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reflexiónes desde las cloacas

Héctor Díaz

Oda a la locura

Oda a la locura

(Visita también: Héctor Díaz )

El otro día levante la copa por ustedes! Me perdí en uno de los barrocos cuentos del Quijote donde no existe ni el antes ni el después, putié la poca energía que nos va quedando para decirle al otro COMPAñERO, y decirnos que lo que importa es el intento.

Esta tierra me duele,
huída de los horizontes diarios,
de diferentes soles todos los días,
nubes de mensajes enigmáticos,
pájaros que anuncian
el crecer de los niños
en este barrio que me tocó vivir.

Entonces,
desde el balcón de mis refexiones,
peleo con la plusvalía de mis manos,
compartiendo las partículas
del comienzo y el fin.

Carrera loca de esta aventura eterna
donde la LIBERTAD nos revuelca,
una y mil veces y dios no descansa,
y nosotros tampoco en el camino abierto
de la rebelión de nuestro tiempo,
y de los tiempos por venir.

Después entendí el abstracto valor de las cosas,
la tierra que me duele,
hecha arcilla con el sudor del cuerpo,
llorando grano a grano entre mis dedos,
sufriendo azufre, hierro, y manganeso,
despidiendo sulfato, sodio y olor a miedo,
también se fue creciendo despacito,
inventó la belleza , !! poca cosa !!,
la mujer y a la luna en romántico vuelo,
el hilo desolado de la playa
la gaviota blanca de lectura ligera,
el palmar, los médanos y el viento,
y el hombre pensando en lo imposible
que es lo que lleva un poco más de tiempo.

Me duele la tierra,
se van uniendo los pedazos,
somos de aquí, de allá y de todos lados,
tu piel es un pedacito de la mía,
te ví vendiendo una revista de los pobres,
lloraba la tarde su humedad de invierno,
todo era gris y tu mirada,
se agolpó en el corazón y en mis entrañas,
-: Viva el sol compañero , cómo decirte :- Soy tu hermano,
voy de frac, disfrazado de señor, mintiendo a la autoridad,
tengo un mameluco de obrero escondido,
en el ropero del alma ,
y alguna IDEA, de esas que no se matan .

Vamos a ver:
la tierra algún día fue mañana,
sus hormonas protestaron,
cuando llegó la hora, parió la argentina luna,
luego se buscó a sí misma,
inventó los dinosaurios, los mamut
los mitólogos del mito del comienzo,
el ojo solo del imperio,
las bocas y oídos del rey,
la espada, la horca, la ley y el estado,
el peso de la pesa y la balanza,
la revolución para ajustar las cuentas,
y recordales a los gastados sátrapas del poder,
que la LIBERTAD no tiene precio.

Ahora una vez más,
un inocente troglodita,
con traje ligero de policía
se le escapa un disparo que “ rebota “,
la neutra indiferente bala busca vida ,
para acabar con ella,
un pedazo de tierra quinceañeras ,
dios estaba durmiendo, el diablo haciendo fuego,
un negro era presidente en los estados desunidos de américa,
los rusos no eran más comunistas,
los chinos “ comunistas “ compraban cualquier cosa,
fue el año que los bancos dieron quiebra,
“ el pequeño negocio de las casas “, las bromas de mal gusto
hipotecas,......los seguros “ asegurados “,
las malas cuentas del banco de Nebraska,
que tampoco sé si existe.

Y ahora que estábamos a punto de terminar con la pobreza,
menos mal que está dios, : - Bien aventurados los pobres de espíritu,
porque de ellos será el reino de los cielos.
Todos íbamos a ser “ ricos “ ,
el Dai Lama aborda unos de sus tantos cadillacs,
la industria del automóvil acompaña el cotejo
es un híbrido apocalíptico, de cementerios llenos...

Me duele la tierra, que inventó a los hombres
cualquiera que fuera su dialéctica,
ahora van a inventar la gran guerra,
nadie quiere ser profeta y menos en su tierra,
todos se arman, el capital va a enmendar sus males,
la solución final, la cruz gamada, un campo de concentración
dirigido por judíos, y los grandes capitales de la quinta avenida.
Los comunistas abrazados con el papa
y al final una ballena solitaria,
sacudirá la bandera de la paz
a ver si le otorgan el Nobel,
por su constancia en las aguas heladas.

Aprenderemos a contar de nuevo,
inventaremos el día y la noche,
nos preguntaremos
si así se puede hacer poesía
si es posible otra vida,
en esta ODISEA hacia la libertad,
quizás el amor nos tendiera una mano,
Y alguien pudiera decirnos : Te quiero.


Héctor Díaz

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Gracias, por esas cosas lindas de tus cartas!

Gracias, por esas cosas lindas de tus cartas!

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Gracias por escribirme tantas veces,
las nostalgias de todas las maneras,
es que ahora llueve y no me olvido
que el amor sigue entrando por la puerta.
Ni me olvido de darte las gracias
por la ropa que tejiste con palabras,
era la señal de que no entrara,
y me fuera despacito de esa tierra.
Yo ya no soy el que fuí, ni dejé de ser tu rostro,
tu noche de ternura esta cercana
en la galaxia de los hombres grandes
entre libros, abrazos y mañanas.


Te acordás de la foto en blanco y negro,
se escapó tu sonrisa de ese marco,
garabateabas calle, con tu tranco lerdo,
me hablabas de Cervantes y de Kafka,
me señalabas lo lindo de la calle
con los autos siempre mal parados.
Se enamoraban los árboles copiosos
en la irresistible brisa del verano,
y la luna haciendo travesuras
enloquecían los gatos de aquel barrio.


Una doña con los higos,
un don armando su tabaco,
yo por vivirlo todo
y tú carpeteando del pasado.
Todo para hacer, y el hombre nuevo,
escondido tras del sueño del verano.
el cantero germinó, otros geranios,
las lunas se gastaron en los campos,
las semanas se juntaron, y los años,
entre nubes , entre soles y chubascos.
desgastaron el mapa de ambos,
Fuímos herrantes náufragos del espacio.
después tus cartas, pacientes disimulos
a veces preguntando por la gente,
y otras veces apostando a la esperanza.

Lo común, el agua tibia,
aquel poeta oriundo de los campos,
una mano atrás, otra adelante,
la tozudez de un ideal entre “comillas “,
el aprender que la gente
es igual en todos lados,
con sus miedos, sus aciertos y desaciertos.
son terrones de esta tierra,
son manos con amor o con reservas,
después de la lluvia viene el barro,
el hombre se endereza y caminando,
vuelve a comenzar, aunque nos cueste,
pues la vida exige eternos cambios.

Héctor Díaz
Octubre del 2008, en Estocolmo


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Buscando

Buscando

(Visita también: Héctor Díaz)


Yo te soñé despacio,
no tenía apuro la noche,
era tu cuerpo.
Podía haber sido cualquier otro.
Tu milenario alarido,
golpeaba en el espejo,
de mi laguna quieta.
Pasastes a ser única
como la furtiva mirada
de cualquier desconocido.

El filo platino caído de la bóveda oscura
me recordaba que al placer
hay que regalarle tiempo.
Muchos recorridos
de dígitos inquietos
aprendizajes sucios como el de la libertad
que aún seguimos oteando.

Se extravió el recuerdo de tu mirar,
ya no se dónde
Manos que lo querían decir casi todo
y dejaban “un poquito“ para que los demás
se fueran descubriendo lentamente.

El mar lavó tu tiempo, guardó tu sueño
de noches con lluvias y caminos tristes.
La soledad, eterna compañera
avisó a los demás, los compañeros
los que conocimos y los otros
que La utopía y el amor nos espera desde los anonimatos.

