,

pasos directos hacia lo incierto,

hacia la noche, con o sin estrellas,

portando la llave del regreso,

     tu voz fue la caricia,

tu voz el hilo tenue de energía,

 río largo del encuentro,

la playa, devolviéndonos la  vida,

la dignidad como preámbulo,

largo camino de la LIBERTAD,

que se gano su premio, caminando.

 

Que sería una avenida sin palabras.

sin la grafía hecha cartel, neón

aviso...., llamado de atención,

invocaciones al grito o al silencio,

un libro escrito en blanco,

la biblioteca sin catálogos,

la voz del orador que no se escucha,

  vos y yo cruzando la avenida

con los semáforos, apagados.

la frenada inquieta de los autos,

                                  el desagradable olor a amianto,

la mirada furtiva de los ciegos,

la voz sorda de los que nos gritan,

y nosotros,  ajenos,  contemplando

una ciudad sin cielo, techos sin casas

plazas, sin niños,

que no tienen monumentos,

donde los peces sin bozal,

meán en los rincones de los perros.

 

Y tu seguís cociendo,

arrimandohilocolorado,

apretando un pedal desenfrenado,

y me siguís contando el sueño:

-pájaros sin alas, arrastrando

el castigo de no creer en los ocasos,

de no guardar para mañana,

de bañarse donde el mar,

   no tiene agua.

Y me preguntas por la querencia,

aquél planeta, que un día habitamos,

por los caminos cortos y los caminos largos,

por las palmeras, que emigraron todas

cuando la bomba de napal y uranio

hizo saltar de golpe el mercúrio

de todos los controles y aparatos.

El taca taca de la máquina,

la cortina con un nuevo diseño,

las luces malas de la alfombra,

la araña del techo, tantendo, desconfiada,

sabe del radón, que decora la casa,

los caracoles ya no van a las plantas,

los ríos buscan desesperados a sus aguas,

de las selvas, hay solo fotografías quemadas

y de lo que nos va quedando,

un cemento que se multiplico de a rato

por toda la superficie plana

convertida en gran zona  de estacionamiento.

 

Quedaban recuerdos,

vaga  memoria confundida,

si había habido beduínos,

si quedaban indios en las pampas,

si los tigres eran gatos inflados,

si los helechos habían existido,

y si quedaba del llamado hombre,

algún triste esqueleto.

Mientras ronroneabas la máquina,

hablabas de la cueva, del comienzo

del miedo a todo, cuando el miedo no existía,

cuando no existía la existencia,

realizarse la abstracción, no es realizarse,

y tu abuela corriendo la roca de la puerta,

nos preguntaba:-  ¿Qué comemos mañana?


Héctor Díaz
Desde la galaxia cero, 321 años galáticos, después que la estrella-sol se nos muriera.

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Martes, 21 de Diciembre de 2010 21:13. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

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Ofrezco a continuación una poesia que Héctor Díaz escribió en sueco, y que luego él mismo tradujo al español. Es una oda que Héctor compuso hace ya casi diez años atrás y que – así como el mismo lo dice – tradujo tarde. Pero nunca lo es para disfrutarlo! Va en primer lugar la versión original en sueco, y sigue sin demora su traducción al castellano.

 

Guillermo Ortiz-Venegas ®

 


 

 

 IDENTITET

(Till minne av min vän Gösta Claesson)

 

Om ni fortfarande undrar

varifrån jag kommer;

i trettio år har jag varit hos er.

varifrån jag kommer,

det vet jag ej.

Kanske från en hälsning

du och jag,

från en Hej

du och jag.

När du ler mot mig,

När du ser mig,

Jag är du.

Om du bara säger Hej,

då är vi två,

vi är flera en två,

vi är en gemensam känsla,

vi är en nation,

vi är vikingar

vi är charruas

vi är ett rop i ensamheten,

vi är ett behov.

kanske kan jag inte

ditt språk sa bra,

min brytning skrämmer dig,

men var så säker att

din tallskog sväljer jag,

din granskog äter jag,

tro det eller ej,

jag är du, du är jag,

jag är Ferlin, Karin Böjer

och Strindberg,

Héctor Díaz, förresten,

från min mamma,

från en kärlek,

från min fru,

vacker som ett fikonträd,

till snön,

till Arne, musikanten

på Tumba stationen,

från pampas i Uruguay,

till den djupaste Botkyrka själen,

till mitt barnbarn,

ursprungligen från Grödinge.

 

Héctor Díaz

01-03-22


 

IDENTIDAD

(Un recuerdo a mi amigo Gösta Claesson)

 

Y ustedes, todavía preguntan

de donde yo vengo;

treinta años hace que yo estoy con ustedes.

De donde vengo,

yo no se.

Quizas desde un saludo

el mío y el tuyo

desde un hola

tu y yo.

Si tu solamente dices hola,

entonces somos dos,

somos, un sentimiento común,

somos una nación,

somos viquingos,

somos charrúas

somos un grito en la soledad,

una necesidad.

Quizás no sepa tu idioma muy bien

pero estate seguro que,

tu bosque de álamos

lo digiero yo,

tu bosque de pino

me lo como yo,

tus árboles de manzanas

admiro yo,

creé en eso o no,

yo soy tú, tú eres yo,

yo soy Ferlin, Karin Böjer

y Strindberg,

Héctor Díaz, aparte

de mi madre,

desde el amor,

a mi compañera,

bella como un árbol de higos,

a la nieve,

a Arne, bandonionísta

en la estación de Tumba.

De las pampas uruguayas

hacia el profundo espíritu

del alma de Botkyrka,

a mi nieto,

originariamente de Grödinge.

 

Héctor Díaz

(Traducción  tardía)

2010-11-29

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Domingo, 12 de Diciembre de 2010 15:54. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

LA “ LLECA “ SUCIA DE LOS POBRES

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Con mucho agrado presento aquí, una magnifica cantata poética del vate uruguayo Héctor Díaz. Su poesía y sus reflexiones son como una suave gota de miel, que transita emancipada sobre las inclemencias del entorno que nos envuelve.

La presencia de Héctor en el mundo literario, es sin duda alguna un gran aporte al mismo.

La obra que presento a continuación, es grande. Y después de consultarlo con él, decidimos publicarla en su totalidad. Es decir, sin fragmentarla en parágrafos que podrían trozar el grandioso hilo conductor de su Montevideo, descrito en lírica y una pizca de lunfardo – el idioma de los tangos - que aquí sigue.

Guillermo Ortiz-Venegas ®

 

 


 

 

Me reviso a mí mismo, me he revisado a fondo

y nada encuentro. Vacío y frustraciones,

silencios prolongados y muchos desaciertos...

¿ podría ser esto un buen comienzo?

 

Héctor Díaz

10/11/27

 

 


 

 

¿Acaso es ahora, cuando nada soy

que me convierto en hombre?

Edipo en Colona

( Hace mucho… )

 


 

 

Estoy aprendiendo tu poesía,                

no se si se puede,                                      

en falsete, en gotán, en calle sucia        

en lámpara apagada,

en esquina de taitas

en malevos flacos,

en milongas a destajo.

En goles hechos de contrabando,

en suspiros robados,

¡! Oh ¡! - que se dejan hurtar,

haciendo cuentos,

mentiras  “blancas“,

en un  beso largo que aún me duele.

 

 

Montevideo 1

Sos un museo

de baldozas flojas,

salpicando mierda,

en los zapatos,

con suela de cartón,

tormenta de verano,

arrastrando descansos

mensajes o deseos

barquitos de papel.

Sos, la primera novia,

con sus ojos de barro,

voz ausente, silencios prolongados

un adiós.;... un volver:  en el SUR

 

 

Montevideo 2

Cuando la ciudad, se hace “gotan“

se embruja la calle y el tambor se queja,

un Africa, lindando en el olvido,

un  chico  se hace repique,

un poeta se sienta en la plaza

un monumento prepotente,

un sable rascando el cielo,

un hombre peleando con sus sueños,

un palomo, corriendo su paloma

un obrero, buscando su jornal,

un faso añora una pitada,

un manicero, pregona su maní

un coloquio de bóvedas,

un metal verdecino,

un tiempo, en que soñábamos homologar París.

un fantasma, perdido en mi niñez

un tranvía de vías prolongadas

una estación, que dejó de ser bullicio,

una fotografía en blanco y negro,

se enroscan en las nostalgias

de ese otro

mi

 

 

Montevideo 3

La metamorfosis de la calle

se hace zaguán,

picaportes,  gastados por los años,

bronce brillante, que se come el sol,

arabescos azules, que trepan escaleras,

claraboyas quebradas, por las lluvias

y el salitre del mar.

Mecánica del granito,

geometría  cortada por los presos,

una avenida larga, piedra a piedra,

la luz que se quiebra en el silencio

de una ojiva cansada,

en su  eterno esperar.

El balcón bostezando a las tres de la tarde,

un arrabal que se cruza con Carriego,

Discépolo rompiendo escaparates,

los  vidrios  rotos  en un narrar de Borges

volcado de exprofeso sobre Roberto Arl,

megáfonos del tiempo, buscando algún atajo

para seguir soñando, con la luna y el mar.

 

 

Montevideo 4

La lluvia, castigando el  barrio,

el humo, restos tenebrosos

la existencia,

torta frita para todos,

la Pulpera de Santa Lucia,

en los oídos

horizontes de Magaldi en la niñez.

Onetti con su medio litro, litro entero

contempla mis alpargatas desflecadas,

los diarios cubriendo el hormigón,

en un Cilindro en gris mayor,

fondo de ponchos verdes le ponen reja a la protesta,

esa larga noche sin sueños, una noche de más.

Y te agarrás de las pequeñas cosas,

repetís mil veces la poesía de don Pedro,

la que tu viejo en pedo

escupía a capela

“ y te quedás siendo clavo hasta el final,”

viejo y ruín, enmohecido y reumático

cosechando herrumbrientas utopías.

Depués, la defensa de los recuerdos,

disfrazando  macetas,

un corredor largo, con el sillón,  la almohada

la abuela india que cuidaba los gatos,

jugando con el felino  instinto

de no romper los frascos.

Te interrogás por la voz de los ausentes,

te acordás: de la cocina a leña,

la que cocía  puchero proletario,

y soñabas

con el vinocorreabierto,

en la canilla del barrio,

y las cañas tacuaras,

música del viento,

un  tacuaral en marcha,

hay que salvar la patria.

y

Después,

a torta frita compartida,

el muro de la esquina,

madreselva en flor,

la primer protesta,

un tiempo confundido,

sin oficio.

 

 

Montevideo 5

No existían las consignas,

solo nervio,

jardín escondido,

calle olvidada,

 los últimos estertores

quebrados por el sol,

tierra roturada, campo abierto.

 

 

Montevideo 6

Picardía del bolichero

copa de grapa,

ladeada hacia adentro,

vidrio de fondo,

poco contenido.

Códigos secretos ,             

biografías anónimas de la “lleca“,

donde un “faso“ es un saludo,

y la “noma“ se viene de costado,

en el alfabeto de la violencia,

de los dueños del “queco”,

 

 

Montevideo 7

Fuimos juntando los silencios,

la policromía de los entuertos,

el olor de los números,

el dolor de las palabras,

el sentido de los dígitos,

el decir de las flores,

el digno mundo de los gatos,

el hambre de los vecinos,

el alquitrán corrido de la calle,

el sol que pica en pila,

el medio día de las abejas

el verano de las mariposas,

el sinfónico concierto de la lluvia,

en el techo de lata,

el jazmín del país,

el desgano blanco  de su piel

el cielo, donde lloran las glicinas

el olor a moscatel de la parra

el fútbol de los potreros,

el abuelo y su árbol de higos

el eucalipto inmenso,

el veteado verde, textura terciopelo,

el nombre que esculpimos,

tu nombre de matriz.

 

 

Montevideo 8

Tango que me hiciste mal,

tango de la memoria,

tango del volver, de estar a mano,

tango de sentir que la vida es un sueño,

de que valió la pena el gotán de tu existencia.

Un tango luchando con  la angustia

un tango de traumas compartidos,

un tango de silencios rotos,

un tango de bullanga murguera,

un tango  de calle y de esquina

un tango de estandarte y lonja,

un tango de candombe-nación.

 

 

Montevideo 9

Me duelen tus calles fuleras,

tus calles de mentiras,

tus viejos carromatos,

trepando, en el estribo de los años,

en estos días regalados de la vida,

donde el Morito, caballo del caudillo,

se hace consigna de los comienzos.

 

 

Montevideo 10

Los vientos, contar todos tus vientos,

los vientos de los poéticos puntos cardinales,

los vientos de todas las estaciones de tus años,

los vientos fantasmas,

los vientos cuenta-cuentos,

los vientos de la tarde o la mañana,

los vientos fríos y los vientos cálidos,

los vientos con resfrios,

los vientos de la locura y de las ganas,

los vientos del marlasudestada,

los vientos viejos de la pampa,

los vientos remolinos que juntan los mensajes,

los vientos de la tierra que hablan del pasado,

los vientos de los niños que nos traen la poesía,

los vientos anárquicos de la metafísica,

los vientos de los besos deseados,

los vientos del nacimiento y el comienzo,

los vientos del antipoder, los vientos libertarios.

 

 

Montevideo 11

El principito contaba estrellas,

vegetaba por la playa,

juntando estrellas muertas

ebrio de galaxias,

las pegaba en los  cielos  de Figari,

en los negros tú, en los negros che,

en la constelación de Mayakovsky,

en la mesa de Omar Khayyam,

en el vino de Baco,

en la flauta de Orfeo,

haciendo fiesta con la flor del pajarito,

dansando  con el cardo azul del campo,

chucherías y cuchillos viejos,

loros verdes, loros flacos

Tolstoi, discurriendo con Balzac

en el filo exacto, cuadrangular

de la mesa literaria de la feria,

cuando el SUR era SUR, y era domingo...

 

 

Montevideo 12

Antes o después,

vino  la huelga,

el portón de la fábrica,

el piquete,

las casas bajas

del barrio obrero.

El jardín de las rosas,

con su color protesta,

sangre del pueblo,

vientos, vientos

del hombre nuevo,

del que deberíamos SER,

y no nos dejan,

y se acumulan, vientos y vientos

de protestas,

vientos nuevos y vientos viejos

y nos seguimos subiendo al  camión,

del que “SE PUEDE“

DE ARRIBA LOS QUE LUCHAN

que la LIBERTAD Y EL SOCIALISMO

solo lleva un poco más de tiempo.

 

Héctor Díaz

06.12.2010

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Lunes, 06 de Diciembre de 2010 13:05. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Seguridad

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Carvallo pensó en el tiempo transcurrido. Había tenido suerte. Pero la suerte no había sido todo. Aprendió a tener paciencia. Paciencia para saber esperar. Se sentía seguro. Para algunos era el “cacique”, para otros un “correligionario”, para los más el “capatáz” de la Estancia 33.  ¿Cómo se dieron las cosas?  Es una cuestión que se va perdiendo en el camino de la memoria. Todo el secreto estaba en vivir el presente, la vida no debería tener ni pasado ni futuro. No sabía lo que era conmiseración, ni lástima, ni idea misma del daño que producía en los alrededores. Con el tiempo fue notando que cada vez menos gente se oponía a sus deseos. Su palabra se fue convirtiendo en ley. Al comienzo no había sido ni provocador ni prepotente, pero vaya a saber porqué, se le había ido agriando el carácter. Muy arrimado al comisario y protegido del juez de paz, sin saber cómo, se le había hecho el “campo orégano”. Una noche pateó los dados en lo del Toto González, nadie atracó a pesar de que el ambiente era “malandro”. Se le quedó con la plata a todo el mundo. El hecho fue muy mentado en el pago y desde entonces Carvallo se sintió completamente seguro. Sus borracheras terminaban siempre en el quilombo del pueblo. A pesar de que el “queco” estaba regenteado por el milico Peralta, la noche terminaba siempre en lío.

En la estancia había que tener mucha paciencia con él, soportarle impertinencias y seguirle el hilo de su carácter cambiante; saber reírse a tiempo de todas sus malsanas ocurrencias, como el día aquel en que se le ocurrió que el “malevo”, perro hecho a la intemperie, estaba sucio de más. No pensó nada mejor que tirarlo al pozo. El perro luchó horas antes de ahogarse.

Malquistarse con él en la estancia era trabajar de balde, no se conoce a nadie que haya podido cobrar la paga de  una  “changa” no reconocida por Carvallo. Y si le ponía el “ojo” a las paisanitas, no se le escapaba ninguna. –“Picardías de Carvallo”, murmuraba por lo bajo el paisanaje.

Hacía tiempo que se venía metiendo con la Zulema. Ella le soportó algunas cosas por no poner en compromiso a Juan.  Juan, inocente de los hechos arriaba el ganado, volviendo de tardecita pa’l rancho. Un día la Zulema le dijo a Juan:

-Tenemos que irnos de la estancia lo más pronto posible, Juan.

Juan, gauchito hecho en la humildad y muy “aquerenciado” con Zulema y con el lugar, le preguntó porqué. Ella al comienzo no quiso contestar, pero de a poco y entre sollozos le dió a entender a Juan que la situación con Carvallo se hacía insoportable. Juan pensó un rato y luego dijo:-No nos vamos nada.  Eso fue lo que dijo.

Carvallo gustaba jugar con la culata de su revólver. Juan le conocía las costumbres a Carvallo. Sabía que en las tardecitas se iba hasta la pulpería de Delgado a jugarse un truquito, tomarse una caña e informarse de los sucesos del pago durante las horas que él había estado en “las casas”.  Al regreso volvía orillando el arroyo, cerquita del monte de espinillos. De lejos divisó a Juan, que trataba de pasar desapercibido. Carvallo intuyó que la Zulema se había “soltado de lengua”, porque Juan a esas horas acostumbraba a estar en el rancho y nada tenía que hacer semi escondido en el monte. La verdad es que Juan había pensado “primerearlo”, caerle de arriba, cuchillo en mano cuando Carvallo pasara por debajo del sauce. Ahora estaba todo el juego descubierto. Carvallo bien montado, acariciando el revólver, alzó la voz. El tono vigorozo de su voz  hizo que la luz de la tarde que moría, se detuviera un instante a contemplar los hechos. Su caballo estaba alerta. Carvallo se sintió más seguro y se acercó bastante, como para darle una “oportunidad”. Estaba admirado de que este gauchito simplote quisiera cuestionar la ley preestablecida por la convivencia. Juan no había tenido nunca un incidente con nadie. Trabajador, humilde, acostumbrado a obedecer, no había dado señales de que era capaz de rebelarse.

Entonces la lengua de Carvallo quebró la tarde:- vos que hacés por acá en lugar de cuidar a tu mujer.

El otro le contesta: - tenemos que conversar, patroncito.

- Entre nosotros está todo conversado, contestó Carvallo, manoteando la culata del 45.

La “crucera” esquivó el casco del caballo, clavando los colmillos en los ijares del manchado. El caballo corcoveó dando por tierra con Carvallo. Juan, daga en mano, apresuró la tarea de deguello. Cuando repasaba el filo del facón por la herida se sintió seguro. Carvallo había tenido tiempo de desenfundar.

 Murió, revólver en mano sin disparar un tiro. Juan quedó cavilando porqué los cristianos dicen que las víboras son bichos detestables.  

 

Héctor Díaz

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Martes, 30 de Noviembre de 2010 15:06. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Perentoria

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 Perentoria, la memoria se revela,

mano abierta a los días y a los años,

que el caudal de sonrisas se extravierta,

en lo humano de la vida y la poesía,

Y no hay lenguas y no hay ríos que la paren,

se escabuye en el amor y las trastiendas,

y se esconde en la nostagia de los mares.

De la mano de los niños se desprende,

se desprenden y comprenden los fonemas,

la poesía sin idioma, esperantista,

es caudal de los hombres sin fronteras.

Arde el sol en estas latitudes,

mañana vendrán  las nubes pasajeras,

horizontes, naufragando en la distancias,

que se dejan crecer,  hacia la espera.

 

El hombre es un paisaje con zapatos,

deambula con las jirafas africanas,

se sienta en la sombra de los ombués de la pampa,

se contagia de frío en el alto Himalaya,

se esconde en los antiguos mitos,

siempre en busca de las cumbres altas.

 

Me acuerdo de tí, cuando era niño

cuando llevaron tu cajón, de tiempo ido

siempre me quede pensando en ese olvido,

en esa continuidad, de las palabras.

Siguen volando las mariposas,

revoloteando en mis ideas raras,

donde sesenta años no son nada

y tus alas siguen viviendo en mis ansias.

Nada fue, ni será, sin haber sido,

nacidos como pastos de la pampas,

nos quedamos pensando en el vacío,

la imaginación, la libertad y el canto,

la luz nueva de todas las mañanas,

el camino de piedras, de idas y regresos

las  estrellas  que acompañan ese mundo y sus andanzas.

No sabia del mar, del mar abierto

un día vi tus ojos detrás de la ventana,

la libertad del verde de tus ansias,

el gris de tus nostalgias,

la espera incontenida, que cada uno tiene

el vibrar de tus dedos, en el cristal de fuego

donde la gota de agua, su muerte zigzagueante,

yaciendo junto al agua, río de vida

antes y depués de tu ventana.

La poesía,  es vida incontenida

la fuerza, el jazmín y la meceta

el juego de los niños y sus búsquedas

de repetir mil veces el objeto,

la arena de la playa y el castillo,

donde los niños esconden sus secretos.

La fantasia de las cosas,

las cosas de la fantasia,

la gramática y los contenidos,

el animísmo trascendente,

el camino de piedra y la gota de agua

que hará la  poesía del mañana.

 

Héctor Díaz.

25.11.2010    

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Jueves, 25 de Noviembre de 2010 11:21. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Pensando

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En la suela de mis zapatos

mal habidos,

tantos kilómetros hechos

 a destajo,

persiguiendo la nada,

pensando en el comienzo

en el ocaso.

