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En mini kärlekshistoria

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Han satt där han satt och såg sig omkring och slog fast att han utan tvekan var alldelles ensam. Är detta apokalypsens början? Det jag bevittnar just nu? Undrade han mest nyfiken än rädd. Fast rädslan hör till människor och inte till vålnader, så klart! Tänkte han medan gubben med den vita hatten som sålde drömmar till humana priser passerade förbi honom för tredje gången i rad utan att han ens märkte till det. Så upptagen var han i sina tankar.

Och vad hände sedan då? Frågade en snokande röst någonstans ifrån. Han fortsatte att bara sitta där. Många har sagt att han var som förstenad. En enda siluett i nattens form: han och horizonten. Men jag tror inte på det.  Han kunde knappast sitta still en sekund i taget. Maria fick alltid springa efter honom när det var som värst. Som den gången då han ville löpa på hennes bräckliga kroppen för att hinna till havet. Men andra påstår att han brukade ge henne rosor som han plockade på vägen hit. Och att han gjorde det utan något bråttom alls.

Ty poesin föds ur själen och inte ur förnuftet, sade han. Och när vårt beteende tas över av själen slutar förståndet att existera. Då blir vi oroliga. När vår inre väsen vinner över reson. Där. Just där ligger svårigheten, tillade han. Men det finns många som inte vill att det ska vara så, höll han igång. Och dessa strävar efter att göra så att förnuftet skall trots allt ditt djävla skitsnack förlänga den dogma som styr vårt liv genom den oficiella strunt som omringar oss.

Väl inne i den cellen som han delade tillsammans med några av sina mest lojala anhängare, åtalade alla för att kunna bli potentiella fiender mot vår identitet, undrade han om just den här analogin när en svindlande knytnävsslag rörde hela hans universum och väkte honom till den verkligheten han befann sig i det ögonblicket. Sluta att snacka skit, din jävla skitstöveln. Annars kommer du att få se på fan! Skrek han som hade adresserat den enorma smocka mot honom och lyftade sin fula och tunga näven för att en än gång skriva en till mening i hans kropp-skrivbok.

Men om sanningen ska fram så skickade han henne alltid bilder från en och samma vinkel, sade någon. Grejen är detta att han bara hade en enda spegel i den håla han bodde i, sade någon annan och allting började så som det slutade. Med kärlek kanske?

Några påstår ha sett honom gå omkring mellan Slussen och Gamla Stan med vissna blommor i sin famn men ingen har kunnat bekräfta att så är fallet. Har då själen vunnit efter förnuftet? Vem vet...

 

guilermo_suecia@hotmail.com

 

La empezación de la terminación

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Hay que comenzar por la empezación, dijo el orador carraspeando un par de veces. Tal vez para aclarar su voz, o a lo mejor para llamar la atención del público que allí sentado, esperaba con impaciencia no disimulada, el término de esa charla para ir a comerse los platos prometidos después de soportar esa pesada cháchara que parecía nacer desde los más adentro de cavernas infernales. Aunque aún no se ha establecido con exactitud su ubicación en los mapas de la Creación. ¿Qué? Preguntó un ingenuo. E insistió. La ubicación de qué?  El orador se removió algo inquieto en su silla de madera maltratada por el paso inexorable del tiempo y se dispuso a ignorar tan atrevida pregunta y comenzar por la empezación.

Y la empezación, palabra que inventó a última hora para simplemente llamar la atención, y que hasta el más retrogrado de los analfabetos sabe que no existe, comenzó su farándula algo incrédula

Porque la poesía nace del alma y no de la razón.  Y cuando el alma toma el timón de nuestros comportamientos la razón deja de existir. O pierde terreno en nuestras vidas. Más tarde, alguien comentaría que toda esa diatraba no era más que una excusa del orador para también saciar su hambre crónica con un plato de comida caliente y bien sazonada, servida en verdaderos platos de loza y no de plástico como los que acostumbraban usar para tales menesteres curas arrepentidos, ex revolucionarios, distinguidas esposas de miembros del  Rotary Club (¿o de Los Leones?),  jóvenes entusiastas del partido comunista antes de apolillarse, o de distintas organizaciones financiadas por la ONU de ayuda a los más desposeídos del planeta.

