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Las cosas simples de la vida

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Hoy día, 14 de Octubre del 2010, mi hija mayor Tania se encontrará por primera vez en su vida con su media hermana Inty, franco-chilena. Inty es hija de mi primera esposa y vive en Francia. Tania vive actualmente en Suecia y ha tenido la ocasión de conocer a otros cuatro medio hermanos que viven aquí: dos rumano-chilenos, y dos sueco-chilenos. Todos estos, viven en Estocolmo. Es decir; de mi primer casorio con mi primera esposa chilena, nació Tania en Neuquén, Argentina y hasta los 18 años fue ciudadana de ese país. De mis segundas nupcias con una rumana que pertenece a una minoría alemana asentada en Rumania desde hace siglos, nacieron dos hijos: Eduardo Bogdan (Edi) y  Francisco Andrés (Andi). Este último está de cumpleaños hoy día y ya lo felicité en tres idiomas. La multi anii! en rumano. Grattis på födelsedagen! en sueco. Y Cumpleaños feliz! en español.

De mi tercer matrimonio con una sueca (y tal vez el último?), nació Tereza Johana Eugenia y Elias Valentin. Ambos son ciudadanos suecos pues la madre es sueca, y no hay más que agregar al respecto.

Y claro, con tanto hijo por supuesto que tengo nietos también. Dos en Chile a los cuales no conozco, Esteban y Javiera y dos en Suecia, Nike y Kelly. Y estas dos últimas son la prueba más concreta de la así llamada sociedad multicultural sueca que tanto odian los nazis.

Porque por esas cosas del amor y de las hormonas, a Andi, mitad chileno y mitad rumano,  se le ocurrió casarse con Annika, mitad noruega y mitad japonesa. En conclusión, tanto Nike como Kelly tienen algo de mezclada sangre chilena, algo de sangre de Drácula, un poco de vikingas, algo de geishas y una pizca de tinte germánico. Y son ciudadanas suecas. Simple, no?

Y para no desentonar, yo también tengo un pasado de nacionalidades algo confuso. Yo salí de Chile en 1973 con pasaporte chileno. Cuando llegué a Suecia se venció y los burocratillos del consulado chileno en Estocolmo no me lo renovaron apelando a no sé que ”listado nacional”. Y cuando me salió la residencia en Suecia, los burocratillos suecos de la Oficina de Inmigraciones quedaron muy confundidos pues no sabían en donde poner el mágico sello de estadía en el paraíso sueco. Y como no tenia documento ”oficial” alguno se les ocurrió la gran idea de otorgarme un pasaporte sin ciudadanía emitido por las Naciones Unidas con el fin de documentar a todos los ”sin patria”. Es decir, durante más o menos cuatro años y hasta que me otorgaron la nacionalidad sueca, fui apátrida.

Y cuando fui a buscar mi pasaporte sueco a la oficina de la policía, al burócrata de turno encargado de entregar tal documento se le atragantó el desayuno en el pescuezo, pues no podía entender como un cabeza negra se había hecho acreedor de tan preciado papelito con forros azules, sin que se lo hubiesen informado a él. Tomó entre sus dedos-pinzas el documento de la Oficina de Inmigración que atestiguaba que yo era yo, y que de allí adelante seria ciudadano sueco y de mala gana, me pasó el documento aquél que decía con tinta y sellos oficiales, que a partir de ese día era yo un ex-chileno.

Y cuando viajé por primera vez a Chile en 1987, la policía del aeropuerto de Pudahuel tomó una decisión muy sabia y para redondear esto de nacionalidades y otros líos similares, me arrebató la ciudadanía chilena allí mismo como condición para dejarme entrar a mi propio país. Y desde entonces, cada vez que viajo a Chile lo hago en calidad de turista extranjero con pasaporte ya tampoco sueco pues este fue abolido hace unos cuantos años atrás, sino de la Unión Europea. Simple, no?

Pero la conclusión final no es nada de positiva. Porque mientras todos los hermanos de mi hija Tania, son ciudadanos europeos, y a pesar que tanto su padre – yo – y su madre – mi primera mujer – somos ciudadanos europeos, a ella le han negado la permanencia en Europa y es hoy día una flamante ilegal, que camuflada de ciudadana se pasea por las calles de Estocolmo como si fuesen suyas, para deleite de todos los que la miran pasar.

Estas son algunas de las cosas simples que nos ofrece la vida.

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