Tus últimas palabras me siguen todavía:
- En la vitrina del patio del palacio, duerme la piedra de la huelga
Algún día despertará.
Caeran los muros
y el hombre dejará de tenerse miedo.
Su despegada voz que le grita desde el comienzo,
pasará a ser camino vivo.
Las manos se cruzaran sin amuletos
y la cuchara del albañil, no tendrá precio.

Héctor Díaz

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Camino a la LIBERTAD

Camino a la LIBERTAD

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Alguna vez el hombre creó a dios. El jefe de la manada, el más fuerte, el más sabio, el más artero o cómplice con el crimen que lentamente se convirtió en rey. Este rey envejeció y si tuvo la suerte de que “otro rey” no lo matara, se convertiría en algo camino a dios. Después de su muerte nace el endiosamiento, el mito que como en cualquier velorio de cualquier mortal pasa a la categoría de tener una cantidad de virtudes no conocidas hasta el momento. Así nace el mito y de aquí a la mitología no hay mas que un paso . La palabra hace luz, es la herramienta posible para que el hombre llegue a la comprensión de que el mito fue y es parte de un desarrollo evolutivo, y que fue y es materia prima para la literatura en todas sus formas, pero que con el conocimiento sistematizado y el crecimiento constante de las palabras y los idiomas, los mitos van cambiando de forma y produciendo el ocaso de los dioses.

Esta aventura plástica de la palabra,
saltando del miedo al mito,
dejándose llevar por la lluvia
que arrastra el pedregal de la montaña,
juntando el valle con la agricultura,
con el sueño de computar las noches,
de contar las lunas de los días,
un idioma parido,
con símbolos de cuniforme diestra,
legendarias tablillas de barro,
trabajando el subconsciente y la memoria.
Esta locura mía de los contagios,
de sentir que el adoquín es solidario,
que la noche necesita de los bohemios,
que nadie está de más o de menos
en este entierro,
que el silbido del río, es un surubí penando;
que en su lecho se confiesan,
los secretos de la luna y de los astros.
Y la madre de todos las corrientes
busca el camino sin rastros de las ballenas,
en esa batalla de las rosas rojas,
que viven los delfines del Atlántico.

La palabra creció,
el cuento de hadas se convirtió en novela
el hombre creció en contenido
fueron las noches de los poetas lunáticos
acariciando la felina piel de la nostalgias
donde la gota de la lluvia horodó,
con la paciencia de los vientos,
la violencia disfrazada de capital y estado.
Vestiremos la plaza de colores,
que los árboles del barrio tengan manos,
que la uvas revienten de verano,
que el mar se convierta en vino blanco,
que la libertad empiece a tomar forma,
y el hombre nuevo sea algo más
que retórica vacía arrojada al espacio.
Miro al que fuera mi perro,
¡si hay algo que pueda ser mío!,
me ladra desde el espacio,
desde la sinfonía de puntos blancos,
solo somos intención,
campo roturado, abierto
la simiente heredada y transmitida,
el comienzo y el fin,
una neurona multiplicada,
la célula compartida,
y cada uno sudando su tiempo,
camino a alguna esquina,
donde nos espera la libertad
y el hombre redondee
su condición humana.

Héctor Díaz
Dios derrotado

2008-08-28


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Poema de los agradecimientos

Poema de los agradecimientos

(Visita también: Héctor Díaz)

Con el último canto del cisne aproximado,
de la mano del viento tramontano,
un granito de arena peregrino,
que quiere agradecer a los caminos,
la sencillez aventurera,
intranscendente hecho casual
de haber nacido.

Agradecer quisiera,
a mi padre, con su vaso de vino,
a mi madre, con su amor
a toda prueba,
a la noche que los juntó
en anhelos y horabuena,
que ayudaron a que yo naciera.

Revolución de los silencios ,
el pensamiento sucumbe en la memoria,
agradezco a don Heráclito ,
de no bañarse dos veces en el mismo río.
Dar gracias también a la mañana,
en que ví volar a la torcaza ,
y desparrarmase los colores,
en el cielo arcoiris de mariposas que volaban.
A la metáfora agradecer quisiera,
que se deja crecer entre las almas
procurando ir mas allá de la distancia,
que limita toda grandeza humana.

Agradecer quisiera,
a la milonga que recorrió la calle,
a la baldosa dada vuelta,
al pétalo de la rosa roja
que desafió la primavera
y no da otra cosa que su aroma
en esa vida de lontananza queda.
Agradecer quisiera
a Hermes alado, por sus pies ligeros,
a Afrodita, por proteger el amor
a Paris por “ secuestrar ” la bella Helena,
a Homero, por no saber lo que escribía ,
a Penélope por tejer su manto largo,
a Argos por menear la cola.

A Sancho por reflejarse en la locura
del caballero andante con su equino,
a Rocinante por ser caballo de primera,
a los monstruos transformados en molinos,
a don Quijote quisiera agradecer
por liberar los cacos que a galera iban.
Agradecer también quisiera,
a don don Samuel L. Clemens,
al Elefante Blanco y a Tom Swayer,
al Missisippi de geografía larga,
a los negros y al jazz
a la lucha por la libertad
de la América Latina.
Agradecer quisiera
a l farol de la esquina,
donde Juan de la calle,
recitaba los versos de Machado,
renegaba del dios de los cristianos,
se subía al potro de don Fierro
por vivir el malón del desgraciado.

A Paysandú, por pelearse con un mundo
a Pascal con su círculo luchando,
a don Giordano Bruno por su osadía,
al mariscal Solano López,
en busca de una América distinta .

Agradecer quisiera ,
a Frida Kalo por su desafío,
trascendentes cromos al espacio,
agarrados a México la tierra ,
con un Flores Magón que daba lata,
y a Zapata en la lucha por la tierra.
A un gigante del sur,
el viejo Artigas,
que no cedió terreno, en su osadía ;
la “ Patria grande y federada ”
de indios chuzos de boleadoras y lanzas.

También agradecer quisiera,
a la noche por sus misterios manifiestos,
a los gatos por su avanzada independencia ,
a los rincones imprevistos donde juega el amor,
a la luna conspirando detrás de las cortinas,
a la lluvia, por ayudar a los poetas
a las piedras al costado del camino
a los nidos de horneros
por recordarnos el comienzo.

A Simbad el Marino
por decorar mi infancia,
y las “ Mil y una noche ”
por prolongar el silencio,
a la princesa, que no termina el cuento,
al ajedrez y al hombre que pensaba ,
al grano duplicado
en los sesenta y cuatro cuadrados
del tablero.

A don Pedro Bonifacio,
Alma Fuerte de arrebato,
enseñando la justicia
en versos cuadriculados,
a los ríos, que son el Río de la Plata
a los hombres que creyeron
que la utopía es lo que lleva un poco más de tiempo .

Al final de los finales,
al crepúsculo y al alba,
al cordón de la vereda
que me hizo un sitio ,
a Vallejo y Whitman ,
que me hicieron un sitio en el alma .

¡ Ah, y me olvidaba !
a cualquiera que pueda ,
reescribir este poema,
a don Luis de Góngora por “ ríase la gente “,
a la garúa haciendo música
en el techo de lata,
a mi abuela Angela repartiendo la miseria,
a mi abuelo, por plantar un árbol de granadas,
a Agustín Magaldi por sus primeros tangos,
a los panes tiernos de Paco Ibañez,
a León Felipe por la Insignia ,
a Buenaventura Durruti
por su efusión de ganas.

Héctor Díaz
23 de julio de 2008

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El porqué del Río de la Plata

El porqué del Río de la Plata

(Visita también Héctor Díaz)

Tan solo nos queda la palabra,
el silencio de una calle incierta,
felinos que se confunden con la noche,
y la luna rebotando en el filo
de un tintillo que le robaron a la parra.