Y la inseguridad que nos invade cuando constatamos que el alma le gana a la razón, es el quid de la cuestión, prosiguió. Pero hay muchos que quisieran que no fuese así. Y eso de que por la razón o la fuerza, continúe siendo el dogma que conduce nuestras existencias por el cauce  de la puerilidad oficial.

Y encerrado en una celda, en compañía de algunos de sus seguidores más cercanos acusados todos de atentar contra los sagrados valores de nuestra identidad, o de ser cómplices de tal aberración, se preguntaba sobre esa analogía cuando un fuerte garrotazo lo volvió a la realidad. No sigai hablando guevás, conche tu mare! O te voy a sacar la chucha! Le dijo el del garrote y lo volvió a levantar para escribir otro reglón de la verdad oficial en su cabeza- cuaderno.

No debería haber empezado por la empezación, se recriminó el orador sobándose la testa mientras el furioso guardia tornaba la cabeca y estabalo catando, a decir de un poeta anónimo que escribió esa frase en un gran poema épico del castellano, cuando describió la partida de Diaz de Vivar, el guerrero burgalés, a su destierro.

La poesía, continuó ahora en voz baja el orador para evitar más trancazos, nos llena de sentimientos variados que nos hacen vibrar, soñar… o recibir palos en la cabeza, agregó un chistoso sentado a su alrededor en la celda que compartían. Alguien soltó una risita irónica pero la gran mayoría se abstuvo de comentar.

Lo que pasa es que este huevón de mierda se cree el más superdotado de todos! Dijo el Flaco arreglándose con la punta de la lengua, el diente falso que hacia las veces de original en su boca obscura de obscenidades y de cavernas infernales.

Y volvemos al quid de la cuestión, dijo el orador bebiendo un poco de agua tibia que alguien había depositado en la mesita de su charla algo absurda. (¿O tal vez profunda y llena de verdades?) El pensamiento abstracto, limpio, ingenuo de niño sin prejuicios, pero también sin empatía, es lo que hace que la razón palidezca y pierda su esencia de guía moral en un mundo cuya naturaleza es inmoral! Esperó aplausos, pero los pocos que estaban despiertos no entendieron su mensaje y se dedicaron a sobarse las rodillas u otras partes del cuerpo mientras que otros bostezaban de manera más o menos discreta.

Porque eso de las cavernas infernales y otras huevadas parecidas son inventos de este huevón, y nada más. Que cavernas ni que veinte mierdas! Aquí lo único que hay son huevónes ingenuos que le creen y lo alaban y otros que, como yo, se lo mete por el culo!

Y como dice el refrán ese de que el silencio aprueba, tras la paletada de Pezoa Véliz nadie dijo nada, nadie dijo nada.

Del orador nunca más se supo. Aunque algunos dicen haberlo visto deambular por la Avenida Vicuña  Mackenna al llegar a Plaza Italia, allí donde el pulso de la ciudad es más intenso y contagia de vida (¿Benigna o maligna?) a todo el que transita por sus arterias sucias de sangre pavimentada y poemas olvidados. Pero esa aseveración nunca ha podido ser confirmada ni desmentida. La empezación entonces, nunca ha tenido terminación.

guillermo_suecia@hotmail.com

Veintiuna “chuletas de Porc” y una “chanson passé”

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La “chanson passé” es la Bachelet, me dijo alguien pero no presté atención a esa afirmación, puesto que ese personaje femenino no atrae mi curiosidad. Porque la utopía de reformar el aparataje estatal burgués desde dentro, quedó caduca el 11 de septiembre de 1973. Y es tan inocente como suponer que un niño va a lograr controlar un trencito en un parque de entretenciones, que se desliza sobre rieles de madera. Y ni siquiera es seguro que esa cortesana tenga como objetivos en su recargada agenda política, el hacer cortes de cirujano experto sobre el cuerpo crónicamente enfermo de la sociedad chilena.
Pero como pocas ganas tengo de teorizar al respecto, ¡a la mierda con el Estado chileno! Opresor, racista, católico fascistoide, patriarcal y machista hasta la medula de sus huesitos tercermundistas.