Enroscándome en la muerte,

en la nostalgia de la garúa,

en la letra imaginaria de algún tango,

en algún amor entreverado,

en el arminio de la luna  sumisa,

que se esconde entre las nubes negras,

de las más negras tormentas

de otros tiempos.

 

Desprolijos  botines viejos

te imaginabas estar en tantas guerras,

con otros zapatos mal habidos,

en otros bailes de milonga y canto,

en otros encuentros de bandoneón

y  tango.

En otras cargas de lanzas y caballos,

cuando la patria chica pegaba el primer grito

y la libertad era historia de cuchillas.

 

Fueron promesas, arrebatos,

los dueños de palabras,

y de botas lustradas,

te arrinconaron,

donde se guarda el alma,

y pasaste a ser orgullo,

palabra suelta, protesta,

malevo suelto de las pampas.

Y te hechaste a ser camino,

vagabundo, chirimica, aventurero,

sendero largo al mundo nuevo,

donde cada paso es un comienzo.

 

La historia anónima de los zapatos

 viejos,

el sendero y siempre el horizonte,

la utopía por meta,

la libertad como proyecto de conjunto,

un mundo nuevo de zapatos sin agujeros.

Héctor Díaz

7/11/2010

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Miércoles, 10 de Noviembre de 2010 18:37. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Me caí del mundo

20101031161911-parenelmundo.jpg

Y sin embargo...

las pocas palabras que acompañan

decoran un  pensamiento escaso,

donde subyace mi ignorancia crasa.

Mi caí de este mundo,

o nunca estuve preñado en sus encantos,

ni compartí la torta y el reparto

de muertes de guerras y holocaustos.

Me faltó la energía del estado,

la virilidad, del militar o del soldado,

la falsedad del clérigo predicante,

en un camino hacia dios, inescrutable.

 

Ni espié, ni condené a mi vecino

no tuve en cuenta el color de piel del semejante,

la diversidad sexual del que acompaña

ni la forma de hablar de quien se expresa.

No me agradó la cámara de representantes,

con sus salarios siempre altos, exagerados

ni me agradaron los reyes y reinas y principados,

ni los estados libres y “democráticos”.

Que me caí y me he caído para siempre,

de dictaduras de izquierdas o derechas,

de los frentes bajos y de los frentes anchos,

de las gerontocracias  del vaticano

y del papado.

 

Yo no soy de este mundo,

herencia del mundo del pasado,

tan solo un soñador lozano,

que se caga en todas las herencias.

Las tradiciones tienen sus rancios contenidos,

alboradas y canciones a las guerras,

el coraje absurdo de morir matando;

la bandera, que representa nuestros miedos,

se alza victoriosa contra otra bandera.

Estamos corriendo al enemigo,

es nuestra voz la que estamos alcanzando,

son nuestras balas, que nos van matando

así seguimos repitiendo los abismos.

 

Me acuerdo de tí, juntando mariposas

coleccionando aromas,

profesor de calas o cartuchos,

observador precoz del color de las rosas.

El blanco del jazmín te impresionaba,

la gota de miel del higo impregnaba tus ojos,

las glicinas te copaban los sentidos,

adorabas el sol en las mañanas.

Decorabas ideas necesarias,

plantabas libertad en los canteros,

te bebías el vino del silencio,

esperabas, con la paciencia a cuestas,

el terrón, la línea y el rastrillo

la azada, y un beso a la semilla

las manos en la tierra prometida

que darían el fruto incontrolado.

 

Que no nos roben la libertad de nuestras manos,

las que usamos al escribir, hacer un verso

acariciar, acariciar al nieto, al gato, al perro

al aire y obtener tu sonrisa.

La libertad está en las pequeñas cosas,

la pluma antigua de escritura,

el papel secante y los zapatos viejos

la maestra, la escuela y la gota de lluvia.

La historia la hacen los pueblos,

los historiadores son solos sucedáneos,

Los literatos pueden describir algún momento,

tan solo los poetas levantan los épicos esfuerzos.

 

La piedra de la huelga es necesaria,

la gente es importante en la calle

el vidrio roto y la protesta,

hasta que alguna vez se repartan bien las cosas.

Hasta que alguna vez,

se caiga el uniforme,

entre el sol en tu alma,

entiendas que tu coito

va de la mano del coito

de otras almas.

Me caí de este mundo,

o me hecharon,

yo no soy un financista apresurado,

ni un ladrón que quiere ser financista,

a la vera del camino,

sin el poder que encandila los ocasos,

no me acompañan más que las palabras

que no sé como se prendieron

a la suela de mis zapatos mal habidos.

 

 Héctor Díaz

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Domingo, 31 de Octubre de 2010 16:19. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

El cantante, compositor y guitarrista uruguayo José Carbajal, más conocido como “El Sabalero”, falleció el Jueves 21 de Octubre a los 66 años, al parecer de un fallo cardíaco.

20101025153141-sabalero10.jpg

“El Sabalero” fue encontrado sin vida en su residencia ubicada en el balneario Villa Argentina, en el departamento de Canelones, a unos 60 kilómetros de Montevideo.

Obrero textil en su juventud en su ciudad natal de Juan Lacaze, desde la adolescencia se vinculó a la música y durante su trayectoria grabó más de 20 discos.

Fue considerado uno de los compositores con mayor capacidad para recoger las vivencias populares de los uruguayos.

Algunos de sus temas, como “Chiquillada”, lograron gran difusión en América Latina y fueron grabados por otros intérpretes.

Durante la dictadura que gobernó en Uruguay entre 1973 y 1985 sus temas fueron prohibidos y debió exiliarse en Argentina, México, España y Francia, antes de radicarse en Holanda.

Actualmente, presentaba en la capital uruguaya el espectáculo “Buscando el pasado”, junto a otros músicos locales.  (EFE)

 


 

 El poeta uruguayo Héctor Díaz, residente en Estocolmo, plasmó con su sensibilidad habitual un emotivo y conmovedor  poema dedicado a su recientemente fallecido compatriota. Y en este contexto me atrevo a utilizar el vocablo “compatriota”, pues tanto El Sabalero como Héctor tuvieron una patria en común. A saber; la de la búsqueda permanente del pensamiento libertario, y de la solidaridad con todos los pobres y oprimidos del mundo entero. Sigue a continuación la oda que Héctor, desde la distancia del exilio, le consagra a José.

 

Chau José! 

Esto merece una puteada

Compa♫eros, nos duele el alma

Desde esa  otra patria,

La que duele

Las que nos acompañará

Hasta el último momento,

Llego la terrible noticia:

Se nos fue “Chiquillada”,

Con cinco medias hicimos la pelota,

Cuando aprendíamos el contorno del país

En el alquitrán que nos regalaba la calle.

La mariposa negra haciendo gambetas,

El San Antonio, con su inocencia boba,

La humildad contra la soberbia,

La palabra contra el despotismo,

La sonrisa contra la prepotencia militar,

El rancho de latas de los abuelos,

La huelga de los tíos contra el capital,

El pueblo, el gran protagonista,

La voz humilde,

La libertad buscando formas

Y La guitarra en devoción suprema

Juntando los esfuerzos y las lágrimas

Se nos arrimo al fogón de Santa Pancha

De donde nunca faltaba la chispita

De la resistencia libertaria.

Que la tierra te sea leve, compañero!

Arriba los que luchan, que carajo!

 

Héctor Díaz. 

25/10 2010

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De todas formas

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De todas formas

me rebelo,

ya no sirven, la bala, la pistola

La piedra,

la bronca,

 la palabra,

la bomba atómica,

la tienen ellos.

Esta obsoleta,

la barricada,

el gesto heroico,

el grito y la consigna,

los puños levantados,

los guerrilleros heroicos,

de todas formas

se apropiaron,

de tu sudor, de tu trabajo

y de tu tiempo.

Te robaron,

nos robaron,

los momentos,

globalizaron la economia,

el pensamiento,

contabilizan los coitos,

y las acciones,

la rentabilidad de los bancos,

tu sudor y tu esfuerzo,

contabilizan tu voto

y te botan

a un triste existencia

que huele a cementerio.

Dios para mí, y para tí

silencios,

que no se vaya nadie,

el político que invierte,

sus dineros en el templo,

ya no se escapa nadie

de este infierno,

ni el gran industrial,

de las industrias de los armamentos,

ni el prostibulario negociantes de blancas,

negras, mestizas, rojas o asiaticas,

ni el organizador de guerras y de fuegos,

ni el que organiza iglesias

a costas de tormentos,

ni los torturadores,

que torturan en campo ajeno,

ni las promesas de paz,

que son la guerra,

ni las guerras,

que son los niños muertos,

ni las mujeres,

que son violadas por los guerreros,

ni las tropas de paz,

humanitarias,

que se violan a los presos.

 

Me rebelo;

esta prohibido pensar,

contar los adoquines de la calle,

simpatizar con los gitanos,

criticar al estado de israel,

y a los estados,

al gran capital y las ventanas

de los bancos,

las puertas de las casas,

de los prohombres,

de los dueños de las patrias.

De aquí no se va nadie,

en este campo de concetración,

de almohadas blandas,

no se mueven nada mas que

capitales,

invirtiendo en ganancias y  “ espejitos ”,

en sueños imperiales, con olor a petroleo,

con sudor en playas muertas,

con gusto a mares muertos,

sin mañanas.

 

Me rebelo,

la única insigña posible,

pudiera ser un beso,

un beso largo,

que venza a los acuerdos,

a los tristes funcionarios,

sentados en los bancos,

y en los parlamentos,

un beso largo,

que resquebraje la idiotez humana,

de andar como Sísífo

cargando siempre,

la misma triste roca,

a la cima de la mas triste montaña,

dios se apiade de ellos,

y a mí me deje libre como el ave,

para volar hacia el sol,

aunque me caíga.

 

Héctor Díaz.

2010/20/10

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Sábado, 23 de Octubre de 2010 19:13. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Otoño

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Giran los cromos, su circo anual,
paleta baja del otoño,
la luz se cuela en la nostalgia,
de un viento norte, que repite hojas.
Vibrantes, se demoran
quieren aún ser parte del paisaje,
en este redundante,
cuadro cambiante de los tiempos.
Amarillos danzantes, rojos desafiantes,
cortejan la tímida luna,
animándola, en su cuarto creciente,
y un mar lejano, golpea en la memoria
del niño que fuímos en otrora.
Se extingue la clorofila,
el oso que se refugia en sí mismo,
se carga de paciencia la natura,
en la suave continuidad que une,
a todos los otoños del planeta.

El abeto protesta, se agiganta y se irge,
arranca blanco, hacia un cielo etéreo
desnudo se queda y mas esbelto,
compitiendo, su ausencia, en lo celeste.
Sin apuro, la tarde se desliza
Violaceas las nubes, están quietas
yo medito en las calles que se fueron,
los amores sin concluir, los concluídos
los besos ocres, rosas y marrones,
besos locos de pasión, besos prohíbidos,
cándidos de búsquedas, inconscientes
vanos intentos, en el diccionaro del olvido.
El otoño esta afuera,
se adentra por la ventana incierta,
incita a conversar con lo que fuímos,
a cuestionarnos, la larga noche que avecina,
la depresión, que nos golpea en las esencias,
la existencias de nuestras queridas quejas
en un mundo que impresiona y se termina.
en la temporalidad de nuestra muerte.

¿ Es así cómo se apagan los silencios ?:
quietos esperamos el final de los entuertos,
se avecina la pereza de esta parte de la tierra,
los cromos rojos son el último saludo
la esperanza... una vuelta más
de esta sufrida tierra.
Ajeno al gran mundo de la gente,
un día frío, de colores ralos
llegamos al final de este camino,
todo se duerme en un sueño largo
de esta noche boreal,
donde el mundo se averguenza de si mismo.

Héctor Díaz
23 oktober 2010

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Sábado, 23 de Octubre de 2010 18:22. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Federico en setiembre

20100927125842-enlamierda.jpg

Estamos en el medio de la mierda...

 

 

Federico, tengo miedo

estamos en medio de la mierda,

me duelen los zapatos,

las noches sin lunas,

el recuerdo del mar,

el suave baile

en el balcón de los cipreses,

los caminos largos,

hechos con sudor y lágrimas,

la roja historia de los ladrillos,

el cansancio de las horas de espera,

el no haber sabido decir Te quiero,

el llegar a viejo y que del vino añejo

no podamos sentirle el gusto

 al vino nuevo.

 

La luna muere de estaña timidez,

esconde su inocencia en el manantial,

se escabulle en el parral del abuelo

golpea suavemente en mi ventana,

disimula las plantas de mis pies,

que no cubren las frazadas,

y se revienta,

 en el filo de la almohada blanca

donde están guardados mis secretos,

mis sueños de hombre,

mis proyectos de mañana.

 

Creo que lo habíamos anotado,

estamos en medio de la mierda,

en la superficie de la calle,

llegamos al “mañana”,

nos ausentamos de nosotros mismos,

no llegamos a tiempo,

se acumularon las calles perdidas

las sonrisas tristes de las despedidas

la absurda idea, de nuestro mejor momento,

el compromiso con la lenta muerte,

a la cual llegamos sin regreso.

 

Y no nos duele tanto eso,

estamos en medio de la mierda,

porque nos quedamos sin protesta,

ya no somos proyecto,

“se nos aguó la fiesta”,

seguimos en la superficie húmeda

de la barricada de la calle incierta,

y la espera irrenunciable

aun no se qué de las mañanas.

 

Estamos en medio de la mierda,

se juntan los pies y las manos,

los zapatos blancos y los zapatos negros,

las noches sin sueños,

los recuerdos de uno y los de los otros,

los tiempos viejos y los tiempos nuevos,

los vientos del mar y la montaña,

con los vientos del desierto,

los harapos de los pobres de la tierra,

con las largas carnicerías de las guerras,

un dios de mierda que bendice los “entuertos”,

el recomenzar del llanto de un niño nuevo,

pidiendo clemencia

 por llegar a un mundo “viejo”.

 

Estamos en medio de la mierda,

y sin embargo me rebelo,

algunas cosas quedan,

el recorrido de tu piel,

tus ojos negros,

el olor de tus nostalgias,

tus manos, sin saberlo,

tus luchas sin pretenciones

haciendo y construyendo

 el hombre nuevo

el de la utopía,

el de todos los momentos.

 

Juntamos las partes de las artes,

valió la pena,

el haber esperado en el hastío,

el apuro, guardando el tiempo a usar,

de los zapatos de suela agujereados

donde pusimos a prueba,

el sueño loco de la libertad,

de un mundo sin trabas ni condenas.

 

Héctor Díaz

2010-09-26

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Lunes, 27 de Septiembre de 2010 12:58. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Setiembre

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Para Martha que mañana cumple años.

Setiembre, va como siempre
mes de comienzos y encuentros,
encuentros allá en el tiempo,
tiempos siempre de comienzos.
El sol se apaga en el norte,
y en el sur hace un esfuerzo,
en un lado, primavera
en el otro, viene invierno.
Así se juntan los polos,
y se separan los tiempos,
se separan las distancias,
y se juntan los recuerdos.

 Así se pasan setiembres,
se van y vienen, silencios,
nostalgias del tiempo ido
ganas de volver corriendo,
hacer el niño, que fuera
cuando mi tiempo era viento.
Ventarrón de la montaña,
mano abierta, tiempo nuevo
esperanza, en que se pudo
haber logrado otro viento,
el pampero se amansó,
setiembre se fue muriendo,
entre cabellos cambiados,
canas que ganan los viejos,
quedan ideas calientes,
del amor y un mundo nuevo.
 

Héctor Díaz

10 de setiembre de 2010

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Viernes, 10 de Septiembre de 2010 17:37. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

DISTANCIA

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Ahora la distancia,
en tiempo, en metros, en kilometros largos,
en años luz, en desengaños.
en lágrimas vertidas , de sueños idos,
en sonrisas extravidas,
y noches de jolgorios,
en besos descubiertos, por la luz de la luna
y palomas volando en la plaza de todos.
La distancia del ido y lo venido,
del camino sin vuelta y del regreso,
del miedo a no tenerte, o de dejarte
de no saber que pasa y lo que quiero.
La distancia a ese todo y ese nada,
al muchacho que fuí, cuando yo era
autentico proyecto, irremplazable
en noches de búsquedas y encuentros.
Ahora al final de esa distancia,
esta el comienzo de otro intento,
recomenzar de nuevo con renovados bríos
el que fuera y será,
proyecto de otro tiempo.

Héctor Díaz

15 de Abril de 2010

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Ni

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Las palabras estaban en silencio,
emigradas sin consuelo, a un refugio sin sueños
donde todos los inventos, que representan sustantivos
vegetaban en una playa sin besos y sin pueblos.
La utopía sin carne, sin huesos, y epitelio.
Imposible la traición,
no existía amigo, ni enemigo
ni el alambre de pua
de los ejercitos de la tierra,
ni el dios romano de la guerra,
ni la hambruna de los deportados,
ni el intelectual leyendo el Holocaustro de la Biblia,
ni mi propia voz que me persigue,
que vine con mi misma bandera desde lejos
con los colores de la muerte y de la lucha,
olores del olvido, para seguir viviendo.
Es solo la voz de la que fuera mi existencia,
contemplando las huellas de otros pies descalzos,
en las arenas negras de la playa de petroleo,
la voz de los hiperbólicos, grabada en una piedra,
un granito que existía antes que nuestra hipocresia,
antes que la misma tierra, la misma playa negra
que guarda las huellas casi borroneadas,
de la odisea antigua de nuestras desventuras.

Todo empezo con la palabra,
se lleno de voces el espacio,
el álamo se diferencio del pino,
nos golpeamos mil veces en la misma piedra,
fuímos mas buenos contemplando la luna,
y le robamos la geometría a la galaxia.
Inventamos las profesiones y los dedos,
el cero para ponerle límite al espacio,
el tiempo, para controlar tu nacimiento,
las ganas de volar, para ver la libertad de lejos,
el amor a los otros, para esconder mis miedos
y la muerte , para inventar olvidos.
Ya no quiero que se entiendan mis fonemas,
las voces hueras que a olvidar invocan,
la fiera feroz que atormenta nuestra instinto,
lo que nos reservamos del defalco de los otros.
Bosques de rocas de la tierra,
madre mayor de los guigarros,
memoria geológica del todo,
no inmoles en tu textura ruda,
al bípedo feroz que te comtempla.

Héctor Díaz

15 de Abril de 2010

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La sin título

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Entre otros amores, el amor a las piedras de la ciudad que nos atrapó, sus arroyos, sus lluvias, sus truenos y rayos son los dioses que hicieron nuestros sueños. Crecimos en la topografía única de una simbiosis entre tierra y paisaje que anda.



Nos evadimos
recordando a la ciudad perdida,
como si la ganáramos cada día,
caminamos en la avenida ancha
de otros poetas, que nos llevan el equipaje.
Así las baldosas flojas,
reventando las veredas,
las raíces de los plátanos,
muestran un dedo indiferente.

Montevideo, es como un plato volando,
se aleja en el tiempo y más nos atrapa,
se bambolea, entre cúpulas de cobre
un rococó francés, disfrazado de verde
ojos entornados, hacia el cielo celeste.
Del otro lado de la ventana,
la nieve nos saca del refugio,
el hielo de la península escandinava
compite con las arenas blancas.
Aquí somos sostén y paso,
apenas certidumbre,
tan sólo la avenida ancha,
y el recuerdo
alimentan estas noches en blanco.

Asumiendo la constelación del álgebra,
en la galaxia de la abstracción,
un malvón en la lata oxidada,
olvidado en un corredor sin esperanzas.
Todos los días armamos el confesionario,
calle Fernadez Crespo,
que para nosotros es Sierra,
la vía del tranvía, incrustada en la calle,
los fantasmas de galera y levita
con bastones apuntando
a las orillas del Plata.

Arabescos labrados en coloniales caras,
balcones que se pierden en amores lejanos
plazas españolas que dejaron la huella,
del tiempo en que empezaba, a resoplar la nada.
Nosotros hacemos aquí, todas estas cosas
recordamos a la ciudad extraviada,
el refugio de la piza a la piedra,
el Ejido marcando los linderos,
Capurro con sus canarios viejos,
el amor llenando los ancestros,
el botija aquél,
que andaba con un lápiz y un cuaderno,
el cantor solitario, con su guitarra vieja,

Omar sin soltar la utopía,
la entrega abierta a un mundo nuevo
del estudiante muerto,
el llanto, el dolor, el miedo
eso que se llama familia,
que se perdió en el tiempo,
el preso que se quedó
trece años sin ver la luna,
el “ nunca más ” de una niña
abrazando otro “ reo “.
Un río de banderas,
a liberar los presos,
treinta años es un tiempo,
tan cercano y tan lejos,
y nosotros perdidos,
en la avenida ancha,
sin encontrar la cara
de los amigos muertos.

Ahora sopla otro tiempo,
pero es el mismo viento.
Por estas menudencias y otras yerbas,
Montevideo es un tango de la calle,
una “yira” que busca su sustento,
mi viejo, que iba a laburar todos los días,
las novias cazando una ilusión,
las palomas de la plaza,
el perro rabón, que embelleció mi infancia
el viento, una mentira
que nos acerca a la verdad posible,
la lluvia torrencial de los veranos,
metiéndose, en las rendijas de la tierra,
y la mano en el aire de un hombre,
en la plaza pública, de la avenida ancha
hablando de la libertad y el entusiasmo.


Héctor Díaz

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El tío Pocho

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Habíamos llegado para una despedida !
nadie nos había invitado,
alguien se iba a refugiar en los costado del planeta
nos acercamos por nosotros mismos,
por cumplir con alguien que seguía siendo terrón,
mañana, cariño, amor a un recuerdo, chacra, familia
fidelidad lejana a un amigo extraviado en el tiempo;
campiña anónima, historias sin cronografías fijas,
cachos de vida, empujando lo bueno,
cielos celestes, nubes blancas,
noches con lunas y con estrellas,
y otras con truenos y relámpagos
de muchos veranos como éste
de un año indefinido,
montando la ilusión de la existencia
en la continuidad del tiempo.