Sin horizontes escondidos,
vidrios que defienden la ignorancia,
el mar y la música que acarician
la espuma y la sal que duermen en la playa.
Una gaviota escribe su lenguaje,
garabateando la noche con sus signos,
los mitos eternos,
y los sueños frustrados.

Granitos emergiendos, refulgiente oro,
a veces plata,
saludan la tonina silenciosa,
bohemia de las noches
de las aguas barrosas del Río de la Plata.

Camino de la tormenta, huracanados vientos
labrando la memoria de los años
sedimentos de barro y piedra,
recostados en los arenales de la costa.

Una casita blanca de alas ligeras
una metáfora de ventanas
sin cordura, dos gatas ronroneando
su libertad sentida, una maceta solitaria vuela
con su arco-iris de flores peregrinas.

Lluvia fina en los inviernos de tango,
silencio y quietud con el sol del verano,
el tiempo se ha parado, detenido el pensamiento
el epitelio siente, tenso el infinito
y la palabra surge como río sagrado.


Héctor Díaz
7 de julio del 2008

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Misceláneas sugestivas

Misceláneas sugestivas


A veces me como las distancias,
los tiempos de atrás y de adelante,
naufrago con la luna en las tormentas,
me visto de mañana en los albores,
leo el vuelo de las aves en el abismo,
viajo con los viejos dioses,
ceno en el Olimpo,
cuento las olas de los mares,
converso con el silencio antiguo,
sueño con el sol en los ocasos,
y las estrellas forman mi inocente abecedario.

Observo el exelso guión de un meteorito,
con su apoteosis plena,
lloro la nada de su corta existencia
la estela del vestido de la novia,
en la bóveda celeste
donde el amor en búsqueda furtiva,
rebota en el magnetismo de una luna de yeso,
que llora su soledad, en la distancia.

La bruja geometría de los astros,
amar a Venus y a Afrodita,
correr libremente y perdernos
en las riberas viejas del Mar Negro,
en las praderas verdes
del gran Caucaso.

Cruzo el espacio, escucho el ruído de la vía Láctica
sonrío junto a la paloma blanca de Picasso,
pienso en tu amor, y en esa lágrima
corriendo como la gota de la lluvia
detrás de la ventana,
mientras la tormenta hace de las suyas
por las hojas verdes de la palma.

Amon-Ra llora su olvido,
Jehová en busca de un camello,
y en el reloj de arena del profeta,
minuteros del tiempo de la calma,
donde el pan era sin sal,
hecho con las manos y muchas lágrimas
un camino hecho sin regresos,
para esta pequeña nada que es la vida,
siempre queriéndose salirse de la cósmica galaxia.

Héctor Díaz
15/4 2008

…

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Mariza

Mariza

A veces alcanza con poner distancia o tiempo por medio para darle nacimiento y vida a un secreto.
Así meditaba casi al final de su existencia Don Signola. Cuando niño se fue aquerenciando con su pago de tal forma, que ni el tiempo ni la distancia lo pudieron borronear. Al contrario, cuanto mas lejos en distancia y tiempo, mas lindos eran estos ; las casas mejor pintadas, las mozas, las anécdotas y la risas de la época de niño mas pura y espontáneas que nunca.
Ahora en viaje de regreso a su pago natal recordaba con alegría su primera novia.

El primer amor de niño cuando todavía no se sabe que hacer y todo se da en ese mundo maravilloso de las esperas y las cartitas.
Signola había tenido un amigo, de esa amistad que se traba en los bancos de la escuela; era el último curso y los muchachos por entrar o entrando en la adolescencia. En ese mismo curso estaba Mariza. Mariza ya estaba desarrollada y con unas piernas de esas que uno no se olvida nunca mas. Mariza vivía frente por frente a la que era la casa de mis padres. Desde muy chiquitos nos fuímos descubriendo en la medida que descubríamos el mundo. Ella vivía en mi casa y yo en la casa de ella como si la calle por medio fuera un impedimento muy transitorio. Mis padres la encontraban en la casa a cualquier hora y si me necesitaban y yo no estaba a mano cruzaban la calle porque sabían que estaba en la casa de Mariza. Muchas siestas en los tórridos veranos de mi pueblo inventabamos aventuras dónde Abracadabra, un negro imaginario, nos traía limonada para saciar la inextinguible curiosidad de saber, que teníamos.

Lo cierto es que este amigo del sexto del cual ya no me acuerdo ni del nombre me contó del tremendo deseo que tenía de “ arrimarle el ala a la Mariza “.
Y no se le ocurrió nada mejor y en nombre de la amistad que agarrarme de cartero. Cartitas de amor que quemaban en aquel verano de 42 grados a la sombra. La Mariza que ya había despertado a la vida y que andaba deseando que yo despertara hacía todo lo posible para que yo madurara. Naturalmente de todo esto me fuí dando cuenta mas tarde, cuando los años se habían pasado y Mariza también. Las cartitas se fueron amontonando sin ser abiertas.

La Mariza hacía cosas que a mí ya no me interesaban, se arreglaba el cabello, le había venido la manía de los vestidos nuevos, y en su mirar se iba dibujando una inquietud que yo desconocía. Un día al regreso de la escuela y después de almorzar, leal con mi amigo, crucé la calle con la intención de entregar una carta mas de las que acababan sin abrir en el armario. Posiblemente para ser abiertas años mas tarde y descubrir que por no haber sido abiertas a tiempo se había fustrado algún posible poeta. Lo cierto que como siempre entré al dormitorio de Mariza, cosa que hacía del tiempo que me conozco, y ahí estaba ella, desnuda, con los brazos estirados, y apretándose los labios con los dientes.
Exhorto y sin tiempo a pensar frente al imprevisto no atiné a nada, ella tomó la iniciativa, me empujó hacia su cama y me dijo que hacía tiempo que venía meditando sobre esta nueva forma de jugar, que la dejara hacer y que yo esperase. Jugó al caballito todo lo que quiso, pero cuando intentó quitarme la ropa me resistí, de tal forma que gritamos, peleamos, hasta que hizo presencia la madre de Mariza. Yo me fuí muy enfadado para mi casa con la impresión que la vida iba cambiando. El tiempo pasó, nuestra relación de años se fue enfriando, nosotros nos mudamos para la capital. Recuerdo que el día que nos mudamos Mariza no vino a despedirnos, cuando desde la calle ya rumbo a la estación miré la ventana de su cuarto ví su carita aún de niña bañada en lágrimas.

El tiempo paso, me olvidé de Mariza y de la infancia, me hice hombre y mil aventuras me llevaron de la mano en una ciudad donde lo nuevo venía a diario.
Trabajo, cambiar el mundo, el sindicato, una novia, el casamiento, el primer hijo, el segundo, las preocupaciones y una vida que empezaba a repetirse año trás año. Así llegué a viejo, fuí amado y amé, viví mi tiempo y aveces lo malgasté, vaya uno a saber. Ahora regreso a mi pueblo quizás por última vez,
el pueblo está cambiado, busco la casa que alguna vez fuera de mis padres, no estoy seguro, las fachadas están remodeladas, otras casas nuevas me desorientan.

Pero tengo el convencimiento de que era aquí, me dirijo a una mujer tan vieja como yo y le pregunto si ella hace tiempo que vive en esta cuadra. La mujer al mirarme pega un grito, se le enciende la mirada, abre los brazos y me abraza.
Mi primer y último amor; Mariza me estaba esperando para ayudarme a ser hombre.

Héctor Díaz

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CONTRAVERSO

CONTRAVERSO

Algunos perdieron la partida, 

descuidos, contratiempos

tardes en que el amor,

repetía sus rituales

la lluvia sonaba como angustia

 y tus ojos cansados

pensaban en la nada.