¡Espera un poco! Le grité a ese alguien. ¿Y cuales son las veintiuna “chuletas de Porc”? Los miembros de la Corte Suprema, cuyo Tribunal es básicamente de casación, es decir, señala el sentido y alcance de las leyes, dando a éstas su “correcta interpretación”. En donde el termino “correcta interpretación” significa en buenas cuentas, salvaguardar sin excepción los privilegios de los poderosos sobre los pobres, de los hombres sobre las mujeres, de los uniformados sobre los civiles, y del estado chileno sobre los mapuches, me respondió el susodicho con cierta indiferencia.

Y como si todo esto no fuese poco, la ideología que emana de la nefasta iglesia católica, y que infecta a toda la sociedad chilena con su tufo maloliente no es solamente monopolio de curitas regordetes, onanistas y pediastras, sino también de sociólogos vendidos al capital financiero y global, de políticos corruptos, de milicos golpistas y de población inconsciente que vota por Piñera.

 

guillermo_suecia@hotmail.com

Con una pequeña ayuda de mis amigos...

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Una nueva cruzada se está preparando en Europa. Esta vez contra Rusia con Suecia como principal actor y con Hans Brun - "experto en terrorismo" - como portador del estandarte de esa cruzada. Brun es uno de los que tiene dificultades para pensar de forma autónoma que vaya más allá de la antigua y bien manoseada retórica rusófoba.

El único objetivo de la nomenclatura política sueca es aterrorizar al pueblo sueco, o por lo menos intentarlo según las normas y usos de la doctrina del choque, para lograr la entrada de Suecia a la OTAN con la menor cantidad de voces en contra, bajo la consigna: "El pueblo unido contra un enemigo común, con la ayuda de la OTAN".A veces se pueden logran muchos objetivos con el uso de una oratoria baráta.

guillermo_suecia@hotmail.com

El derecho a cagar

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Por Pedro Simon
En su artículo "Cagar leyendo, un placer rioplatense", el argentino Hernán Casciari rindió el mejor de los tributos a esa dicha transversal que es sentarse en un retrete, adoptar la posición adecuada, apretar las mandíbulas y dejarse llevar como si estuvieras subido a una Ducati.Dijo así: «Cuando vivía en países serios con bidet, yo leía mucho en el baño mientras cagaba. En esos tiempos nunca supe si leía porque me venían ganas de cagar, o si cagaba porque me entraban irreprimibles deseos de leer. Posiblemente mi cuerpo, aún en formación, debió aprender a desarrollar ambas urgencias a la vez.

El asunto es que yo era feliz cagando y leyendo. Y hubiera seguido así, alegremente por la vida, pero hace cinco años me vine a vivir a España, un país sin bidet, y desde entonces leer literatura se ha convertido en un suplicio».No sé en la casa de ustedes, pero en la mía había hasta derrapes salvajes cuando cogías la curva del pasillo para enfilar el inodoro y ganarle la posición a los hermanos. Como si estuviésemos en la escena de la cuádrigas de Ben-Hur en vez de en Carabanchel Bajo.El baño estaba siempre tan ocupado que un día pensé que allí se nos habían colado todos los del Patio Maravillas.

Mi padre se metía con los suplementos dominicales del periódico allí dentro y cuando terminaba ya habían cambiado de director. Recuerdo una vez a mi madre en la puerta para abrazar a mi hermano, conmovida: Francisco había entrado una mañana a hacer del cuerpo con unos apuntes de Química Inorgánica y cuando corrió el pestillo ya había terminado la carrera. Creo que se nos desapareció un primo allí dentro (o salió tan delgado que ni lo reconocimos), que mi hermana Ana prefería la taza bien fría, como le pasa a una amiga mía con los cafés. En casa le teníamos tanta devoción a aquel artefacto blanco de porcelana que nadie discutía por el sofá o por la cocina, sino por el excusado.

