Eduardo Rapiman, un pintor mapuche trascendental

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(Visita también: Azkintuwe. Periódico mapuche)

La discriminación estructural exsitente en Chile contra el pueblo mapuche, no ha logrado callar las distintas expresiónes artísticas con que algunos integrantes de su nación, muestran trazos de su vida y la de su pueblo.
Dentro de ese contexto les presento entonces al pintor mapuche, Eduardo Rapimán.



Eduardo Rapimán Marín más allá de su juventud, es un artista de amplia experiencia y trayectoria y que hace rato viene trascendiendo las fronteras. En estos últimos años, Eduardo viene haciendo escuela con un arte expresivo e intenso, siendo ya un importante referente para varios nuevos artistas que vienen incursionando en la pintura.

Eduardo o “Lalo”, como le dicen sus amistades y familiares, tiene como residencia la localidad de Pitrufquén, en la región de la Araucanía, donde viven sus padres y hermanos, pero pasa gran parte de su tiempo en Temuco, donde se desarrolla profesionalmente y participa activamente de la agrupación de jóvenes técnicos y profesionales Mapuche Konapewman.

Más aún, en su incesante búsqueda de nuevos horizontes e inquietud constante, Eduardo se ubica transitoriamente en Castro, en la mítica Isla de Chiloé donde intenta desarrollar algunos proyectos relacionados con la producción de arte audiovisual, según él “para la supervivencia” ya que el arte pictórico no deja dividendos, solo satisfacciones.

Su origen territorial, al cual está estrechamente vinculado, es Huilío, sector Mapuche en las proximidades de la comuna de Freire, cuya población mantiene viva la tradición de un milenario encuentro, el Kamarikún, donde participan cada 4 años más de cinco mil mapuche y que es organizado por su comunidad, manteniendo estrictamente las tradiciones bajo el apego social, cultural, filosófico y espiritual, del cual Eduardo se siente profundamente orgulloso, ya que participa activamente de él junto a su familia.

En relación a los elementos que utiliza Eduardo en sus obras, el mismo señala al respecto:

“Muchos elementos convergen en mi pintura a modo de formas, volúmenes, colores y texturas que unidas a la vitalidad espiritual originaria me sumerge en el relato y testimonio de un ciclo único, subjetivo pero existente. La presencia de mascaras, personajes antropomorfos y animales responde a la comunión con un mundo ancestral poblado de seres fabulosos, los que revelan su mensaje a partir de gestos, ritos y ceremonias. Por tal motivo busco la integración de esta percepción ancestral en un lenguaje del presente, así nace la composición intensa de estas realidades en mi pintura.”

Para varias personas del medio artístico, las obras de Rapimán, son de gran formato, las que trascenderán con el tiempo, ya que en su puesta en escena a través de sus pinturas han aparecido genialidades y que marcan la proyección de un gran artista, con grandes posibilidades de consolidarse y en todos los niveles.

Al ser consultado sobre sus primeras obras, responde lo siguiente:

“Mis primeras obras las realicé al inicio de los años 90, en ellas se despliegan seres desde la negación, muchos de ellos involucrados con la carácter contestatario de la juventud urbana, posteriormente se produjo un encuentro con la poética contemplativa de las creencias comunitarias desde las reducciones (reservas de territorios mapuche), validar esta temática me llevo a indagar en la historia y en los relatos donde el rito y la ceremonia se entremezclaron con el acto de pintar.

Complementando los planteamientos anteriores, en la actualidad mi trabajo se dirige a comprender el nuevo territorio que la lógica de la reducción versus la oralidad a construido para la colectividad indígena contemporánea, en el mundo moderno y entre la tecnología la dignidad de una sociedad originaria reclama el derecho de heredar en la urbanidad una memoria y una verdad. Aquí, las imágenes que a mi juicio capturan la esencia de este mensaje son los actos fragmentados de seres cuya vida solo encuentran justificación en la entrega litúrgica a la tierra. Estos seres rondan también en una atmósfera superterrenal donde la vida es solo una fracción de segundo y su gesto solemne cobra relevancia aun entre la muerte”

Eduardo se ha destacado por su excelente calidad artística, inspirado principalmente en la temática Mapuche, quizás por la inspiración que le da su origen territorial en Huilío, al que acude periódicamente.

Varios de sus trabajos han sido motivo de ilustraciones en revistas, libros, como también en diversas exposiciones locales en diferentes comunas en Chile, como también en diferentes lugares del mundo, tanto en Asia, norte América y Europa, las que han sido muy bien acogidas y con excelentes opiniones de crítica especializada.

¿Qué es lo que hace inspirar a un pintor con esas características? ¿Qué es lo que trasciende en la existencia para él?. Sobre esto, Eduardo se explaya:

“La existencia se me presenta como una revelación permanente y no soy indiferente a la señal que ilumina y da forma a lo que mis ojos ven y que mis manos interpretan. Aquí tengo la impresión de que mis obras hablan de una conciencia sin tiempo, donde los signos del imaginario visual mapuche asumen su relevancia de representaciones animistas y espirituales, en señales donde descansa el afecto y la sensibilidad de quienes se descubren día a día en la tierra”.

Continúa diciendo... “La naturaleza creativa indoamericana y el mundo precolombino pasa a ser más que un referente a la hora de definir la inspiración de mi oficio, mi vida gira en torno a la concepción y la practica cultural de una sociedad mapuche vigente, sociedad que enfrenta no solo la problemática de una sujeción sociopolítica sino también una crisis identitaria frente a un medio indiferente que nos valida solo en un lenguaje mestizo. Ante estas circunstancias la pintura surge como un nuevo cimiento que sostiene las energías emotivas de los signos, el espacio pictórico me ofrece posibilidades reveladoras de la naturaleza cultural del territorio mapuche”.


Tomado de Rebelión

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Viernes, 06 de Noviembre de 2009 11:40. Autor: Guillermo Ortiz-Venegas. Ver como artículo separado. Tema: El pueblo mapuche.

Realidades absurdas

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(Visita también: Palestina)

Me encontré con mi amigo Pelle en el trencito local ese, que nos mal traslada de un punto a otro dentro del Gran Estocolmo. Porque desde que lo privatizaron ya nunca sabes a qué horas pasa, ni menos aún a que parte de la Venecia del norte iras a ir a dar.
Sentados uno frente al otro, sacamos nuestros respectivos diarios matinales y nos enfrascamos en lectura obligada.
Supe que a uno de nuestros vecinos lo encontraron muerto, me dijo y carraspeo en forma incomoda. De quién se trata? le inquirí pensando en mi propia suerte. Fijó su mirada en algún punto lejáno a traves de los impecables cristales del flamante trencito y me dijo que Arne, el jubilado aquél, simpaticón y bonachón que bebía más de la cuenta. Te acuerdas? Lo encontraron muerto después de transcurrido casi un año. En su departamente y solo. Y ya no olía a nada. A nada!? le pregunté. Tal vez a madera empolvada y sucia, pero a cadáver abandonado! No, no, no! nada de eso, agregó Pelle y se reacomodó en su asiento.
Carájos! Exclamé en forma espontánea. Y cómo estaba? pregunté con ansiedad creciente pues a Arne lo conocía bien y ahora que lo pensaba mejor, pues claro que no lo veia ya desde hacia mucho tiempo atrás.
Estaba!? Respondió Pelle insinuando una ironia en ese, su eterno estilo que yo a veces aborrezco y me preparé para lo peor.
Era solamente una pequeña mancha sobre el piso del dormitorio. Y no hizo más falta que una cucharilla para borrar su pasado y también su presente del mundo de los vivos. Algo asi como el pincelazo furioso de un pintor sobre error cometido en su tela.
Pelle soltó una risita sarcástica y yo lo traté de imitar, pero es tan garboso todo esto – preguntó una voz en el interior de mi concicencia influenciada por el consumismo de la sociedad de bienestar sueca – como para suponer que cualquier risotada forzada puede reemplazar la tragedia diaria de cientos de miles que, sin razón y muy callados, murmuran sus últimos lamentos de piedad sin que nadie los acompañe? Abrir una firma de “lloronas” en este país, seria a lo mejor rentable.