Me mirabas sin ver,

y yo corría,

por la calle sin sueños

buscando un jardín

para esconder mis miedos.

El hilo de tu voz

dejó vapor en los cristales:

- Somos de piedra

olfato, instinto

y a veces de rezongos

- No tenemos tiempo

ni para armar

nuestra querida inteligencia.

La noche esconde los recuerdos,

y no comprendo bien

si fuimos, si somos, o seremos,

o todas las formas, al mismo tiempo.

Tampoco sé si somos del Sur o el Norte

de arriba, abajo o del costado

nuestra barca navega en mar abierto, 

siguiendo a la distancia

el misterio de cielos y de astros.

Si tu cielo, es mi cielo

ya hemos purgado demasiado,

transitar en tus venas,

en tu triste mirada,

donde el sudor y el llanto

se hagan mármol,

lápidas y epitafios sin memoria:

muriendo en el exilio de sí mismo,

por su continuidad en las mañanas.


Héctor Díaz (para todos)

Navidades del 2007 

                                                                                                                                                                                                                                            


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CABALA

CABALA

  

Cuento para José Luis ¡Joder!

José Luis, se acercó al avión con la idea fija de pisar el primer escalón con el pie derecho. Su cabalismo era endémico y esas ideas se le aparecían de improviso. Odiaba los siete sin saber porqué y a los tres los miraba con cierto recelo. Sin embargo al uno lo contemplaba como un número neutro, no lo consideraba un número impar.  Se salteaba las horas impares y había logrado estos impases, con impíos ejercicios de concentración que le enseñara un tío amante de filosofías orientales. Con las mujeres que tienen casi todo duplicado no le pasaba lo mismo. Le gustaban las rubias cuarentonas y con plata. Por lo menos él lo había reiterado en distintas oportunidades. Creía que subir al avión pisando el primer escalón con el pie derecho era señal de “ buena suerte” . Cuando María Kuisa lo llamó desde París con esa forma de hablar a lo húngaro, el le contestó porque estaba seguro que eran las cuatro de la mañana . Ella le contó que había soñado con él, que había soñado cosas que no se podían comentar ni en  privado ni mucho menos por teléfono. -¡ Joder !, llegó a exclamar José Luis. Ella no lo dejó continuar. - Creo que te quiero ver. Lo que te dije la última vez fue una reacción incontrolada, tu te mostrabas remolón aquella noche  en ese cortijo de mala muerte,  en esa zona de la ciudad de Zaragoza, donde yo me sentía irritada porque el tiempo se me iba y tú te negabas a contemplar mis impulsos .

José Luis en contra de lo previsto pisó el primer escalón de la escalinata con el pie izquierdo. La culpa fue de la azafata,  que lo contemplaba desde la altura de sus sedosos muslos,  con su edad indefinida, sus ojos azules, el uniforme ajustado a una gracia corpórea que hacía época y una sonrisa de representación comercial que violaba todos los códigos del entendimiento. Su subconsciente le hizo perder momentáneamente el control de sí mismo. Le ocurría casi siempre cuando su libido recubierto de romanticismo se extraviaba en la contemplación. La viejita simpática que jadeaba con su bolsito de mano le empujó con esa fuerza de quien está apurado porque tiene menos tiempo para vivir o porque no puede contener sus movimientos. José Luis giró suavemente la cabeza, simultáneo que la azafata se apresuraba a ayudar a la anciana. Instintivamente José Luis tomó el bolso de la señora con una amabilidad desconocida en él y cediendo lugar permitió que la señora ascendiera primero. La azafata que se había aproximado quiso tomar el bolso de la señora y José Luis sintió como la mano de ella le transmitía una energia térmica que le produjo un estado de timidez y excitación al mismo tiempo que puso en alerta a todas las neuronas de su entendedera. La azafata siempre sonriendo ayudó a la anciana en el ascenso. De reverso el espetáculo era maravilloso. Anonadado en ese magnetismo de formas y contorneadas carnes, que dejaban vislumbrar una sensualidad madura, sin un solo descuido provocativo, José Luis se dejó llevar por las circunstancias y aspiró ese endiosado perfume que había extraviado sus sentidos. Cuando asentó sus posaderas en el asiento número treinta y ocho retomó una especie de apariencia de señor que tenía civilizado al otro yo que le hostigaba el espíritu. La azafata dejó posar sus pozos azules desapercibidamente en el ya extraviado José Luis que intentaba esconderse detrás de una novela titulada “ Historia de dos Mujeres ”. Abrió la página indicada por la tirita dorada y leyó con toda la concentración que pudo.

  

“En el año 1492 Jacobo, consecuente con la tradición judía esperó el advenimiento de la primera estrella. Tenía preparado el pan sin sal, el mismo que Moisés y sus seguidores habían amasado en la víspera del viaje hacia el Sinaí en búsqueda de la tierra prometida. Como mal converso y buen  marrano se sabía de memoria extensas partes del Talmud. Esa noche no esperó a ninguno de sus vecinos y en el primer ocultamiento de la luna detrás de los negros nubarrones,  Jacobo se deslizó subrepticiamente por la puerta trasera de su vivienda que lo conduciría hacia la lejana tierra de Cádiz. A Jacobo le dolía Sara, sabía que le iba a doler todo el viaje, sabía que le dolería a donde los barcos de Cristofes lo llevaran. Sabía que le dolería hasta el último día de su existencia. Todo había sido estrictamente planeado por el patriarca zarogozano que gozaba temporariamente del beneplácito del reino. Jacobo había memorizado todas las indicaciones que en forma de códigos le hicieran llegar sus mayores. Caminaría cuarenta minutos evitando ser visto por los transeuntes y junto al puente viejo del Ebro encontraría una carroza. La contraseña sería: “ dos lunas y un puñal ”, el cochero contestaría: “ cuatro ruedas y un andar ”.  Jacobo subió al carruaje y sorprendido contempló a alguien que ya estaba instalado en el carromato. Los caballos circularon lentamente, aumentando la velocidad en la medida que se alejaban de Zaragoza. La companía de Jacobo tenía el rostro cubierto con un velo sedoso.” 

  Cuando José Luis despegó los ojos del libro, el avión sobrevolaba los Pirineos. El tiempo había desaperecido y la realidad del viaje se confundía con las ideas que se escapaban de la lectura. -¡ Joder!, exclamó José Luis , ya estamos en territorio francés. La azafata con sus abismales ojos azules invitaba con su exhibicionismo corpóreo a informarse lo que se debería de hacer en caso de emergencia.

 Morir juntos pensó maliciosamente José Luis, sobrevivir en uno de estos valles profundos, luego de un pésimo aterrizaje forzoso, quedar incomunicados por las despiadadas inclemencias naturales, refugiarnos en alguna gruta de Altamira, y crear la estrategia de un rescate tardío.

  “El carruaje penetraba en parajes desconocidos para Jacobo, países desconocidos en una península que le costaba todavía ser España. Llegarón a una posada, el carrero estacionó el carruaje en la cuadra y por primera vez la Dama del Velo hizo sentir su voz . A Jacobo le pareció que la voz era como la  suave música que se escapa de una cascada no muy alta, donde las aguas juegan con las mariposas y las retamas  reflejan su amarillo en el espejo del remanso. -Me llamo Rebeca, estoy encomendada a transportarlo a su destino y ayudarle a salvar los peligros que se presenten en nuestro viaje. Tengo una detallada información sobre su forma de ser, por lo tanto le pido colaboración sin reticencias, ajustándose estrictamente a lo que yo le sugiera. Desde este momento usted es mi marido y como tales debemos comportarnos. Esta es la documentación que certifica nuestro matrimonio en forma legal y el objetivo de nuestro viaje es encontrarnos con vuestro padre que temporariamente se encuentra en Cádiz atendiendo los menesteres de la fundición y  fabricación de armas que posee en esa ciudad.