Fuimos guiados por el chirrido de la chicharra,
con miedo, por lo inesperado del silencio,
cortando el tórrido aire que no se movía,
con la tijeras de nuestra respiración que cavilaba,
en esa casi soledad del mediodía,
donde los verdes eran un único repertorio,
y un nido de hornero, un punto suspensivo
en los recovecos silenciosos de las almas.
La imaginación luchando en la llanura,
el ser, lo endeble de nuestras travesuras,
el primer grito, el descubrimiento del deseo,
el nacimiento, el capullo, el jazmín
la vida en sus distintas gracias,
la cuasi soledad de la desgracia,
una familia que viste el dolor con la sonrisa,
un cacho de patria que se nos queda anclada,
un camino que se extiende en la distancia.

Las mujeres van y vienen,
están mejor armadas, luchan y aman
con el vientre dan fecundidad, traen esperanzas,
visten la muerte con la vida,
son como la eternidad de las mañanas.
Un colibrí zumba, con sus alas
entreteniendo la cavilación en su acrobacia,
azul sedoso que alegra las retinas
de un gato persa que deambula por la estancia.
Allí estamos, vemos pasar un tren fantasma,
la tarde está quieta, como el alma
nos juntamos pa’ disipar la pena,
¡ los caídos de afuera y los de casa !

Cómo transmitir, lo que nos pasa,
las palabras van y vienen,
se habla de recuerdos que nunca compartimos,
se hacen recuerdos, con la cámara fotográfica,
estamos allí unos y otros, unidos por el pasto,
por los años que imaginamos de los otros,
por las estrellas compartidas
bajo un mismo cielo,
de eso que se llama tierra, infinito, silencio
porque todos fuimos niños, el mismo niño
con el sueño de todos, que es el mismo sueño.
Y al final nos gana un sentimiento
de agradecerle al que se va, por sus momentos
por la alegría de vida que esparció en su tiempo,
siendo los que aún estamos de pasada,
continuidad inexorable, camino abierto.

Héctor Díaz
10 - 02 -17

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Miércoles, 17 de Febrero de 2010 22:00. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

ADIÓS 2009!
Del otro lado de la noche

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Y no podia cerrar mi blog en éste, el último día del año, de mejor manera posible. A saber, con un fascinante poema de Héctor Díaz, poeta de corazón y mente anarquista, más humano que el propio homosapiens, generoso y solidario por excelencia, pintor admirable cuyas telas no he presentado por impedimentos técnicos y no por olvido consciente, y persona a la cual aprendí a conocer a través de las páginas de mi blog, con el cual tengo una relación de amistad que a mi me place, y espero que a él también.
Y tal vez sea el hecho que yo escriba prosas y no poesia como él, lo cual nos ha hecho aliados y no antagonistas. O a lo mejor yo solo admiro sus poemas. O a lo mejor simplemente nos caémos bien. Un uruguayo y un chileno unidos por el arte sin prejuicios, en la soledad del Polo Norte.
Héctor Díaz es hoy día un flamante nuevo jubilado, y le deséo lo mejor que se merece: tiempo. Tiempo para que siga desarrollando la enorme veta literaria que está a solo razguños de su piel y de su alma, y también tiempo para que siga generando otra de sus virtudes, que yo sé a ciencia cierta, no le ha podido dedicar todo el tiempo que él quisiera; la pintura.
Desde un barrio del sur de Estocolmo - mi nuevo hogar adoptivo – le envío un fuerte abrazo, y le deseo una dichosa estadia en Uruguay su país de orígen, al cual visitará dentro de poco.
Y ojalá que siga cantándole al amor, de la misma manera que lo ha hecho hasta ahora: con la pincelada diestra del pintor y la afortunada letra del poeta, unidas en una y sola gran receta fantástica.
Y en vez de mil petárdos al aire, que valga la tenue luz de una cerilla encendida en la noche, para despedir a este pobre año que ya se nos va.

Salúd Héctor!

Luis Guillermo Ortiz Venegas


Estimado amigo. Del otro lado de la noche, sugestiva introducción de este trabajo, no es nada más ni nada menos que un límite imaginario. La vida está llena de límites. En las distintas dimensiones de nuestra existencia los límites se manifiestan de mil maneras distintas. La temporalidad de nuestra existencia, la duración de nuestro discurso, el olor de nuestros miedos, la convivencia con nuestros prejucios, no son más que algunos de los límites que ahora se me ocurre denominarlos: “Del otro lado de la noche.”


Del otro lado de la noche
se pierde el hilo azul de la montaña,
ventana de un vientecuatro de diciembre
con su discurso de nieve y gotitas límpidas.
Insípido frío del vapor, invitan al índice
a exteriorizar sus sentimientos
y un intrépido recurso de barroquismos,
se vengan en el cristal.
Los árboles danzan la música del viento,
abetos desesperados compiten con el cielo,
el cuello de la botella recuerda a Modigliani,
un vaso espirituoso despierta el genio de la justicia
recordando al preso aquel que ya no existe,
dialogando con la paloma blanca
de otro pintor sin libertad,
dibujada en el celdario, junto a una ventana imaginaria.

Trato de no olvidar el olor de tus besos,
tu diestra recorriendo mis contornos,
la primera primavera,
las flores del comienzo del verano,
el día que me hiciste creer que ya era hombre
y recordar
la madre que cada uno de nosotros,
tenemos en algún lado.

Del otro lado de la noche.
el ojo del tiempo, controla mi memoria
semiperdidos, en un plural suburbio
de miles de cuentos,
en cada uno de estos departamentos,
de lágrimas que lloran los cincos continentes.
Del otro lado de la noche,
donde la imaginación hace ciudades,
está la gente,
refugiada en los ojos cuadrados de la técnica.
Los dioses tienen forma de miedo
se habla de recurrentes nombres,
Cristo canta con Jackson, la danza de la muerte
la humanidad solloza de este lado,
del otro somos buenos por un rato
para tragar con alegría el miedo que produce el olvido.

Del otro lado de la noche,
la gente con un nombre a cuestas,
el otro yo de la existencia,
la reiteración de una interrogante,
que se pierde en los anales de la historia.
Del otro lado de la noche,
el mar con simulada indiferencia,
esconde el deseo de los astros,
memoriza los viajes y las quillas de los barcos,
del tiempo en que Colón,
soñara con las estrellas del Zipango.
Del otro lado de la noche,
solo habría silencios,
si el pie descalzo del hombre
no hubiera inventado la palabra,
las huellas y la aventura,
le hicieron tiempo a las manos,
y fue en el tiempo aquel del escondite,
que el hombre se puso a conversar
con sus misterios.

Del otro lado de la noche,
el lecho blando de los ríos
cobijó los anónimos recuerdos
de las flores dormidas.
Tu mano tiene miles de años,
tus pies descalzos, caminan de hace rato,
tu sonrisa es María, Juana, Birgitta
tu mirar algo tenue, que se mantiene
en la distancia,
de éste un veinticuatro de diciembre,
detrás de una ventana,
vistiendo un monstruo de cemento.

Héctor Díaz
31/12/2009

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Jueves, 31 de Diciembre de 2009 18:04. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Noviembre negro o un beso a la distancia

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El hilo de un avión divide lo celeste
el doble cristal de la ventana, con sus cosas,
la mosca muerta que no encontró el camino
meta de una libertad sin contenido,
los reflejos tristes de un noviembre sin sol,
pájaros refugiados en el recuerdo,
hojas amarillas, parte del humus de la tierra
colores inventados por la paleta remolona,
inconfesa, de un Van Gogh descontento.

Las pocas cosas que acompañan la tarde,
los tonos y semi-tonos van y vienen,
cipreses vestidos de verano, en un ocre de otoño,
un gato sin dueño, inflado por el frío, la dignidad felina
dirigiendo su instinto a la presa escondida
en algún hueco de la tierra.
Con los cristales teníamos una desconfianza de comienzos,
nos repelíamos como el desarraigo o el exilio,
nos llevó años, antes de amigarnos, sin saberlo,
con el contra-discurso de las puestas de sol,
el filo dorado de las nubes de julio,
allí cuando el verano, no le da espacio a la noche
la lluvia de las tormentas, golpetean el tambor del vidrio.
Las cosas, del doble cristal de la ventana
magias de reflejos, desde adentro
ojos de mi amada, mirando los contornos,
la furia del viento, rujiendo desde afuera,
el árbol que se dobla, junto al alumbrado
las olas del bosque, que rompe el horizonte,
la noche estrellada, devolviendo la paz al continente.
Las cosas ralas que acompañan la tarde
la cohetería de fin de año,
pólvora y flechitas al espacio,
juego de fuegos y colores, de explosiones,
formas y deseos al eterno,
el dios escondido de la esperanza,
el deseo de un mundo justo,
aunque se rompa la ventana.

Hablando de soledades y servicios,
recuerdos para prolongar nuestras ausencias,
un perro que se fue, viaje sin vuelta
un gato sentado en el pretil de esta ventana,
la terracota maceta, orquídea de los alpes
la tuna con su pulpa verde-grana,
estrella con una lámpara encendida,
en estas soledades, es un camino áureo
un beso a la distancia.
El mimetismo de las cosas,
un mundo artificial, hecho de alardes
de colores prestados que inventan la galaxia,
el micro-macro intento de los momentos,
tu aliento reflejado en los cristales,
con el índice dedo de mi diestra
se puede escribir con estas letras,
que a pesar de los pesares,
fue válido el haberlo intentado.
En éste nuestro mundo, de pocas cosas hechas
nos trajo un avión, cortando lo celeste
robaron nuestro tiempo, nos dieron tiempo nuevo
parias y sin templo, lo fuimos construyendo
al pie de esta ventana, contemplando este cielo.

Héctor Díaz
2009-11-30

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Jueves, 03 de Diciembre de 2009 23:04. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Historia de la gota que va al río

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La música se pegaba al cristal,
binaria expresión de gotas contagiosas,
resbaladizas, hilachas sin sentido,
sucesión de puntos de líneas asimétricas.
El misterio de una carta inentendible,
el más allá preguntando por la noche,
la comunicación con el pasado,
la imaginación descubriendo esta poesía.
La voz inconfesable de un garganta húmeda,
el amor que ya no esperan mis células cansadas,
el agua como origen y camino del hombre,
la gota, el charco, la laguna, el río.
Entonces, no me importa repetirme,
cada gota, tiene su identidad, su miedo,
corren plácidas, haciendo su destino
mientras con mis ojos,
persigo sus inconfesos recorridos.

Me imagino al río gota a gota, llanto a llanto,
el río que es él y nunca el mismo,
una línea de sucesión de estrellas,
de noches reflejadas
en cada esquina de los tiempos.
De la gotita del cristal, al llanto, al río
no hay más que cuatro cantos,
cuatro noches sin sueños,
para descubrir el barro de la libertad,
la creación, el origen del origen,
el amor y el miedo,
cuatro pasos, para soñar contigo
para dejarme mojar por esa lluvia
llevado de la playa y de tu mano.

El río crece, y en el cristal plasmado
el discurso del hombre agradecido,
agradeciendo, la voz, el lápiz y el caballo
la forma sin dios, ni amo,
la cara informativa de los libros,
el color, el espectro solar, el arco iris
tu mano manejando los contornos,
la nostalgia negra de tus ojos raros,
la alegría del niño, con sus manos jugando.
La gota hecha río, color, a veces pardo, morado
marrón, verde y hasta blanco,
cuando el reflejo del sol va borroneando,
tu recorrido lento de verano.
La flor te lo agradece, el césped, el campo,
el río fue haciendo las ciudades,
la savia, la metamorfosis de las cosas
lo irreversible del amor y de la muerte.

Corriente abajo, en el recodo de la meditación
le diste vida al pie del forastero,
le regalaste la playa necesaria,
para que fuera construyendo
su ciudad, su templo.
Le enseñaste tu soledad, tu temple
y con la ayuda de las manos del tiempo,
humanizaste a los humanos
en sus desesperanzas y tormentos.
Por eso con respeto, sigo el hilo
zigzagueante y eléctrico
en la pulida, fría metafísica del cristal herido
en una noche cruzada de truenos, rayos y desafíos.

Héctor Díaz
2009-11-16

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Martes, 17 de Noviembre de 2009 19:42. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Gota a gota, tiempo a tiempo

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Perdida tarde de invierno
escondida en la memoria,
tenuemente va llegando
con el andar de los tiempos.
Cavilante, la gotita,
suspirando en los cristales,
sucesivamente, corriendo,
como un hilo en la tormenta.
Simfonía de los techos,
va saturando canales,
es la música del trueno,
que se muere en la vereda.
La monótona cascada,
que va bajando del techo,
mientras el olor de la leña
va dibujando a mi abuela.
Sombras despide el brasero,
fantasmas que se entretienen,
mientras llorando ese fuego
su llamas van sin regreso.
El mundo se apiada un tanto
del suave y humilde sueño,
y son seguras las horas
que las va alargando el viento.
Y me va doliendo el horno,
horno de pan del abuelo,
paja y adobe con un algo de revoque,
enfrentado en solitario,
con los miedos de la noche.
A fuerza de otros recursos,
entrecruzamos los dedos,
la pared se va llenando,
con gaviotas y sus vuelos.
Con el premio de la luz
que va dejando el brasero,
las luciérnagas se alzan,
lentamente y sin apuro
acompañando mi sueño.

Chispitas que van al techo,
y se apagan sin consuelo,
mientras se siente el aullido
del viejo guardián, mi perro,
aún me sigue ladrando,
con sus ojitos de bueno,
con sus orejas caídas,
en las memorias del tiempo.
Por eso cuando la lluvia,
me va escribiendo el silencio,
busco las horas tranquilas
gota a gota, tiempo a tiempo.

Héctor Díaz
31/10/2009

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Sábado, 31 de Octubre de 2009 22:01. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Nacimiento y muerte

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Extensa dimensión del pensamiento,
el hombre y su tiempo,
tiempo del hombre y su poesía,
la poesía del tiempo,
y todos los tiempos,
que son los ecos de la poesía del hombre.

Borroneo, para saber quien soy,
indago en el fonema inicial,
la tierra parida por la galaxia,
la soledad primaria,
escondida detrás de la espera,
en el tiempo que no existían las palabras,
el barro y las gotitas de lluvia,
se amaron, para crear la vida.

Inmenso epitelio, de rocas y silencios,
horizontes quebrados, fuegos alucinados
noches de miedo, el sol inaugurando a dios
el alma del mar, con su canto mitológico
esperando la vida de los pies,
y las huellas de nuestros corazones.

Alguna vez vinieron los caminos,
cantos rodados,
la rueda, el fuego, la mirada furtiva
el llanto del niño, la lluvia, la primavera,
el sueño.
Apareció la palabra, en busca de nosotros,
inmensa aventura que inventamos,
fuimos instrumentos de los fonemas,
hicimos sonar nuestras gargantas,
llorando de amor en la rivera
de algún río que reflejaba luna nueva.

Esculpimos nuestra soledad en las paredes,
que nos expulsó del centro de la tierrra,
escribimos en las texturas duras de la piedra,
nuestra soledad convertida en impotencia,
“ Aquí te amé, bien lo recuerdo”
porque sino, no hubiera existido mi existencia.

Te amé, y te amo todavía y te amaré después de muerto,
tú eres el recorrido eterno de ese cosmo,
el cuento de terror en la vigilia,
el libro aquel del cuento de los cuentos,
el duraznero en flor, reventando en verano
la brisa con aliento a salitre, del mar de los albatros
las palmeras en fila marcando en el camino,
del aéreo espacio, las huellas de los vientos.

No somos más que la continuidad,
lo que diga de tí, lo diré de mí,
tu noche es mi silencio, tu dolor,
mi angustia.
Escribo, para saber quien soy
pinto para saber quien eres,
te busco para reconstruir la memoria
del tenue arcoiris después de la lluvia.

Cuando mis sorprendidos ojos abiertos,
dejaron la soledad de los senderos,
descubrí tu mítica mirada,
el tenue fuego de tu noche,
la inagotable sed que va contigo,
el amor que sigue siendo tan posible.

No somos más que una guitarra,
una caparazón para arrancarle el alma,
las cuerdas van templadas o disonantes,
las notas acercan nuestras ansias,
y se juntan el volcán, la lava y la mañana.

Ahora queda el silbar de una torcaza;
no es poca cosa la continuidad de la esperanza,
no somos más que el milagro de un momento,
ahí, donde se juntan, la muerte irracional,
la vida, va creando el nacimiento.

Héctor Díaz
2009-10-16

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El Otoño

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Dulzura otoñal que se esparce sin apuro. Tiritante multiplicidad cromática de indecisas geografías. La naturaleza, con sus intrépidos y rutinarios cambios, repiten nuestro asombrado entendimiento con cada ciclo anual. En algún lugar de nuestro subconsciente aparece la idea de un gran pájaro, al cual se le quedaron las alas inmóviles y empieza a perder las plumas. Las rocas se llenan de colores, es la última ofrenda del tiempo de la luz. En el descampado del bosque, los troncos cortados a ras, se disfrazan de carnaval. Líquenes, hongos de múltiples formas y colores, compiten en esmerada composición decorativa. Son islas de belleza en la belleza.

Un bicho-peludo con su encrespado mar de olas, se dirige a un destino imprevisto. La maleza de distintos verdores, es el telón de fondo de estos oasis en el contexto de la maravilla circundante. El silencio, crece en este único mediodía otoñal, parece que nada transcurre y sin embargo los colores en sus infinitos registros, no demoran la prematura muerte del verano. Esto se repite desde hace muchos años. El llamdo tiempo de los hombres suministra la mitología que crece en estos alrededores. Los duendes se escapan de la imaginación y adquieren forma material. Los duendes son el suministro de los libros de cuentos ilustrados para niños que los han ayudado a tener un sueño placentero de generación en generación.

El bosque está en nuestra cama, tan adjunto a las maderas de nuestro lecho, como a los fantasmas que habitan nuestro mundo interior. Con el trabajo y el idioma el hombre se ha llevado el bosque a sus casas. Han adaptado la sensibilidad del tiempo en que el bosque era su habitat, a las casas del mundo urbano. En los jardines de las civilizadas mansiones de nuestra realidad sobreviven los troncos talados, decorados con primorosas macetas o latones que se cargan de flores en esta sucesión de ciclos. Todavía hay sol. En la policromía de la luz, cuatro mariposas blancas danzan un belicoso son de calecita. No avanzan, ascienden y descienden en círculos concéntricos.

El amor, la libertad, la vida irrestricta se unen como un dogma, el anti-dogma de la existencia futura, el sueño y la necesidad de la utopía, el zurco abonado donde crecerá la semilla de la paz. Esta forma “loca” de volar, esta incesante búsqueda de la luz, estas novias vestidas de blanco son un romántico coro de ninfas bailarinas que buscan el desafío de la vida. Las mariposas morirán pronto, quizás en horas, no sobrevirán la noche, sin embargo son parte indeleble del recuerdo, parte indispensable de la historia de este día.

El bosque vestido de otoño, hace historia, sin conocer su cronología, conoce su clorofila, todavía está esperando a los poetas, a los arqueólogos para expresar su carga emocional. En esa identificación psicológica el bosque adquiere su contexto social. Cuando el hombre se hizo campesino, taló el bosque en los tiempos que las distancias eran una desgracia, rasgó la tierra, domó el zurco, infiltró la doméstica semilla que se asentó en el lecho mitológico del bosque. En esta aventura hacia lo desconocido el bosque le prestó al hombre los colores, le hizo crecer hacia la armonía de lo bello ...


Héctor Díaz
2009

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Martes, 29 de Septiembre de 2009 21:35. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

MOZAICOS: EL DOLOR QUE CORROE MI CAOS

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En este rato libre que me déjà el sistema,
propongo la anarquía, que corroe mi caos,
mis versos son astillas,
de un tiempo de rodillas,
maderos para un barco,
que naufragó en la orilla.
No la obtusa poesía palaciega,
que conformó la forma,
el taller, la medida,
que no encontró la puerta,
que nos entraga vida,
y es tan solo un susurro,
de rapsodas vencidos.

Ahora van los cuentos,
A lomos de caballo, de mulas resentidas
como en los tiempos idos,
de las mil y una noche, de peregrinos viajes
de Simbad el marino,
de Alibaba en la cueva y el genio de Aladino.
Esta poesía que sueña a voz de la derrota,
nacida para perder en los ocasos,
naufraga en la vida cotidiana,
para pedir lismona en las esquinas,
donde la noche se cruza con el día,
los misterios de la urbe, se montan
en el caballo de los tragaluces,
y el tunelbana escondé
los sueños que van y vienen
día a día.
Testimoniar la vida,
en endelebles registros de “spicotina”,
palabra que no existe y si existiera
captan lo incaptable de la verdad-mentira.
Es la única función de los susurros,
de los vientos perdidos en el día,
en este aciago, beneplácito tiempo
en que ir o venir, aproxima a la vida.

Te veo descender por la escalera,
no sé tu carga emocional,
tu nombre será, Azucena, Maria
podrás ir o venir, bajar, subir
solo te pido, que hagas lo mismo cada día.
Como las bellezas se reflejan en la luna de
los escaparates,
te quedástes en la memoria del cristal,
mientras la pordiosera siniestra diestra,
de una emigrante del fondo de la tierra,
recuerda la perennidad de la pobreza.
Esta urbe de nombre tan lozano,
ampara todos los rincones de la tierra,
aquí se habla, inglés, sueco o troyano,
mandinga, guaraní, corso o slang
esa goma que sirve y que se estira
creando un nuevo abecedario.
Un “bohemio” poesia de la calle,
se fuma su último cigarro,
el último del día,
de su cajilla,
de su vida,
morirá en las trastiendas del olvido,
“sobredosis de vida” baticinará el forence,
por amar demasiado en los rincones,
dirá el cura de la capilla del hospital,
y un eterno proyecto de ley,
prohibiendo la mendicidad
descollará en las rúbricas de los diarios.

