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Buen apetito!

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Hace un par de semánas atras el programa televisivo sueco ”Encargo: inspección” (Uppdrag granskning ) desenmascaró con ayuda de una cámara oculta, el manejo de la carne molida en cuatro supermercados de la cadena ICA, supermercado que cubre toda la geografia sueca. Todos y cada uno de esos negocios, presentaron el mismo resultado. A saber, manipulación de la fecha del termino de validez del producto presentado como ”fresco”, y otras delicias. Como por ejemplo, recoger carne del suelo y empaquetarla para ser vendida a los ingenuos consumidores. Yo, entre otros.

  

El director general de esa cadena de supermercados pidió disculpas a través de uno de los periódicos más leidos en Suecia, pero ni siquiera eso ha logrado que el consumo de la carne molida en el reino de juguete sueco, esté en los niveles que antes de esa revelación pavorosa.

  

Y para comprobar en la práctica como está el asunto de la higiéne también en los restaurantes, busqué trabajo en una casa de comidas, como lavador de platos. Y por supuesto que me lo dieron de inmediato, sin necesidad de mostrar referencias ni curriculum vitae. Mi pelo negro bastó como garantia, y el pago seria a la negra. (Porqué el color negro siempre es relacionado con cosas negativas, me pregunto…)

  

Trabajé durante un fin de semána, y como pagaban por día no perdi nada cuando no apareci más por alli. Aparte por supuesto que el estado sueco se quedó sin recibir los impuestos por salario recibido, pero a otro perro con ese hueso que de complicaciones ya tengo más que suficientes.

El restaurante de marras cerraba a las once de la noche, lo cual implicaba que a eso de las diez y media los cocineros comenzaban a tirar restos de comidas a las bolsas de basura, o las guardaban para el día siguiente, dependiendo de que alimento se trataba.Y para mi suerte, pero no para el visitante, sucedió lo que no deberia pasar. Llegó un cliente a eso de las diez y media y pidió un pedazo de carne con salsa de mayonesa. Salsa que minutos antes habia ido a parar a uno de los basureros que adornaban esa cocina.

El cocinero entró en pánico y sin dudarlo dos veces, tomó una cuchara y raspó los restos de entre miles de mierdas acumuladas para ser tiradas, y lo incluyó en el jugoso biffe que le sirvió al pobre hambriento que quiso disfrutar de un buen plato de comida.

  

La próxima vez que vayan a un restaurante, lleven su propia comida en una bolsita porque uno nunca sabe…

Bon apetit!


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