Mas para proteger nuestro solar y esparcimiento, el río Bug - con sus 1200 kilometros de extensión que se desplaza por la frontera polaca con Rusia, Belorusia y Ucrania – se ha transformado en el Río Grande de Europa. Este río-frontera en la américa del norte que separa a EEUU de México y del resto de latinoamérica, es el modelo que utiliza hoy día la mal parida Unión Europea (UE), para separar a los países ricos de los pobres en el viejo continente. El río Bug es actualmente la frontera entre el ”bienestar” del que supuestamente gozamos todos los miembros de la UE y los que no lo son.
Una vez más, Europa ha sido dividida en dos. Pero ahora no con un muro, sino con la ayuda del Tratado de Schengen. Tratado que le permitiría a todos los ciudadanos de la UE, el traslado sin pasaportes entre sus fronteras. Y digo ”permitiría” porque el requisito indispensable para tal privilegio es tener estampa de europeo unionista, para poder sobrevivir con algo de dignidad en este gran condominio, que es la europa occidental actuál.

Por una orilla del río Bug, guardias fronterizas polacas vigilan nuestro reconfortánte y bien merecido descanso nocturno, mientras que por la otra, una enorme masa de desesperádos está dispuesta a jugarse la vida a cambio de un futuro mejor. Son los gitanos de la Europa del Este, albaneses y ciudadános de la ex-Unión Soviética, los más indeseados en el floreciente paraíso artificial de la UE.

Pero pongámosle una alegre pizca de samaba brasilera a todo esto. Porque a algún genio de ese país, se le ocurrió la brillante idea de levantar un muro entre las miserables favelas del pueblo pobre y el paisaje de tarjetas postales oficiales del país carioca.
Algo me dice que a partir de la caida del Muro de Berlin, a finales de la década de los ochenta, el nuevo milenio ha traido brisas nostálgicas que apuntan a duros trabájos de empalizadas separatistas. Si no me creen, pues preguntenle a los ingenieros de construcción israelíes en que se ganan el sustento diario.
Y en el caso brasilero, lo único que conseguiran será dejar cesantes a los miembros de los Escuadrones de la Muerte (la propia policia camuflada de “aseadores” nocturnos), que se dedican a ajusticiar niños callejeros y desamparados cuando duermen tirados por las calles, ensuciando con su presencia, los agradables momentos de turistas europeos y yanquis.

El día en que empiecen a levantar muros alrededor del barrio en que vivo en Estocolmo, será el día en que me pondré un cinturón de dinamita, me tomaré un caro whisky, escribiré mi última carta, sacaré mi imagen recién afeitada de mi espejo favorito, y me inmolaré sin hacerle daño a nadie.
Porque a lo mejor, el que no entiende nada soy yo. Y porqué entonces dañarte a ti, lector de mis columnas algo desabridas.

Mi tiempo se está acabando y como de costumbre, estoy falto al contante. Mas en general – y aún a riesgo de ruborizarme - podria afirmar que estoy satisfecho por tanta situación ”curiosa” que me ofrece la vida.
Pero no debemos olvidar que todo es relativo, y que mañana estaré sin duda alguna asi como he estado siempre. Es decir, con la cabeza en la línea y el tren piteando.

Habemus novus parasitus!

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Lunes, 02 de Noviembre de 2009 13:24. Autor: Guillermo Ortiz-Venegas. Ver como artículo separado. Tema: Reflexiones desde las cloácas.

Gota a gota, tiempo a tiempo

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(Visita también: Héctor Díaz )

Perdida tarde de invierno
escondida en la memoria,
tenuemente va llegando
con el andar de los tiempos.
Cavilante, la gotita,
suspirando en los cristales,
sucesivamente, corriendo,
como un hilo en la tormenta.
Simfonía de los techos,
va saturando canales,
es la música del trueno,
que se muere en la vereda.
La monótona cascada,
que va bajando del techo,
mientras el olor de la leña
va dibujando a mi abuela.
Sombras despide el brasero,
fantasmas que se entretienen,
mientras llorando ese fuego
su llamas van sin regreso.
El mundo se apiada un tanto
del suave y humilde sueño,
y son seguras las horas
que las va alargando el viento.
Y me va doliendo el horno,
horno de pan del abuelo,
paja y adobe con un algo de revoque,
enfrentado en solitario,
con los miedos de la noche.
A fuerza de otros recursos,
entrecruzamos los dedos,
la pared se va llenando,
con gaviotas y sus vuelos.
Con el premio de la luz
que va dejando el brasero,
las luciérnagas se alzan,
lentamente y sin apuro
acompañando mi sueño.

Chispitas que van al techo,
y se apagan sin consuelo,
mientras se siente el aullido
del viejo guardián, mi perro,
aún me sigue ladrando,
con sus ojitos de bueno,
con sus orejas caídas,
en las memorias del tiempo.
Por eso cuando la lluvia,
me va escribiendo el silencio,
busco las horas tranquilas
gota a gota, tiempo a tiempo.

Héctor Díaz
31/10/2009

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Sábado, 31 de Octubre de 2009 22:01. Autor: Guillermo Ortiz-Venegas. Ver como artículo separado. Tema: Héctor Díaz.

El culturista

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(Visita también: Reflexiones desde las cloacas)

”Si todos supieran nadar en éste mundo, nadie moriría ahogado”, dijo uno de los policias encargado de recoger el cadáver que el mar habia arrojado a la playa.
”Si nadie supiera nadar en éste mundo, entonces si que no moriría nadie ahogado, ya que nadie se atrevería a tirar al agua” - le respondió su colega y metiéndo una de sus manos a un bolsillo del pantalón, sacó un arrugado pañuelo con el que se sonó estrepitósamente la nariz.

Unos cuantos meses antes de que su cuerpo fuese encontrado en una de las tantas playas del litoral, ya maloliente pero intácto, se habia decidido. Empezaría a entrenar culturismo físico, como una primera fase de la recomposición general de toda su vida que se habia propuesto. En varias ocasiones habia estado a punto de dar ese paso, pero siempre algo se habia interpuesto, aplazando su decisión. Y cada vez que esto así ocurría, sentia como una angustia gigantesca lo invadía entero, hundiéndolo en largos periodos de depresión.
Sólo, sin amigos ni conocidos, se iba a la playa y se dedicaba a observar de lejos como el grupo de hombres jóvenes que entrenaba en el gimnasio al aire libre alli dispuesto, mostraban sus enormes músculos y sus bronceados cuerpos a las muchchitas que iban a ese lugar en busca de un furtivo polvo sobre la arena y también - porqué no? - con la esperanza de ser la amante permanente de alguno de aquellos hermosos y fuertes machos. Veia con creciente envidia como estos soltaban fuertes carcajadas al viento y llenos de confianza en si mismos, galanteaban con las jóvenes y bellas hembras, que él tanto deseaba poseer.
Podía estar horas y horas contemplándo aquél ancestral juego entre el hombre y la mujer, bebiendo cortos sorbos de una botella de vino que siempre era su única compañía. Al caer la tarde, se incorporaba penosamente de la ya fria arena, recogía sus pocas cosas y arrastrando con cierta dificultad su pobre cuerpo, se iba al cuchitril en donde vivia y con frenesí e impaciencia, comenzaba a planear el día siguente.