Todavía hay sol, la parte final de este verano
la niebla, la escarcha, la primera nevada
los frentes fríos, las lluvías importadas
aún son memorias del pasado.
Las “sagradas escrituras” y un libro de Kyppling,
el de las tierras vírgenes y virgenes mujeres,
duermen en el escaparate de la tienda,
Alibaba, sueña en la cueva de todos los ladrones,
revuelca entre los apellidos ilustres, ministros de economía
los reyes de las cartas, y de las ficciones nacionales
propulsores del gran capital y de los grandes puentes,
y de las grandes crisís y de las grandes muertes.
Este dios impoluto, el del templo,
donde reparten la sopa boba de los pobres,
me observa con el rabillo del ojo,
el sabe que no entregué el alma ni a dios ni al diablo,
yo sé que el es autosuficiente,
que se masturba de a rato y a escondidas,
aunque sea pecado esta palabra,
las muchachas del coro observan sonrojadas,
y el cada día esta mas pálido.

Héctor Díaz

20 September 2009

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Domingo, 20 de Septiembre de 2009 09:58. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

El tiempo

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Es tiempo de las hojas secas;
los cromos tienen la fiesta de los matices,
verdes que se comen la clorofila,
tiritando su graciosidad impoluta
danzando la danza de los ditirambos,
camino al cielo de nubes ribeteadas de blanco,
en un camino que no tiene marcha atrás,
el tiempo.
En unos días lloverán marrones,
los amarillos llenarán los huecos de las rocas,
papel picado de un carnaval salvaje,
detrás de la ventana se cerrará tu alma,
diremos las mismas palabras de todos los ciclos,
despreciaremos el silencio del olor de nieve,
nos aburriremos con las horas muertas de la noche,
el tiempo se come los momentos.
El pasado verano será un recuerdo,
detrás de la ventana, va ese hombre
es el hombre de todos los hombres,
detrás de una botella va ese sueño,
como reclame, le acompañan las palabras,
en esta época de cemento y plomo,
habla de libertad, del hombre, de la vida
de un perro muerto, de la sonrisa,
de una dentadura de paso,
de que la comunicación,
también es una cuestión de clases,
de que tenemos miedo, al tiempo
cuando las alegrías no nos forjaron,
un abecedario de mañanas.
Me puedo morir en “ paz ”
en un otoño de hojas secas,
de sueños sin batallas y sin espadas,
ese hilo de sangre, que va llenando el tiempo.

Lejos está la guerra de este otoño,
son otros niños, otras mujeres, otros viejos,
los muertos,
otras ventanas, otras rocas, otras montañas,
mueren por el petróleo nuestro
de la tierra de ellos.
Son los hombres del camino sin regreso,
otros sueños, otras palabras, abstracciones del silencio,
un horizonte que se rompe en la montaña,
en la arena del desierto, en la selva del trópico
y se aleja en mar abierto.
Avatares del tiempo,
las mismas cicatrices,
arrugas en la geografía del cuerpo,
el tiempo no nos lleva,
somos nosotros ...
que lo vamos haciendo.


Héctor Díaz
17 september 2009

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Jueves, 17 de Septiembre de 2009 22:00. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Viernes a la noche. “Curado”

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Pelle caminaba sin apuro. Desde donde le observaba, la ventanilla expedidora de boletos de los trenes locales de Estocolmo, me pareció una sombra en un viernes nocturno. Dantesco, como las sombras que se le interponían a Beatriz en los reconcentrados círculos del infierno. ¡Frases cortas Héctor, frases cortas ! Esta invocación, era la voz perdida de un profesor de literatura que perseguía a mi subconsciente desde hace unos cincuenta años.

Viernes a la noche, en la mente se agolpaban las inesperadas impresiones que venían con Pelle y con una juventud alegre en busca de aventuras y con mis recuerdos lejanos sin cronología posible. Yo y mis prejucios, que me acompañaban desde aquellos primeros tiempos en que nos quemamos con la plancha a pesar de las advertencias de mi madre. Pelle venía con varias cervezas ingeridas, que había decidido traerlas puestas para que los guardianes con sus orgullosos e identificables uniformes rojos no se las hicieran volcar en el resumidero. Como es de conocimiento público, está prohibido beber bebidas que contengan alcohol en lugares “ públicos “. Las comillas las he colocado porque uno se pregunta si los restaurantes no son lugares públicos. En otras oportunidades hemos conversado con Pelle sobre la contradictoria naturaleza de estos fenómenos. No se puede entrar a un estadio deportivo con un refrigerio comprado en el kiosco de la esquina. Tampoco se puede ingresar al máximo coliseum sueco sin que los guardianes te revisen toda tu natura integridad. Cualquier ciudadano mediante y campante está expuesto a estos vejámenes si adquiere un billete vía internet para escuchar a Madona.

La alternativa está muy clara, me dijo Pelle, su mirada individualista se agudizó -: No ir a los espectáculos , marginarme del ritmo pulsante de la vida diaria y sentirme partícipe de una despreciable minoría que se asemeja más a los anacoretas modernos que al consumismo violador. Compartí totalmente la opinión de Pelle, y le acoté que en parte eran los motivos por los cuales había decidido hace mucho años “ exiliarme “ en esta garita expedidora de boletos de los trenes locales de Estocolmo. Esto tenía sus ventajas y desventajas. Entre las ventajas estimo una importante, una gratuita platea donde se observa pasar la vida. Algunos nacimos para mirar. Somos mirones de oficio. Se ve pasar la vida con todas sus alegrías y frustraciones, el proyecto encerrado que cada uno lleva consigo, anhelos, amores, desiluciones y el espíritu bullanguero que las nuevas generaciones manifiestan sobre todo, los viernes a la noche.

Viernes a la noche, dijo Pelle con sorna, correr detrás de una lata de cerveza o enredarse en el mundo de la música bailable. El bailar como objetivo o como medio. La relación de la danza y el amor, la meditación de la preparación furtiva al acto supremo que nos junta con el nacimiento y la muerte. El coito, el no ser o ser uno en todos, la madre como primera novia, los celos a mi padre por robarme el objeto de mis placeres. Las lecturas de Segismundo que me ayudaron a malentender mi complejo edipiano. Correr, correr, detrás de una lata de cerveza o enredarse en las formas de una mujer, esta es la cuestión. Encontrar una compañera de baile, regular las hormonas y darle rienda suelta a la enajenación semanal. Eso es lo que ofrece el sistema, la libertad democrática del sistema, la realidad tangible de esta prehistoria compulsiva.

Pelle se había soltado acotando que éste era el ser o no ser de la cuestión. Yo que estoy en edad de merecer (dijo Pelle ) adolezco de una melancolía tímida, que me inclina más al mundo de una cerveza que al de las polleras,” aunque eso era antes ”, ahora pantalones ajustadísimos, pantalones cortos, con medias por debajo con colores afrodisíacos, con maravillosas nalgas casi afuera, o justamente en el límite de lo que es adentro o afuera. Y uno las admira por sus generosidades, por sus llamados, por su entrega a la procreación y la búsqueda, la instintiva constancia de insistir hasta prolongar. Blusas con pechos, pechos sospechosos, pechos sin sospechas, senos insinuados, o incursionando en todo el espacio terreno. Pechos para abajo, pechos para arriba, blancos, negros o mulatos, pezones que se escapan, se dejan escapar del filo inexistente de lo posiblemente imaginable y de lo pundorosamente apetecible. Voluptuosidades del seno redentor, dadme un seno y chuparé el mundo, la madre, la tierra, la paz terrenal, cojan mucho, jerqueen, folleen, culeen, acoplen, forniquen y hagan menos la guerra.

Pelle exalaba un tufillo alcohólico que le hacía desvariar. Su líbido discurso de macho frustrado, falo alicaído, eros dormido continuó con su prosa ligera. Traseros que no disimulan nada a la búsqueda, a la quema de los momentos, y que no perdonan en absoluto la instintiva natura que en cada semental nos acompaña. De todas formas, en un intento de seriedad, me dejó saludos de Luis, murmuró algo sobre la cerveza: que era más barata, más higiénica y que lo único que podía dejarte era un dolor de cabeza o un malestar estomacal. En sus confusos exabruptos también se quejó de cierta música que le tenía deprimido. El bacilón por el bacilón no lo conformaba del todo.-: El mundo ese de la salsa, las músicas calientes de las siestas caribeñas, los cursos y los profesores salseros lo tenían podrido, ya que el potro bravío de su instinto eyuculante se lo había domado una novia salsera.

La salsa la vivía como un síntoma de decadencia social. Cuando con mi sapiencia profesional de vendedor de boletos y mi lejana aureola de macho latino, protegido por la ventanilla de la casilla donde desarrollo mi plusvaliada tarea de asalariado metódico, mi otro yo, el que llevo escondido y le miente a todo el mundo, ya que le gustan todas las porquerías posibles, intento moralizar el intercambio con Pelle, que con sus treinta años menos que mi otro yo y mirándome con sus ojitos de adolescente sueco y sin decirlo, me mandó a cagar detrás de los cipreses del monarca que están escondidos en los cuadros neo-románticos del palacio. Frases cortas Héctor, frases cortas, la voz de ultratumba seguía molestando. Quise confraternizar con la inquietud de Pelle y entonces le hablé desde la experiencia. Me equivoqué una vez más.

- La experiencia, dijo Pelle, no es más que la suma de los equívocos existenciales y que los seguimos arrastrando cuando nos ponemos a bailar con los fantasmas que todavía vegetan en nuestras entendederas. Me miró de soslayo y murmuró al descuido - Todo hay que mirarlo con la “ nuca ”, como a través de un espejo, que la vida, al igual que el movimiento circular de los culos de las mujeres, hay que observarla como si estuvieras mirando para otro lado. Hay que respetarles todas sus tendencias, sus libertades posibles, pero no ser cómplice de ninguna de sus estrategias. No cabe duda, Pelle estaba “ curado ”.


Héctor Díaz

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Miércoles, 26 de Agosto de 2009 21:35. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

La vida se asemeja a un viaje

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Vamos juntando las palabras,
a falta de otra cosa,
vamos juntando frases en el aire,
flores para un jardín vencido.
Algunas utopías nos acompañan todo el viaje,
la mía era dormir en un colchón,
un sueño largo, en una noche de verano,
donde dios era un amigo,
y no una voz de castigos intermitentes.
Y yo era niño, alguna vez lo fui.
Eran tan pocas las palabras,
y se podía decir tanto:
una mesa, un mantel bordado y blanco,
la abuela, una puntilla, el aljibe, la tortuga,
una calle de barro,
la lanza de mi abuelo,
que se fue con la patria,
herencias del miedo de los muertos,
tan viejas estas historias,
como estas nostalgias.

Algo ha de salir, cuando se busca;
entonces vinieron las consignas,
la gente buena que dejó sus ganas,
los viejos nombres, que hicieron a la gente,
creyentes, respetando las búsquedas cansadas,
de los que quieren crecer fuera de tiempo.
Eramos el “hombre nuevo”;
no hicimos más que repetir la historia,
por eso el poeta no se cansa de este entuerto,
describir la ética, la izquierda clandestina
de la derecha de la propia izquierda,
describir la alegría de un beso,
una mano extendida, una espera, un recuerdo,
el libro aquél, que no entendía el texto,
el sueño lapidario de hacer lo único posible,
acompañar al hombre, que es como decir al pueblo.
Hablaremos de las pequeñas cosas,
ésas que describen nuestra pequeña historia,
los libros sucios de la feria,
la botella de anís hecha de anillos,
de un azul resbaladizo como el tiempo,
donde un perro rabón, de infinita mirada
acompañaba mis tardes de juegos solariegos.
La polvera chata, repetida en el espejo,
la línea de los ojos de unos ciervos de cerámica,
los cajones de la cómada,
guardando los tesoros de mi madre.

Todo un tiempo quieto,
un tiempo tan tiempo, que se quedó en el tiempo,
a las tres de la tarde, con aroma ascendiendo
desde el pié de la parra.
Mi madre entonaba “ Caminito ”,
tiempo valseado, voz de esperanza,
la sonrisa esa, de los semi-tangos,
tan bella, como Las Mil y una Noche,
o un verso de Machado.
Aún me persigue la palmera,
chata y gruesa, donde escondía mis secretos,
con su mala arte y parte,
quedó grabada en la retina de mi tiempo.
Un rayo de sol es único
cuando el color tiene memoria,
el reflejo que se agolpó en los ojos,
de aquella vecinita,
que me miraba desde sus lentes.
Su nombre ya no existe, pudo ser Azucena,
Libertad, María o Soledad,
solitarios sustantivos, perdidos en el tiempo,
pero el rayo de sol, sigue vigente.

Los pobres no son más el motor de la historia,
solo quedamos los creyentes;
podemos historiar nuestros sueños,
la libertad tiene muchos kilos de ignominia,
el poeta debe pesar sus miedos,
es un escriba que no se debe al odio,
su voz es tan solo un camino
que hacemos en el polvo, pie descalzo
huella para arcaicos antropólogos,
recuerdos de unas soledades
en los ojos de un niño
pobre de haber nacido en la parte negra,
tristes de socavar el socavón del alma.

Héctor Díaz
2009-08-16

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Ausencia

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Un sol japonés,
se apresura en el horizonte,
ahora que el mar,
se vomita en helechos,
en la hora que los pájaros
dejan de volar,
y la noche se queda sin canto.
En busca de un espacio sin hollín,
donde los pastos ralos se sonrían,
me acuerdo de la calle perdida,
la que murió con mis sueños de aventurero.

En la calle donde nací,
no había baldosas,
ni flojas como las del tango
ni fijas, como las de los barrios altos.
Un perro callejero, un boliche sin reboque
y las lluvias traídas por el viento
del Río grande como Mar.
Solitarias en un solar lindero,
las palmeras, que trajeron las palomas
en mis sueños de niño sedentario.

Un sol de humor cambiante,
y una luna coqueta
en las noches de verano.
Teru-terus, cotorras, chicharras,
benteveos y glicinas, competían
con zapallos, tomates que reventaban
de rojos, mientras una higuera,
nos daba su gotita de miel y de nostalgia.

Ahora, confundido en otras calles,
otros ladrillos y otros explotados,
barajando los sueños de otros cuentos,
las juventudes de otros fantasmas,
me recuerdo el muchachito aquel
vendiendo su protesta,
cuando el tiempo era nuevo.

Héctor Díaz

23 de Marzo de 1998

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Reflexiones sobre una ventana abierta y sus agudos

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Por la rendija de la ventana,
independientemente de la noche,
el murmullo del viento, conversando
entre graves y agudos, altos y bajos,
el milagro de un hambo-tango,
jazz del Mississipi, con los negros llorando
las notas vivas de una historia larga,
gitanos navegando en su alegría
con un flamenco entre rosas y Federicos.
La humanidad, inagotable ditirambo,
Bacus, la creación, la vid,
escaramuzas de vinos y de besos,
la libertad construyendo sus peldaños,
el culto al sol, el abrazo a la tierra,
amaneceres en la playa silenciosa
se cuelan por la ventana de mi alma.

El subconsciente buscando la nostalgia
en este clima de nórdicos abusos,
el viento se enrosca en las entrañas,
soñando las mariposas de otro tiempo
donde las chicharras tenían sus minutos
y el cardenal era un jardín volando.
Me acuerdo de la foto que no tuve,
en una lejana y solariega tarde,
en blanco y negro de la mano de mi padre
acompañando muchos pies,
en una plaza proletaria.
El viento este de la ventana,
que se cuela despiadado
en los ancestros gastados de mi alma,
juntando va, alas gastadas
plumas que ya no vuelan a la montaña,
con los pies ligeros de mi nieto
que se aproximan a las cimas del mañana.

Héctor Díaz
2009-07-20

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Macedonio

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Se desborda la brisa y en la pampa
susurra el espinillo su inocencia,
el pampero jugando en el desierto
conversa con el jinete, poncho al viento.
No hay más que distancia, en la distancia,
hacemos este viaje sin regreso,
nos munimos del nombre de las cosas
desafiando el destino de los tiempos.
Arriba, la luna, alumbra el tranco
deja ver el zurco, que cansado
se retuerce en mil formas y pedazos,
ensanchando y desanchando nuestro paso.
Plateada y orgullosa se descansa
rebotando en la copa de algún árbol,
sacándole brillo a los misterios,
escondiendo su timidez en algún charco.
Son retazos de un todo,
ayudan, ahuyentando los fantasmas,
las “ luces malas ” y las buenas
que viene discutiendo con el alma.
Mirando hacia adentro,
el otro yo que me acompaña,
el alerta Clarín de cuerpo viejo,
que vive descubriendo la mañana.

Por aquí pasó el amor, cuando era ella
flor de piel, aroma del romero
mirada de azabache, largos cabellos
entrega necesaria, idioma de otros tiempos.
El amor, nos necesita a todos
todos necesitamos sus entuertos,
los torrentes de la pasión primaria,
el potro libre, rodando por el suelo.
El mas allá, la infinita lluvia con su calma,
la primavera reventado con sus ganas,
los colores vivos de las dalias
naufragando en el olor de las mañanas.

Después vino, lo que vino
los cascos secos en la tierra
fósiles de la estampida traicionera,
un infinito, en esta tierra sin fronteras.
El desierto, como destino, o como meta
huir, estar huyendo de la huella
de uno mismo, de los tiempos
del que fuéramos, cuando fuímos,
del que dejamos de ser,
con el derrumbe del sueño y del alma.

Héctor Díaz

27/06/2009

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PUNTERO DERECHO

Desde estos lejanos, y no del todo cálidos lares, se os saluda. Puesto que nuestra temporalidad es un ciclo del cual no podemos escapar, vivamos lo que nos queda, con la alegría que deparan los buenos momentos. Y entre los buenos momentos están los buenos recuerdos. Y estos lamentablemente tampoco los podemos elegir. Se hacen solos, condicionados por las vivencias y las olvidadas energías que le pusimos a cada intento vital. Todo esto fue en la época en que no teníamos recuerdos, por lo tanto no podría en aquellos lejanos momentos escribir lo que ahora con cachondo disfrute paso a contar.


Todo el país que uno se imaginaba, estaba impregnado por la misteriosa magia del más popular de los deportes. Los diarios ( así se le llamaban a los periódicos en aquel tiempo ), el carnaval, la escuela pública, la privada, las fábricas textiles, los barrios, los curas y los políticos vivían bajo el sedante de una Tacita del Plata con galardones olímpicos y campeonatos mundiales a cuesta. Eramos los “ vivos ” de América y del mundo. Todos los “ otros ” (el mundo ) eran macacos, japoneses, suecos o foráneas fuerzas de planetas muy alejados a nuestra futbolera galaxia.


Había espacio para el sueño, te ibas a la cama y soñabas con descubrir la “ moña ” nueva. La imparable, la inesperada para el halva (marcador de punta) que te había estudiado disimuladamente mientras que sacaba “ cuentas ” de cuántas patadas te tenía que dar antes de que te “ achicases ”. Porque antes no era como ahora que el árbitro te saca la amarilla y la roja y afuera y bailando, o pitando finito como se decía entre la gente de mal verbojear. Y tampoco es como ahora el asunto de los clubes, los jugadores eran de por vida, sudaban y jugaban por la camiseta como si fuera parte de la piel.


Era de mal gusto hacer aspavientos y revolcarse por el suelo cuando convertían. Y no era tan importante convertir, sino elaborar, pegarle en el hilo, con el efecto preciso, en función del conjunto y con la ética y estética del arte para que la simbiosis con la hinchada fuera un todo único y el tipo se volviese a la casa y le dijese a la mujer, que lo miraba con la tristeza de haber perdido la tarde :- Hoy te quiero más que nunca y nos vamos a cenar afuera. El día completo, el hincha que da y recibe, que es parte y comparte, aunque el equipo por una fallo injusto del árbitro hubiese perdido por un inmerecido uno a cero.


Pero lo más sacrificado, eran los equipos de barrio, todo a pulmon, amor al sueño, en busca de un efímero prestigio local que no iba a quedar registrado en ningún memorial de museo, y que desaparecería de la memoria colectiva cuando el tiempo borrase las generaciones protagonistas. Ahí entrábamos todos, la vieja que lavaba las camisetas, los viejos que formaban una comisión que trasladaba los visos burocráticos de sus respectivos partidos políticos a las largas secciones de como hacer finanzas para comprar camisetas nuevas con colores propios y dejar de usar esas ya usadas y gastadas que nos prestara el Millán. El sueño de una sede propia, y las discusiones entre los vecinos por adueñarse de una hipotética cantina que sería el broche de oro de lo que ya era un sueño colectivo.


Con el tiempo apareció un camionero, que a cambio de que lo pusiésemos los domingos en la reserva, nos traladaba a los distintos barrios y así fuimos conociendo junto con la pobreza del mundo obrero, los distintos potreros del entorno deportivo.


Pero a mí lo que más me preocupaba eran los halva (marcadores de punta). Mirá, los jugadores en los equipos de barrios eran eternos. Pasaban los años y seguían siendo los mismos. No te podías imaginar el Capolonio sin un número seis que le apodaban “ Bebe Magdaleno ”, un baboso, que se te pegaba en la línea como una máquina de dar patadas, escupitajos un obsceno vocabulario que recorría desde mi madre hasta la bisabuela que nunca conocí. Y todo los años era lo mismo, y vos no podías flaquear ni hacerte el gil. Como un juego a dos puntas y ya que lo conocías desde el año anterior te la pensabas de ante manos, para que en un descuido le pudieras sacar la ventaja que te dejase ganando uno a cero. Y todos los años nos decíamos lo mismo :- Bueno “ pibe ”, vamos a jugar al fútbol y que gane el mejor.
A los dos minutos de haber empezado el partido y por culpa del negro Tolumba que me pasara aquella pelota larga y precisa y yo usando el recurso de la velocidad hiciera rebotar la guinda en el palo que sirvió para que cazara el rebote de cabeza el Malevo dejándonos en provisoria ventaja, pero que también trajo aparejado la culminación de todo entendimiento y pactos de cortesías. Como que los tipos se transforman.
Mirá, ya que entramos en materia a mí siempre me pareció que los marcadores de puntas izquierdos, esos que marcaban a los punteros derechos como yo, eran siempre muchos más violentos y “ quiebra-huesos ” que los marcadores de puntas derechos. Yo, a esos siempre los ví como más técnicos, jugando más al fútbol, con menos espíritu de guerra y más sustancia para el entendimiento. Pero estas conclusiones sacadas en el campo futbolero, quizás no sean más que el reflejo del rigor que me hicieron sentir los halvas izquierdos.


