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El que rie ultimo…

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Se acercó a la cama del paciente y constató varias cosas. Que no respiraba. Que no tenia pulso. Que los ojos los tenia abiertos y vidriosos. Que la mandibula la tenia abierta como pez fuera del agua.Que el rigor mortis lo habia dejado tieso como tronco reseco por el tiempo. Y que en consecuencia con sus observaciones, el alma se le habia escapado del cuerpo transformandolo en fiambre.

 

Cruzó las manos del fallecido sobre su pecho, le bajó los parpados para que no siguiera con su vista clavada en el más allá - pues al fin y al cabo ya tendría toda la eternidad para observarlo desde cerca - lo desvistió, limpió con un paño desechable y húmedo las partes más visibles de su cuerpo, lo roció con desodorante aerosol para darle algo de buen olor a la muerte y lo vistió con sus mejores ropas, aun cuando notó con sorpresa que el fallecido tenia calcetines, mas no zapatos.

 

 

Cubrió entonces sus pies con una frazada con la esperanza que la parentela acongojada, que ya llegaria a despedir el cuerpo sin vida del ex-paciente, no se daria cuenta de ese pequeño detalle. Como si fuera su culpa que el vejete nunca se hubiese preocupado de calzar sus patas con una par de zapatos, asi como lo hace todo el mundo, pensó algo irritado y le dió una par de palmetazos no tan suaves, en las mejillas de goma muerta.

 

Nunca se pudo explicar como el fiambre fue a dar con su cabeza - ya sin sangre que la irrigase - al suelo impecable del hospital, y menos aún como fue que un violento ataque de risa lo atacó en el mismo momento en que la cabeza sonó ”bom!”, cuando chocó con la dura superficie que la recibió con sus brazos abiertos.

 

Más tarde le diria al psicólogo que lo trató, que fueron los nervios, pero la verdad es que cuando me contó esa historia, rompió a reir hasta que las lagrimas corrian por sus mejillas. Y lo peor de todo, me dijo ya sin casi poder hablar de tanta carcajáda, es que cuando un colega entró a la habitación yo ya me habia calmado pero tenia los ojos llenos de lágrimas, y me comenzó a consolar pensando que yo estaba llorando por la muerte del paciente, y yo sin poder controlarme rompi a reir de nuevo, y la dirección del hospital me recomendó una terapia con un especialista.

 

Y a qué conclusión llegó? el pregunté curioso. Conclusión? me dijo y agregó, el matasanos rompió a reir de manera tan estrepitosa que tanto el como yo fuimos a parar a un siquiátrico envueltos en cómodas camisas de fuerzas estatales, je, je, je…!!!

 

Nunca olviden entonces que eso de que una buena carcajáda prolonga la vida, es una verdad relativa y modificable.

 

 


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