Pero la sóla idea de imaginarse entrenándo al aire libre lo llenaba de pánico, haciéndolo desistir de su decisión tomada cada noche. Después de mucho cavilar caía en un agitado y tormentoso sueño que lo hacían despertar cada vez más y más convencido que debía llevar a cabo lo que se habia propuesto. Pero no se atrevía. Sin embargo, algo en su interior, le decía que esa era su única alternativa de vida. Y cada día se encontraba más y más cercano a la terrible disyuntiva de tener que traspasar el zócalo de la puerta de algun gimnasio o no. Para enfrentarse con la cruda realidad de ver su cuerpo reflejado en los montónes de espejos que llenaban las paredes de esos locales y que lo ponian literalmente enfermo. Pero peor aún era pensar que tenia que recurrir a la ayuda de un instructor para que lo guiase a través del laberinto aquél de máquinas y pesas desparramadas por todos lados. Porque si habia algo que estaba mucho mas allá de lo que podía tolerar, era justamente su incapacidad de reconocer que su cuerpo no era más que una caricatura de hombre. Ya que, a pesar de todo, aún le quedaba algo de vanidad en vida.

Habia dedicado varios dias a la búsqueda de algún otro gimnasio, algo más discreto y cubierto, que le permitiera comenzar su pequeña y privada revolución personal. Y - para bien o para mal - lo habia encontrado. Los dias siguientes los ocupó planeando como haria su entrada en ese local. Frente al mismo y por la acéra de enfrente, habia una pequeña y muy agradable cafetería, en donde se instalaba a contemplar a la gente que entraba y salía del gimnasio, bebiéndo incontables tazas de café que lo ponian más nervioso aún, y cuyo sabor ya detestaba.
Cada vez que veia entrar a alguien de su misma edad y con ciertos parecidos físicos a él, se sentía optimista, sintiéndo una cierta complicidad con la persona en cuestión. Pero cada vez que veia entrar a hombres bien entrenados y llenos de energía, renacían sus complejos y su convencimiento de que jamás sería capaz de entrar, se transfomaba en obsesión.

Muchos de lo habituales de aquella pequeña cafetería, eran precisamente hombres y mujeres que venían de su entrenamiento diario y pasaban por allí a servirse algo reconfortante, como premio a sus esfuerzos después de un duro rato entre pesas y ejercicios comunes.
Al comienzo los escuchaba con mucho interés y envidia, al evidenciar que no entendía de lo que hablaban. Pero, luego descubrió que ahí había una fuente de información muy valiosa de la cual podía profitar, cuando se dió cuenta que en sus conversaciones se referian a tal o cual ejercicio, a una u otra dieta, ese o aquél método para optimizar el desgaste de grasas en el cuerpo, a la definición de tal o cuál músculo y en general, cuando los escuchaba utilizar términos que para él eran totalmente desconocidos, pero que podrían ser de provecho en su incierto futuro.
Los odiaba a la vez que no podía evitar admirarlos, cuando los veía moverse de un lado a otro por ese local, llenos de vida, alegres y hermosos, cubriendo sus bien definidos cuerpos con ropas que les hacian resaltar los músculos y que - con toda seguridad - costaban mucho más de lo que él podría permitirse. Más de alguna vez se habia quedado sentado en su mesa por horas y horas, sin atrever a irse de alli por la verguenza que le causaba el tener que pararse de la silla y caminar por entre las mesas circundantes hasta la salida, dejándo al descubierto su caricaturesco y deformado cuerpo, revestido con ropas estropeadas y pasadas de modas.
No es que tuviera algún defecto físico. No. De ninguna manera! Pero era obeso, de baja estatura, de piernas gruesas y cortas y - lo que él consideraba peor - dueño de una panza descomunal que comenzaba en su pecho y terminaba sobre la parte superior de sus muslos, escondiendole totalmente la pingaja vírgen que hacía el papel de pene.
Permanentemente brillando como efecto de una pegajosa transpiración que siempre le cubría el cuerpo, no era precisamente un Adonis. Amargado y triste, se sumergía en su acto de beber taza tras taza de café, esperando con resignación que fueran abandonando el local para poder hacer lo mismo sin que nadie lo viera.

Ya en su habitación, demoraba lo que más podía el momento de desvestirse porque, aún cuando nadie lo veia, sentía que ese sólo acto era ya una ofensa a la Belleza. Y una rabia enorme lo invadía cuando, sacandose la camisa, dejaba su enorme barriga al descubierto mientras en su cerebro se repetía una y otra vez una sola pregunta: ”Porqué yo?”, ”Porqué justamente yo?”.
Una vez en la cama se tumbaba de cúbito dorsal para, de esa manera, aplastar esa repugnante masa de grasa y carnes flácidas y evitar sentirla a su lado, sobre la cama, como si fuese algo que tuviese vida propia. Ya extenuado, se ponía a pensar en el día de su liberación, de su redención definitiva y su paso a otra vida mejor y llena de tentadoras hembras jóvenes que no harian más que follar y follar con él, y su nuevo y hermoso cuerpo. Se hundía en un pesado sueño cargado generalmente de pesadillas en las que - casi siempre - se veía corriendo desnudo por las calles más céntricas de la ciudad.
A veces lograba masturbarse después de haber soñado con una hembra jóven y bronceada. Y a veces, no.

Hasta que un buen día se decidió. Como la caida de un rayo del cielo, le llegó el valor necesario para dirigir sus pasos hacia el gimnasio, abrir su pesada puerta y acercarse hasta la recepción del mismo, donde una guapa muchacha lo invitó a entrar con una amable sonrisa en su cara. El nerviosismo casi le impedía hablar, pero ya no habia vuelta atrás y con temor, se ubicó en el mostrador sin saber exactamente que decir.
Dió una rápida mirada por el gimnasio y se tranquilizó un poco, cuando advirtió que nadie tomaba nota de su presencia alli: cada uno estaba en lo suyo, preocupado de cuidar su cuerpo de la manera más efectiva posible sin tiempo para nada más.
Cordial y amistosa, la muchacha de la recepción le lanzó una mirada interrogativa, invitandolo a hablar. Balbuceando algunas frases incomprensibles trató de expresar sus intenciones, pero no lo logró del todo y la muchacha acentuó más aun su interrogante mirada hacia él, haciendolo arrepentirse de su audaz decisión.
Pero el instinto de sobrevivencia fue más fuerte que su endeble autoestima y logró hacerse entender sin que fuese demasiado penoso.
La guapa muchacha tomó un micrófono y llamó a uno de los instructores para que se hiciera cargo de él y su enorme panza. Al instante llegó un tipo buenmozo el cual lleno de energía, dientes blanquisimos y movimientos preestudiados, le preguntó cual era el objetivo final de sus planes deportivos, ”Bajar de peso?”, ”Ganar masa muscular?”, ”Obtener una buena condición física?”, ”O tal vez, una combinación de todo lo anterior, eh?” - Y agregó, así como al pasar - ”Y porqué no un cuerpo hermoso y atrayente, eh?”, ”Qué te parece la idea?”. Sin más ni más ya lo habia empezado a tutear, cuestión que no supo como interpretár, ruborizándose al sentir la mirada del otro, escudriñando su cuerpo de arriba a bajo y deteniéndola en su colgante barriga de senador romano decadénte.
En el interior del gimnasio, una pesa cayó pesadamenate sobre el piso de linóleo produciendo un sonido sordo y seco. Como un gongón del destino.

Demostró ser un alumno muy eficiente y empeñoso, y al cabo de unos cuantos méses había logrado bajar veinte kilos de grasa, sustituyéndolos por casi diez de fuertes músculos. Si bien es cierto algo de su antigua panza aún luchaba por hacerle la vida imposible, estaba conforme con lo logrado y, seguro además, que al cabo de unos pocos méses más, tendría el cuerpo que siempre habia deseado y por el cual luchaba hora tras hora en el gimnasio.
Sin ser un gran aficionado a los libros, se habia enriquecido, sin embargo, de un amplio y erudito vocabulario, escuchando a instructores, culturistas profesionales que allí entrenaban y, en general, de conversaciones dispérsas que escuchaba por aqui y por allá, mientras atacaba con entusiasmo las pesas.
Pocas veces preguntaba algo y no conversaba con nadie, lo cual creó una errada imágen de su persona cosa que a él no le desagradó en absoluto sino, muy por el contrario, aceptó de buen grado. Daba la impresión de ser un empecinado y muy responsable culturista. Pasaba además por serio, respetuoso y de hombre de objetivos bien definidos. Y aunque algunas de esas cualidades coincidían con sus verdaderos propósitos y su manera de ser, no era tampoco menos verdad que su motivación básica era la de lograr simplemente erradicar el enorme complejo de inferioridad que lo había acompañado durante casi toda su vida, transformandolo ahora en un fanático irracional y totalmente dependiente de los preparados hormonales que secretamente habia empezado a consumir, para lograr un rápido y eficaz crecimiento muscular. Y con ello, un lugar también en lo que él creia era el mundo normal.

