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Euforias pueriles magnánimas

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Me puede prestar un bisturí? me inquirió con  voz apenas perceptible. Y para qué lo necesita? le pregunté a mi vez, y me di cuenta de inmediato de lo estúpido e innecesario de mi indagación. Porque si lo hubiese requerido para trinchar mi cuerpo o el de otros que allí se encontraban, en pequeños trozos de carne de carbonadas humeantes al  vapor de papas cocidas (versión en miniatura de la cazuela), con toda seguridad que ya lo habría hecho. Su voz tenia el mismo tinte ese que usan los comentaristas de cuestiones económicas, cuando se refieren a La Bolsa (“Se está recuperando!” o “Está inestable…”) o al Mercado (“Está optimista!”. “No lo había planeado…”. “Está saturado!”) como si esos dos conceptos fuesen entes vivos con sentimientos, y pudiesen sentir. Una cosa si es cierta, la ausencia de empatía en esas dos entidades son manifiestas.

O como la contradicción entre la vida y la muerte. Mahmour leía todos los días la biblia. Pero traducida al árabe. Lo cual hacia pensar a la mayoría de los prejuiciosos que en su cama de agonizante, estaba leyendo el Corán y lo consideraban un fanático sin fronteras, terrorista potencial y enemigo de la sociedad cristiana y occidental. Alguien dijo incluso que la CIA lo tenia entre sus candidatos para enviarlo con pasaje gratis a Guantamo Gay con uniforme naranjo y antifaz negro en la cabeza.

Y yo que estoy leyendo el Corán en español! pensé y me imaginé tirado en una camilla en Tunes con ese compendio en mi bolsillo cuando el pueblo apedreaba a su gobierno , y las masas quemaban todo lo sagrado así como las turbas en USA quemaron los discos de los Beatles, cuando John Lennon tuvo la mala idea de comparar su fama con la de Jesús, el pastor.

Lo cierto es que así le contesté y esperé su respuesta dispuesto a transar, pero lo único que pude apreciar fue un murmullo incomprensible, cuando recibió el escalpelo y desapareció con ese instrumento entre sus dedos agarrotados, por los pasillos del albergue. Cojeando, y con la mano que soportaba esa herramienta colgando más abajo que la vacía, se alejó dejando una estela pestilente en su peregrinación por la vida. Y pensé que a lo mejor había una contradicción en lo que yo pensaba que era correcto y mi accionar cotidiano. Pero no es siempre así? Que declamamos con ardor, la necesidad de revolucionar la sociedad capitalista que nos oprime, pero no hacemos nada concreto por llevarla a cabo. O por provocarla. O seria el maldito piiiiiiii!!! monótono y continuo de mi puto tinitus que sonaba en mi oreja izquierda,  lo que hacia que siempre transaba con cualquiera que me preguntaba algo, pues nunca estaba seguro de lo que me decían. Y  que a veces apagaba hasta el sonido del piano que Pelle se empecinaba en tocar. Porque para hacer la revolución se precisa no solamente un férreo convencimiento ideológico, sino también cojones! Me dijo Vargas Llosa desde el privilegio de su premio Nobel, cuando al despertar una mañana me acordé que estaba leyendo un libro suyo.

La figura se reflejaba en sus recuerdos, como papel traspasado por luz de luna en noche de murciélagos, y pensó que a lo mejor era una buena idea provocar reacciones, para lograr respuesta a dudas acumuladas durante milenios. Y por eso fue a pedir un cuchillo, a sabiendas que era prohibido tener un  instrumento filudo en su poder. Pero tuvo la buena suerte de pedírmelo a mi, que tenia una relación confusa y contradictoria en mi accionar diario, porque el convencimiento de todas tus gesticulaciones es muy débil, agregó Pelle con algo de pesimismo en su voz pegajosa de hipocresía.

Y  decidí odiarte cuando todo el mundo decía que debía amarte. Y el porqué de tal descabellada decisión nunca lo sabré. Porque la mejilla que mis enemigos tenían que abofetear dos veces para convencerme que era cristiano, murió la primera y ultima vez que fui  al dentista. Y la progresión de mis ilusiones se aletargó, al mismo tiempo que salí de allí con el dolor de muelas más terrible que pueda recordar. Y cuando comencé mi paso por la vida, sin saber que ese lapso nació sin rasguños ni odas de muertos , ni mantenimientos de bocas vacías, ni tabaco penado por ley, agregué a mi curriculum vitae este párrafo triste de listas macabras.

Y lo mejor es que me vaya, que dices tú? indagó Pelle con sus ojos de gato afable. Pues aún no lo sé si mi madre se muere, le dije por decir algo. La mía se murió y nadie agregó en su testamento que también tenía un hijo ateo, sin gracias del dios que nunca existió en sus parámetros de pantomimo desamparado, pues su esencia era  la de  los muertos y no la de los vivos. Porque cuando el loco Armando me dijo que me comiera la lengua como chicle de asuntos olvidados, le dije que el cuchillo no era mío sino suyo. Y que la mierda de mi conciencia aun seguía en vida, sin que nadie la aplaudiese porque hiso lo suyo sin empaquetadura de comerciales desechables. Y todo el mundo se cagó de la risa, puesto que ya nadie tenia nada que agregar, cuando el hambre de mis sueños se clavó en mi mente y todo  se enmudeció.

Pero no  era ese tu verso? me preguntó Pelle y sin saber que responderle  di  vuelta esta página para ver si había otra. Mas cuando lo hice y levanté mi cara, ni siquiera recibí el sabor de su boca, añadió  Pelle y el sonido de una gota de agua que sonaba como tromba, corría y corría o a lo mejor caía, cada vez que su sueño era interrumpido por otra ficción que nunca nadie pudo interpretar, puesto que la fiesta del entierro obsceno que las viejas brujas prepararon, en ningún tiempo se llevó a cabo  porque la policía lo prohibió.

PD:

Agrrhl…! dijo cuando le pusieron la bota en el cuello. Y Ahhhhh! cuando se murió.

Un fuerte abrazo solidario!

Luis

 

Guillermo Ortiz-Venegas ®

 guillermo_suecia@hotmail.com

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