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Mojigaterias y otras cosas del mundo actuál

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Decidí un día comenzar a repartir diarios los días Martes, en una zona compuesta por edificios y pequeñas casas, al sur del centro de Estocolmo. Puntual y lleno de energías ordené los cientos y tantos periódicos en un carrito par tal efectos a mi disposición  dispuesto y me tiré a la aventura. Con el correr de las semánas, unos cuantos dolores extras en las hernias que ya tengo en la columna y caminando algo doblado, me hice amigo de las aseadoras que por alli limpiaban, un par de tailandesas cuyo idioma sonaba a mis oidos como letras trituradas por antiquísima máquina de moler café, del cartero que visita a sus clientes cada día llevando cuestiones tan cotidianas como cuentas sin pagar, avisos de luz del més que ya viene, el próximo pago del prestamo de vacaciones, etc y al cual encuentro cada vez que - yo subiendo y el bajándo -, llevamos a cabo esa importantisima actividad social de contácto a la distancia. 

También me familiaricé con un par de gatos que por aqui merodean y que cada vez que por alli me los encontraba doblaban sus lomos como herraduras de caballos sin calzados, lo cual yo interpreté como signo de reconocimiento y amistad y que miraban con curiosidad y algo de asombro a ese personaje que a los refuellos, (es decir; yo) introducía hojitas dobladas en el buzón de los inquilinos alli residentes. Pero reconocer debo, que después de tanto trajin opté por subir en ascensor al último piso y bajar por las escaleras, lo cual provocó comentarios irónicos del cartero en cuestión un día en que me lo encontré. El, muy fresco, lozano y lleno de vida, y yo agotado, transpirando la gota gorda y maldiciendo la maldita idea que se me habia ocurrido, con el único afán de llenar un poco más mis escuálidas arcas privadas. 

“No te da el físico, eh?” me dijo un día y subió de dos en dos los peldaños de las escaleras interiores de uno de los edificios como para demostrarme que asi se hacian las cosas en ese, su mundo de mensajero moderno. Este cabrón debe ser descendiente directo del griego aquél  que corrió por primera vez la maratón, inmortalizandola para siempre, pensé más nada dije pues no supe que responder, porque poco o nada tenia que agregar a comentario tan exácto y conciso. Me sequé la transpiración con el dorso de una mano, fui al primer basurero que por alli encontré, arrojé en su interior el resto de los periódiocos, dando asi por finalizada esa flagelante etapa de mi vida. 

Que qué dirá mi jefecito después de tal acto de rebeldia está por comprobarse, pero a mi no me sacan un trote más, dije para reafirmar mi desición apresurada y me dirigí al primer local de ventas de bebidas alcohólicas a comprar una cantidad nada despreciable de cervezas, para apagar mi sed y también para adormecer mis remordimientos, que exactamente a su hora predispuesta por mi cerebro de ente subyugado por las obligaciones, comenzó a torturarme con sentimientos de culpa y otros similares. 

Abri la lata, bebi un largo sorbo y la oscuridad de mi derredor comenzó a mitigar, la ansiedad a derretirse como hielo de primavera, al tiempo que concluí que a la europa occidental – civilizada y muy cristiana – no le interesan ni los gitanos ni los musulmánes. A  los primeros los desalojan por la fuerza al mejor estilo israeli en territorios palestinos ocupados, con bulldozers y bombas lacrimógenas en Hungría, Italia y Francia, mientras que en otros países un tanto más moderados en esto de métodos nazis en boga, los amontonan en buses y los trasladan a la frontera con el Báltico y a salvarse el que sepa nadar! 

Acto ilegal! gritan los defensores de los derechos humanos, puesto que la totalidad de los gitanos que deambulan por las calles doradas de la sociedad de bienestar sueca, son ciudadanos búlgaros o rumanos y por lo tanto, son también ciudadanos de la ilustre comunidad del viejo continente. De esa bolsa de gatos que es la Unión Europea. Pero claro; a quién le interésa salvaguardar los interéses de ciudadanos de segunda clase? Pareciera que no a muchos. 

A los segundos los acosan “ideologicamente” con argumentos tales como “el Islam tiene como propósito ‘ocupar solapadamente occidente’, que no son cristianos (como si eso fuese garantía de democracia real ), que el islamismo es retrógrado ( y qué es el catolicismo entonces? Fuerza motriz de avance y desarrollo, acaso?), que no respeta el derecho de las mujéres (vamos, caraduras! Que el Vaticano no es exactamente un aliado incondicional de las féminas!), que no toman vino sino leche de camellos, que no se limpian el culo con papel, sino con agua, que son feos y gritones (y qué me dicen del cristiano Hitler o del católico Berlusconi?), y que en general demoler Irák y Afghanistán o amenazar con hacer un estacionamiento para autos yanquis en el actuál territorio iraní son muy buenas ideas, para de esa manera acentuar el “papel protagonista” de USA en el “mundo civilizado”. Y en tiempos en que el parque de vehículos motorizados amenaza con hacer trizas el equilibrio climático en nuestro pobre mundo, tal vez no seria mala idea, dicen algunos. Yo por mi parte, no le hago daño a nadie con la bicicletita de segunda mano que utilizo, para movilizarme dentro del centro de la capital del reino de juguete de Estocolmo. 

Cuando iba abrir la segunda cerveza sentádo en un banquillo de la estación de trenes locáles, observé con cierto malestar que un par de guardias que por alli parasitaban me apuntaban con el dedo, y dispuesto a defender mis derechos ciudadanos arrojé la lata a otro basurero, para reafirmar mi propia mojigateria, a la que me ha obligado la sociedad de consumo despiadada,  en la cual estoy obligado a pasar el resto de lo que me queda de vida. 

Carpe diem!

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(Visita también: Reflexiones desde las cloacas)

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