Más que un sillón mullido para leer nos hacía ilusión un retrete. Bien ancho. A ser posible con orejeras y reposapiés.(...)Andaba yo releyendo al bueno de Casciari el otro día con los pantalones en los tobillos, mientras oficiaba con calma, pensando en todo esto que les cuento y con unas traviesas clavadas por dentro de la puerta porque el pestillo me lo rompió el hijo. Hasta que me llegó un mensaje de una ONG de ingenieros y me dejó a medio plan. La pregunta de ONGAWA es cómo cambiaría tu vida si tuvieras que andar cagando por ahí como un jodido perro y no como una persona normal. Si lo hicieras igual que un bestia y te limpiaras con la mano en un arrabal de Bombay o en un basurero de Tanzania.

La respuesta es que cada dos minutos y medio (usted lleva uno leyendo) muere un niño a consecuencia de enfermedades ligadas con la práctica de la defecación al aire libre y que mil millones de personas cagan como si no lo fueran. «Te pedimos que no tires tu influencia por el váter», terminaba la carta de los ingenieros que fabrican desagües y construyen depuradoras. El caso es que yo andaba sin papel: pensaba escribirles hoy sobre la primavera. Pero aquí andamos.Llevamos tanto tiempo con nuestro propio orinal pegado al culo y en silencio, callados con tantas cosas, digo, que yo creo que ya estamos de mierda hasta el cuello.

23/04/2016 

guillermo_suecia@hotmail.com

Los amigos del señor Cervantes

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No habría hecho uno mucho por conocer y tratar a Lope o a Quevedo, a Mateo Alemán o a Góngora, sin que nada de esto menoscabe el mucho aprecio y admiración que siente uno por las obras de todos ellos, en muchos aspectos «mejores» que las de Cervantes, si acaso podemos hablar de ese modo y comparar lo incomparable. Con Cervantes acaba sucediendo, sin embargo, algo diferente. A Cervantes lo hubiera uno querido conocer, aun sin haber leído sus libros. Querríamos haber coincidido con él en una venta o en una taberna o donde fuera. Creo que si es tan buen escritor fue por haber ido de incógnito por la vida, sin darse ninguna importancia. Aunque se elogia a veces (a ese «defectillo» aludió cariñosamente Azorín), jamás se dio importancia.

Claro que son ganas de hablar por hablar, porque nada de eso será posible, y no conoceremos jamás a Cervantes, ni sabremos realmente cómo era. Disponemos de sus obras, y a menudo ni siquiera nos ponemos de acuerdo sobre el sentido que tienen. Sin salirnos del Quijote: ¿Sabemos qué quiso hacer Cervantes en ese libro? ¿Estamos seguros de ello? Cada cierto tiempo surge una interpretación revolucionaria que si no niega el sentido de las anteriores, las eclipsa un poco. Cada lector encuentra en ese libro, en cada época, aquello que le permite entender su tiempo. El lector romántico halló «su» sentido y hallamos nosotros el nuestro en una época que tiene poco de romántica.No obstante la idea que nos hacemos de un autor al que admiramos por lo que leemos de él raramente se confirma cuando lo conocemos en persona. En general nos decepcionan. Deleuze, mucho más cortés, se lo comunicaba a quienes querían conocerlo, haciéndoles desistir de la idea: «Nos decepcionaríamos».