Y sino acordáte de aquel marcador de punta del Sauce. Había que cruzar medio país para ir a jugar con ellos y ya llegar era como arribar a “ territorio enemigo ”, caras hostiles, miradas desconcertantes, que todavía guardaban el rencor de la vez anterior, cuando el paraguayo Abel les hiciera dos goles que le costaron tres meses de yeso en el Maciel. Aquel halva, siempre me tocaba a mí, nunca estaba enfermo, pasaban los años y el estaba mas joven y bagual. Y vos en el camión ibas deseando que le hubiera pasado algo, pero nó, llegabas ahí y te estaba esperando, agarrado al tejido, viéndote bajar como si tuviéramos una cuenta pendiente que saldar.


Y vos no podías echar para atrás, entrabas al vestuario, que era una rancho desvencijado, que parecía más una tapera que otra cosa y te ponías las tobilleras y le agregabas papel de diario abajo por que en cualquier momento te araban una pierna. Y vos entrabas y hacías que no lo mirabas, lo ignorabas por completo, pero sentías en la nuca que la mirada del tipo te hacía crecer granitos. Y ya nomás al comenzar el partido y sin tocar la pelota el tipo te encaja un codazo en las flotantes que te deja sin respiración, y vos sentís que los cuatro hinchas que vinieron en el camión te alientan y que esperan que vos no te encojas. Y cuando Tolumba que siempre apuntaba para tu lado te la larga, sentís que te hacés un nudo con el sujeto que durante los noventa minutos se reitera sin interrupciones. Y la única vez que te le escapas y se la pasaste al Cebolla que no conocía el miedo y convirtió, el halva me encajó el muñón en la nariz puesto que era manco y me dejó esta hemorragia endémica que me sigue sangrando de vez en cuando aunque ya pasaron cincuenta años.


Cuento esto porque era tal la magia que no me gustaría irme para el otro barrio y que no quedase un hilito de historia olvidada como una última esperanza de que alguien la rescate.
Y después llegamos a la sede y nos esperaba el “ Cieguito Baso ” ciego de verdad y de nacimiento, pero lo que es la intuicion del tipo, que nos contaba el partido que habíamos jugado hace un rato, con lujo de detalles y todo. Y nosotros lo cargábamos, y le decíamos :- pero Baso ¿Cómo es posible, si no viste el partido, que sepas lo que pasó? y siempre nos contestaba lo mismo :- que para saber no se precisa ver sino vivir.

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Héctor Díaz

Cuando el silencio se hace verso

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Primero fue el silencio
el primer silencio,
no sabía,
que se ennumeran los silencios,
pero sabía,
que en el último silencio
ella me miraría...

Y así fue,
silenciando, nacen las palabras,
como pretexto de la causa,
y en la exageración de mis silencios,
y la voraz bocanada de mis miedos,
nace la voz y los silencios de la madre,
y de todas las madres y todos los silencios,
abriendo la puerta a los monosílabos.

Los silencios, van cargados, con inciertos desiertos,
vagos crepúsculos , mañanas solteronas,
mediodías sin sol, lluvia copiosa en las baldosas
energía del recuerdo de tu tristeza,
tu mano tibia, inquisorial y silenciosa,
que me enseñara esta aventura repetida,
de recorrer el precipicio de la vida.

La libertad, también es un silencio
se aprende en los muros de las calles,
son calles empedradas, llenas de silencios rotos,
donde las estrellas quedas, se dan de tropezones
en los charcos obsequios de las lluvias.

Cada farol, es un recuerdo
cada silencio, es una flor, un muerto
una noche de amor, un primer beso
la música del río, bañando huellas perdidas
testimonios herráticos del sol del día
sobre la tierra nueva, de nuestras vidas.

Naufragando en el silencio,
converso con el hombre,
que siempre va conmigo,
Job por dentro, buscando la voz en el desierto
herrática la conciencia,
se baña en las espinas del calvario,
del altar pulcro de los impúrios sacrosantos,
se desprende polvo y basura.

Dios anda perdido en el desierto,
renegando de sus hormonas,
ha perdido los olores, los sudores y las lágrimas
tan solo le quedan los silencios,
y las noches con angustías,
de todos los asesinatos cometidos en su nombre,
de las tumbas sin nombre y sin recuerdo
donde el silenco cubre el campo
y solo subyace la poesia de los muertos.


Héctor Díaz.

Junio del 2009

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La lluvia

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Esta gota de agua,
renegando desde el pasado,
se hace hilo largo,
en la nostalgia de la lluvia.
Eléctrica, se patina sin defensas
se precipita en otros hilos
mojando mis sentidos
del otro lado de este vidrio.
Te atrae, como el lejano fuego de las cuevas,
es el misterio del humo sin regreso,
los ríos se cruzan, como los destinos
y el mito hace esfuerzos
desde ese extraviado,...otro tiempo.
Los semitonos,.... meditan
son las sombras, .....vibrantes, metafísicas,
el ocaso, la muerte, el otro yo que se refleja
sin contornos precisos, la humedad espera.
Son los colores del otoño,
ocres de todas las distancias,
silencios, donde la voz va sin memoria
añorando al que fui, que ya se ha muerto.
Empiezo a respetar las palabras,
ni siquiera a pensarlas ya me atrevo,
las horas mustias se gastaron
las que ahora construyen
...este mal verso.
Del otro lado de la lluvia,
el bullicioso proyecto del recuerdo
Sosó, con veinte años en el cuerpo joven
y más de un siglo que le enturbia el alma.
La absoleta nostalgia de la lluvia,
agota su energía en la mañana,
el amanecer recrea los colores,
los pájaros pintados, hacen clarear el alba.

Dios no está, es la natura
el camino te lleva y el regreso
se quedó extraviado entre las piedras,
que siguen girando con la tierra.
La voz y el verbo, ya no existen
tan sola la mano de los hechos,
el surco abandonado como estela,
y un cúmulo muy lejano de silencios.


Héctor Díaz


2009-06-06

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Soñar

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Ayer te busqué en la plaza
cuando cazabas estrellas,
en los charcos que la lluvia,
iba dejando en la arena.
Y pensé que era tu voz
la que del éter se oía,
mientras lloraban las cañas
cuando el viento las mecía.
Una rana hacía croar
las fibras del alma mía,
y tu mirando lejano
la vida con sus porfías.
Hablabas de libertad,
“ y las muertes mal habidas “
las voces que atrás cantaban
de tu vida y de la mía.
Anónimas voces del tiempo,
que nos vienen con la brisa,
equiparando silencios,
entre lanzas y despedidas.

Murmullo de los recuerdos ,
de ese banco que nos mira,
se van mezclando extrañezas,
y otras veces geografías.
Se van cambiando uniformes,
se va sintiendo la muerte
y se ve venir la vida.
Seguimos buscando charcos,
recuerdos de las sonrisas
cuando sin saber quién éramos,
comenzamos el camino.

Tu voz que sigue diciendo,
“ Queda el consuelo, la vida
es eso de seguir pensando,
entre estrellas peregrinas”.

Siempre va haber tiempos nuevos,
semillas de viejos idos,
en busca del “ hombre nuevo”,
el que va en descontento.
Somos jóvenes de nuevo,
si aún vibra el alma mía
porque los sueños que ofrece ,
el néctar de la utopía,
me magnetizan las ganas,
de esto que llamamos vida.

Héctor Díaz

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LA PARCA

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(En honor al trabajo, a la ética emanada de la humildad, al hombre nuevo que cada poeta lleva adentro).

Se dice que nació para siempre, fue tan sencillo, supo juntar su muerte con la infancia. Defendió la alegría y quería no perder la ilusión de seguir jugando como los niños...

Si te agarra desprevenido,
se te sacude el alma,
y las palabras se van por la ventana,
quizás de aquella casa perdida en otro tiempo.

No había camino, era como arar en el arroyo.
Teníamos el canto de los sapos,
metamorfoseados con los juncos,
y la luna, iluminando nuestros pies descalzos.

La poesía la hacíamos con retazos,
buscando la forma de nuestro vocabulario,
con el sudor de un labrador del campo,
y un terrón, seco como mojón de pampa.

Comprendimos el crujir de la chicharra,
y hasta el vapor que se despedía de los techos,
un sol quemando, tarde de enero,
cuando tus ojos hicieron, mi primer verso.

Fue el milagro de la mano del hombre,
alguien que escribió, que hizo mañana,
arabescos ligeros llenando espacios blancos
así con esas letras, acortando las distancias.

Llegamos a la playa a conversar con los vecinos,
a repartir la voz escrita, usando los silencios;
se confundieron los momentos de la tarde
y el saber se despertó con ese canto.

El camino se hizo sin saberlo,
se amontonaron noches, para ganar estrellas
y despacito y sin destinos,
nos dejamos llevar por esos campos.

Discutimos con dios, con Juan el diablo
comparamos estilos y senderos
fuimos deslindando sin saberlo
que el hombre libre debe crecer de adentro.

Entonces, la muerte es un bostezo,
un decir “ hasta luego ”,
un regreso, en otro sueño “ compañero ”,
si otra generación, diestra extendida,
le agrega otras palabras al intento.

Héctor Díaz

09-05-22

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Tan Simple ( SALUD...)

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Una poesía es como un cuadro que se pinta, no se termina nunca. No sé si se precisa ritmo, rima, esta cadencia proviene de la locura de cada uno. La musicalidad es otro misterio. Las notas musicales son como la lógica o la gramática de la música, el intento de un ordenamiento. Hasta qué límite esto es posible escapa de mi sapiencia, cae en la divagación de la intuición. La creación, el origen de la vida no tiene explicación posible. En la poesía hay como una doble musicalidad no descubierta, se manifiesta por el eco de la filosofía que acompaña cada bípedo.


Aquí, en las horas imperfectas,
lo comentamos todo,
el azabache de la noche,
la playa golpeando
con sus olas de letras,
el sueño de descubrir,
de ser más grandes,
de verme en la altura de tus ojos,
para soñar de nuevo.
El beso ya no importa.
solo queda el recuerdo,
el dibujo de tu sonrisa,
única esencia del perfume
de tu mirada negra de la tierra.

Y yo, la barca, la distancia y los otros.
Pedro Rojas con su cuchara de albañil,
Cipriano haciendo un gesto hacia el futuro,
Buenaventura, con esas ganas que le come el alma,
y los miles de hombres del planeta
antes de que la bota criminal, los destrozara.

La muerte también es un paseo,
un viaje a la energía sin prestigio,
la competencia que se quedó sin podio,
la brisa tan sola del recuerdo.
Ahora afirman, que la poesía
ha muerto,
de edad, de carga natural, o de angustia congénita.
IDEA se fue, para seguir viviendo.
Una calle, una baldosa, una piedra,
la creación y el brote,
la luz, el milagro de la síntesis,
“ Siempre habrá una bota sobre el sueño “.
Tan efímero es el hombre,
Y sin embargo.... sueña.
Cada vez que el hombre se incorpora..sueña.
Serán muchas las voces desquiciadas,
-: Que soñar no cuesta nada.
Que siempre se vuelve a aquel origen,
al milagroso trueno, o al martillo,
a los hierros candentes del castigo,
a la idea fatal de los pecados,
donde un dios dirige los destinos.
En estas horas desquiciadas,
lo comentamos todo;
cada vez que los hombres se incorporan,
cada vez que reclaman lo que es suyo,
o que buscan ser hombres simplemente.
Cada vez que la verdad nos llega,
la bota negra, sucia, nos aplasta.

Y es tan sencillo, se trata del amor
tomar distancia de ese resto,
Vivir del otro lado del tejido,
donde no exista la injusticia,
el frío, la muerte, la explotación, el miedo.
Me quedo de este lado del camino.
Todo el horror, todo el dolor del hombre,
va cambiando la piel según el oro,
según la fuerza y el poder se mudan.
Siempre habrá alguna, y aveces más que una,
de las botas feroces,
pisoteando los sueños de los hombres.

Por eso en las horas contradichas,
mientras naufraga el vino en mar abierto,
seguiré la sandalia de los pobres,
la alpargata de deflecado vuelo,
porque es entre los que no tienen nada,
donde nacen las orillas de los sueños.

Si esta bota feroz sigue aplastando,
se caerá la vida como una cabellera,
el planeta se quedará sin plantas,
sin gatos, sin tejidos de la ropa,
sin lluvia plena en medio del verano,
sin la gota de recina que da el árbol,
sin el libro escondido en aquel hueco,
que un borracho bohemio
dejara abandonado, cerca del nido de la vida
que hacían el llamado de los pájaros.

No voy hacer ningún llamado,
ninguna consigna, escrita por la mano,
tan frágil es el planeta azul,
tan débil el Principito alado,
tan suave el colibrí y tan variado,
la mariposa regalona de colores,
el otoño, con sus ocres y sus campos,
las aguas delirantes que en cascadas,
producen el arco iris del mañanana.

Mi juventud sigue descalza.
la recuerdo lejana en la montaña.
muchos días de valle,
días aciagos.
Hoy pisando sobre la arena tibia,
descubro las huellas de otros sueños,
el mito y la utopía cabalgando.

Héctor Díaz
17 de mayo 2009

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Crónica de una muerte continuada

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Esta historia es anterior al año 1973. Era un año como cualquiera de los otros. La gente se enamoraba, se alimentaba, procreaba, se suicidaba, iba a trabajar, se desilusionaba con los impuestos o la inflación, se preocupaba de sus hijos si los tenía, y sobrellevaba la tiranía del mundo diario albergando la esperanza de un mundo mejor. Los hijos ( algunos ) iban a la universidad, leían a Bertrand Russell, Camus, Sartre, y una larga lista de escritores que por lo general vegetaban fuera del bolillado oficial del férreo control que ejercía un profesorado integrado al aparato mediatizador estatal de las llamadas democracias occidentales. La esperanza siempre es mejor que el miedo, y el amor hacía imposibles, mientras los hijos de las clases altas y medias se convertían en “ terroristas “, indeseables, innombrables, conformándose en logias secretas, inventaban nombres para una posterioridad de esas que quedan no solo flotando en los aires o en “ el corre ve y dile “ de las gentes, sino que se cuelan en las hojas blancas de los imprenteros y pasan a la vida documental en formas de libros, películas u obras teatrales.


Así nos fuímos sobrellevados por el “ Cordobazo “, por la sacrificada gesta del Che en el confín boliviano, por la agradable noticia sobre el destino final de Carrero Blanco en la españa del “ generalísimo “ . Recuerdo un campesino español que vivía en mi tierra y al cual difícilmente alguna vez el entorno social le había escuchado algún monosílabo, cuando se le llenaron de lágrimas los ojos, y con su mejor sonrisa exclamó :- Todavía queda gente con cojones en mi tierra- para volver de inmediato a su mutismo de costumbre. La televisión había venido para quedarse, solamente a mi abuela Angela que escuchaba las comedias diarias, le desagradaba la pantalla con imágenes en blanco y negro. Algún vecino previsor y avispado que se había munido de la mágica caja que nos acercaba al mundo, abría la ventana que daba al jardincito delante de la casa donde el barrio se conglomeraba y observaba el regreso de Perón a la Argentina o el atentado que sufriera Kennedy en los lejanos estados Unidos de Norte América.


En aquel convulso y confuso período muchos jóvenes y algunos no tan jóvenes compatriotas“ emigrados furtivos “ se asilaban o vivían clandestinos en una nueva geografía de la cual hasta ese entonces nada o casi nada sabíamos de ella. A lo desconocido se lo desprecia por ignorancia, pero nuestros hermanas o hermanos, amigos o conocidos , compañeros de ideas o simpatizantes de esta gran aventura que es el despertar de los pueblos se iban a refugiar a este largo lagarto de cobre, capitanía de Chile que se extendía desde las frías aguas del Polo Sur, hasta el árido desierto de Atacama. Tuvimos que ir al Mapa Mundi, aprender nombres de ciudades, ir deletreando nombres de sus organizaciones obreras, de los nombres de los movimientos revolucionarios, de la marcha de la política diaria, de los cinturones industriales, del “Viva Chile, Mierda”, de los linchacos, de las canciones de Victor Jara, de Gabriela Mistral, y de la eterna pulseada del “ Chicho “.


Y después vino lo que vino, y nosotros lo vivimos intensamente porque ahí estaban nuestros hermanos y compañeros. Recuerdo unos padres que viajaron casi sin documentación y sin recursos para tratar de ver a sus hijos , y la administración del Frente Popular los habilitó, hospedándoles y facilitándole la estadía. Aquí comenzaría la crónica de esta muerte anunciada, de este parto al mito, de este silencio que hace más fuerte las palabras. Salvador Allende no es más que un nombre. Podríamos decir que es el nombre de todos los nombres, de todos los torturados, de todos los asesinados, de todos los desaparecidos y fondeados en el mar. Es la esperanza, la ausencia de miedo, parte de la voz del futuro, el orgullo de las próximas generaciones de chilenos y de los seres humanos que olfatean la libertad en la América Latina. Ahora la crónica se hace más pesada, aparece la metáfora y el mito nace para agrandarse en la medida que eso que llamamos tiempo se deslice en alguna dirección.


Muchos años después contrataron un fotógrafo, un periodista y una comitiva se dirigía algún lugar desconocido por los propios protagonistas. Habían pasado muchos años. Estábamos en un cementerio de Valparaíso. Los empledaos llegaron al fétreo,escondido debajo de una hilera larga de cajas superpuestas, un foso como para arrimarlo lo más posible al infierno, o al centro de la tierra y que el mundo ígneo devorace los restos terroristas del presidente de Chile y los chilenos por el tiempo de los tiempos. El calificativo de terrorista es enteramente mío. Los escribas nos podemos reservar el derecho de tratar de aproximarnos a la verdad por las vías del drama que creamos posible. Podemos recrear esta crónica . El féretro era de metal, oxidado, defondado y sin muchas ceremonias fueron saliendo los restos que hablaban con la elocuencia de los que supieron tomar una decisión oportuna en aquel momento en que la aviación del prusiano ejército al servicio de los intereses del pentágono hacía volar parte de la Casa de la Moneda. Ahora este Allende se nos confunde, se nos escapa de las manos, el estuvo disparando con su ametralladora contra las fuerzas armadas que traicionaban a su pueblo, al orden jurídico internacional y nacional protagonizando un golpe de estado en contra de Chile. Del único Chile posible, el del voto y la democracia. Pasó a pertenecer al bando de los perdedores y no acató el desacato de los trogloditas, entonces, se convirtió de hecho en un “ terrorista".


Pero Allende pensaba antes de que todo esto ocurriera, pensaba mientras esto ocurría y siguió pensando después de su muerte. Sabía sobre su destino y lo irreversible de su decisión. Sabía que el suicidio era la única salida posible al chantage de la insubordinación castrense. No se entregó, no les dió el gusto de una “ salida política y negociada “ , se quedó del lado de su gente, los pobres y los necesitados antes que ponerse a pensar en su mezquino pellejo.


Cayó en combate, como cualquier miliciano guerrillero que entrega la mezquindad del cuerpo al futuro del mito que se agranda con el tiempo. Ahora me pregunto si realmente murió, es como que empezamos a reconstruir su subconsciente, quién mejor que él para conocer la conspiración, la alianza de los militares, los curas y el capital. Esta alianza constante de la explotación capitalista que se manifiesta en distintas naciones con la consigna de : Patria, familia y propiedad. La lucha continúa. Lentamente la esperanza sobrellevará al miedo, y en este largo camino hacia un mundo más humano encontraremos al compañero Allende en la barricada de turno.


Héctor Díaz


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VOLVER

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Atando recuerdos que no tuve
recreando una memoria sin pasado,
te fuí inventando uno a uno
los esfuerzos de no haber y haber estado.

Desconocí tu calle, el jardín, el ayer, las plantas breves
tu libro de versos borroneados , una palmera, un corazón, un beso,
una sonrisa tibia, tus dígitos temblando
y sin embargo, de amor, de puro verde amor
te me ibas dando.

Tu calle era la historia de otros sueños,
ataduras a las locuras del pasado,
aventuras y gritos de otros mitos,
colores que iluminaban el ocaso.

Con el último resplandor, el camino se hizo largo
nos quedamos atando los momentos,
la parte que no me era ajena de tus sueños,
se vinieron conmigo por los campos .

Aún me queda el canto y la palabra,
conversar conmigo si me dejan,
escondiendo los recovecos del pasado
en ocios y vacilónes del espacio.

¡! Morirá tu jardín el día que yo muera,
existirá la muerte en esta eterna rueda ¡!
El trinar de los pájaros no se acalla
retornan con la nueva primavera.

Tus sueños vuelven con el río,
revoloteando con las gaviotas del verano,
todo lo que traemos escondido,
son esos fardos atados, sin saber desenredarlos.

El carmesí de mi pudor fallece en tu retorno,
regresar la utopía con un sentido inverso,
un contrasentido en el olvido de lo ido
un mantel blanco bordado con cariño
una madre soñando, con su tiempo de niña
una noche sin brisa y sin apuro,
una antihistoria, sin hitos y suspiros.

Bohemios de las letras
locos de un mundo sin prehistoria,
estamos regresando casi a diario
al hombre nuevo, que nos viene del pasado.

31/3 2009


Héctor Díaz , volviendo.