Con no disimulada vanidad, habia descubierto que algunas de las muchachas que alli entrenaban le lanzaban una que otra mirada de interés, haciéndolo doblar el peso de las mancuernas con que entrenaba para impresionarlas y llamar aún más su atención.
Había decididio que era tiempo ya de ir a entrenar al gimnasio al aire libre que tanto añoraba! Y a pesar que aún se seguía masturabando en la solitaria cama de su lúgubre cuchitril, sentía que el desvirgamiento estaba cada vez más al alcance de su mano.

Como en todo lugar en donde hay seres humanos envueltos, se encontró con una rigida y muy respetada jerarquía interna. Los más fuertes y musculosos de aquél reino encadenado por los prejuicios, regian despiadadamente sobre los más débiles y todo lo que ellos decian o hacian era aceptado como verdad absoluta sin derecho a réplica ni critica. Y como en toda escala social, constaba también éste orden, de un jerarca superior con una pequeña elite de elegidos a su alrededor.
El Maestro, como se hacia llamar por sus ”súbditos”, era un hombre de unos 30 años de edad, de pelo corto cortado casi al rape, lo que acentuaba aún más la crudeza de su rostro marcado por las huellas del abuso prolongado de anabolas, hormonas de crecimiento y otros esteroides. Tenía los ojos permanentemente inyectados en sangre y no era raro verlo hablar solo mientras atacaba con furia una y otra vez las mancuernas mas pesadas del gimnasio.
Si notaba que alguien lo miraba demasiado, lo atacaba sin piedad levantando a su victima del suelo con una mano, mientras que con la otra le acertaba repetidos golpes en el estómago hasta que el otro caía sin respirar. Porque estaba convencido de que, aquél que lo miraba le absorvia energias de su cuerpo haciendolo más débil y enclénque.
Y cuando levantaba pesos casi inhumanos, exigia completo silencio y nadie se atrevía a violar esa norma absurda de tirano despiadado.
Alabado por su consorte de ser un gran follador, tenia 3 ó 4 amantes que dócilmente aceptaban ser tratadas como esclavas sexuáles y que le concedian sin chistar todas las perversiones que se le antojaban.

Nuestro personaje sentía, por supuesto, una gran admiración por ese paquete de anabolas y aún cuando nunca le habia dirigido la palabra, se sentía como un miembro más de su elite. Entrenaba a las mismas horas que él y de reojo, lo miraba e imitaba casi a la perfección los distintos ejercicios que éste hacia. Ya finalizado su entrenamiento, se tiraba sobre la caliente arena a descansar a prudente distancia del Maestro, pero lo suficientemente cerca como para oir lo que decía. Incluso, se habia cortado el pelo de la misma manera que su gran ídolo.

Cierto dia se atrevió a dar el gran paso y acercandose a su dios, le dirigió la palabra para pedirle consejos e instrucción, lo cual se demostraría más tarde haber sido una idea fatal. ”Maestro! - le dijo con voz temblorosa - ”Quisiera tener el cuerpo que tu tienes y la fuerza que tú posees”. ”Como lo puedo lograr?”. ”Estoy dispuesto a hacer todo lo que me digas, con tal de ser como tú!”. El Maestro lo miró con mezcla de curiosidad y desprecio y con ironia en su voz le respondió: ”Estás verdaderamente dispuesto a todo?”. ”Ok!”. ”Mañana a las 5 de la mañana empezamos tu entrenamiento”. ”Sé puntual pues de lo contrario te arrepentirás!” No hubo amenaza en su voz sino más bien una advertencia implicita. Como esas que se le hacen a los niños: grave pero a la vez suave y tranquila.

Esa noche pudo apenas conciliar el sueño y una alegría profunda lo invadió. Se sentía realizado y lleno de optimismo y las horas se le hicieron interminables de largas. Porque casi no durmió por temor a despertar tarde y no llegar a la cita con el Maestro.
A las 4.30 de la mañana dejó su cuarto y se encaminó a paso calmado al lugar de la cita: un lugar desolado y apartado de la playa y aunque sintió extrañeza por lo desusual de la ubicación del lugar, no se atrevió a comentarlo con aquél.
Aún hacia frio y una tenue neblina se desplazaba desde el mar por sobre la gris arena de la playa. Habia elegido sus mejores ropas para tan gran acontecimiento y sentía prisa y apuro por empezar su entrenamiento que lo llevarian a lograr un cuerpo perfecto: como el del Maestro!

Al llegar al lugar de la cita se encontró con aquél reyezuelo de gimnasios ya esperándolo. Se puso un poco nervioso pues pensó que a lo mejor lo habría irritado al hacerlo esperar, pero su sorpresa fue grande cuando vió que el Maestro lo estaba esperando con una amplia sonrisa en su rostro y una actitud general que nuestro personaje interpretó como amistosa.
Se detuvo frente a él y sin saber que hacer desvió su mirada hacia el mar que parecia un gran caldo en ebullición. ”Sácate la ropa.” ”Vamos a nadar. Es la primera fase del entrenamiento!”, le dijo.
Se sacó toda la ropa y conservó solamente los calzoncillos. Un frio intenso lo invadió y sintió como si miles de pequeños cuchillos le estuvieran penetrando el cuerpo. El Maestro hizo lo mismo y con decisión y sin dudar, se dirigió hacia el mar zambulliéndose en sus frias aguas. El lo imitó y dándo algunas brazadas se situó a su lado. El Maestro dió vuelta su cabeza y lo miró en forma intensa y ya no había amistad en su mirada sino odio y desprecio: ”Hijo de puta!”. ”A mi nadie me dirige la palabra asi como lo hicistes tú!”. ”Y eso no te lo voy a perdonar!”. E irguiéndose sobre el agua, levantó sus poderozos brazos y los dejó caer pesadamente sobre los hombros de nuestro sorprendido personaje, hundiendolo bajo el mar. Le tomó unos cuantos segundos entender lo que estaba a punto de pasar, pero cuando lo hizo era ya demasiado tarde. Dos fuertes brazos lo mantenian allá abajo, próximo al infierno y a la muerte. Se batió en forma desesperada, pero lo único que consiguió fue gastar sus últimas energias en ese intento desquiciado por agarrarse a la vida. La boca se le llenó de agua salada, que rapidamente bajó a sus pulmones impidiéndole respirar. Al cabo de otros cuantos segundos ya estaba todo consumado y, transformado ahora en cadáver, se deslizó lentamente aguas adentro, hacia el cadálzo de la muerte.
Un nuevo día comenzaba a nacer, y un nuevo ser acababa de morir.

”Seguramente le dió un calambre.” ”A quién se le ocurre nadar en aguas tan frias?”. Dijo uno de los policias. ”O a lo mejor estaba borracho”, dijo el otro y prendiendo el primer cigarrillo del día, le dió una profunda aspirada que lo mareó y le produjo náuseas. ”Mierda! Tengo que dejar de fumar!”, dijo y tiró con rabia el pitillo aplastandolo sobre la húmeda arena.
”Se veía bien entrenado, el hombre”, acotó uno de los representantes de cualquier Ley, cuando cerró el cierre de metál del saco en el cual metieron el cadáver.
Y tal vez, fue ese el único reconocimiento que alguien le hiciera y aunque póstumo, es necesario contarlo para no faltar a la verdad.
Porque tarde o temprano a todos se nos hace justicia. O no?

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Miércoles, 28 de Octubre de 2009 02:23. Autor: Guillermo Ortiz-Venegas. Ver como artículo separado. Tema: Cuentos del autor.