Creo que Cervantes no decepcionaría a nadie. Bueno, sí, quizás a los escritores profesionales, a los pedantes y a los académicos, porque fue también lo que le sucedió en su época). Hay algo en las obras de Cervantes que indica que tenía muy poco de literato, y por ello creo que él sería tan o mejor que sus propios libros, y que tendría muchos amigos que ni siquiera sabían que era poeta. De haber sido un autor célebre, como Lope o Quevedo, quizá hubieran trascendido de él algunas anécdotas que arrojaran luz sobre su manera de ser y su carácter, pero en el caso de Cervantes todo es una pura conjetura. Por no tener ni siquiera tenemos un retrato por el que pudiéramos deducir algo firme (todas las imágenes que nos quedan de él son apócrifas o falsas idealizaciones posteriores, empezando por la que está en el altar mayor de la Real Academia, que a sabiendas de que es falsa, la siguen teniendo allí, y bien está en tanto aparezca otro retrato de él un poco menos falso). De haber tenido un retrato pintado suyo habríamos adelantado mucho, porque la cara es el espejo del alma. Claro que contamos con un retrato escrito, el autorretrato que puso al frente de las Novelas ejemplares. En ese retrato escrito, lo más importante no son los trazos en los que él mismo se fija: la frente, la nariz, el color del pelo o de los ojos, sino el modo en que un hombre ya viejo se presenta al lector, riéndose un poco de sí mismo, cuando asegura que apenas le quedan unos pocos dientes desparejados.

Y en ese pequeño detalle advertimos que es un hombre que, en efecto, no se da ninguna importancia, magnífica atalaya desde la que columbrar el mundo con eso que llamamos «compasión cervantina». Sentimos en esas líneas y, en muchas otras, que Cervantes, cuando escribe, no está haciendo literatura, sino otra cosa que hasta entonces no había hecho nadie, ni siquiera Lázaro de Tormes, a saber, hablar de sí mismo sin quejarse. Al contrario, habla de sí mismo con la fina ironía de quien, incluso en los peores momentos, nos dice: «No temas; todo irá bien». Y por eso querríamos conocerlo en una venta, en una taberna, en cualquier parte, aunque no supiéramos que escribía.Si tiene alguna validez esta clase de anacronismos, diríamos que, así como don Quijote es un héroe platónico, su autor es un superhombre nietzscheano, alguien que habría podido poner como divisa de su solar estas palabras de Nietzsche: «Por más que me maltrate la vida, jamás levantaré un falso testimonio contra ella». ¿Se entiende ahora por qué uno querría haber sido amigo de Cervantes? ¿Cómo no serlo de quien trata de captar la benevolencia del lector en un prólogo mostrándose desdentado y al mismo tiempo en otro, el del Persiles, «con las ansias de la muerte» y «un pie en el estribo», despidiéndose de todos nosotros de tal modo que parece decirnos: todo irá bien?

Como es sabido, apenas contamos con hechos biográficos relevantes de Cervantes. Todo cuanto sabemos de él son idas, venidas, afanes, penurias, pero poco o nada de la intrahistoria. Algo tan elemental como esto, por ejemplo, lo ignoramos: ¿Amó a su mujer? ¿Fue feliz con ella, lo fue esos últimos años de la vida en los que la fortuna literaria le sonrió algo? ¿Era en la realidad un ser tan bienhumorado como dejan traslucir sus obras o, por el contrario, en cuanto dejaba la pluma sobre el despacho y salía a la calle, toda esa ironía que se gastaba se evaporaba y se convertía en un ser taciturno y melancólico? Yo sé que es muy arriesgado deducir de una obra literaria hechos reales, porque basta mirar las cosas con una determinada insistencia, para acabar creyendo cualquier cosa.

Sólo en estos últimos años se han publicado libros más o menos sesudos que «demuestran» que el Quijote es en clave un libro sobre San Ignacio o que Cervantes es oriundo de las montañas de León, tesis en ambos casos avaladas por una montaña de referencias a las obras de Cervantes, «sospechosamente» significativas. Si las teorías conspirativas son tan atractivas siempre para todo el mundo, es porque suele ser más fácil «ordenar» cien conjeturas, que dar con un buen hecho, incluso desmontar un buen hecho con cien conjeturas (este es el fundamento de la abogacía).A nosotros nos basta leer sus libros para saber que Cervantes mira siempre de un modo noble, sin juzgar a nadie (acaso porque a él mismo le juzgaron mucho y mal), y sabiendo que todas las cosas pueden ser de muchas maneras y que es preferible perder por carta de más que de menos, sabiendo que la vida es siempre una perpetua pérdida. Ese espíritu cordial rezuman sus libros, tan vivos y reales que no parecen ni libros ni su autor un escritor. Sí, querría uno haberlo conocido y tratado. Porque a cierta edad todos nos vamos cansando de tratar a escritores y lo que buscamos es una literatura viva como la suya, que tiene mucho de vida porque tiene muy poco de literatura, esa que interesa sólo a los pedantes, a los profesionales y a los académicos. Más o menos.