 La oscura noche escondía los detalles, la luna no había reaparecido, ningún destello permitía hacer luz en la curiosidad de Jacobo, que decidió concentrar sus pensamientos en Sara.”

  Un sobresalto distrajo a José Luis de la lectura. La voz del capitan del avión, con su tono profesional,  comunicaba a través del parlante,  que se volaba en zona densamente nublada y con una neblina que entorpecía la visibilidad.-Los pasajeros deben de abrocharse los cinturones de seguridad porque nos encontramos con turbulencias.

 José Luis observó que el rostro de la azafata se había transformado. Sa sonrisa se había convertido en una contraída y dura expresión que reflejaba inquietud. Una violenta vibración sacudió todo el largo corredor de DC 9. La sacudida fue tan fuerte que el personal decidió instintivamente sentarse en los asientos libres. José Luis tuvo la impresión que el avión perdía rápidamente altura, se le ocurrió pensar que podía ser un pozo de aire, pero la sensación de descenso no se interrumpió. Sintió la suave mano de la azafata tomando la suya. Sentada a su lado la mujer había perdido su actitud profesional y se preparaba mentalmente para lo peor. José Luis la dejó hacer. Ese calor espontáneo, inesperado, lo transportó al tiempo de la niñez cuando la hija de los vecinos le lavaba la cabeza, le peinaba y todo aquello se convertía en ese péndulo que va del juego a la caricia. Un último llamado conminaba a apoyar la cabeza en el asiento delantero, José Luis sintió como la mejilla de la azafata buscaba la proteción de su propia mejilla. Hombro a hombro y con la respiración casi al unísono José Luis llegó a pensar que si llegaba a pasar algo, entraría feliz por la puerta grande del paraíso.

 -¡ Joder !, si esto es el fin, bienvenido sea . Alcanzó a pensar en el libro como si tuviera necesidad de ideas inconexas y también sonrió pensando en la desilución que viviría María Kuisa cuando no lo viera llegar al Charles de Gaulle. La mejilla y la sien de la azafata le transmitían una fiebre esperanzadora. Le pareció sentir como que el metal de la nave producía un ruido desconocido y que la noche era más oscura que nunca. Cuando despertó, la azafata todavía estaba a su lado. El silencio era total, y todo era tan inesperado que José Luis no quiso hacer el intento de forzar el momento. El destino tiene ese misterio, nos planeamos grandes cosas y los ingobernables actos de nuestra existencia nos llevan a otros escenarios. Estamos espuestos a la soberbia de los juegos de la tierra, una metafísica de la galaxias que no llegamos a comprender, un juego implacable de los elementos, que nos ponen a prueba y ponen en tensión nuestras neuronas. Giró la cabeza lentamente y la besó en la boca, ella lo dejó hacer, la besó como si hubiera nacido nuevamente. El sintió que ella también lo besaba profundamente, lo besaba desde las otras generaciones, desde el miedo y el agradecimiento, el beso crecía como un compromiso silencioso, como un deseo insoldable de permanecer así una eternidad. José Luis no podía reflexionar, no quería tampoco hacerlo, sentía que no tenía miedo, ninguna angustia lo atormentaba, había crecido un poco más de golpe y había aprendido que cada fin es un comienzo. Algo se movía, la luz de una linterna quebró la oscuridad. Contra su voluntad José Luis siguió los descubrimientos que producía el rayo lumínico. La anciana del paquete había dejado de respirar, el capitán la sacudió suavemente hasta que decidió cerrarle los ojos. Dejó sentir su voz, haciendo reclamo por el personal . Varias voces contestaron al unísono. -Debemos evacuar la nave lo más pronto posible,  manifestó el capitán en forma segura, exigente y casi autoritaria.

Dos azafatas luchaban con una puerta de emergencia; lograda esta operación se descolgó un tobogán inflable que permitió a los primeros pasajeros deslizarse a una hipotética tierra, puesto que la superficie estaba cubierta de nieve. La azafata se separó de José Luis sin una sola palabra, un último cálido apretón de manos fue como una despedida y un agradecimiento.

  -El solitario viaje de los humanos, meditó José Luis, el deseo, los acercamientos, las despedidas, las múltiples formas de decir adios, la muerte fingida, la verdadera muerte.

 

Fue de los últimos en descender, ya no le importaba París, ni el Charles de Gaulle, ni Maria Kuisa, que nunca le importó mucho. Emprendieron juntos, como el eterno rebaño humano, una marcha lenta hacia lo indefinido de la noche oscura. Algunos pasajeros intentaban telefonear a sus familiares con sus celulares . El frío acusiaba, la noche seguía siendo noche, el grupo se apretujaba más y más. Detrás,  el avión tomaba fuego, en él quedaban entre otros muchos enceres el cuerpo de la anciana del bolcito y el libro con la historia de Jacobo, Sara y la Dama del Velo. Delante, la noche, los reflejos del incendio que se iban haciendo más leves en la medida que el compacto grupo se distanciaba de la nave, lo imprevisto y el AMOR.

  

Héctor Díaz   

2007-12-18

AMOR

AMOR

Amar, amor, amar hasta el colapso,

hasta que dios y Trosky,

se averguencen.

Ella era atea, él era cristiano,

cubrían las máscaras,

con la libertad de un trapo,

y copulaban gritando y sudando.

Dejar que el subconsciente se libere,

la revolución espermatozódica,

la entrada genial en la vorágine

de una vagina hambrienta y despiadada.

 

Libera el alma,

A cada Trosky con su Mercader

a cada Judas con su Cristo victimario,

media cara al viento,

una de risa y otra de tristeza,

embriagados de besos y caricias,

dejaos ir, por la llanura eterna

de contemplar al otro, de saber esperarlo.

La máxima expresión del respeto bien logrado,

el otro agradece la escapada,

y viceversa, fuerzas equilibradas

el Diablo riendo a carcajadas

por las tierras tan anchas de la pampa.

Galopando los potros retumbando,

enhiestos cascos dejarán la marca,

en la tierra árida del tiempo,

y ese olvido de fatuos fuegos consagrados,

vencerán tan solo en un instante

el fondo del miedo ancestral

que desde el comienzo nos viene acompañando.

Dios por fuera, ni premios ni castigos

por dentro el Diablo y Aristóteles esperan,

la tierra arada, la semilla fermenta,

el abono promueve, la lluvia hace,

y en las noches de viento

el amor se introduce y sale,

por todas las ventanas.

 

Héctor Díaz

2007-12-06 


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EL GRITO DE LA TIERRA

EL GRITO DE LA TIERRA

Querido amigo,

el grito de la tierra,

la taurina voz

de una grieta sin fondo,

un viento,

que guarda todos los mensajes,

y el jazmín solitario

que se quedó a vivir

en la galaxia perfumando

con su aroma de oriente y luna

en un suelo sin comienzo ni fin.


 

Este viaje tan lleno de misterios

vaga acumulación de contenidos,

la locura del diablo,

de inventarse a sí mismo,

y el angelito bueno,

pirinchando la bóveda celeste,

ahora que a fecha fija,

tenemos que ser buenos.


 

Tan solo eso, El Principito

un solitario, bello niño,

eslabón de un momento,

buscando la palabra

y el milagro,

la flor, el jazmín, el asno,

la calle, el adoquín grisáceo,

la mariposa que anuncia los veranos,

con sus cometas de sueños y de espacios.


