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Ausencia

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(Visita también: Héctor Díaz )


Un sol japonés,
se apresura en el horizonte,
ahora que el mar,
se vomita en helechos,
en la hora que los pájaros
dejan de volar,
y la noche se queda sin canto.
En busca de un espacio sin hollín,
donde los pastos ralos se sonrían,
me acuerdo de la calle perdida,
la que murió con mis sueños de aventurero.

En la calle donde nací,
no había baldosas,
ni flojas como las del tango
ni fijas, como las de los barrios altos.
Un perro callejero, un boliche sin reboque
y las lluvias traídas por el viento
del Río grande como Mar.
Solitarias en un solar lindero,
las palmeras, que trajeron las palomas
en mis sueños de niño sedentario.

Un sol de humor cambiante,
y una luna coqueta
en las noches de verano.
Teru-terus, cotorras, chicharras,
benteveos y glicinas, competían
con zapallos, tomates que reventaban
de rojos, mientras una higuera,
nos daba su gotita de miel y de nostalgia.

Ahora, confundido en otras calles,
otros ladrillos y otros explotados,
barajando los sueños de otros cuentos,
las juventudes de otros fantasmas,
me recuerdo el muchachito aquel
vendiendo su protesta,
cuando el tiempo era nuevo.

Héctor Díaz

23 de Marzo de 1998

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