ANDRÉS TRAPIELLO, El Mundo

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El pequeño pene de Trump, es más grande que su cerebro

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Y muchos comentaristas políticos del mundo entero, estan seguros que el ultrareaccionario de Donald Trump ganará las próximas elecciones presidenciales en USA. Serán politicamente tan atrasados los ciudadanos norteamericanos? Parece que si. Y la historia asi lo demuestra.

Pero como alguien dijo: "Cada pueblo tiene el presidente que se merece".

 

guillermo_suecia@hotmail.com

Los Barroso, así vive una familia sin luz en 2016

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ESPAÑA EN MI CORAZÓN

Un piso de 104 metros cuadrados a oscuras. Unas persianas bajadas y rotas. Un termómetro que marca 15 grados centígrados. Un viejo televisor apagado. Un microondas que solo te da frío. Un frigorífico sin vida como un ataúd blanco. Un niño de 10 años caminando a tientas por el pasillo, chocándose con la puerta, con las manos por delante como un sonámbulo. Y estas enormes sombras -grandes como dudas- que la luz de las velas refleja en las caras y en la pared del salón.

Las menos tenebrosas son las que le hace el padre al hijo. Al terminar la jornada.Como si estuviéramos en una cueva de Altamira y no en un piso de Vallecas.

-Jugamos un ratito con las velas. Le intento hacer animales con las manos. El conejo, la serpiente... Él hace la paloma...Cuando nos cortaron la luz, alguna vez he pensado que es mejor dormir y no despertar. Luego pienso que ellos no tienen la culpa. Supongo que la culpa es mía. Por no saber hacer más.

-¿Y cómo se le cuenta todo esto a un niño?

-Cuando era más pequeño le decía que era una avería eléctrica. Ahora ya le cuento la verdad: no hay luz en casa porque no tenemos dinero para pagarla.

Vivir sin luz como en una topera. Pasar semanas y semanas con los electrodomésticos en silencio como una burla chillona. Lavar la ropa desollándote las manos. Cocinar como lo hacían los primitivos. No ver la mierda que se va acumulando poco a poco en el suelo, en los armarios, en ese rincón del baño que no tiene ventana. Y sentir un voltaje interno de tristeza y frío.

En España viven así 1,8 millones de familias y EL MUNDO acompañó durante varios días del mes de marzo a una de ellas.

«Señores de Barroso», se lee en la placa de la puerta. Y al atravesar el dintel te orientas por los ruidos o los tres cirios que hay sobre la mesa.

«Señores de Barroso», se lee en la placa dorada, arañada y vieja. Y dentro está Juan, que no trabaja en la construcción desde hace casi siete años. Y Dolores, que la última vez que lo hizo fue limpiando en el Banco de España, donde cobraba a un euro y medio la hora extra. Y dos hijos de 19 y 16 años que no tienen nada que hacer. Y un niño de 10: hasta que les cortaron el suministro eléctrico, el pequeño de los hermanos sacaba todo sobresalientes.

Ésta es la quinta vez que les han cortado la luz. Les vamos a contar cómo se vive cuando le das a un interruptor y no sucede nada.

O peor: les vamos a contar cómo se vive cuando le das a un interruptor, no sucede nada y entonces arde todo.

EL CORTE DE LUZ

El día en que les cortaron la luz por quinta vez era de madrugada. Juan se acuerda perfectamente de eso porque estaba escuchando a José Ramón de la Morena en la Cadena Ser y de repente le pareció que aquella pausa tan prolongada iba más allá de lo meramente radiofónico.

-Se hizo el silencio. De golpe.

-¿Y te dormiste?

-Qué va. Me levanté. Comprobé que era lo que yo imaginaba. Y ya no me dormí en toda la noche.

