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Taxi Estocolmo (Reflexiones de un taxista algo triste)

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(Visita también: Palestina)

El taxi se deslizó suave por las calles del nocturno y tibio Estocolmo de finales de verano. La monotonia de sus ruedas girando sobre el azfalto indiferente, gris y resignado lo dejaron por un instánte, libre de pensamiento alguno. Pasó por el bar de donde a menudo levantaba la mayoria de sus clientes nocturnos, justo cuando alguien vomitó sobre la vereda de la civilización y la moral se fue a otro cuento, pues los sonidos de intestinos liberados no le interesaba a nadie. Y mientras se secaba la boca con una hoja verde de flor aspirando a ser arbusto, el horizonte que separa la fantasia de la realidad se hizo poco nitido. Porque a pesar de que el chofér contaba con tarjeta de identidad y otros papeles que lo acreditaban de tal, nunca estaba muy seguro si sus pasajeros eran reales o actuarios de su imaginación, manipulada por tantas duchas de luz artificial recibida en infinitas noches tras el volante nocturno de su obligación.

”Pero, cuál es el verdadero sentido de todo esto?”, se preguntó en voz alta y subió un poco más el volúmen de la música para sentir algo de compañia en su soledad. BB King cantaba un blues y el balancear de su amuleto colgado en el espejo del vehiculo, lo adormeció un poco. ”Mierda!” soltó con furia ”Qué estoy haciendo!? No puedo quedarme dormido tras el volante!” se dijo con enojo y tomó con su mano derecha el termo con café que siempre lo acompañaba en sus viajes noctámbulos.
”Otra noche más! Otra puta noche más en esta maldita ciudad!”, agregó para si mismo y pisando levemente el acelerador del vehiculo, lo desplazó a más velocidad como para apurar los acontecimientos que sin duda tendrian que venir, para luego irse a dormir a su pequeño apartamento ubicado en el norte de la ciudad, cercano a los pagos del arcángel Gabriel y sus putas locas.
Bob Dylan se puso a chillar a traves de la radio y la apagó con decisión pues nunca habia soportado los sonidos nasales de su voz. Y menos aún sus textos hipócritas.

Sus primeros pasajeros le hacian señas desde una vereda de Vasagatan, calle de la Estación Central con ruedas de acero que te llevan a cualquier parte del mundo. Algo asi como la caravana del mago de Oz.
”Una pareja de blancos”, constató en silencio y ejercitando su mejor sonrisa de chofér amable acercó su vehiculo a la vereda. El chofér era originario de Eritrea y negro como la oscuridad del sol. Detuvo el taxi y esperó sentado en su lugar con las manos levemente transpiradas sujetando firmemente el volante del auto. Asi era siempre! Se ponia nervioso antes de recibir a sus primeros clientes, pero con el correr de la noche se relajaba del todo.
Y como a esas horas de la noche a ningún chofér se le ocurriria bajar a abrir puertas traseras - por esas por donde entran la fauna nocturna de la ciudad, el viento fresco y también los fantásmas vestidos de incógnito - continuó esperando mientras observaba a sus futuros pasajeros.

”A él le calculo entre treinta y cuarenta años. Pesa algo más de 100 kilos, mide un metro noventa y tiene pinta de bonachón. Está sobrio!”, se dijo a si mismo y agregó en silencio: ” Ella en cambio puede ser un problema. Está bien borracha y en esas ocasiones se transforma en feminista furiosa e intolerante. Pesa alrededor de 70, mide uno y setenta y dos y es una fiera en la cama!”. Porqué tenia siempre que estar sacando ese tipo de conclusiones, era algo que no entendía pero que ya habia aceptado como parte de su vida.

Y el Primero de Mayo es una fiesta sueca? Preguntó el hombrón. No! Es una fiesta internacional le dijo Eva dejando caer sus hombros en resignación total. El chofer levantó su mirada y lo observó desde el espejo que colgaba sobre su frente. ”Fiesta sueca!?” dijo con estupor y agregó como para no perder el tiempo ”Estas bromeando o qué!?”
La mujer le hizo una seña invisible con su delgada mano y le explicó que ”él vine de Sudafrica!” ”Y allá nunca se celebró esa fecha. Fue siempre prohibida por el régimen de apartheid y nadie se enteró nunca de lo especial de la misma.” ”Pero aunque lo hubiesen sabido nunca habrian hecho nada tampoco, porque la ignorancia de todos los ne…” pero no terminó la frase ya que su bebido cerebro logró reaccionar a tiempo, cuando se acordó que el chofer no era blanco. Jo, jo, jo! soltó el hombrón y dandole una palmadita cariñosa, que de todas maneras la hizo estrellarse con fuerza sobre la puerta trasera del taxi, le dijo ”y porqué no terminas lo que pensabas decir?!”
El chofer levantó las cejas en señal de cualquier cosa y los fue a dejar allá lejos, más cercána de la lava que de la nieve.