 

Te amé tanto, que tu piel

no me alcanzaba,

recorrí tanto tu epitelio

que de tus pies y de tus manos

en mi memoria se impregnaban,

besé tanto tu profundo yo

que descubrí mi yo entre tus manos,

te dije amor, muerte, locura,

madre, puta, hembra, aborto, mierda,

continuidad sublime, ancestro, orto,

fuente, amanecer, mañana,

dejadme en este árido desierto,

donde el pensamiento se extravía

y el volcán irrumpe de la nada.


  

Dios por dentro,

los que son y serán larvas,

los malditos, los satánicos

los titánicos geniales,

no se lloran así mismos,

ni se quejan de sus ansias,

se desgastan en su tiempo,

se disparan como flechas

como fuego consumiendo,

la energía de la brasa milenaria.


 

A veces voy a la montaña

otras al río,

al pie del precipicio

siempre un bosque,

voy del pájaro a la rama,

del águila al pez de escamas blancas,

de la arena y la tortuga

a la sapiencia,

al comienzo y al final

de toda alma.


 

La tierra,

el grito titánico de la tierra,

el primer hombre, la cueva,

la tierra sin dios ni amo,

la tierra con dioses, ecos y rebaños,

la barba larga de un filósofo meditando

sobre el quejido ancestral de la palabra,

el amor entre el granito y la célula,

la noche, la tarde y la mañana,

el hombre con la tierra,

la tierra con el hombre,

el primer grito, el último fonema,

la forma más perfecta de mi verbo,

el cosmogónico jazmín solitario

susurra del espacio,

-         : descubrid la Libertad,

sed libres

y dejad que el amor siga avanzando.


Héctor Díaz

2007-12-06


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NOSTALGIA

NOSTALGIA

 Arrímate a la noche

ahí todos podemos añocheciar,

arrimados al acodado mármol de Carrara,

con sus vetas de azufre,

y la faz reflejada en el espejo

de un bolichero con cara de aburrido,

repasador al hombro,

para borrar olvidos

o memorias del tiempo de la nada.

El gato es parte, integración, silencio,

sortea las botellas, sacándole brillo

con su cola de estropajo,

a etiquetas gastadas

que sueñan con los ebrios

del tambor y la lonja

y el barrio de la Lata.

El taco de casín

suena seco en el espacio,

por la ventana abierta,

se oye el grito lejano

son las voces del viento de la playa,

dioses que trabajan frenéticos

en el mes que dios Momo

visita los tablados.

Sentados en el otoño longevo,

de nuestro mundo sin regreso,

nos preguntamos,

por la foto amarilla

de ese Gardel cansado,

por la foto del cuadro de mi barrio,

la copa que ganamos,

cuando yo y otros pibes,

garabateábamos el espacio.

Total no cuesta nada,

estar con cara de nostalgia,

ojos de libros, aquél de orejas largas

alegría en el gesto, que le queda al pelado,

y aquel flaco largo, siempre pensando

con cara de revolucionario.

Arrímate a la noche,

las polillas no pican,

las moscas volando siempre para el mismo lado,

la vida es un sueño, que debemos gastarlo,

total la noche a veces es corta,

y otros muchas veces, demasiado larga. 

Cuando nos fuimos nos saludó aquel charco,

un sapo rompe noche se acordó de nosotros,

un silbido, un bote, un puerto disparando,

la última lamparilla

de la ventana abierta

con un gato pensando,

y un Gardel cansado.

  

Héctor Díaz

2007-10-12


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Poeta en solitario

Poeta en solitario

Soy un poeta en solitario,

exilio, exiliado de mí mismo,

con noches de insomnios,

patas arriba, descalzas,

con calles siempre en ascensos,

sueños donde no se termina el precipicio,

y un vuelo con ala quebrada,

y la mala conciencia de no llegar a nada.

Discursos de fonemas hueros,

sin dios ni amo,

gobernado por la duda creadora,

sin horizontes galácticos,

lejos de los “pozos negros”,

que se comen a dios, al “papa negro”

y la dignidad del SER humano.

Poeta en solitario,

una buena fórmula de momento,

sin dogmas revelados,

ni ciencias sacrosantas

condicionadoras del SER y la materia,

esclavo del salario de mi tiempo,

rumiador del hilo de protestas congénitas,

luchador en desexilio,

y las tormentas negras,

con las playas enfermas,

de mi tiempo de petróleo,

en una Europa, que se muere de astío,

peregrinadora de medievales añoranzas,

y bares de discusiones truncas.

Y de la apocalipsis al canto,

la materia prima del escriba,

espontáneo llamado de la selva,

la clorofila espera al cosmo,

y tú, yo o él creamos lo imposible

lo único que queda del fonema,

el discurso de las palabras rotas,

en camino hacia el cielo,

hacia la luz y la montaña,

donde la vista descubre la belleza,

inventa la alegría

la mañana el rocío,

el canto del pájaro desconocido,

el vuelo de colibrí desesperado,

en busca del néctar que le alivie,

su presente, su futuro, su pasado.

El agua, corriente milagrera,

juntando la nieve blanca,

del Aconcahua perdido entre las nubes

olvidando su pescuezo largo

en los cielos de dioses olvidados.

América es una flor,

un camalote bañándose en su río,

un caudaloso torrente y recorrido

que guarda los nombres del olvido.

El Paraná, el Uruguay tranquilo,

La Pacha Mama, que besa el Orinoco,

con el tapir y su cedoso cuero,

un plateado dorado sin defensas,

y el puma sigiloso de la selva.

Me perdí en los ojos de la fiera,

América se revela, pies descalzos,

manos callosas se atropellan,

ni rey ni imperio,

nuestra herencia está en los desiertos,

en las áridas huellas de las etnias,

que todavía anidan en las patrias

de los pelos chuzos olvidados.

Mirado a la usanza del poeta,

la belleza al alcance de la diestra,

la noche cálida de Enero,

una cerveza en la Alameda,

el cuerpo taconeador de una pebeta,

la nostalgia de un tango entre las rejas,

un zaguán entreabierto,

un violín y un bandoneón

garraspean las horas del silencio.

La estampa de un terroso Modligliani,

un buzón, una farmacia,

el grito de un diariero,

un viejo filosofando con sus cuentos,

un eterno poeta orillero,

regalando sus metáforas al viento.


  

Héctor Díaz

14 de Noviembre de 2007


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Estación de la nostalgia

Estación de la nostalgia

Plumas yertas,

granítico basalto nórdico,

cuervo negro

ofreciendo silencios,

en una zona de estacionamiemtos.

 

El viento conspirando,

soñador eterno

pronosticando  la lucha olímpica

entre un cuervo negro

y una bolsa de plástico.

Juan grís, en el cielo

comiendo astros,

el azar,

la tormenta,

lo bello inesperado del momento.

 

Otra vez lo negro del balastro,

dios con una novia de la mano,

mentecato, estrafalario, victoriano

llora en la línea blanca

que divide los costados,

prohibición de transgredir

el alma de la línea del balastro.

 

Sopla aquí,

en Tumba sopla,

la nostalgia sopla,

sopla para la nostalgia,

un farol yace muerto

y sin idioma,

abetos sin plumas,

sin la clorofila del verano,

se podría decir:

Que llora el alma,

un endeble sol,

perdido en el camino,

lo ganado con los años,

el oido inexorable,

de los años ,

lo gando, lo perdido

el blado céfiro,

hojas secas,

restos apocalípticos

de eso que se llama haber vivido....

 

 

Héctor Díaz


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Locura

Locura

Esa vez que yo te amaba,

fue una vez,

nos dijimos lo posible,

lo imposible lo dejamos,

sin excepciones y dobleces,

- "tenemos joroba falsa",

susurraste con descuido,

en nuestras mentes hurañas,

se fue derramando el vino

algo que podía haber sido,

si no aparece otra cosa.