Amanecemos en lunes. Hace dos semanas que esta casa está a oscuras y Dolores nos cuenta cómo se sobrevive en braille.

«Lo primero que haces nada más levantarte es hacer el desayuno, la comida y la cena. Porque si no luego ya no ves. Luego lavo a mano (mira estas manos rojas, me duelen como si tuviera reuma) y lo dejo por aquí colgado [señala al salón en tinieblas], porque entra algo de claridad de la calle y en las habitaciones las persianas están rotas. Con cuidado, para que las ropas no ardan por las velas».

Hoy Juan no ha desayunado y el hijo pequeño ha tomado lo único que había. Un zumo de no sabe qué.

A las seis de la tarde, el salón se ilumina gracias a una franja anaranjada de luz que entra por un resquicio de la persiana vencida.

A las siete Juan ya saca los mecheros y las velas.

A las ocho nos vemos las caras como si estuviéramos en torno a la hoguera nocturna de un campamento de verano.

Nos dicen que si gustamos. Por lo que nos ha costado el taxi -14 euros- se podrían pagar las gotas que necesita Juan para las cataratas. Contestamos que no.

«Cenamos en una salita, con un par de velas. Solemos hacerlo juntos. No hablamos mucho. Uno no sabe lo que hacer. Me siento un inútil por no poder darles lo que se merecen».

HUBO UN TIEMPO

Nunca han ido de vacaciones. El niño de 10 años no conoce la playa («No sabemos lo que es eso»). A la piscina han ido en tres ocasiones. Una vez Juan le regaló una rosa a Dolores, cuando le quitaron los dientes por una piorrea. Una tarde fueron al cine con el pequeño, pero no se acuerdan de qué iba la película. Ni del título.

También hubo un tiempo en el que las cosas fueron mejor. Cuando Juan era ayudante de la construcción y ganaba hasta 1.500 euros. Cuando Dolores cuidaba a ancianos. Cuando le dabas a un botón, sonaba un clic y veías las cosas de otro modo.

-El chico pequeño me dice que por qué no pagamos la luz.

-¿Y?

-Yo le digo que si pago la factura no puedo comprarle unos filetes de pollo. Y ahí se queda callado. Y se da la vuelta y se va.

Permanecer en casa es concederle terreno a la ceguera, a la falta de aire, a la gangrena. Por eso Juan sale a pasear aunque llueva. Por eso siempre se baja con el pequeño a la calle a jugar al fútbol hasta que se esconde el sol. Incluso hasta más tarde.

-Cruzas la puerta. Entras a casa. Se te cae encima. No hay nada que hacer. Te dices: qué hago aquí dentro. Entonces te acuestas.

Lo bueno de esta tarde noche es que hay partido de Champions. Y entonces pueden bajar al bar JJ a verlo. Y entonces el padre y el hijo tienen una razón para acostarse más tarde. Como las personas normales. Y no a las ocho.

-Alguna vez se ha ido a la cama sin cenar. Ese día me dijo que tenía hambre y yo me abracé a él hasta que se durmió... Ahora dormimos juntos porque tiene algo de miedo por la oscuridad. Me emociona mucho cuando me aprieta la mano. O me pasa su brazo por encima de mi hombro en la cama. Me emociona... El abrazo, no sé.

El Atleti ha ganado. Juan se asea gracias a un barreño de plástico. Hoy sí ha cenado. Dos huevos fritos con pan. Con pan de ayer.

YA ES MIÉRCOLES

Dolores dice que por culpa del corte eléctrico no puede ver Gran Hermano. Juan opina que es la única cosa buena desde que no hay luz.

Cuando uno no tiene agenda, ni trabajo, ni un calendario marcado con cruces rojas, el día puede llegar a durar tanto que lo terminas pareciendo un abuelo de ti mismo.

El de hoy comienza llevando al niño al colegio, continúa con Juan entrando en la biblioteca Rafael Alberti para cargar el móvil y leer revistas de historia, sigue con nuestro hombre andando tres kilómetros para dejar un currículum en el Mercadona, yendo a un par de obras (en la segunda le piden el teléfono), entrando en la parroquia del Fontarrón para hablar con el cura, que a través de Cáritas se ha hecho cargo de la factura de la luz.

