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Noche de lupus y murciélagos hematófagos

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(Visita también: Reflexiones desde las cloacas)


La noche parecia haber sido sacada de miles de cuentos de terror, de esos que llenaron nuestra infancia de fantasias exitadas sin limites.
Una luciérnaga alumbraba con sus segmentos abdominales fosforescentes el pedazo de tierra en que descansaba, y que le pertenecia por naturaleza y no por ley. Mientras la luna bañaba con su luminosidad, el año-tiempo de su presencia transitoria.

- Noche de hombres lobo – pensó aspirando el humo de un cigarrillo cuya lumbre parecia querer competir con la luz del coleóptero brillante.

Dentro de poco los rayos de un sol trasnochado y lleno de remordimientos por tener la ingrata misión de caér a plomo sobre el desierto de Iráq, comenzarian a romper la noche y lo mejor era tal vez, irse a descansar. Pero en el mismo momento en que dirigia sus pasos hacia la puerta de su residencia alquilada, una sombra pesada y gruesa cayó sobre él.
Un demonio ebrio? Un vampiro sediento en busca de una tardia cena? La raíz de sus pecados? O el capuchón negro de mercenarios al servicio de los yanquis, que lo llevarian engrillado a lugares más lúgubres que esa noche, para ofrecerle tortura por su prosa sarracena?

La luciérnaga apagó la linterna de su vida para no tener que testificar lo que veia, en caso que a algún abogádo defensor demasiado seguro de si mismo, se le ocurriese llamárla a declarar, y otro pequeño pedazo de tierra quedó sumido en la oscuridad

Lo ultimo que creyó recordar fue que las cruzadas fanáticas habian vuelto a despertar, después de siglos de sueño simulador e hipócrita.


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