 

 

Nuestro amor era tan único,

egoista, muy grandote,

muy rebuscado, burgués,

tenemos el ala quebrada,

que no nos deja crecer.

 

 

Vuelo rastrero, de lado

aterrizaje forzado,

un huevo medio cortado,

muchas noches meditando,

que los puntos del camino,

hacen la rutina andando.

 

 

 Sin tí, la vida, desconsuelo

y tu  amor se impregnará,

en la calles de mi barrio,

donde existen las desgracias,

y en las noche olvidadas

los idiomas se confrontan,

fermentando el descontento

de viejos vientos de los pueblos

siempre en busca del  amor.

 

  

Barre la escoba el chisme de la puerta,

- anoche vieron a la de al lado

más puta que una cabra,

dios contemplaba emocionado,

en todas las esquinas,

de todos los idiomas

la luna erótica, el maullido del gato,

una puerta zaguán

una gaviota con su ala quebrada

zumbando los cipreses

muriendo cuasi sin ruído,

como yace la hoja parca y ocre

ventisca del otoño

cuando Eolo clausura

el último verano.

 

 

Jesús de copas

son dos los borrachos que acompañan,

locos del alcohol,

poetas del andamio y el arado.

Hablan de uvas, de vino y de ventanas,

de estribos, de aperos y de mañanas,

de alguien que recuerdan,

haciendo mitines solitarios,

discursos al Río de la Plata,

mensajes a las olas,

a los cantos rodados de las playas,

a la abstracta libertad

a los rebeldes,

a las calles negras del asfalto,

a lo que pudo haber sido

y quedó por el camino,

al aroma tierno de la lluvia nueva

cuando empieza a mojar la tierra llena.

 

 

Tan solo son palabras, yo te amaba

la vida es un intento,

y en la ventana,

el niño lee el futuro,

en su libro de cuentos ,

tan viejo como el hombre,

- la primera piedra,

mi primo el dinosauro,

esa enorme gallina,

de los tiempos de antaño,

el agua, el río,

dios, la propiedad privada,

la muerte y la tortura,

las grandes cárceles que se llaman estados,

una cuenta corriente,

un gran banco,

un préstamo financiado a muchos años,

a los pobres no les queda otros recursos,

que discutir con Jesús

la inversión menos costosa,

a largo plazo.

Te amaré mañana,

cuando los políticos, los soldados

y los curas dejen las calles libres,

que son las calles de todos los idiomas

de mi barrio.

Tu beso será en todos los suburbios,

toda la tierra agarrada de la mano,

dios ateo y Cristo protestando,

discutiendo el vuelto al carnicero,

que lo estafa en los pesos y en los gramos.

 

 

Marx y Bakunin, discuten en la esquina

sacuden fervorosamente el rabo,

que la ciencia, que dios, la rebeldía, la intuición, la materia, el viejo socialismo,

la estrategia, la toma del poder,

la extinción, la abolición de los estados.

Cristo borracho, le pide a Mayakovsky,

que le escriba a Federico,

que ama a los gitanos.

bronces de espada vienen, agarradas de la mano

y yo me quedé en la calle contemplando lo pasado,

por el puente del amor, agarrados del costado,

manifiestan las parejas, sus quejas desesperadas,

no son de dolor ni angustia,

son primaveras del alma,

que juntan la luna llena con el sol de las mañanas,

que van germinando brotes,

que cada uno escondido,

tenemos dentro del alma.

Yo te amaba, era domingo,

decidimos abolir la tristeza,

está prohibido mandar a otro,

te amaba y era lunes,

la injusticia esta demás en nuestro mundo,

prohibir los uniformes, martes,

el miércoles querías libertad,

lindo tesoro,

hay que luchar todos los días,

las semanas,

casi todos los meses del año,

en vacaciones hipotecamos

nuestra entrega.

El jueves querías aventuras,

derrotar al enemigo del espacio,

con Jesús de la mano en el quilombo,

con ritmo Gipsy Kings de los gitanos,

el viernes streeptease,

ser el cuerpo mujer,

contorneada en la barra,

carne morena, azufre, el diablo.

 

 

Esta prohibido prohibir

el agua de su río,

la noche de la poesía al revés,

la calle con dos izquierdas,

los faroles de luz de las esquinas

con lamparillas de milagros,

Mafalda tomada de la mano

de Quino con un lápíz

destripaba,

lo que Tupac Amarú

no hizo con la punta de la lanza.

 

 

Yo te amaba, era sábado,

te quería retener,

curar tu ala quebrada,

no sabía que el amor es solo un trazo,

un lápiz, un papel en blanco.

Dije la revolución, el hombre nuevo,

te reíste de costado,

meneaste las nalgas y sin apuro

suspiraste, como suspiran los pasados.

Lunes otra vez, leí la nota escrita,

- me voy porque te amo demasiado,

cerré la semana.

Escondí la joroba debajo del saco,

el ala rota del otro lado,

me sublimé con la libertad del continente,

el amor universal, los niños de la calle,

los que no leen en la prensa

sus propios asesinatos,

pensé en los negros de Ruanda,

el opismo de los chinos,

el turismo prostibulario,

Camboya vendiendo su inocencia,

el Tío Sam siempre matando;

en Putín y el príncipe Alberto,

me comí una tortilla de poesía,

mientras oía a Jesús,

con su oratoria de redentor post mortum

discutir con la reja y el andamio.

Te seguí amando ese lunes,

y quizás el otro, no recuerdo,

un viernes de no se que año,

se me cruzó otra manera,

mientras galopaba al cielo,

entre palabras consabidas,

las mismas verdades o mentiras,

acomodaba la joroba lo mejor posible,

y en la silla colgada,

el ala de mentira.

 

Héctor Díaz,

16 Agosto 07

 

 



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Tatiana

Tatiana

O inspiración furtíva en noches de insomnio  

 

Tatiana, llora tu río

de animal corrido,

extramuros, fronteras

exilios prolongados,

recuerdos agotados,

y nostalgias perdidas

de aquel niño que un día,

dejamos olvidado.

Yo no sé de tu pelo,

de tu luna corrida,

de tu calle extraviada,

de tu mutismo ido.

Tus derrotas y encuentros,

tus alientos sufridos,

tus occios constructivos,

tus bostezos, tus noches

pies descalzos y olvidos.

 

 

Y no sé de tu vino,

ni la cólera roja

de tus ojos heridos,

ni el daño de la ausencia,

de esa flor perseguida

cajita de los sueños

que tuvimos un día.

Solo sé que tu viaje,

se inscrustó en rebeldías,

el proyecto que fuímos

transformado en mentiras,

y mentiras que apuntan

al amor en la vida.

 

 

Sueño, amo, pienso, escribo

y admiro tu soledad

el poeta y su desgracia

que crea su  libertad

Te comprendo,

y me comprendo,

me contento de tu ser.

cuento onírico del bípedo

que busca un amanecer,

de la vida que debiera

ser como ahora no es.

 

 

Habrá que matar al hombre,

y matar a la mujer,

creando la vida nueva,

utopía por nacer.

Tu rebeldía y locura,

no la dejes fenecer

es libertad la que trepa

en tu formas de mujer.

Mientras se quejen tus manos,

mientras protesten tus pies,

hay esperanza en el mundo

de que podamos crecer.

                                             

Héctor Díaz

18 de Julio del 2007



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inspiración

inspiración

Maligna inspiración, dios me proteja,
el muro de lo justo, se ha extraviado,
si la muerte existiera, sería una pena,
y tampoco hay muerte, sin antes vida.
 
El falo de algún dios, se había encendido
cabeceando feliz en la demora,
y ella que sus rizos estiraba,
con peine fino, en el dorado espejo.
 
Un incendio recorría
las venas mismas de la uva hecha
y ella demorando sus impulsos,
porque sumisa, lo creía dormido.
 