-Juan, que sepas que aquí te podemos dar bolsas de comida de vez en cuando -le recuerda.

-Ya. Pero ya sabe usted que no. Ya me dan comida en otro sitio. Prefiero coger yo una lechuga y no dos. Para que otro que la necesite pueda tener una.

Dolores es muchos dolores. Fue mujer maltratada con otra pareja anterior, madre con 21 años, hija abandonada por el padre y otras cosas que cuenta bajito.

Y también escribe poesía.

Nos trae unas hojas escritas a mano. Las leemos. Anotamos dos versos: «A veces en la oscuridad/ vemos con mayor claridad».

-Vamos a comer alitas de pollo -y allí están las alitas, frías, intactas. Y entonces nadie come porque el periodismo a veces es grosero y estamos esperando a que empiecen a hacerlo para hacerles fotos.

-Vamos a comer alitas.

-¿Y de segundo?

-Nada más. Nosotros solo comemos un plato.

JUEVES

Cuando todo está oscuro uno tiene la sensación de que los ruidos se oyen mucho más. Ahora mismo. Con una cadencia exasperante: la que araña furiosamente la puerta de la cocina como si fuera un gremlin malo debe de ser la perra.

-¿Tenéis animales?

-Sí -contesta Dolores-. Dos perros, Blanca Rubi. Y tres gatos: ChispasBuyo yNegro. Este último estaba abandonado en la calle.

-Vaya lío, ¿no?

-Mucha gente en nuestra situación los habría echado a la calle, pero nosotros no: si nosotros comemos, ellos comen; si no hay, no hay para nadie. Cuando Dios se inventó la comida lo hizo para que la repartiéramos entre todos.

Aquí la comida es posible por la ayuda del hermano de Dolores, la suegra y los ingresos de Juan haciendo arreglos esporádicos de jardinería o ayudando a repartir libros a un amigo.

-Por las tardes voy a recoger al niño al colegio. Y hace los deberes en otra habitación donde se ve un poquito...

Si tuviera un equipo de música, nos confiesa Juan mientras la perra sigue arañando la puerta, nos pondría el Viva la vida de Coldplay.

Y se hace el silencio.

VIERNES

El niño de 10 años trae las notas cerradas en un sobre y hasta nosotros lo celebramos -«a ver, que las veamos»- como si fueran las calificaciones de un ahijado. Como si hubiera luz para verlas.

Un Sobresaliente en Inglés. Un Notable en Matemáticas, en Educación Física y en Valores Sociales y Cívicos. Un Bien en Ciencias Sociales y en Lengua. Y una nota de la profesora: «En casa podría estudiar más».

-Se lo expliqué a la maestra. Le dije que nos han cortado la luz y que por eso le estaba costando más. Me ha dicho que el chico vale mucho, que no me preocupe, que si se lo propone puede ser lo que él quiera. Y yo lo que quiero es que sea buena persona, ya ves.

(...)

Dolores se ha pintado y está muy guapa. Juan se ha afeitado. Los dos sonríen. Aquí va a pasar algo.

-Tengo un regalo -nos dice Juan.

-¿Cuál?

-Dale -señala al interruptor.

Le damos. En la lámpara de globos a lo Cuéntame se enciende una bombilla de pera. Vemos la casa iluminada. No es mucha luz, parece una luciérnaga esmirriada. Pero a ellos les parece el faro más salvaje del mundo.

Lo más probable es que en el mes de mayo les vuelvan a cortar la luz. Ahora caigo en que al niño no le hemos visto sonreír ninguno de estos días.

-Le pregunto al pequeño qué quiere ser de mayor y no dice nada. No sé por qué, pero no dice nada.

  • PEDRO SIMÓN, El Mundo
  • Madrid

guillermo_suecia@hotmail.com

 

Lunes, 18 de Abril de 2016 07:07. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. sin tema


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