Volvió al centro de la ciudad y su segundo pasajero fue un sesentón, que algo ebrio, comenzó a disertar apenas apoyó sus asentaderas en el comodo sillón del taxi.
”Porque cada vez que pasa algo en Suecia”, dijo con voz pastosa de vodcas ingeridos, ”sale a la paleta de la discusión el asunto de la libertad de expresión. O mejor dicho, de la carencia en la definición de lo que es, o deberia ser”. Acentuó de manera erudita que el alcohól ingerido siempre hacia aflorar en sus discursos. Algo asi como la sal en la comida.

”Y si para una periodista del reaccionario periódico Svenska Dagbladet, el conflicto palestino-israelí es uno de los más complicados de la política internacional actual, seria para otros esto de la libertad de expresión, en el ámbito de la superestructura ideológica de la sociedad que nos domina en la actualidad, más complicado aun.” Y terminó su magistral frase con una sonrisa socarróna en sus labios.
”Pero vamos por parte. Qué es la libertad de expresión?” preguntó el pasajero y aclarado su voz, se dispuso a darle una lección en eso de cuestiones relacionadas con el derecho democrático elemental.
El chofer dió un pequeño golpe de timón girando hacia la izquierda en un cruce callejero y cerró los oidos a lo que su pasajero le decia. ”Porqué tengo que escuchar todas las mierdas que me dicen?” reflexionó y maldijo una vez más su presente.
”…porque muchas de las decisiones que toman las familias en el reino sueco, son tomadas en sus cocinas atómicas, anticepticas y digitales!” escuchó el chofer sin darle importancia a tal cometido y recibido su pago, se fue a manejar pensando cual seria la relación entre la libertad de expresión y las cocinas suecas, pero no llegó a ninguna conclusión satisfactoria.

”Y el puto rey – el parásito número uno, según mi opinión – se compró un toro de lujo que le costó nada menos que 108 000 corónas!” Fue la carta de presentacion de su proximo cliente, un jóven extranjero que hablaba bien el sueco. Su acompañante era una bellisima joven mujer, que no abrio la boca sino más que para bostezar de cuando en cuando, lo cual no era nada raro en épocas de auge del feminismo.
”Y sábes cómo motivó esa compra?”, preguntó con entusiasmo e hilaridad el jóven extanjero, y respondiendo el mismo, agregó ”Con eso de que la economía de la Casa Real está pasando por una buena coyuntura!” Soltó una risotada irónica y agregó en forma filosófica ”Me pregunto cuando es que la maldita Casa Real pasa por apuros económicos..” y dejó la frase colgándo en el aire.
”De qué país vienes tú?” le preguntó con cierto interés. Ya estamos en lo de siempre, se dijo el chofér para si, porque no pasaba ni un solo día sin que alguien no le preguntase lo mismo.
”Soy de Eritrea, pero he vivido…”
Ah! La ex-colonia italiana de Abisinia!” dicho el jóven pasajero con la seguridad de quien sabe de lo que está hablando. Y dandole una palmadita en la espalda, le dijo ”Hay mujeres muy hermosas en tu país, pero porqué les cortan el clítoris?” El chofér cerró los ojos y contó hasta tres, puesto que el riesgo de chocar era muy grande si contaba hasta los diez. Y en esos tres segundos vió a su abuela, a su madre y a su hermána menor, haciendole señas de despedidas, cuando decidió abandonar para siempre su país e intentar suerte en la Europa culta y civilizada.

Y mientras los soldados israelíes vaciaban cuerpos palestinos de órganos vendibles en el mercado negro internacional, apagó el taximetro y se fué a dormir.
Un nuevo día empezaba ya a nacer y con el, también la esperanza de que algo hiciese que al papa le diese un atáque al corazón o que se le atragantáse alguna estúpida frase en el pescuezo.
Porque de parálisis cerebral ya padecía.

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