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Correspondencia a calzón quitado

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Querido José Luis:
La yuxtaposición en sociología ha sido un mal del cual se podía haber prescindido. Dios (sobretodo el del desierto) necesitaba una madona con dos buenas tetas para amamantar al " salvador " aunque en esa instancia de amamantado no era más que un protegido.
Dos buenas tetas protegidas por las buenas sedas importadas del Xipango ( nada tan sacrosanto como las mamarias de la Sra. madre del resucitado ) iban a estar cubiertas por telas fabricadas en y por las hilanderas de Manchester, y aún la historia no estaba madura para estos menesteres.
De los senos sagrados de la inmaculada , de la cual nunca se supo si los pezones apuntaban hacia abajo o contradiciendo las leyes newtonianas esas sagradas extremidades apuntarían a la divinidad celestial. De la misma forma que el dios del Olimpo se las preñaba a todas y no se salvaban ni las hijas en la trilogía del dios del desierto o de cualquier otra cama de tres, la sacrosanta no podía tener una teta mirando para arriba y la otra para abajo.
En la mitad de la biblia que le toca a los judíos-cristianos o por lo menos a aquellos judíos que se asociaron al partido político de Jesús, no hay ninguna explicación satisfactoria al respecto. A los hombres altos les gusta los pezones levemente erguidos y con la redondez del seno apuntalando de atrás si es posible . Pero para no extraviarme en la tangente de los senos y cosenos, volveré a la yuxtaposición en la sociología .

Todo esto empezó a preocuparme desde que abordé el libro de un escritor libertario muy poco conocido, inclusive poco conocido entre los libertarios. Este señor opinaba que la sociología no es ninguna ciencia, una especie de astrología persa que creó las bases empíricas de algunas disciplinas que tardíamente algunas de ellas se convirtieron en " ciencias " . Parecería que la ciencia tampoco es infalible y mucho de ella se deshecha en el andar de los tumbos del tiempo. En lo tácito o fáctico es tan lícito errar como acertar. Se llega a la penicilina por error y horror, y se llega a la técnica digital desde la matemática euclidiana y aristotélica .
Ahora me voy a referir a otro judío, ni marrano ni converso, el eximio, ponderado Karl Marx . Este otro judío que no tenía dios del desierto, no deshechó la cábala medioval a la que le agregó presupuestos numéricos sacados de los virajes de las discusiones de su época en la cual no participaba mucho, puesto que ya tenía claro que el devenir y la imaginación del socialismo estarían sujetas a otras alternativas que la estricta voluntad del ser humano.

El proletariado aparece como anillo al dedo . Se lo convierte en motor de la " historia " en un hipotético camino ( se desprende de su propia obra ) hacia la enmacipación social de los explotados y pobres de la tierra . " La emancipación de los trabajadores es obra de los trabajadores mismos " . Así rezaba el inicio fundatorio de la primera internacional.
Pero como el proletariado alemán o inglés que era el sujeto de la teoría no yuxtaponía los deseos teóricos de los elocubradores de teorías con sus intereses inmediatos .

El proletariado francés hizo o colaboró en una revolución burguesa donde se juntaban dimensiones subjetivas y objetivas. La frustración endémica del pre-industrialismo francés , el mundo rupestre que aún no manejaba el émbolo y el vapor se subió al carro de la burguesía y derribaron la Bastilla. Para matar al rey se necesitó de Marat que no era ese pre-proletariado y si usáramos la jerga marxistóloga diríamos lumpenproletariado que deambulaban entre el hambre y las barricadas .

A nadie se le escapa que el adoquín cortado generalmente por los presos se convirtió en poesía en esas y otras jornadas gloriosas donde se renueva la sangre de los pueblos y de la historia. La historia es larga y tú como abogado la conoces muy bien o por lo menos de otro punto de vista.
Creo que lo que trato de comunicarte es que no debemos idealizar lastres que sobreviven en nuestra forma de pensar. Los cristianos actuales moralizan sobre algunas formas de interpretar la existencia que tenían los cristianos primitivos. Las condiciones no eran las mismas , los tiempos son diferentes y detrás de esas formas de ver se enconden valoraciones conscientes o inconscientes. El proletariado es lo que es, reparte leche, hace un servicio social, manda a estudiar a su hija y le financia la carrera en la universidad y a pesar de que él se vió discriminado en las distintas formas está dispuesto a pagar la revalidación del título en cualquier universidad inglesa aunque en ello le vaya la economía y su propia realización.

La toma de conciencia de un "proletariado" (también podríamos llamarle pobres, inmigrantes , ciudadanos de tercera, marginados , gente de mal vivir, etc ) no es patrimonio exclusivo de una idea de lucha de clases que ya pasó de largo . La idea de una moral integral o que apuntase hacia eso pasaría hoy en día por otros tópicos sin desatender el frente sindical y lo que de allí se pueda hacer.

Después del frente de Madrid y la muerte de Durruti hasta para la misma CNT-FAI el contexto obrero fue desplazado por una visión politica que tenía más que ver con la España republicana que con la revolución social. Y sin bajarse del caballo de lo posible, objetivizar para juntar fuerzas y no malgastarlas en función de imprevistos futuros. Se que no hay recetas salvacionistas y que hay que hacer lo poco o mucho que se pueda. El orden de la cultura o la contra-cultura tiene sus vetas explotables, el mundo, la vida y la sociedad no se van a quedar quietas, siempre va a haber espacio para la experimentación y debemos de mantener la confianza de que los seres humanos pueden llegar a entenderse sin el miedo que les acompaña desde el origen.
Por supuesto que esto es una forma de estar contigo y vivir un pedacito de tu existencia. Aquí no hay ningún catecismo y muchas de las ideas están por la mitad.

Héctor y tribu , barón y varón de Tumba y aledaños a la espera que los pezones que alimentaron toda la manada me permitan alguna libaciones en mis horas metafísicas.

Héctor Díaz

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Sábado, 14 de Febrero de 2009 14:24. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Oda a la locura

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El otro día levante la copa por ustedes! Me perdí en uno de los barrocos cuentos del Quijote donde no existe ni el antes ni el después, putié la poca energía que nos va quedando para decirle al otro COMPAñERO, y decirnos que lo que importa es el intento.

Esta tierra me duele,
huída de los horizontes diarios,
de diferentes soles todos los días,
nubes de mensajes enigmáticos,
pájaros que anuncian
el crecer de los niños
en este barrio que me tocó vivir.

Entonces,
desde el balcón de mis refexiones,
peleo con la plusvalía de mis manos,
compartiendo las partículas
del comienzo y el fin.

Carrera loca de esta aventura eterna
donde la LIBERTAD nos revuelca,
una y mil veces y dios no descansa,
y nosotros tampoco en el camino abierto
de la rebelión de nuestro tiempo,
y de los tiempos por venir.

Después entendí el abstracto valor de las cosas,
la tierra que me duele,
hecha arcilla con el sudor del cuerpo,
llorando grano a grano entre mis dedos,
sufriendo azufre, hierro, y manganeso,
despidiendo sulfato, sodio y olor a miedo,
también se fue creciendo despacito,
inventó la belleza , !! poca cosa !!,
la mujer y a la luna en romántico vuelo,
el hilo desolado de la playa
la gaviota blanca de lectura ligera,
el palmar, los médanos y el viento,
y el hombre pensando en lo imposible
que es lo que lleva un poco más de tiempo.

Me duele la tierra,
se van uniendo los pedazos,
somos de aquí, de allá y de todos lados,
tu piel es un pedacito de la mía,
te ví vendiendo una revista de los pobres,
lloraba la tarde su humedad de invierno,
todo era gris y tu mirada,
se agolpó en el corazón y en mis entrañas,
-: Viva el sol compañero , cómo decirte :- Soy tu hermano,
voy de frac, disfrazado de señor, mintiendo a la autoridad,
tengo un mameluco de obrero escondido,
en el ropero del alma ,
y alguna IDEA, de esas que no se matan .

Vamos a ver:
la tierra algún día fue mañana,
sus hormonas protestaron,
cuando llegó la hora, parió la argentina luna,
luego se buscó a sí misma,
inventó los dinosaurios, los mamut
los mitólogos del mito del comienzo,
el ojo solo del imperio,
las bocas y oídos del rey,
la espada, la horca, la ley y el estado,
el peso de la pesa y la balanza,
la revolución para ajustar las cuentas,
y recordales a los gastados sátrapas del poder,
que la LIBERTAD no tiene precio.

Ahora una vez más,
un inocente troglodita,
con traje ligero de policía
se le escapa un disparo que “ rebota “,
la neutra indiferente bala busca vida ,
para acabar con ella,
un pedazo de tierra quinceañeras ,
dios estaba durmiendo, el diablo haciendo fuego,
un negro era presidente en los estados desunidos de américa,
los rusos no eran más comunistas,
los chinos “ comunistas “ compraban cualquier cosa,
fue el año que los bancos dieron quiebra,
“ el pequeño negocio de las casas “, las bromas de mal gusto
hipotecas,......los seguros “ asegurados “,
las malas cuentas del banco de Nebraska,
que tampoco sé si existe.

Y ahora que estábamos a punto de terminar con la pobreza,
menos mal que está dios, : - Bien aventurados los pobres de espíritu,
porque de ellos será el reino de los cielos.
Todos íbamos a ser “ ricos “ ,
el Dai Lama aborda unos de sus tantos cadillacs,
la industria del automóvil acompaña el cotejo
es un híbrido apocalíptico, de cementerios llenos...

Me duele la tierra, que inventó a los hombres
cualquiera que fuera su dialéctica,
ahora van a inventar la gran guerra,
nadie quiere ser profeta y menos en su tierra,
todos se arman, el capital va a enmendar sus males,
la solución final, la cruz gamada, un campo de concentración
dirigido por judíos, y los grandes capitales de la quinta avenida.
Los comunistas abrazados con el papa
y al final una ballena solitaria,
sacudirá la bandera de la paz
a ver si le otorgan el Nobel,
por su constancia en las aguas heladas.

Aprenderemos a contar de nuevo,
inventaremos el día y la noche,
nos preguntaremos
si así se puede hacer poesía
si es posible otra vida,
en esta ODISEA hacia la libertad,
quizás el amor nos tendiera una mano,
Y alguien pudiera decirnos : Te quiero.


Héctor Díaz

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Sábado, 14 de Febrero de 2009 14:02. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Gracias, por esas cosas lindas de tus cartas!

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Gracias por escribirme tantas veces,
las nostalgias de todas las maneras,
es que ahora llueve y no me olvido
que el amor sigue entrando por la puerta.
Ni me olvido de darte las gracias
por la ropa que tejiste con palabras,
era la señal de que no entrara,
y me fuera despacito de esa tierra.
Yo ya no soy el que fuí, ni dejé de ser tu rostro,
tu noche de ternura esta cercana
en la galaxia de los hombres grandes
entre libros, abrazos y mañanas.


Te acordás de la foto en blanco y negro,
se escapó tu sonrisa de ese marco,
garabateabas calle, con tu tranco lerdo,
me hablabas de Cervantes y de Kafka,
me señalabas lo lindo de la calle
con los autos siempre mal parados.
Se enamoraban los árboles copiosos
en la irresistible brisa del verano,
y la luna haciendo travesuras
enloquecían los gatos de aquel barrio.


Una doña con los higos,
un don armando su tabaco,
yo por vivirlo todo
y tú carpeteando del pasado.
Todo para hacer, y el hombre nuevo,
escondido tras del sueño del verano.
el cantero germinó, otros geranios,
las lunas se gastaron en los campos,
las semanas se juntaron, y los años,
entre nubes , entre soles y chubascos.
desgastaron el mapa de ambos,
Fuímos herrantes náufragos del espacio.
después tus cartas, pacientes disimulos
a veces preguntando por la gente,
y otras veces apostando a la esperanza.

Lo común, el agua tibia,
aquel poeta oriundo de los campos,
una mano atrás, otra adelante,
la tozudez de un ideal entre “comillas “,
el aprender que la gente
es igual en todos lados,
con sus miedos, sus aciertos y desaciertos.
son terrones de esta tierra,
son manos con amor o con reservas,
después de la lluvia viene el barro,
el hombre se endereza y caminando,
vuelve a comenzar, aunque nos cueste,
pues la vida exige eternos cambios.

Héctor Díaz
Octubre del 2008, en Estocolmo


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Buscando

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Yo te soñé despacio,
no tenía apuro la noche,
era tu cuerpo.
Podía haber sido cualquier otro.
Tu milenario alarido,
golpeaba en el espejo,
de mi laguna quieta.
Pasastes a ser única
como la furtiva mirada
de cualquier desconocido.

El filo platino caído de la bóveda oscura
me recordaba que al placer
hay que regalarle tiempo.
Muchos recorridos
de dígitos inquietos
aprendizajes sucios como el de la libertad
que aún seguimos oteando.

Se extravió el recuerdo de tu mirar,
ya no se dónde
Manos que lo querían decir casi todo
y dejaban “un poquito“ para que los demás
se fueran descubriendo lentamente.

El mar lavó tu tiempo, guardó tu sueño
de noches con lluvias y caminos tristes.
La soledad, eterna compañera
avisó a los demás, los compañeros
los que conocimos y los otros
que La utopía y el amor nos espera desde los anonimatos.

Tus últimas palabras me siguen todavía:
- En la vitrina del patio del palacio, duerme la piedra de la huelga
Algún día despertará.
Caeran los muros
y el hombre dejará de tenerse miedo.
Su despegada voz que le grita desde el comienzo,
pasará a ser camino vivo.
Las manos se cruzaran sin amuletos
y la cuchara del albañil, no tendrá precio.

Héctor Díaz

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Jueves, 18 de Septiembre de 2008 20:04. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Camino a la LIBERTAD

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Alguna vez el hombre creó a dios. El jefe de la manada, el más fuerte, el más sabio, el más artero o cómplice con el crimen que lentamente se convirtió en rey. Este rey envejeció y si tuvo la suerte de que “otro rey” no lo matara, se convertiría en algo camino a dios. Después de su muerte nace el endiosamiento, el mito que como en cualquier velorio de cualquier mortal pasa a la categoría de tener una cantidad de virtudes no conocidas hasta el momento. Así nace el mito y de aquí a la mitología no hay mas que un paso . La palabra hace luz, es la herramienta posible para que el hombre llegue a la comprensión de que el mito fue y es parte de un desarrollo evolutivo, y que fue y es materia prima para la literatura en todas sus formas, pero que con el conocimiento sistematizado y el crecimiento constante de las palabras y los idiomas, los mitos van cambiando de forma y produciendo el ocaso de los dioses.

Esta aventura plástica de la palabra,
saltando del miedo al mito,
dejándose llevar por la lluvia
que arrastra el pedregal de la montaña,
juntando el valle con la agricultura,
con el sueño de computar las noches,
de contar las lunas de los días,
un idioma parido,
con símbolos de cuniforme diestra,
legendarias tablillas de barro,
trabajando el subconsciente y la memoria.
Esta locura mía de los contagios,
de sentir que el adoquín es solidario,
que la noche necesita de los bohemios,
que nadie está de más o de menos
en este entierro,
que el silbido del río, es un surubí penando;
que en su lecho se confiesan,
los secretos de la luna y de los astros.
Y la madre de todos las corrientes
busca el camino sin rastros de las ballenas,
en esa batalla de las rosas rojas,
que viven los delfines del Atlántico.

La palabra creció,
el cuento de hadas se convirtió en novela
el hombre creció en contenido
fueron las noches de los poetas lunáticos
acariciando la felina piel de la nostalgias
donde la gota de la lluvia horodó,
con la paciencia de los vientos,
la violencia disfrazada de capital y estado.
Vestiremos la plaza de colores,
que los árboles del barrio tengan manos,
que la uvas revienten de verano,
que el mar se convierta en vino blanco,
que la libertad empiece a tomar forma,
y el hombre nuevo sea algo más
que retórica vacía arrojada al espacio.
Miro al que fuera mi perro,
¡si hay algo que pueda ser mío!,
me ladra desde el espacio,
desde la sinfonía de puntos blancos,
solo somos intención,
campo roturado, abierto
la simiente heredada y transmitida,
el comienzo y el fin,
una neurona multiplicada,
la célula compartida,
y cada uno sudando su tiempo,
camino a alguna esquina,
donde nos espera la libertad
y el hombre redondee
su condición humana.

Héctor Díaz
Dios derrotado

2008-08-28


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Poema de los agradecimientos

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Con el último canto del cisne aproximado,
de la mano del viento tramontano,
un granito de arena peregrino,
que quiere agradecer a los caminos,
la sencillez aventurera,
intranscendente hecho casual
de haber nacido.

Agradecer quisiera,
a mi padre, con su vaso de vino,
a mi madre, con su amor
a toda prueba,
a la noche que los juntó
en anhelos y horabuena,
que ayudaron a que yo naciera.

Revolución de los silencios ,
el pensamiento sucumbe en la memoria,
agradezco a don Heráclito ,
de no bañarse dos veces en el mismo río.
Dar gracias también a la mañana,
en que ví volar a la torcaza ,
y desparrarmase los colores,
en el cielo arcoiris de mariposas que volaban.
A la metáfora agradecer quisiera,
que se deja crecer entre las almas
procurando ir mas allá de la distancia,
que limita toda grandeza humana.

Agradecer quisiera,
a la milonga que recorrió la calle,
a la baldosa dada vuelta,
al pétalo de la rosa roja
que desafió la primavera
y no da otra cosa que su aroma
en esa vida de lontananza queda.
Agradecer quisiera
a Hermes alado, por sus pies ligeros,
a Afrodita, por proteger el amor
a Paris por “ secuestrar ” la bella Helena,
a Homero, por no saber lo que escribía ,
a Penélope por tejer su manto largo,
a Argos por menear la cola.

A Sancho por reflejarse en la locura
del caballero andante con su equino,
a Rocinante por ser caballo de primera,
a los monstruos transformados en molinos,
a don Quijote quisiera agradecer
por liberar los cacos que a galera iban.
Agradecer también quisiera,
a don don Samuel L. Clemens,
al Elefante Blanco y a Tom Swayer,
al Missisippi de geografía larga,
a los negros y al jazz
a la lucha por la libertad
de la América Latina.
Agradecer quisiera
a l farol de la esquina,
donde Juan de la calle,
recitaba los versos de Machado,
renegaba del dios de los cristianos,
se subía al potro de don Fierro
por vivir el malón del desgraciado.

A Paysandú, por pelearse con un mundo
a Pascal con su círculo luchando,
a don Giordano Bruno por su osadía,
al mariscal Solano López,
en busca de una América distinta .

Agradecer quisiera ,
a Frida Kalo por su desafío,
trascendentes cromos al espacio,
agarrados a México la tierra ,
con un Flores Magón que daba lata,
y a Zapata en la lucha por la tierra.
A un gigante del sur,
el viejo Artigas,
que no cedió terreno, en su osadía ;
la “ Patria grande y federada ”
de indios chuzos de boleadoras y lanzas.

También agradecer quisiera,
a la noche por sus misterios manifiestos,
a los gatos por su avanzada independencia ,
a los rincones imprevistos donde juega el amor,
a la luna conspirando detrás de las cortinas,
a la lluvia, por ayudar a los poetas
a las piedras al costado del camino
a los nidos de horneros
por recordarnos el comienzo.

A Simbad el Marino
por decorar mi infancia,
y las “ Mil y una noche ”
por prolongar el silencio,
a la princesa, que no termina el cuento,
al ajedrez y al hombre que pensaba ,
al grano duplicado
en los sesenta y cuatro cuadrados
del tablero.

A don Pedro Bonifacio,
Alma Fuerte de arrebato,
enseñando la justicia
en versos cuadriculados,
a los ríos, que son el Río de la Plata
a los hombres que creyeron
que la utopía es lo que lleva un poco más de tiempo .

Al final de los finales,
al crepúsculo y al alba,
al cordón de la vereda
que me hizo un sitio ,
a Vallejo y Whitman ,
que me hicieron un sitio en el alma .

¡ Ah, y me olvidaba !
a cualquiera que pueda ,
reescribir este poema,
a don Luis de Góngora por “ ríase la gente “,
a la garúa haciendo música
en el techo de lata,
a mi abuela Angela repartiendo la miseria,
a mi abuelo, por plantar un árbol de granadas,
a Agustín Magaldi por sus primeros tangos,
a los panes tiernos de Paco Ibañez,
a León Felipe por la Insignia ,
a Buenaventura Durruti
por su efusión de ganas.

Héctor Díaz
23 de julio de 2008

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El porqué del Río de la Plata

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Tan solo nos queda la palabra,
el silencio de una calle incierta,
felinos que se confunden con la noche,
y la luna rebotando en el filo
de un tintillo que le robaron a la parra.

Sin horizontes escondidos,
vidrios que defienden la ignorancia,
el mar y la música que acarician
la espuma y la sal que duermen en la playa.
Una gaviota escribe su lenguaje,
garabateando la noche con sus signos,
los mitos eternos,
y los sueños frustrados.

Granitos emergiendos, refulgiente oro,
a veces plata,
saludan la tonina silenciosa,
bohemia de las noches
de las aguas barrosas del Río de la Plata.

Camino de la tormenta, huracanados vientos
labrando la memoria de los años
sedimentos de barro y piedra,
recostados en los arenales de la costa.

Una casita blanca de alas ligeras
una metáfora de ventanas
sin cordura, dos gatas ronroneando
su libertad sentida, una maceta solitaria vuela
con su arco-iris de flores peregrinas.

Lluvia fina en los inviernos de tango,
silencio y quietud con el sol del verano,
el tiempo se ha parado, detenido el pensamiento
el epitelio siente, tenso el infinito
y la palabra surge como río sagrado.


Héctor Díaz
7 de julio del 2008

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Misceláneas sugestivas

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A veces me como las distancias,
los tiempos de atrás y de adelante,
naufrago con la luna en las tormentas,
me visto de mañana en los albores,
leo el vuelo de las aves en el abismo,
viajo con los viejos dioses,
ceno en el Olimpo,
cuento las olas de los mares,
converso con el silencio antiguo,
sueño con el sol en los ocasos,
y las estrellas forman mi inocente abecedario.

Observo el exelso guión de un meteorito,
con su apoteosis plena,
lloro la nada de su corta existencia
la estela del vestido de la novia,
en la bóveda celeste
donde el amor en búsqueda furtiva,
rebota en el magnetismo de una luna de yeso,
que llora su soledad, en la distancia.