Elicura Chihuailaf . Su vida y obra

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Foto: Árbol típico del sur chileno. Su denominación en castellano es Araucaria. En mapudungun se llama Pewen, y es un árbol sagrado en la cultura mapuche.

(Visita también: Azkintuwe. Periódico mapuche)

Nacido en 1952, el destacado poeta mapuche Elicura Chihuailaf Nahuelpán, nieto de caciques, creció en una comunidad mapuche llamada Quechurewe, en un sector precordillerano a setenta y cinco kilómetros de Temuco.
Titulado de Obstetricia en la Universidad de Concepción, se dedicó a la creación poética y a la difusión y defensa de la cultura de su pueblo. Ha desarrollado una vasta labor literaria y cultural, fundamentalmente en la ciudad de Temuco, donde reside. Junto al poeta Guido Eytel publicó durante varios años la revista Poesía Diaria y en calidad de encargado del área cultural del Centro de Estudios y Documentación Mapuche LIWEN editó la revista de arte y literatura mapuche Kallfvpvllv (Espíritu Azul).
Fue organizador de importantes acontecimientos literarios como las dos ‘Zugutrawvn’ o ‘Reuniones en la Palabra’ entre poetas mapuches y no mapuches (Temuco y Santiago, 1994) y el Taller de Escritores en Lenguas Indígenas de América (Temuco, 1997). A petición de la editorial Pehuén tradujo al mapudungun una selección de poemas de Pablo Neruda, titulada Pablo Neruda, Todos los cantos / Ti kom ul (1996).
Hasta la fecha ha publicado los poemarios El invierno y su imagen (1977), En el país de la memoria (1988) y A orillas de un Sueño Azul (1991), – reorganizados y publicados bajo el título de El invierno, su imagen y otros poemas Azules (1991) –, y De Sueños Azules y contrasueños (1995).
El trabajo de Elicura Chihuailaf es muy valorado dentro y fuera de Chile. De Sueños Azules y contrasueños, volumen escrito gracias a una beca de la Fundación Andes, fue premiado en 1994 en la categoría ‘Mejores obras literarias inéditas de poesía’ por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura. El poeta ha participado en numerosos encuentros y jornadas literarias, tanto nacionales como internacionales, y ha sido invitado a leer su poesía en México, Suecia, Holanda, Italia, Francia y Alemania.

J.A. Moens
Agosto 1999
Tesis de licenciatura
Supervisor: Prof. Dr. F. Lasarte
Dpto. Lingüística y Literatura Hispánicas
Universidad de Utrecht




Presento más abajo un poema de Elicura, en su versión castellana y mapudungun.

LA LLAVE QUE NADIE HA PERDIDO
La poesía no sirve para nada
....me dicen
Y en el bosque los árboles
....se acarician
con sus raíces azules
y agitan sus ramas el aire
saludando con pájaros
....el Rastro del Avestruz
La poesía es el hondo susurro
....de los asesinados
el rumor de hojas en el otoño
la tristeza por el muchacho
que conserva la lengua
pero ha perdido el alma
La poesía, la poesía
es un.... gesto, un sueño, el paisaje
tus ojos y mis ojos muchacha
oídos corazón, la misma música
Y no digo más, porque nadie
....encontrará
la llave que nadie ha perdido
Y poesía es el canto de mis
....Antepasados
el día de invierno que arde
....y apaga
esta melancolía tan personal.

INI RUME ÑAMVM NOEL CHI LLAFE
Feyti vlkantun che mu rume
....kvmelay, pigeken
Ka fey ti mawizantu ayiwigvn
....ti pu aliwen
ñi kallfv folil mu egvn
ka ñi chagvll negvmi ti kvrvf
chalilerpuy vñvm egu
....ti Pvnon Choyke*
Feyti vlkantun alvkonchi wirarvn
....feyti pu lalu
kiñe pin ti tapvl rimv mew
feyti weñagkvn feyti wecheche
ñi petu zugu ñi kewvn
welu ñami ñi pvllv
Feyti vlkantun, ti vlkantun fey
kiñe.... pewma feyti afvl chi mapu
tami ge ka iñche ñi ge, vlcha
allkvfe piwke, ka feychi
....vl zugulvn
Ka zoy pilayan, ini rume penolu
ti llafe ini rume ñamvn nolu
Kas vlkantun fey ñi vl tañi
....pu Kuyfikeche
pukem antv mu vy lu ka chonglu
feyta chi kisu zwam weñagkvn.

*Rastro del Avestruz (Cruz del Sur)

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Viernes, 23 de Octubre de 2009 09:26. Autor: Guillermo Ortiz-Venegas. Ver como artículo separado. Tema: El pueblo mapuche.

Nacimiento y muerte

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(Visita también: Héctor Díaz )

Extensa dimensión del pensamiento,
el hombre y su tiempo,
tiempo del hombre y su poesía,
la poesía del tiempo,
y todos los tiempos,
que son los ecos de la poesía del hombre.

Borroneo, para saber quien soy,
indago en el fonema inicial,
la tierra parida por la galaxia,
la soledad primaria,
escondida detrás de la espera,
en el tiempo que no existían las palabras,
el barro y las gotitas de lluvia,
se amaron, para crear la vida.

Inmenso epitelio, de rocas y silencios,
horizontes quebrados, fuegos alucinados
noches de miedo, el sol inaugurando a dios
el alma del mar, con su canto mitológico
esperando la vida de los pies,
y las huellas de nuestros corazones.

Alguna vez vinieron los caminos,
cantos rodados,
la rueda, el fuego, la mirada furtiva
el llanto del niño, la lluvia, la primavera,
el sueño.
Apareció la palabra, en busca de nosotros,
inmensa aventura que inventamos,
fuimos instrumentos de los fonemas,
hicimos sonar nuestras gargantas,
llorando de amor en la rivera
de algún río que reflejaba luna nueva.

Esculpimos nuestra soledad en las paredes,
que nos expulsó del centro de la tierrra,
escribimos en las texturas duras de la piedra,
nuestra soledad convertida en impotencia,
“ Aquí te amé, bien lo recuerdo”
porque sino, no hubiera existido mi existencia.

Te amé, y te amo todavía y te amaré después de muerto,
tú eres el recorrido eterno de ese cosmo,
el cuento de terror en la vigilia,
el libro aquel del cuento de los cuentos,
el duraznero en flor, reventando en verano
la brisa con aliento a salitre, del mar de los albatros
las palmeras en fila marcando en el camino,
del aéreo espacio, las huellas de los vientos.

No somos más que la continuidad,
lo que diga de tí, lo diré de mí,
tu noche es mi silencio, tu dolor,
mi angustia.
Escribo, para saber quien soy
pinto para saber quien eres,
te busco para reconstruir la memoria
del tenue arcoiris después de la lluvia.

Cuando mis sorprendidos ojos abiertos,
dejaron la soledad de los senderos,
descubrí tu mítica mirada,
el tenue fuego de tu noche,
la inagotable sed que va contigo,
el amor que sigue siendo tan posible.

No somos más que una guitarra,
una caparazón para arrancarle el alma,
las cuerdas van templadas o disonantes,
las notas acercan nuestras ansias,
y se juntan el volcán, la lava y la mañana.

Ahora queda el silbar de una torcaza;
no es poca cosa la continuidad de la esperanza,
no somos más que el milagro de un momento,
ahí, donde se juntan, la muerte irracional,
la vida, va creando el nacimiento.

Héctor Díaz
2009-10-16

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Lunes, 19 de Octubre de 2009 18:53. Autor: Guillermo Ortiz-Venegas. Ver como artículo separado. Tema: Héctor Díaz.

Elicura Chihuailaf, un poeta mapuche fantástico!

