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Estas son las mañanitas…

(Visita también: Héctor Díaz )

Las seis de la mañana, son horas frescas. Las siete son de comienzos. Las ocho son burocráticas y las nueve, alarmantes. Las diez son horas suaves. Las once son algo serias, y las doce son campanas y sirenas de plácido villorrio.
A eso de las seis de la tarde, hora sin rostro, me acordé que tenia que cambiar de sindicato pero como la hora de atención ya habia pasado, salí a comprar argumentos pensando en como hacerlo para no herir sentimientos. Porque con cierta preocupación me acordé de lo que alguien en alguna ocasión afirmó como teorema universal infalible, o tal vez como dogma o falacia: nunca hagas negocios con tus amigos y tampoco con miembros de tu famila. Porque se ha demostrado que el parentezco o la amistad es un argumento irrefutable a la hora de la repartija, pero que tiene poca consistencia a la hora de las deudas.


La hora del capitalismo es una hora cero. De desolación y angustias, sin futuro ni esperanzas. Y de teorías por doquier que pretender demostrar que el consumo y la ganancia son los pilares esenciales en la vida del homosapiens. Lo cual, según el punto de vista de los barones de las finanzas, es una gran verdad, pero que dista mucho de ser la de todos los que de manera involuntaria estan obligados a vivir en este mundo de cristianismo mogijato y engreido.


Y ya que estamos en esto del conocimiento especulativo y de la religión. Según los amantes de las terorias conspirativas el número 666 seria un dígito satánico, y por antítesis, la cifra 999 de orígen divino. Esto si creemos lo que sustenta Josemaria Escrivá, cura español fundador de la fanática agrupación católica Opus Dei en 1928, en un libro escrito por él mismo en 1934 que tituló El camino y en el cual propone 999 puntos de meditación, que tendrian como objetivo el volver a los valores católicos ultraconservadores para llevar a cabo ”la obra de dios en vida”.


Pero en fin; allá ese fundamentalista con su cruz a la tumba que el horno no está pa’ bollos. Mas se me ocurre que si por reducción matemática asombrosa sacamos dos 6 del 666 y dos 9 del 999 obtendremos el encomiable número 69. Es decir, lo satánico y lo divino en unión corporal magnifica de moral sin mochila. Castigo corpus meum…


Y ya que hablamos de cuerpos. Hace un tiempo atrás decidió un payaso de la política en el estado yanqui de Virginia, prohibir a los jóvenes mostrar calzoncillos y calzones asi como lo hacen en la actualidad, cuando dejan colgar sus jeans dejando al descubierto una buena parte de sus ropas interiores. Los que lo hagan deberán pagar una multa de cincuenta dolarácos.
El político que llevó adelante esta cuestión de las ropas interiores juveniles y que se pasea por la vida sacando pecho como el mejor de todos, afirmó incluso que eso no es más que “una vulgarización de la cultura norteamericana".


Me pregunto que problemas tendrá tal personaje de la vida política yanqui. Experiencias post-traumáticas cuando terminó de usar pañales? O tal vez abuso del cilice(*) en años mozos? Mas una visita a un psicoterapeuta no le haria nada mal, digo yo.


Y ya que comenzamos con horas mañaneras del rey David, permitaseme agregar entonces una frase de Gabriel García Márquez sacáda de su última novela Memoria de mis putas tristes para redondear esto de preceptos éticos y seculares, “la moral es un asunto de tiempo”.



(*)
Un cilice es una correa de cuero provista de puntas metálicas que se adentran en la carne (a menudo en un muslo), como una advertencia o recuerdo del sufrimiento de Jesús. El agudo dolor que ocasiona ese instrumento de auto tortura medieval, ayudaria también a contrarrestar los deseos carnales, según los masoquistas del Opus Dei.

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