La bruja geometría de los astros,
amar a Venus y a Afrodita,
correr libremente y perdernos
en las riberas viejas del Mar Negro,
en las praderas verdes
del gran Caucaso.

Cruzo el espacio, escucho el ruído de la vía Láctica
sonrío junto a la paloma blanca de Picasso,
pienso en tu amor, y en esa lágrima
corriendo como la gota de la lluvia
detrás de la ventana,
mientras la tormenta hace de las suyas
por las hojas verdes de la palma.

Amon-Ra llora su olvido,
Jehová en busca de un camello,
y en el reloj de arena del profeta,
minuteros del tiempo de la calma,
donde el pan era sin sal,
hecho con las manos y muchas lágrimas
un camino hecho sin regresos,
para esta pequeña nada que es la vida,
siempre queriéndose salirse de la cósmica galaxia.

Héctor Díaz
15/4 2008

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Miércoles, 23 de Abril de 2008 21:48. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Mariza

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A veces alcanza con poner distancia o tiempo por medio para darle nacimiento y vida a un secreto.
Así meditaba casi al final de su existencia Don Signola. Cuando niño se fue aquerenciando con su pago de tal forma, que ni el tiempo ni la distancia lo pudieron borronear. Al contrario, cuanto mas lejos en distancia y tiempo, mas lindos eran estos ; las casas mejor pintadas, las mozas, las anécdotas y la risas de la época de niño mas pura y espontáneas que nunca.
Ahora en viaje de regreso a su pago natal recordaba con alegría su primera novia.

El primer amor de niño cuando todavía no se sabe que hacer y todo se da en ese mundo maravilloso de las esperas y las cartitas.
Signola había tenido un amigo, de esa amistad que se traba en los bancos de la escuela; era el último curso y los muchachos por entrar o entrando en la adolescencia. En ese mismo curso estaba Mariza. Mariza ya estaba desarrollada y con unas piernas de esas que uno no se olvida nunca mas. Mariza vivía frente por frente a la que era la casa de mis padres. Desde muy chiquitos nos fuímos descubriendo en la medida que descubríamos el mundo. Ella vivía en mi casa y yo en la casa de ella como si la calle por medio fuera un impedimento muy transitorio. Mis padres la encontraban en la casa a cualquier hora y si me necesitaban y yo no estaba a mano cruzaban la calle porque sabían que estaba en la casa de Mariza. Muchas siestas en los tórridos veranos de mi pueblo inventabamos aventuras dónde Abracadabra, un negro imaginario, nos traía limonada para saciar la inextinguible curiosidad de saber, que teníamos.

Lo cierto es que este amigo del sexto del cual ya no me acuerdo ni del nombre me contó del tremendo deseo que tenía de “ arrimarle el ala a la Mariza “.
Y no se le ocurrió nada mejor y en nombre de la amistad que agarrarme de cartero. Cartitas de amor que quemaban en aquel verano de 42 grados a la sombra. La Mariza que ya había despertado a la vida y que andaba deseando que yo despertara hacía todo lo posible para que yo madurara. Naturalmente de todo esto me fuí dando cuenta mas tarde, cuando los años se habían pasado y Mariza también. Las cartitas se fueron amontonando sin ser abiertas.

La Mariza hacía cosas que a mí ya no me interesaban, se arreglaba el cabello, le había venido la manía de los vestidos nuevos, y en su mirar se iba dibujando una inquietud que yo desconocía. Un día al regreso de la escuela y después de almorzar, leal con mi amigo, crucé la calle con la intención de entregar una carta mas de las que acababan sin abrir en el armario. Posiblemente para ser abiertas años mas tarde y descubrir que por no haber sido abiertas a tiempo se había fustrado algún posible poeta. Lo cierto que como siempre entré al dormitorio de Mariza, cosa que hacía del tiempo que me conozco, y ahí estaba ella, desnuda, con los brazos estirados, y apretándose los labios con los dientes.
Exhorto y sin tiempo a pensar frente al imprevisto no atiné a nada, ella tomó la iniciativa, me empujó hacia su cama y me dijo que hacía tiempo que venía meditando sobre esta nueva forma de jugar, que la dejara hacer y que yo esperase. Jugó al caballito todo lo que quiso, pero cuando intentó quitarme la ropa me resistí, de tal forma que gritamos, peleamos, hasta que hizo presencia la madre de Mariza. Yo me fuí muy enfadado para mi casa con la impresión que la vida iba cambiando. El tiempo pasó, nuestra relación de años se fue enfriando, nosotros nos mudamos para la capital. Recuerdo que el día que nos mudamos Mariza no vino a despedirnos, cuando desde la calle ya rumbo a la estación miré la ventana de su cuarto ví su carita aún de niña bañada en lágrimas.

El tiempo paso, me olvidé de Mariza y de la infancia, me hice hombre y mil aventuras me llevaron de la mano en una ciudad donde lo nuevo venía a diario.
Trabajo, cambiar el mundo, el sindicato, una novia, el casamiento, el primer hijo, el segundo, las preocupaciones y una vida que empezaba a repetirse año trás año. Así llegué a viejo, fuí amado y amé, viví mi tiempo y aveces lo malgasté, vaya uno a saber. Ahora regreso a mi pueblo quizás por última vez,
el pueblo está cambiado, busco la casa que alguna vez fuera de mis padres, no estoy seguro, las fachadas están remodeladas, otras casas nuevas me desorientan.

Pero tengo el convencimiento de que era aquí, me dirijo a una mujer tan vieja como yo y le pregunto si ella hace tiempo que vive en esta cuadra. La mujer al mirarme pega un grito, se le enciende la mirada, abre los brazos y me abraza.
Mi primer y último amor; Mariza me estaba esperando para ayudarme a ser hombre.

Héctor Díaz

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CONTRAVERSO

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Algunos perdieron la partida, 

descuidos, contratiempos

tardes en que el amor,

repetía sus rituales

la lluvia sonaba como angustia

 y tus ojos cansados

pensaban en la nada.

Me mirabas sin ver,

y yo corría,

por la calle sin sueños

buscando un jardín

para esconder mis miedos.

El hilo de tu voz

dejó vapor en los cristales:

- Somos de piedra

olfato, instinto

y a veces de rezongos

- No tenemos tiempo

ni para armar

nuestra querida inteligencia.

La noche esconde los recuerdos,

y no comprendo bien

si fuimos, si somos, o seremos,

o todas las formas, al mismo tiempo.

Tampoco sé si somos del Sur o el Norte

de arriba, abajo o del costado

nuestra barca navega en mar abierto, 

siguiendo a la distancia

el misterio de cielos y de astros.

Si tu cielo, es mi cielo

ya hemos purgado demasiado,

transitar en tus venas,

en tu triste mirada,

donde el sudor y el llanto

se hagan mármol,

lápidas y epitafios sin memoria:

muriendo en el exilio de sí mismo,

por su continuidad en las mañanas.


Héctor Díaz (para todos)

Navidades del 2007 

                                                                                                                                                                                                                                            


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Jueves, 27 de Diciembre de 2007 20:59. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

CABALA

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Cuento para José Luis ¡Joder!

José Luis, se acercó al avión con la idea fija de pisar el primer escalón con el pie derecho. Su cabalismo era endémico y esas ideas se le aparecían de improviso. Odiaba los siete sin saber porqué y a los tres los miraba con cierto recelo. Sin embargo al uno lo contemplaba como un número neutro, no lo consideraba un número impar.  Se salteaba las horas impares y había logrado estos impases, con impíos ejercicios de concentración que le enseñara un tío amante de filosofías orientales. Con las mujeres que tienen casi todo duplicado no le pasaba lo mismo. Le gustaban las rubias cuarentonas y con plata. Por lo menos él lo había reiterado en distintas oportunidades. Creía que subir al avión pisando el primer escalón con el pie derecho era señal de “ buena suerte” . Cuando María Kuisa lo llamó desde París con esa forma de hablar a lo húngaro, el le contestó porque estaba seguro que eran las cuatro de la mañana . Ella le contó que había soñado con él, que había soñado cosas que no se podían comentar ni en  privado ni mucho menos por teléfono. -¡ Joder !, llegó a exclamar José Luis. Ella no lo dejó continuar. - Creo que te quiero ver. Lo que te dije la última vez fue una reacción incontrolada, tu te mostrabas remolón aquella noche  en ese cortijo de mala muerte,  en esa zona de la ciudad de Zaragoza, donde yo me sentía irritada porque el tiempo se me iba y tú te negabas a contemplar mis impulsos .

José Luis en contra de lo previsto pisó el primer escalón de la escalinata con el pie izquierdo. La culpa fue de la azafata,  que lo contemplaba desde la altura de sus sedosos muslos,  con su edad indefinida, sus ojos azules, el uniforme ajustado a una gracia corpórea que hacía época y una sonrisa de representación comercial que violaba todos los códigos del entendimiento. Su subconsciente le hizo perder momentáneamente el control de sí mismo. Le ocurría casi siempre cuando su libido recubierto de romanticismo se extraviaba en la contemplación. La viejita simpática que jadeaba con su bolsito de mano le empujó con esa fuerza de quien está apurado porque tiene menos tiempo para vivir o porque no puede contener sus movimientos. José Luis giró suavemente la cabeza, simultáneo que la azafata se apresuraba a ayudar a la anciana. Instintivamente José Luis tomó el bolso de la señora con una amabilidad desconocida en él y cediendo lugar permitió que la señora ascendiera primero. La azafata que se había aproximado quiso tomar el bolso de la señora y José Luis sintió como la mano de ella le transmitía una energia térmica que le produjo un estado de timidez y excitación al mismo tiempo que puso en alerta a todas las neuronas de su entendedera. La azafata siempre sonriendo ayudó a la anciana en el ascenso. De reverso el espetáculo era maravilloso. Anonadado en ese magnetismo de formas y contorneadas carnes, que dejaban vislumbrar una sensualidad madura, sin un solo descuido provocativo, José Luis se dejó llevar por las circunstancias y aspiró ese endiosado perfume que había extraviado sus sentidos. Cuando asentó sus posaderas en el asiento número treinta y ocho retomó una especie de apariencia de señor que tenía civilizado al otro yo que le hostigaba el espíritu. La azafata dejó posar sus pozos azules desapercibidamente en el ya extraviado José Luis que intentaba esconderse detrás de una novela titulada “ Historia de dos Mujeres ”. Abrió la página indicada por la tirita dorada y leyó con toda la concentración que pudo.

  

“En el año 1492 Jacobo, consecuente con la tradición judía esperó el advenimiento de la primera estrella. Tenía preparado el pan sin sal, el mismo que Moisés y sus seguidores habían amasado en la víspera del viaje hacia el Sinaí en búsqueda de la tierra prometida. Como mal converso y buen  marrano se sabía de memoria extensas partes del Talmud. Esa noche no esperó a ninguno de sus vecinos y en el primer ocultamiento de la luna detrás de los negros nubarrones,  Jacobo se deslizó subrepticiamente por la puerta trasera de su vivienda que lo conduciría hacia la lejana tierra de Cádiz. A Jacobo le dolía Sara, sabía que le iba a doler todo el viaje, sabía que le dolería a donde los barcos de Cristofes lo llevaran. Sabía que le dolería hasta el último día de su existencia. Todo había sido estrictamente planeado por el patriarca zarogozano que gozaba temporariamente del beneplácito del reino. Jacobo había memorizado todas las indicaciones que en forma de códigos le hicieran llegar sus mayores. Caminaría cuarenta minutos evitando ser visto por los transeuntes y junto al puente viejo del Ebro encontraría una carroza. La contraseña sería: “ dos lunas y un puñal ”, el cochero contestaría: “ cuatro ruedas y un andar ”.  Jacobo subió al carruaje y sorprendido contempló a alguien que ya estaba instalado en el carromato. Los caballos circularon lentamente, aumentando la velocidad en la medida que se alejaban de Zaragoza. La companía de Jacobo tenía el rostro cubierto con un velo sedoso.” 

  Cuando José Luis despegó los ojos del libro, el avión sobrevolaba los Pirineos. El tiempo había desaperecido y la realidad del viaje se confundía con las ideas que se escapaban de la lectura. -¡ Joder!, exclamó José Luis , ya estamos en territorio francés. La azafata con sus abismales ojos azules invitaba con su exhibicionismo corpóreo a informarse lo que se debería de hacer en caso de emergencia.

 Morir juntos pensó maliciosamente José Luis, sobrevivir en uno de estos valles profundos, luego de un pésimo aterrizaje forzoso, quedar incomunicados por las despiadadas inclemencias naturales, refugiarnos en alguna gruta de Altamira, y crear la estrategia de un rescate tardío.

  “El carruaje penetraba en parajes desconocidos para Jacobo, países desconocidos en una península que le costaba todavía ser España. Llegarón a una posada, el carrero estacionó el carruaje en la cuadra y por primera vez la Dama del Velo hizo sentir su voz . A Jacobo le pareció que la voz era como la  suave música que se escapa de una cascada no muy alta, donde las aguas juegan con las mariposas y las retamas  reflejan su amarillo en el espejo del remanso. -Me llamo Rebeca, estoy encomendada a transportarlo a su destino y ayudarle a salvar los peligros que se presenten en nuestro viaje. Tengo una detallada información sobre su forma de ser, por lo tanto le pido colaboración sin reticencias, ajustándose estrictamente a lo que yo le sugiera. Desde este momento usted es mi marido y como tales debemos comportarnos. Esta es la documentación que certifica nuestro matrimonio en forma legal y el objetivo de nuestro viaje es encontrarnos con vuestro padre que temporariamente se encuentra en Cádiz atendiendo los menesteres de la fundición y  fabricación de armas que posee en esa ciudad.

 La oscura noche escondía los detalles, la luna no había reaparecido, ningún destello permitía hacer luz en la curiosidad de Jacobo, que decidió concentrar sus pensamientos en Sara.”

  Un sobresalto distrajo a José Luis de la lectura. La voz del capitan del avión, con su tono profesional,  comunicaba a través del parlante,  que se volaba en zona densamente nublada y con una neblina que entorpecía la visibilidad.-Los pasajeros deben de abrocharse los cinturones de seguridad porque nos encontramos con turbulencias.

 José Luis observó que el rostro de la azafata se había transformado. Sa sonrisa se había convertido en una contraída y dura expresión que reflejaba inquietud. Una violenta vibración sacudió todo el largo corredor de DC 9. La sacudida fue tan fuerte que el personal decidió instintivamente sentarse en los asientos libres. José Luis tuvo la impresión que el avión perdía rápidamente altura, se le ocurrió pensar que podía ser un pozo de aire, pero la sensación de descenso no se interrumpió. Sintió la suave mano de la azafata tomando la suya. Sentada a su lado la mujer había perdido su actitud profesional y se preparaba mentalmente para lo peor. José Luis la dejó hacer. Ese calor espontáneo, inesperado, lo transportó al tiempo de la niñez cuando la hija de los vecinos le lavaba la cabeza, le peinaba y todo aquello se convertía en ese péndulo que va del juego a la caricia. Un último llamado conminaba a apoyar la cabeza en el asiento delantero, José Luis sintió como la mejilla de la azafata buscaba la proteción de su propia mejilla. Hombro a hombro y con la respiración casi al unísono José Luis llegó a pensar que si llegaba a pasar algo, entraría feliz por la puerta grande del paraíso.

 -¡ Joder !, si esto es el fin, bienvenido sea . Alcanzó a pensar en el libro como si tuviera necesidad de ideas inconexas y también sonrió pensando en la desilución que viviría María Kuisa cuando no lo viera llegar al Charles de Gaulle. La mejilla y la sien de la azafata le transmitían una fiebre esperanzadora. Le pareció sentir como que el metal de la nave producía un ruido desconocido y que la noche era más oscura que nunca. Cuando despertó, la azafata todavía estaba a su lado. El silencio era total, y todo era tan inesperado que José Luis no quiso hacer el intento de forzar el momento. El destino tiene ese misterio, nos planeamos grandes cosas y los ingobernables actos de nuestra existencia nos llevan a otros escenarios. Estamos espuestos a la soberbia de los juegos de la tierra, una metafísica de la galaxias que no llegamos a comprender, un juego implacable de los elementos, que nos ponen a prueba y ponen en tensión nuestras neuronas. Giró la cabeza lentamente y la besó en la boca, ella lo dejó hacer, la besó como si hubiera nacido nuevamente. El sintió que ella también lo besaba profundamente, lo besaba desde las otras generaciones, desde el miedo y el agradecimiento, el beso crecía como un compromiso silencioso, como un deseo insoldable de permanecer así una eternidad. José Luis no podía reflexionar, no quería tampoco hacerlo, sentía que no tenía miedo, ninguna angustia lo atormentaba, había crecido un poco más de golpe y había aprendido que cada fin es un comienzo. Algo se movía, la luz de una linterna quebró la oscuridad. Contra su voluntad José Luis siguió los descubrimientos que producía el rayo lumínico. La anciana del paquete había dejado de respirar, el capitán la sacudió suavemente hasta que decidió cerrarle los ojos. Dejó sentir su voz, haciendo reclamo por el personal . Varias voces contestaron al unísono. -Debemos evacuar la nave lo más pronto posible,  manifestó el capitán en forma segura, exigente y casi autoritaria.

Dos azafatas luchaban con una puerta de emergencia; lograda esta operación se descolgó un tobogán inflable que permitió a los primeros pasajeros deslizarse a una hipotética tierra, puesto que la superficie estaba cubierta de nieve. La azafata se separó de José Luis sin una sola palabra, un último cálido apretón de manos fue como una despedida y un agradecimiento.

  -El solitario viaje de los humanos, meditó José Luis, el deseo, los acercamientos, las despedidas, las múltiples formas de decir adios, la muerte fingida, la verdadera muerte.

 

Fue de los últimos en descender, ya no le importaba París, ni el Charles de Gaulle, ni Maria Kuisa, que nunca le importó mucho. Emprendieron juntos, como el eterno rebaño humano, una marcha lenta hacia lo indefinido de la noche oscura. Algunos pasajeros intentaban telefonear a sus familiares con sus celulares . El frío acusiaba, la noche seguía siendo noche, el grupo se apretujaba más y más. Detrás,  el avión tomaba fuego, en él quedaban entre otros muchos enceres el cuerpo de la anciana del bolcito y el libro con la historia de Jacobo, Sara y la Dama del Velo. Delante, la noche, los reflejos del incendio que se iban haciendo más leves en la medida que el compacto grupo se distanciaba de la nave, lo imprevisto y el AMOR.

  

Héctor Díaz   

2007-12-18

Domingo, 23 de Diciembre de 2007 18:58. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

AMOR

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Amar, amor, amar hasta el colapso,

hasta que dios y Trosky,

se averguencen.

Ella era atea, él era cristiano,

cubrían las máscaras,

con la libertad de un trapo,

y copulaban gritando y sudando.

Dejar que el subconsciente se libere,

la revolución espermatozódica,

la entrada genial en la vorágine

de una vagina hambrienta y despiadada.

 

Libera el alma,

A cada Trosky con su Mercader

a cada Judas con su Cristo victimario,

media cara al viento,

una de risa y otra de tristeza,

embriagados de besos y caricias,

dejaos ir, por la llanura eterna

de contemplar al otro, de saber esperarlo.

La máxima expresión del respeto bien logrado,

el otro agradece la escapada,

y viceversa, fuerzas equilibradas

el Diablo riendo a carcajadas

por las tierras tan anchas de la pampa.

Galopando los potros retumbando,

enhiestos cascos dejarán la marca,

en la tierra árida del tiempo,

y ese olvido de fatuos fuegos consagrados,

vencerán tan solo en un instante

el fondo del miedo ancestral

que desde el comienzo nos viene acompañando.

Dios por fuera, ni premios ni castigos

por dentro el Diablo y Aristóteles esperan,

la tierra arada, la semilla fermenta,

el abono promueve, la lluvia hace,

y en las noches de viento

el amor se introduce y sale,

por todas las ventanas.

 

Héctor Díaz

2007-12-06 


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Martes, 11 de Diciembre de 2007 19:01. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

EL GRITO DE LA TIERRA

20071209180753-el-grito.jpg

Querido amigo,

el grito de la tierra,

la taurina voz

de una grieta sin fondo,

un viento,

que guarda todos los mensajes,

y el jazmín solitario

que se quedó a vivir

en la galaxia perfumando

con su aroma de oriente y luna

en un suelo sin comienzo ni fin.


 

Este viaje tan lleno de misterios

vaga acumulación de contenidos,

la locura del diablo,

de inventarse a sí mismo,

y el angelito bueno,

pirinchando la bóveda celeste,

ahora que a fecha fija,

tenemos que ser buenos.


 

Tan solo eso, El Principito

un solitario, bello niño,

eslabón de un momento,

buscando la palabra

y el milagro,

la flor, el jazmín, el asno,

la calle, el adoquín grisáceo,

la mariposa que anuncia los veranos,

con sus cometas de sueños y de espacios.


 

Te amé tanto, que tu piel

no me alcanzaba,

recorrí tanto tu epitelio

que de tus pies y de tus manos

en mi memoria se impregnaban,

besé tanto tu profundo yo

que descubrí mi yo entre tus manos,

te dije amor, muerte, locura,

madre, puta, hembra, aborto, mierda,

continuidad sublime, ancestro, orto,

fuente, amanecer, mañana,

dejadme en este árido desierto,

donde el pensamiento se extravía

y el volcán irrumpe de la nada.


  

Dios por dentro,

los que son y serán larvas,

los malditos, los satánicos

los titánicos geniales,

no se lloran así mismos,

ni se quejan de sus ansias,

se desgastan en su tiempo,

se disparan como flechas

como fuego consumiendo,

la energía de la brasa milenaria.


 

A veces voy a la montaña

otras al río,

al pie del precipicio

siempre un bosque,

voy del pájaro a la rama,

del águila al pez de escamas blancas,

de la arena y la tortuga

a la sapiencia,

al comienzo y al final

de toda alma.


