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Buscando

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(Visita también: Héctor Díaz)


Yo te soñé despacio,
no tenía apuro la noche,
era tu cuerpo.
Podía haber sido cualquier otro.
Tu milenario alarido,
golpeaba en el espejo,
de mi laguna quieta.
Pasastes a ser única
como la furtiva mirada
de cualquier desconocido.

El filo platino caído de la bóveda oscura
me recordaba que al placer
hay que regalarle tiempo.
Muchos recorridos
de dígitos inquietos
aprendizajes sucios como el de la libertad
que aún seguimos oteando.

Se extravió el recuerdo de tu mirar,
ya no se dónde
Manos que lo querían decir casi todo
y dejaban “un poquito“ para que los demás
se fueran descubriendo lentamente.

El mar lavó tu tiempo, guardó tu sueño
de noches con lluvias y caminos tristes.
La soledad, eterna compañera
avisó a los demás, los compañeros
los que conocimos y los otros
que La utopía y el amor nos espera desde los anonimatos.

Tus últimas palabras me siguen todavía:
- En la vitrina del patio del palacio, duerme la piedra de la huelga
Algún día despertará.
Caeran los muros
y el hombre dejará de tenerse miedo.
Su despegada voz que le grita desde el comienzo,
pasará a ser camino vivo.
Las manos se cruzaran sin amuletos
y la cuchara del albañil, no tendrá precio.

Héctor Díaz

Comentarios

Jueves, 18 de Septiembre de 2008 20:04. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

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