El volcán levanta a un tiempo
y la lava casi éxtasis, se volcaría
ella se confiesa en el espejo,
sin luna llena no hay alegría.
 
Mujer, que los desposados
sufren si se corre el día,
y ella que seguía ajena
a las quejas que la requerían.
 
Lentamente, con traslucidos venía,
acercándose al lecho, con bríos requería
él que contemplaba el cabello
que en el pubis ella tenía.
 
!Ay! de calor me quemo,
en esta noche tan fría,
todo fue, por culpa de ella,
la niña pobre, triste, de la fotografía. 

Héctor Díaz



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Icaro

Icaro

El río las lleva,las piedras cantan
el agua es la causa,
vientos del pueblo,
se entretienen con la nostalgia.
 
Y fue en los Pirineos, La Vascongada,
donde un mugido de vaca, nos despertara
un cencerro gritaba su sinfonía
donde empieza o termina la gran España.
 
Tan solo son palabras
plazas tomadas,
Numancia cervantina,
tierra arrasada,
resistencia, la muerte,
Roma hummillada,
Fuenteovejuna llora,
bocas del pueblo,
y Figueras resiste la napoleada.
 
Figueras fue una vez
la gran españa,
un Goya que dibuja la " fusileada "
un idioma permite, crear palabras.
 
Barcelona es el eco que corta el frío,
de un hito que conyuga flores amadas,
libertaria la voz de la montaña,
sueña con ese cielo, que la acompaña,
son cartas del amor, que siempre arriban,
con las plumíferas alas de aquel egeo,
dios que al sol nunca alcanzara.
 
Héctor Díaz

4/7 2007.



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Benito

Benito

O  el sueño de un único zapato

Me acuerdo Benito,

al comienzo, el camino,

tierra y niebla, pedregullín de a ratos,

cántoros huelguístas, ranchitos pobres,

y yo con un zapato, Benito

y tú con un zapato,

el otro pié descalzo.

Te acuerdas Benito?

 

Desayunabamos inocencia, Benito

Confianza en el astro de todos los días,

del algún lado, Benito! De algún lado venimos

y para algún lado vamos, Benito...

 

A veces, con un solo zapato

arrastrando la historia de la suela,

la nostalgia a la vuelta del recodo,

el miedo al porvenir, Benito

al bosque aquel de cipreses soñandos,

y ese sólido saludo, Benito

de árboles sin pájaros.

 

Intacto, Benito! Intacto en la memoria

recuerdo de un paisaje desolado Benito,

y tú conmigo y yo contigo

con un solo zapato.

A lo largo del camino, Benito

la línea a veces negra, a veces policroma

de un horizonte ido.

Geografía Benito! la tierra ancha, lugares ajenos,

los secretos de otras lenguas, Benito

un viaje con la mente,

la fantasia en ristre,

la intención de entender,

el hombre nuevo,

que no es más que el pasado,

renovado y lejano.

 

Recuerdo tus palabras, Benito...

Ya existía el verbo de tus labios

"estas cosas del proseo,

del camino, del mismo cielo,

la tristeza de no saber.  ¿ A dónde ?

¿ Cómo ? Voy y vengo"

Recuerdo tus palabras, Benito

 

El camino es tan largo,

que si no se nos termina

con los años,

giraremos en redondo

y seremos amigos,

por eso del zapato.

 

 

Quizás por lo venido,

me acuerdo Benito,

se nos cruzo ese río,

ni ancho ni grosero,

un simple río.

Nos fueron  del camino,

fué antes del amor,

cuando aún se es niño, Benito

 

Y en la balsa nos deslizabamos,

naufragos de nosotros mismos!

Se nos cruzaron los dioses benditos...

Los de la tierra,

los inmortales del cielo,

los dueños de los bosques,

de las ninfas, de las noches,

del miedo

Y tú y yo, agarrados a un único zapato

 

Se cruzaron los puentes, Benito!

El puente Alto y el puente Bajo

El del poder, la guardia, el burgo,

la banca legal, la clandestina,

los dueños de verdades escritas,

los libros sacrosantos.

El libro de la tierra, el de los reinos...

Las guerras Benito, ya existían

antes que tú y yo anduvieramos, disputando

un único zapato.

 

Desde la roca de la playa

nos gritaba, Benito

soeces las palabras,

!Inseguros, bohemios, desclasados!

Nosotros batíamos el remo,

eramos inmortales Benito

No existía el tiempo,

Ni la diosa de la muerte,

o el dios de los infiernos

No nos habían inundado,

con sus odios, sus torturas,

hierros candentes,

con sus miedos.

 

Y nos gritaban Benito! Nos gritaban!

Que el amor era posible

Que si en alguna parte rala

de la confinaria geografia,

muere alguién a quién no conocemos,

Benito! Muere un hermano...

 

No importa Benito

No pensaba como nosotros

Un proyecto frustrado, Benito...

 

No es bueno andar con un zapato solo

explicando la libertad con restricciones Benito

Los demócratas no nacen de almácigo

y la humanidad tiene dos pies, Benito

Quieren tener dos zapatos,

uno izquierdo y otro de derecha Benito

de acuerdo a la lluvia, el viento,

o la época del año.

 

Y no hay diploma de demócrata, Benito

 

Y la gente se sube al carro

Recuerdas Benito, cuando llego el amor?

Te enojaste conmigo y era tibio el verano

El río se había entretenido en una playa,

"La pecosa me mira", susurrastes Benito

 

Prestame tu zapato!

Las formas son las formas,

y mis pies no son muy agraciados

La pecosa es un guiño, un apuro

Juventud, necesidad, ganas de dar,

de compartir,

y yo preciso dos zapatos.

 

Dos suspiros, dos horas,

con la pecosa en ese prado,

a tí no te va a hacer mucho

estas acostumbrado,

quedarte dos horas sin zapatos.

Lo recuerdo Benito, nació el amor,

Tan de improviso, intransiguente,

aventurero, irresponsable

Que te dí mi zapato.

Después lo de siempre,

Seguimos remando al otro continente,

fuímos vocacionalmente pasotas,

sin destino Benito

que no existe  mas allá de la muerte.

 

Mira, Benito! Estamos lejos

esto de estar migrando,

y lo más malo, es que nunca nos fuímos!

Siempre estamos regresando, Benito.

 

Somos muy pobres, Benito...

Moriremos anónimos

ahora que se acerca La Parca, por eso de los años

Moriremos descalzos!

Yo quiero mi zapato,

en mi cajón de madera común,

simple tablilla, Benito

 

Tú escondes mi zapato

una historia de pasos desiguales

unos caminos de barro y agua,

unas ideas de sueños trasnochados.

Una filosofia sobre las estrellas y el abismo,

que hace el fondo cuando nosotros lo miramos.

 

Benito, si a tí te toca antes

Yo te acomodo tu zapato!

El aroma de la pecosa,

la mejor edad de los tomates,

Y el respeto de esos momentos

Aunque bien que me reía,

cuando te ponías los dos zapatos...

 

Benito, que decirte

metamorfosis Benito!

La existencia se aburre,

se transforma

El ronroneo verde de los ojos del gato,

un malvón

soportando el rigor del verano, Benito...

 

Nnosotros revisando el camino a la muerte...

La nostalgia Benito!

Que alguna vez fue pecado.

Te acuerdas Benito?

Querías casamiento

el té a las dos,

una mesa de nácar,

un tablero caoba,

piezas de ajedrez,

marfil color blanco,

dos libros, uno negro

el otro blanco,

un hilillo dorado en el costado,

una ilusión, un sueño

la pluma, tinta azul

para escribir la historia

de un único zapato.

 

Héctor Díaz

 

22 de Junio del 2007.

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