 

La tierra,

el grito titánico de la tierra,

el primer hombre, la cueva,

la tierra sin dios ni amo,

la tierra con dioses, ecos y rebaños,

la barba larga de un filósofo meditando

sobre el quejido ancestral de la palabra,

el amor entre el granito y la célula,

la noche, la tarde y la mañana,

el hombre con la tierra,

la tierra con el hombre,

el primer grito, el último fonema,

la forma más perfecta de mi verbo,

el cosmogónico jazmín solitario

susurra del espacio,

-         : descubrid la Libertad,

sed libres

y dejad que el amor siga avanzando.


Héctor Díaz

2007-12-06


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Domingo, 09 de Diciembre de 2007 17:43. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

NOSTALGIA

20080708233347-nostalgia2.jpg

 Arrímate a la noche

ahí todos podemos añocheciar,

arrimados al acodado mármol de Carrara,

con sus vetas de azufre,

y la faz reflejada en el espejo

de un bolichero con cara de aburrido,

repasador al hombro,

para borrar olvidos

o memorias del tiempo de la nada.

El gato es parte, integración, silencio,

sortea las botellas, sacándole brillo

con su cola de estropajo,

a etiquetas gastadas

que sueñan con los ebrios

del tambor y la lonja

y el barrio de la Lata.

El taco de casín

suena seco en el espacio,

por la ventana abierta,

se oye el grito lejano

son las voces del viento de la playa,

dioses que trabajan frenéticos

en el mes que dios Momo

visita los tablados.

Sentados en el otoño longevo,

de nuestro mundo sin regreso,

nos preguntamos,

por la foto amarilla

de ese Gardel cansado,

por la foto del cuadro de mi barrio,

la copa que ganamos,

cuando yo y otros pibes,

garabateábamos el espacio.

Total no cuesta nada,

estar con cara de nostalgia,

ojos de libros, aquél de orejas largas

alegría en el gesto, que le queda al pelado,

y aquel flaco largo, siempre pensando

con cara de revolucionario.

Arrímate a la noche,

las polillas no pican,

las moscas volando siempre para el mismo lado,

la vida es un sueño, que debemos gastarlo,

total la noche a veces es corta,

y otros muchas veces, demasiado larga. 

Cuando nos fuimos nos saludó aquel charco,

un sapo rompe noche se acordó de nosotros,

un silbido, un bote, un puerto disparando,

la última lamparilla

de la ventana abierta

con un gato pensando,

y un Gardel cansado.

  

Héctor Díaz

2007-10-12


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Domingo, 09 de Diciembre de 2007 16:05. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Poeta en solitario

20071117160506-poetasolitario1.jpg

Soy un poeta en solitario,

exilio, exiliado de mí mismo,

con noches de insomnios,

patas arriba, descalzas,

con calles siempre en ascensos,

sueños donde no se termina el precipicio,

y un vuelo con ala quebrada,

y la mala conciencia de no llegar a nada.

Discursos de fonemas hueros,

sin dios ni amo,

gobernado por la duda creadora,

sin horizontes galácticos,

lejos de los “pozos negros”,

que se comen a dios, al “papa negro”

y la dignidad del SER humano.

Poeta en solitario,

una buena fórmula de momento,

sin dogmas revelados,

ni ciencias sacrosantas

condicionadoras del SER y la materia,

esclavo del salario de mi tiempo,

rumiador del hilo de protestas congénitas,

luchador en desexilio,

y las tormentas negras,

con las playas enfermas,

de mi tiempo de petróleo,

en una Europa, que se muere de astío,

peregrinadora de medievales añoranzas,

y bares de discusiones truncas.

Y de la apocalipsis al canto,

la materia prima del escriba,

espontáneo llamado de la selva,

la clorofila espera al cosmo,

y tú, yo o él creamos lo imposible

lo único que queda del fonema,

el discurso de las palabras rotas,

en camino hacia el cielo,

hacia la luz y la montaña,

donde la vista descubre la belleza,

inventa la alegría

la mañana el rocío,

el canto del pájaro desconocido,

el vuelo de colibrí desesperado,

en busca del néctar que le alivie,

su presente, su futuro, su pasado.

El agua, corriente milagrera,

juntando la nieve blanca,

del Aconcahua perdido entre las nubes

olvidando su pescuezo largo

en los cielos de dioses olvidados.

América es una flor,

un camalote bañándose en su río,

un caudaloso torrente y recorrido

que guarda los nombres del olvido.

El Paraná, el Uruguay tranquilo,

La Pacha Mama, que besa el Orinoco,

con el tapir y su cedoso cuero,

un plateado dorado sin defensas,

y el puma sigiloso de la selva.

Me perdí en los ojos de la fiera,

América se revela, pies descalzos,

manos callosas se atropellan,

ni rey ni imperio,

nuestra herencia está en los desiertos,

en las áridas huellas de las etnias,

que todavía anidan en las patrias

de los pelos chuzos olvidados.

Mirado a la usanza del poeta,

la belleza al alcance de la diestra,

la noche cálida de Enero,

una cerveza en la Alameda,

el cuerpo taconeador de una pebeta,

la nostalgia de un tango entre las rejas,

un zaguán entreabierto,

un violín y un bandoneón

garraspean las horas del silencio.

La estampa de un terroso Modligliani,

un buzón, una farmacia,

el grito de un diariero,

un viejo filosofando con sus cuentos,

un eterno poeta orillero,

regalando sus metáforas al viento.


  

Héctor Díaz

14 de Noviembre de 2007


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Sábado, 17 de Noviembre de 2007 15:05. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

Estación de la nostalgia

20070830145645-nostalgia.jpg

Plumas yertas,

granítico basalto nórdico,

cuervo negro

ofreciendo silencios,

en una zona de estacionamiemtos.

 

El viento conspirando,

soñador eterno

pronosticando  la lucha olímpica

entre un cuervo negro

y una bolsa de plástico.

Juan grís, en el cielo

comiendo astros,

el azar,

la tormenta,

lo bello inesperado del momento.

 

Otra vez lo negro del balastro,

dios con una novia de la mano,

mentecato, estrafalario, victoriano

llora en la línea blanca

que divide los costados,

prohibición de transgredir

el alma de la línea del balastro.

 

Sopla aquí,

en Tumba sopla,

la nostalgia sopla,

sopla para la nostalgia,

un farol yace muerto

y sin idioma,

abetos sin plumas,

sin la clorofila del verano,

se podría decir:

Que llora el alma,

un endeble sol,

perdido en el camino,

lo ganado con los años,

el oido inexorable,

de los años ,

lo gando, lo perdido

el blado céfiro,

hojas secas,

restos apocalípticos

de eso que se llama haber vivido....

 

 

Héctor Díaz


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Locura

20070819090439-locura1.jpg

Esa vez que yo te amaba,

fue una vez,

nos dijimos lo posible,

lo imposible lo dejamos,

sin excepciones y dobleces,

- "tenemos joroba falsa",

susurraste con descuido,

en nuestras mentes hurañas,

se fue derramando el vino

algo que podía haber sido,

si no aparece otra cosa.

 

 

Nuestro amor era tan único,

egoista, muy grandote,

muy rebuscado, burgués,

tenemos el ala quebrada,

que no nos deja crecer.

 

 

Vuelo rastrero, de lado

aterrizaje forzado,

un huevo medio cortado,

muchas noches meditando,

que los puntos del camino,

hacen la rutina andando.

 

 

 Sin tí, la vida, desconsuelo

y tu  amor se impregnará,

en la calles de mi barrio,

donde existen las desgracias,

y en las noche olvidadas

los idiomas se confrontan,

fermentando el descontento

de viejos vientos de los pueblos

siempre en busca del  amor.

 

  

Barre la escoba el chisme de la puerta,

- anoche vieron a la de al lado

más puta que una cabra,

dios contemplaba emocionado,

en todas las esquinas,

de todos los idiomas

la luna erótica, el maullido del gato,

una puerta zaguán

una gaviota con su ala quebrada

zumbando los cipreses

muriendo cuasi sin ruído,

como yace la hoja parca y ocre

ventisca del otoño

cuando Eolo clausura

el último verano.

 

 

Jesús de copas

son dos los borrachos que acompañan,

locos del alcohol,

poetas del andamio y el arado.

Hablan de uvas, de vino y de ventanas,

de estribos, de aperos y de mañanas,

de alguien que recuerdan,

haciendo mitines solitarios,

discursos al Río de la Plata,

mensajes a las olas,

a los cantos rodados de las playas,

a la abstracta libertad

a los rebeldes,

a las calles negras del asfalto,

a lo que pudo haber sido

y quedó por el camino,

al aroma tierno de la lluvia nueva

cuando empieza a mojar la tierra llena.

 

 

Tan solo son palabras, yo te amaba

la vida es un intento,

y en la ventana,

el niño lee el futuro,

en su libro de cuentos ,

tan viejo como el hombre,

- la primera piedra,

mi primo el dinosauro,

esa enorme gallina,

de los tiempos de antaño,

el agua, el río,

dios, la propiedad privada,

la muerte y la tortura,

las grandes cárceles que se llaman estados,

una cuenta corriente,

un gran banco,

un préstamo financiado a muchos años,

a los pobres no les queda otros recursos,

que discutir con Jesús

la inversión menos costosa,

a largo plazo.

Te amaré mañana,

cuando los políticos, los soldados

y los curas dejen las calles libres,

que son las calles de todos los idiomas

de mi barrio.

Tu beso será en todos los suburbios,

toda la tierra agarrada de la mano,

dios ateo y Cristo protestando,

discutiendo el vuelto al carnicero,

que lo estafa en los pesos y en los gramos.

 

 

Marx y Bakunin, discuten en la esquina

sacuden fervorosamente el rabo,

que la ciencia, que dios, la rebeldía, la intuición, la materia, el viejo socialismo,

la estrategia, la toma del poder,

la extinción, la abolición de los estados.

Cristo borracho, le pide a Mayakovsky,

que le escriba a Federico,

que ama a los gitanos.

bronces de espada vienen, agarradas de la mano

y yo me quedé en la calle contemplando lo pasado,

por el puente del amor, agarrados del costado,

manifiestan las parejas, sus quejas desesperadas,

no son de dolor ni angustia,

son primaveras del alma,

que juntan la luna llena con el sol de las mañanas,

que van germinando brotes,

que cada uno escondido,

tenemos dentro del alma.

Yo te amaba, era domingo,

decidimos abolir la tristeza,

está prohibido mandar a otro,

te amaba y era lunes,

la injusticia esta demás en nuestro mundo,

prohibir los uniformes, martes,

el miércoles querías libertad,

lindo tesoro,

hay que luchar todos los días,

las semanas,

casi todos los meses del año,

en vacaciones hipotecamos

nuestra entrega.

El jueves querías aventuras,

derrotar al enemigo del espacio,

con Jesús de la mano en el quilombo,

con ritmo Gipsy Kings de los gitanos,

el viernes streeptease,

ser el cuerpo mujer,

contorneada en la barra,

carne morena, azufre, el diablo.

 

 

Esta prohibido prohibir

el agua de su río,

la noche de la poesía al revés,

la calle con dos izquierdas,

los faroles de luz de las esquinas

con lamparillas de milagros,

Mafalda tomada de la mano

de Quino con un lápíz

destripaba,

lo que Tupac Amarú

no hizo con la punta de la lanza.

 

 

Yo te amaba, era sábado,

te quería retener,

curar tu ala quebrada,

no sabía que el amor es solo un trazo,

un lápiz, un papel en blanco.

Dije la revolución, el hombre nuevo,

te reíste de costado,

meneaste las nalgas y sin apuro

suspiraste, como suspiran los pasados.

Lunes otra vez, leí la nota escrita,

- me voy porque te amo demasiado,

cerré la semana.

Escondí la joroba debajo del saco,

el ala rota del otro lado,

me sublimé con la libertad del continente,

el amor universal, los niños de la calle,

los que no leen en la prensa

sus propios asesinatos,

pensé en los negros de Ruanda,

el opismo de los chinos,

el turismo prostibulario,

Camboya vendiendo su inocencia,

el Tío Sam siempre matando;

en Putín y el príncipe Alberto,

me comí una tortilla de poesía,

mientras oía a Jesús,

con su oratoria de redentor post mortum

discutir con la reja y el andamio.

Te seguí amando ese lunes,

y quizás el otro, no recuerdo,

un viernes de no se que año,

se me cruzó otra manera,

mientras galopaba al cielo,

entre palabras consabidas,

las mismas verdades o mentiras,

acomodaba la joroba lo mejor posible,

y en la silla colgada,

el ala de mentira.

 

Héctor Díaz,

16 Agosto 07

 

 



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Tatiana

20070719204302-tatiana1.jpg

O inspiración furtíva en noches de insomnio  

 

Tatiana, llora tu río

de animal corrido,

extramuros, fronteras

exilios prolongados,

recuerdos agotados,

y nostalgias perdidas

de aquel niño que un día,

dejamos olvidado.

Yo no sé de tu pelo,

de tu luna corrida,

de tu calle extraviada,

de tu mutismo ido.

Tus derrotas y encuentros,

tus alientos sufridos,

tus occios constructivos,

tus bostezos, tus noches

pies descalzos y olvidos.

 

 

Y no sé de tu vino,

ni la cólera roja

de tus ojos heridos,

ni el daño de la ausencia,

de esa flor perseguida

cajita de los sueños

que tuvimos un día.

Solo sé que tu viaje,

se inscrustó en rebeldías,

el proyecto que fuímos

transformado en mentiras,

y mentiras que apuntan

al amor en la vida.

 

 

Sueño, amo, pienso, escribo

y admiro tu soledad

el poeta y su desgracia

que crea su  libertad

Te comprendo,

y me comprendo,

me contento de tu ser.

cuento onírico del bípedo

que busca un amanecer,

de la vida que debiera

ser como ahora no es.

 

 

Habrá que matar al hombre,

y matar a la mujer,

creando la vida nueva,

utopía por nacer.

Tu rebeldía y locura,

no la dejes fenecer

es libertad la que trepa

en tu formas de mujer.

Mientras se quejen tus manos,

mientras protesten tus pies,

hay esperanza en el mundo

de que podamos crecer.

                                             

Héctor Díaz

18 de Julio del 2007



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inspiración

20070712133642-inspiracion1.jpg

Maligna inspiración, dios me proteja,
el muro de lo justo, se ha extraviado,
si la muerte existiera, sería una pena,
y tampoco hay muerte, sin antes vida.
 
El falo de algún dios, se había encendido
cabeceando feliz en la demora,
y ella que sus rizos estiraba,
con peine fino, en el dorado espejo.
 
Un incendio recorría
las venas mismas de la uva hecha
y ella demorando sus impulsos,
porque sumisa, lo creía dormido.
 
El volcán levanta a un tiempo
y la lava casi éxtasis, se volcaría
ella se confiesa en el espejo,
sin luna llena no hay alegría.
 
Mujer, que los desposados
sufren si se corre el día,
y ella que seguía ajena
a las quejas que la requerían.
 
Lentamente, con traslucidos venía,
acercándose al lecho, con bríos requería
él que contemplaba el cabello
que en el pubis ella tenía.
 
!Ay! de calor me quemo,
en esta noche tan fría,
todo fue, por culpa de ella,
la niña pobre, triste, de la fotografía. 

Héctor Díaz



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Icaro

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El río las lleva,las piedras cantan
el agua es la causa,
vientos del pueblo,
se entretienen con la nostalgia.
 
Y fue en los Pirineos, La Vascongada,
donde un mugido de vaca, nos despertara
un cencerro gritaba su sinfonía
donde empieza o termina la gran España.
 
Tan solo son palabras
plazas tomadas,
Numancia cervantina,
tierra arrasada,
resistencia, la muerte,
Roma hummillada,
Fuenteovejuna llora,
bocas del pueblo,
y Figueras resiste la napoleada.
 
Figueras fue una vez
la gran españa,
un Goya que dibuja la " fusileada "
un idioma permite, crear palabras.
 
Barcelona es el eco que corta el frío,
de un hito que conyuga flores amadas,
libertaria la voz de la montaña,
sueña con ese cielo, que la acompaña,
son cartas del amor, que siempre arriban,
con las plumíferas alas de aquel egeo,
dios que al sol nunca alcanzara.
 
Héctor Díaz

4/7 2007.



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Benito

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O  el sueño de un único zapato

Me acuerdo Benito,

al comienzo, el camino,

tierra y niebla, pedregullín de a ratos,

cántoros huelguístas, ranchitos pobres,

y yo con un zapato, Benito

y tú con un zapato,

el otro pié descalzo.

Te acuerdas Benito?

 

Desayunabamos inocencia, Benito

Confianza en el astro de todos los días,

del algún lado, Benito! De algún lado venimos

y para algún lado vamos, Benito...

 

A veces, con un solo zapato

arrastrando la historia de la suela,

la nostalgia a la vuelta del recodo,

el miedo al porvenir, Benito

al bosque aquel de cipreses soñandos,

y ese sólido saludo, Benito

de árboles sin pájaros.

 

Intacto, Benito! Intacto en la memoria

recuerdo de un paisaje desolado Benito,

y tú conmigo y yo contigo

con un solo zapato.

A lo largo del camino, Benito

la línea a veces negra, a veces policroma

de un horizonte ido.

Geografía Benito! la tierra ancha, lugares ajenos,

los secretos de otras lenguas, Benito

un viaje con la mente,

la fantasia en ristre,

la intención de entender,

el hombre nuevo,

que no es más que el pasado,

renovado y lejano.

 

Recuerdo tus palabras, Benito...

Ya existía el verbo de tus labios

"estas cosas del proseo,

del camino, del mismo cielo,

la tristeza de no saber.  ¿ A dónde ?

¿ Cómo ? Voy y vengo"

Recuerdo tus palabras, Benito

 

El camino es tan largo,

que si no se nos termina

con los años,

giraremos en redondo

y seremos amigos,

por eso del zapato.

 

 

Quizás por lo venido,

me acuerdo Benito,

se nos cruzo ese río,

ni ancho ni grosero,

un simple río.

Nos fueron  del camino,

fué antes del amor,

cuando aún se es niño, Benito

 

Y en la balsa nos deslizabamos,

naufragos de nosotros mismos!

Se nos cruzaron los dioses benditos...

Los de la tierra,

los inmortales del cielo,

los dueños de los bosques,

de las ninfas, de las noches,

del miedo

Y tú y yo, agarrados a un único zapato

 

Se cruzaron los puentes, Benito!

El puente Alto y el puente Bajo

El del poder, la guardia, el burgo,

la banca legal, la clandestina,

los dueños de verdades escritas,

los libros sacrosantos.

El libro de la tierra, el de los reinos...

Las guerras Benito, ya existían

antes que tú y yo anduvieramos, disputando

un único zapato.

 

Desde la roca de la playa

nos gritaba, Benito

soeces las palabras,

!Inseguros, bohemios, desclasados!

Nosotros batíamos el remo,

eramos inmortales Benito

No existía el tiempo,

Ni la diosa de la muerte,

o el dios de los infiernos

No nos habían inundado,

con sus odios, sus torturas,

hierros candentes,

con sus miedos.

 

Y nos gritaban Benito! Nos gritaban!

Que el amor era posible

Que si en alguna parte rala

de la confinaria geografia,

muere alguién a quién no conocemos,

Benito! Muere un hermano...

 

No importa Benito

No pensaba como nosotros

Un proyecto frustrado, Benito...

 

No es bueno andar con un zapato solo

explicando la libertad con restricciones Benito

Los demócratas no nacen de almácigo

y la humanidad tiene dos pies, Benito

Quieren tener dos zapatos,

uno izquierdo y otro de derecha Benito

de acuerdo a la lluvia, el viento,

o la época del año.

 

Y no hay diploma de demócrata, Benito

 

Y la gente se sube al carro

Recuerdas Benito, cuando llego el amor?

Te enojaste conmigo y era tibio el verano

El río se había entretenido en una playa,

"La pecosa me mira", susurrastes Benito

 

Prestame tu zapato!

Las formas son las formas,

y mis pies no son muy agraciados

La pecosa es un guiño, un apuro

Juventud, necesidad, ganas de dar,

de compartir,

y yo preciso dos zapatos.

 

Dos suspiros, dos horas,

con la pecosa en ese prado,

a tí no te va a hacer mucho

estas acostumbrado,

quedarte dos horas sin zapatos.

Lo recuerdo Benito, nació el amor,

Tan de improviso, intransiguente,

aventurero, irresponsable

Que te dí mi zapato.

Después lo de siempre,

Seguimos remando al otro continente,

fuímos vocacionalmente pasotas,

sin destino Benito

que no existe  mas allá de la muerte.

 

Mira, Benito! Estamos lejos

esto de estar migrando,

y lo más malo, es que nunca nos fuímos!

Siempre estamos regresando, Benito.

 

Somos muy pobres, Benito...

Moriremos anónimos

ahora que se acerca La Parca, por eso de los años

Moriremos descalzos!

Yo quiero mi zapato,

en mi cajón de madera común,

simple tablilla, Benito

 

Tú escondes mi zapato

una historia de pasos desiguales

unos caminos de barro y agua,

unas ideas de sueños trasnochados.

Una filosofia sobre las estrellas y el abismo,

que hace el fondo cuando nosotros lo miramos.

 

Benito, si a tí te toca antes

Yo te acomodo tu zapato!

El aroma de la pecosa,

la mejor edad de los tomates,

Y el respeto de esos momentos

Aunque bien que me reía,

cuando te ponías los dos zapatos...

 

Benito, que decirte

metamorfosis Benito!

La existencia se aburre,

se transforma

El ronroneo verde de los ojos del gato,

un malvón

soportando el rigor del verano, Benito...

 

Nnosotros revisando el camino a la muerte...

La nostalgia Benito!

Que alguna vez fue pecado.

Te acuerdas Benito?

Querías casamiento

el té a las dos,

una mesa de nácar,

un tablero caoba,

piezas de ajedrez,

marfil color blanco,

dos libros, uno negro

el otro blanco,

un hilillo dorado en el costado,

una ilusión, un sueño

la pluma, tinta azul

para escribir la historia

de un único zapato.

 

Héctor Díaz

 

22 de Junio del 2007.

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