(Visita también: Azkintuwe. Periódico mapuche)

A través de mi blog quiero presentar a un poeta inédito. Inédito en el sentido que escribe en dos idiomas, aún cuando eso tampoco podria, a primera vista, ser algo demasiado desacostumbrado en tiempos de políglotas caros, financiados por la necesidad de la globalización mezquina.
Y lo inédito entonces es que el poeta en cuestión escribe y declama en castellano, y en algo tan desconocido como el mapudungun, idioma que deberia ser lengua oficial en el sur de sudamérica, pero que el colonialismo español casi extirpó de la geografía de los idiomas del mundo.
Y esta aseveración me lleva a la constatación de que yo no sé casi nada del originario pueblo al cual pertenece el poeta que quiero presentar en este espacio virtual. Ni de su historia, ni de su cultura, ni de sus tradiciones y menos aún, de su idioma materno.

Yo viví gran parte de mi vida en el sur chileno. Entre Traiguén, pequeño pueblo de la provincia de Malléco, Temuco, gran ciudad de la provincia de Cautín, y Concepción ciudad más grande aun, de la provincia del Bio-Bio.
Si ustedes notan, de todas estas denominaciones hay solo una que es castellana; Concepción. Todas las otras son españolizaciones de términos del mapudungun.

En esas zonas agrestes pasé gran parte del término de mi infancia, del comienzo de mi pubertad y una pequeña parte de mi adolescencia adulta. Pero durante todo mi tiempo vivido en territorios mapuches ocupados por el estado chileno, jamás nadie me dijo que, aparte de mi realidad también existía otra: la del pueblo mapuche. Callada y manipulada por la Historia Oficial pro-hispánica chilena, fue una realidad fantasmal en donde sus protagonistas eran de ficción y no contables, y sus vidas algo de muy poco valor y al fin de cuentas, nada de que preocuparse.
Pero a pesar de todo esto, el idioma castellano en Chile, o su dialécto popular, está muy influenciado por vocáblos mapuches cotidianos, fenómeno que muchos desconocen.

Cuando yo era todavia un puber, decia “me achunché”. En donde achunchar en mapudungun, significa ruborizarse. O cuando decia que era un cahuin el que se armaba entorno a mis amores alocados. En donde cahuin en mapudungun siginifica que ha tomado el sentido de un chisme, porque mis amores prematuros confundian a vecinos y a maestros de escuelas rurales.
Y todavia digo que quiero fumarme un buen pucho cuando quiero decir que quiero fumarme un buen cigarrillo, después de un buen malon en mi ruka! Es decir, después de una buena fiesta en mi casa.

Mas nadie me dijo que yo usaba en mi idioma cotidiano palabras del mapudungun, de mi pueblo originario.

Elicura Chihuailaf, es un poeta mapuche que vivió, creció y se desarrolló en Temuco, la misma ciudad en donde yo pasé tal vez, los mejores tiempos de mi vida. Estudiamos en el mismo liceo, pero nunca nos encontramos. Vivimos bajo un mismo cielo, pero en dos realidades distintas. Porque mientras para él su estadia en la gran ciudad era un exilio, para mi era la normalidad de lo establecido por el estado opresor chileno.

Con mucho agrado presento entonces a Elicura Chihuailaf en una entrevista larga, mas no tan prolongada como los más de 500 años de opresión que aun sufre su pueblo.
Elicura es un poeta inedito. Escribe y declama en mapudungun, mas tambien en castellano. Esta es una entrevista larga. Pero es una entrevista necesaria.

La lucha del pueblo mapuche por su sobrevivencia, es la lucha de todos los pueblos originarios del planeta por la sobrevivencia de la Pachamama, la Madre Tierra.

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Martes, 13 de Octubre de 2009 21:39. Autor: Guillermo Ortiz-Venegas. Ver como artículo separado. Tema: El pueblo mapuche.

Las manchas en la cocina

(Puedes encontrar a Leon Gieco en Wikipedia.
Enlace a su página oficial encontrarás en la barra a la derecha.)


Se despertó con un agudo dolor de cabeza producto de la borrachera de la noche anterior. No estaba muy seguro de quienes habian participado en su juerga , pero a juzgar por el descomunal desórden que lo rodeaba, y por la cantidad de botellas vacias esparcidas por todos lados, parecian haber sido muchos.
Afuera la ciudad continuaba su devenir habitual, y el sonido de los vehiculos que circulaban por sus calles-venas le hizo pensar que tal vez, aún tenia una pequeña opción de sobrevivir. El deambular de la gente por las aceras de su angustia ingénita lo tranquilizaron un poco, pero de inmediato se preguntó con creciente ansia en que peldaño de su vida se hallaba.
El lamento de los perros vagos que a esa hora circulaban por allí, lo hicieron pensar que habia tenido mejor suerte que aquellos, aún cuando no sabía exactamente cual habia sido su contribución a la vida, que lo habia hecho acreedor a tal fortuna.

Tirado sobre una descomunal cama matrimonial que en vano intentaba reconocer, sintió miedo de recordar. Los rayos del sol llenaban toda la habitación en que se encontraba, y el chocar de sus chispas contra el ángulo de sus ojos excesivamente sensibles por la reminiscencia del alcohól, acentuaron su angustia pues en vez de ver dos paredes expuestas una al lado de la otra, vio tres.

El buzón rebosaba de correspondencia no retirada y más de algun vecino recalcó que eso no haria más que atraer a personas non gratas al barrio gentil en que vivian. Algo asi como la ganancia atrae a los parásitos de la privatización. Y que si nadie reaccionaba, alguien vendria con toda seguridad a robar asi como dios lo ordenó. Pero como ninguno de los que ahi vivian estaban excentos de pecados capitales, como esos de meter las manos bajo la falda de la hija del vecino, todos se quedaron callados criticando en silencio al dios de los correos matinales.

Calculó que era ya más del mediodia y eso fue ya suficiente como para hacerlo pensar que no todo estaba como debia estar en su vida actual. No estaba tampoco muy seguro de que dia de la semana era y menos aun si deberia encontrarse en su trabajo o era su dia libre. Afuera, la vida seguia su curso normal y el periódico matinal hacia ya un buen rato que habia sido depositado en el sobrelleno buzón instalado a la entrada de la casa ...de quién? se preguntó. Adónde habia ido a dar esta vez? Dió un pequeño giro con su cuerpo y una ola de náuseas lo invadió y optó por quedarse quieto, aun cuando una parte de su resto semicolgaba de la cama. Intentó pensar en otra cosa, y al bajar la vista hacia la alfombra para distraerse con los variados dibujos y formas de la misma, llegó a la conclusión de que era de muy buena calidad y cara. En dónde estaba?

Escuchó sin prestar atención que un grupo de pájaros revoloteaban por el jardin anterior de la casa y sin hacer el menor esfuerzo, vomitó sobre la hermosa y bien cepillada alfombra y también sobre un montón de ropa que se encontraba tirada por allí. Se limpió la boca con una punta de la celeste y suave sábana y se sintió un poco mejor. Pero, en donde se encontraba? Era algo que aún no lograba descubrir. Se semi incorporó sentandose sobre una de las enormes y blandas almohadas que adornaban la mullida cama matrimonial y buscó entre los bolsillos de su camisa un cigarrillo. No encontró nada. Soltó una maldición y se decidió a reconocer el lugar que lo rodeaba. No tenia ningun recuerdo claro de como habia llegado alli y menos aun si lo habia hecho solo o en compañia de alguien.
Gritos de niños que pasaban por afuera de la casa en que se encontraba, lo hicieron pensar que tal vez eran escolares que volvian de sus escuelas lo cual acentuó la pequeña angustia que ya empezaba a despertar dentro de él. Seria tan tarde ya?
A los tastabillones recorrió la habitación en busca de algo que le pudiera dar alguna idea de donde se encontraba y, sobretodo, en donde estaba él o la dueña de aquella agradable y bien decorada casa. Abrió un vestuario y vió con cierto alivio que la ropa que alli colgaba era de mujer. A alguien, alguna vez, le habia escuchado asegurar que la mejor manera de recuperarse de una borrachera era comiendo un poco y luego continuar durmiendo. Se propuso comprobar esa teoria y sin no pocas dificultades se dirigió a la cocina. Las primeras horas de la resaca eran siempre las peores y no habia más que soportarlas. Aunque el haber vomitado le habia alivianado un poco el estómago y se sentía mucho mejor. Pensó con esperanza, que a lo mejor podria encontrar alguna cerveza helada en el refrigerador, para apagar la sed que lo comenzaba a consumir.

El desorden en la espaciosa y moderna cocina era descomunal y trató de recordar si alguien, tal vez él mismo, no se habia agarrado a los puñetazos con alguno de los participantes de lo que parecía haber sido una batalla gigantesca, pero no llegó a ninguna conclusión.
Al acercarse al refrigerador, le llamó la atención ver unas enormes manchas obscuras que cubrian parte del piso y también de las paredes y puertas de los armarios de aquel cuarto. La asidera de la heladera estaba tambien impregnada de aquella sustancia irreconocible. Eran de un color negruzco y parecían haber sido vertidas alli como al azahar. Solamente estaban alli, como parte del decorado general de la gran cocina. Se acercó a una de ellas y la rozó levemente con la punta de uno de sus zapatos. Era pegajosa y al levantar su pié notó con repugnancia, que la parte que habia rozado se habia desprendido de su superficie negra, dejando al descubierto ahora una mancha de un rojo oscuro y algo brillante. ”Pero...qué mierda es ésto?” - se preguntó con creciente asombro y en voz alta.
Reducidos fragmentos de memoria comenzaron a cobrar vida en su embriagado cerebro, enviando centellos de luz que empezaron a iluminar parte de las escenas en las cuales habia participado la noche anterior. Sin atrevérse a creer que lo que ya recordaba casi en su totalidad, podia ser verdad , llamó a gritos al perro de la casa al cual - ahora caia en la cuenta - se habia comprometido a cuidar mientras Anna se encontraba por asuntos de su trabajo, fuera de la ciudad por un par de dias. Las piezas del rompecabezas comenzaban a encajar unas tras otras...

A Anna la habia concocido hacian un par de semans atrás en una reunión de trabajo en el taller en donde él se desempeñaba como vendedor de articulos de pintura, acrilicos, acuarelas, colores de distintas calidades y precios, paletas y pinceles, y en general todos esos artefactos que son tan indispensables para pintores profesionales, aficionados y de los otros y en dónde ella era consultante de la misma. Entre ambos habia nacido una cierta atracción que no habia prosperado más que en unos cuantos polvos hechados en el taller-estudio donde él vivía. La habia invitado una tarde para mostrarle sus trabajos hechos al óleo y luego de unas cuantas impresiones por aqui y otras por allá, habian terminado follando sobre la mesa de trabajo de él. En aquel mueble, quedaron marcadas las dos nalgas de ella. La mesa estaba llena de pintura reseca, la cual recobró vida al mezclarse con la savia vaginal de Anna, estampándo su bien formado culo, en el centro mismo de aquellla caprichosa costra de colores abandonados. Entusiasmada por la casualidad original de aquella obra, Anna decidió encuadrar sus huellas anales para incluirla en su próxima exposición que se inauguraria dentro de unos cuantos dias, en una de las ciudades culturalmente mas avanzada del pais. Se demostraría haber sido una muy buena idea. El cuadro, que ella bautizó como ”Nalgas presionadas al óleo”, tuvo un éxito enorme y fué comprado por un agente de uno de los museos más relevantes de Europa y se encuentra todavía allí a la vista de quién lo quiera admirar. Por supuesto, Anna nunca reveló la técnica que usó para crear tal obra maestra a pesar de que muchos criticos de arte y dueños de galerias le exigieron incluso, que debería darla a conocer en nombre del desarrollo del arte y de muchas cosas más.
Y fue entonces cuando Anna le pidió que viviese algunos dias en su casa para cuidar de Max, su perro pastor alemán. El, encantado de poder serle útil en algo mas allá de lo puramente carnal, aceptó sin condiciones los deseos de su amante de turno, aúnque se guardó para si lo que pensaba hacer en la hermosa residencia de aquella pintora ya consagrada y muy respetada entre los eruditos de los grandes periodicos nacionales y de sus revistas ilustradas adicionales, de los los dias domingos y festivos.

Hugo, artista multifacético frustrado, tanto por falta de condiciones naturales como también por la adversión que sentía por los estudios técnicos especializados, habia pasado gran parte de su vida de adulto conviviendo con toda suerte de pseudo artistas los que en su gran mayoria vivian a expensas de amantes ocasionales. A menudo damas cuya juventud y belleza estaban ya limitadas a fotos de albumes de años ya lejanos, pero con dinero suficiente como para mantener a un ”protegido de mucho talento” quién, a cambio de comida y algo de contante para ”gastos de materiales” satisfacían también a sus dinosaurios (como las llamaban en su jerga de tertulias ociosas) con uno que otro coito sin mucho apetito. Hugo era el más joven de todos y el que más contribuia con nuevas conquistas y contactos con criticos de arte de dudosa procedencia. Lo de Anna le habia venido como anillo al dedo pues ”la cofradia”, como pomposamente se denominaban, se encontraba momentaneamente sin financieros y con pocas esperanzas de sobrevivir, ya que el mundo del arte se reducía cada vez más a obras creadas con las nuevas tecnicas de la multimedia computacional de las cuales ellos estaban totalmente marginados, por la falta de los carisimos recursos técnicos necesarios para, al menos, intentar estar al dia con la revolución que se estaba desarrollando en el mundo del arte.
Decididos a no dejar pasar esa oportunidad, se dispusieron a planear lo que harian cuando Anna tomara sus pinturas y valijas (culo encuadrado incluido) y dejara a Hugo como amo y señor del palacete aquél donde ella vivia, junto a su amado perro Max.
Instrucciones escritas con actividades bien definidas, horarios de paseos, gimnasia canina, y horas muy estrictas de comida le fueron entregadas a Hugo el dia en que Anna partió, una vez más, a deslumbrar a sus criticos de arte y a un publico que poco entendía lo que esa extravagante pintora queria expresar y que se interesaba mas por el cóctel ofrecido y por la posibilidad de aparecer fotografiado en algun periódico local que del contenido de la misma.

Sentado sobre una de la sillas de la cocina de la casa de Anna y ya en su tercera cerveza, contempló con una mezcla de admiración y pánico las manchas de la cocina. El calor del mediodia le habia obligado a abrir las ventanas y un montón de moscas revoloteaban alrededor de las manchas y las más atrevidas se habian depositado ya sobre las mas frescas, deleitandose de ese inesperado manjar.
”Max!” - llamó sin mucho convencimiento, con la esperanza de ver aparecer a la bestia al trote, obedeciendo su decir que venga. El animal no apareció y ya no le cupo ni la menor duda de lo que habia sucedido la noche anterior, de la proveniencia de las manchas en la cocina, ni la misteriosa desaparición del maldito perro.

Ya pasada la medianoche y cuando todo lo comible ya se habia acabado y el alcohol corria a mares en la casa de Anna, se le ocurrió a alguien hacer un asado al horno. La idea fue aceptada por todos y rápidamente se formaron distintos comités de acción:
1. Los cocineros, encargados de encontrar alimentos, condimentos y similares
2. Los jefes de niveles, encargados de que copas y vasos estuvieran siempre llenos
3. Los bomberos, en caso de que el fuego tomara proporciones inesperadas
4. Los servidores, encargados de servir las delicias por cocinar
5. Los comensales, la gran y hambrienta mayoria y por último
6. Los matarifes, encargados de llevar a cabo la delicada operación del deguello.
Porque alguien manifestó que el alimento más delicioso es aquél que, de la muerte, va directo al plato, pasando - por supuesto - por el arte culinario de la preparación del alimento exquisito.

A quién se le ocurrió la idea de sacrificar a Max, era algo que no recordaba y la sola idea de pensar en aquella aberración, le hacia ingerir cada vez cantidades más grandes de alcohol. La cerveza se habia terminado ya hacia un buen rato y - para suerte suya - habia encontrado una botella sellada de Ron y ya abierta, le permitia anestesiar su angustia bebiendo largos sorbos directamente de la botella.
Ya con el coraje suficiente, dejó correr sus recuerdos y vió exactamente todo tal como habia sido. El que se ofreció degollar a Max dijo provenir de familia campesina y estar acostumbrado a matar corderos, ovejas y cerdos. ”Estos son los peores!” - dijo - ”Chillan como barracos!”. Alguien, al lado de él acotó que ”Por la mierda, si son barracos!!” ”Cómo carajos quieres que chillen?”. Ofuscados, se tiraron un par de puñetazos al aire, pero a más no llego el entredicho. Al fin y al cabo eran todos artistas, y no pudieron o no quizieron, localizarse ni en Tiempo ni en Espacio. Estaban demasiado borrachos y no pudieron moverse con la soltura que exige el noble arte de la defensa y todo no fué más que una parodia de riña. Un viento menudo empezó a correr y el hambre comenzó a aumentar.

Dispuesto de todas maneras a demostrar sus condiciones de matarife fue uno de ellos a buscar a Max, el que oliendo la cercanía de la muerte, se habia refugiado bajo la alcoba de Anna. Nadie se enteró como aquél carnicero aficionado lo logró sacar de allí. Lo cierto es que al cabo de unos cuantos minutos, apareció con la enorme bestia en sus brazos y demostrándo bastánte destreza, le ató una gruesa cuerda a una pata trasera y haciendo pasar el resto por encima de la enorme lampara de la cocina, dejó al pobre Max colgando cabeza abajo. El animal hizo desesperados intentos por liberarse y al no lograrlo, comenzó a soltar aterradores aullidos, que hicieron que el improvisado matarife tomara el primer cuchillo que encontró y se lo introdujera con violencia en un lugar no especificado del cuello. Ninguna de las dos cosas tuvo el efecto deseado. El cuchillo era de servicio diario, sin filo ni punta y el lugar elegido en el cuello del pobre Max fue más cercano a una de sus orejas que a la yugular. La escena fue espantosa y muchos abandonaron a tientas y tropezones la cocina, para evitar ver la masacre que se estaba desarrollando allí.
Enfurecido por la herida recibida, Max comenzó a balancearse como si fuera un trapecista de circo pobre y mostrándo sus enormes colmillos en mueca impoténte, se debatió ferozmente tratando de eliberarse de aquella trampa mortál. Su cabeza casi topaba el techo en esos estertóres y espasmos que daba, mientras la pata que lo ataba a la tortura de esa caricatura de muerte, ya estaba despedazada y amenazaba con romperse en cualquier momento.
Hugo no pudo evitar una enorme y prologanda carcajada cuando se acordó de lo que alguien habia dicho despues que Max soltó su último suspiro: ”A este hijo de puta no lo matámos...SE MURIÒ...!! El gran cabrón...!”

Se paró con dificultad de la silla e hizo un esfuerzo por limpiar la cocina, pero no lo logró. Abrió el horno y alli estaba, achurrascado y maloliente, el cuerpo de lo que quedaba de Max. No era especialmente agradable verlo: grandes trozos de cuerpo le faltaban por aqui y por allá, estaba sin la cabeza y conservaba aún la piel, lo cual significaba que le habian metido el diente sin despellejarlo y se habian comido gran parte de él.
La tarde ya se habia dejado caer y con ella también, la constatación de que todo era verdad y no parte de una pesadilla. Una mucama pasó con un cochecito portándo a un durmiente bebé, el que arrugó su naricita al franquear una nube espesa de olor a perro chamuscado.
Abrió el congelador y vió la enorme cabezota del perro que con ojos vidriosos, abiertos al maximo y con la lengua pegada al paladar lo contemplaba desde su último invierno.
Cerró la puerta , se dirigio al baño, vomitó un par de veces más, se echó la botella de Ron al bolsillo y dejó la casa sin cerrar la puerta.
Anna tal vez podria creer que alguna secta de perversos fanáticos lo habia atacado y junto a él, también a Max. Y la verdad es que tan lejos de la realidad no estaba.

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Sábado, 10 de Octubre de 2009 10:59. Autor: Guillermo Ortiz-Venegas. Ver como artículo separado. Tema: Cuentos del autor.

Trabajemos contra la discriminación

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(Visita también: Azkintuwe. Periódico mapuche)

Hace unas semánas atrás, y desde algún lugar del mundo hispanoparlante, me llegó este e-mail. Quisiera que lo leyeran con atención. Su desarróllo es simple, pero su contenido muy elocuente. Y agradezco a quién lo envió. La dirección desde donde me llegó es: zunclau@gmail.com.

En un avión, iniciado el vuelo, una "señora" oprime insistentemente el
timbre para llamar a la azafata.
- ¿Cuál es el problema, Sra.? - Pregunta la azafata
- ¿Es que no lo ve? - responde la dama
- Me colocaron junto a un sucio indígena. No soporto estar al lado de
uno de estos seres repugnantes. ¿¿¡¡No tiene otro asiento!!??
- Por favor, cálmese... - dice la azafata - Casi todos los asientos
están ocupados. Pero, voy a ver si hay un lugar disponible.

La azafata se aleja y vuelve de nuevo algunos minutos más tarde:
- Sra., como yo pensaba, ya no hay ningún lugar libre en la clase
económica. Hablé con el comandante y me confirmó que no hay más sitios
disponibles en la clase económica. No obstante, tenemos aún un lugar
en primera clase.
Antes de que la dama pudiera hacer el menor comentario, la azafata sigue:
- Es del todo inusual permitir a una persona de la clase económica
sentarse en primera clase. Pero, dadas las circunstancias, el
comandante encuentra que sería escandaloso obligar a alguien a
sentarse junto a una persona tan repugnante.
Todos los pasajeros alrededor, observaban la escena, indignados.

Entonces, la azafata, dirigiéndose al indígena, le dice:
-Si el Sr. lo desea, tome su equipaje de mano, ya que un asiento en
primera clase le espera.

Y los pasajeros, que sorprendidos presenciaban la escena, se
levantaron y aplaudieron.

Fin del e-mail

Nota
Si esto es ficticio o realidad, no lo sé. Pero el mensáje envuelto en la descripción de esa situación, es algo que rescatar. El racismo no es universal, ni tampoco actitud cotidiana entre los seres humanos. El racismo es una manifestación de la ignorancia, de la intolerancia inculta y del odio rabioso que los barónes del Poder han inculcado en la mente de los pueblos subyugados contra los más pobres de la sociedad, para decirles que estén felices, que abajo de ellos hay otros que son menos válidos. Y es ese argumento el que hay que combatir con toda la fuerza de la racionalidad del ser humano conciente! Porque cuando el capitalismo y su versión ideológica neoliberalista y enfermiza intenta poner algunas razas sobre otras, o cuando pretenden hacernos creer que el color blanco es más hermoso que el negro, es cuando tenemos que reaccionar con toda la energía que nos dá el saber que los débiles son ellos, y no nosostros!

El racismo incrustado en nuestros hijos a través de la Historia Oficial , la discriminación estructural contra los pueblos indígenas de nuestro continente, la injusticia institucionalizada por leyes constitucionales, la explotación deshumanizada del ser humano por parte del Capital, y la aceptación mental de nuestros pueblos que todo lo que es extranjero, rubio y caro es sinónimo de calidad, no es más que una gran mentira!

Cada pueblo tiene sus cualidades propias innegables e incuestionables, pero el capitalismo salváje nos está desviando la atención de la constatación de esa verdad.
Reflexionar hoy día es revolucionario, y pensar es rebeldía sabia. Acuerdense de eso si quieren vivir con decoro.

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Martes, 06 de Octubre de 2009 00:29. Autor: Guillermo Ortiz-Venegas. Ver como artículo separado. Tema: El pueblo mapuche.


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