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Y dios creó el mundo en siete días (2)

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SEGUNDA PARTE. De Jueves a Domingo
(La primera parte, la encontraras abajo de este artículo)


Jueves
día que al susodicho se le pasó por alto por estar en meditaciones divinas, lo cual fue rápidamente aprovechado por algúnas agrupaciones malintencionadas y bellacas para dedicarselo a Júpiter, pero que de todas maneras es el cuarto día de la creación y el quinto de la semana litúrgica que comienza el Domingo y termina el Sábado.

Magnifico día de mi niñez de católico obligado, en que recibía pequeñas encomiendas que mi abuela paterna empaquetaba con mucho cuidado y papel bien grueso, para que resistiesen los intentos de violación que sufrian por parte de los empleados del internado - en que mal pasé cuatro años de mi vida de infante acongojado - que a falta de mejores sueldos, se dedicaban a profanar los tesoros que nos enviaban nuestros familiares más cercanos.

Y al igual que muchos otros de mi edad, yo era católico por obligación y un representante poco fiel de esa religión, que yo encontraba cruel y represiva. Y por esos años, cuando mi miedo era impuesto y no espontáneo, tenia serias dificultades para definir con certeza a quién le tenia más temor: si al dios de los católicos o a su Demonio. Porque según mi manera de ver las cosas, no existia niguna diferencia entre el uno y el otro.
La Iglesia católica, ambigua como siempre ante las injusticias sociales, permitía a veces la presencia en sus colegios privados de niños indigentes, como una manera tal vez de guiar el futuro y potencial descontento popular hacia sus parroquias, antes que desbordásen por los canáles de la subersión descontrolada.
Pero si los propósitos de algunos fue hacer de mi un católico practicante, fracasaron rotundamente en ese intento. Eso lo puedo asegurar con certeza, sin que la verdad de mi postulado se atasque en mi gaznate.

Viernes
día en que el susodicho comenzó a cansarse de su génesis y también de tanta diatriba contra los sucesores de Adán y Eva, y declaró con venerable voz de cañón semioxidado que atronó por todos los rincones del reino por el creado, que este día seria el último disponible para pagar impuestos y otros gravamenes a sus inspectores en sotánas, antes que las cajas celestiales cerráran durante los otros dos días que aún no daba en concebir.

12.31, 12.31, 12.31… pestañaban las cifras rojas del reloj digital situado sobre una mesa tallada al lado de su cama, y por un instánte se preguntó si serian las 12.31 de la noche o del día. O a lo mejor estoy situado al otro lado de mi dimensión, se dijo. Y cuál es tú dimensión? Le preguntó la Voz. Es esa en la cual me encuentro ahora, respondió con algo de tedio y rascándose la oreja que la Voz ocupaba de cuando en cuando, apagó su zumbido al interior de su sesera.
La luz de la luna llena entraba a raudales por el ventanal de la habitación que ocupaba y acudieron a su memoria historias de vampiros, hombres-lobos, brujas desdentádas, y gnomos encorvados de voces repugnantes. Porque el mito de la nefasta influencia del astro luminoso, cuando mostraba toda su cara a las cosas y a los seres vivientes, continuaba cabalgando como caballo desbocado.
No es raro que asi sea! Reflexionó la Voz una vez más cortando el hilo de sus pensamientos. En periodos en que la luz eléctrica no existía, el descomunal reflejo de la luna sobre la Tierra y sus habitántes era mucho más notorio y significativo que hoy día. En la actualidad, sus destellos se pierden entre la enorme selva de luz artificial que rodea nuestro mundo periférico, y ni siquiera la notamos.
Porque cuando el alumbrado público aún estaba en pañales, la luz de la luna llena cumplía dos roles muy distintos y contrapuestos entre si: uno benevolente y otro malevolente. Los epilépticos son muy susceptibles a la luz y muchos de sus ataques son ocasionados por ejemplo, por la excesiva luminosidad de un lugar cualquiera, continuó la Voz al interior de su cerebro. Y los epilepticos eran considerados entonces poseidos por el Demonio, cuando la luz de la luna llena hacia su aparición, ocasionando sus dramáticos atáques. Pero también, su fulgor magnifico ha sido cuna de hermosos poemas románticos, de amores nacidos a su amparo fluorescente.
Dejó que la Voz en su interior muriese por si sola, para no interrumpir la fuerza del mensáje de su ultima aseveración. A veces, la nostalgia es una poderosa fuerza de vida de la cual nos surtimos para seguir viviendo.

Sábado
cuando el susodicho decidió que ese sería un día santo para el futuro judaísmo, su tienda preferida, la cual a poco andar - y al igual que troskistas ortodoxos – se fraccionó en constelaciónes diversas de fanatismo fundamentalista.
Este nuevo día por mi creado será sabattum sentenció y le ordenó al antiguo reino de Mesopotamia, Acad, la tarea de bautizarlo como tal.

Introdujo el dedo indice de su mano izquierda en el orificio izquierdo de sus fosas nasales. Las revolvió con el mismo en busca de alguna mucosidad, pero no encontró nada. Introdujo entonces el pulgar en el orificio derecho y el resultado también fue nulo. Sintió algo de decepción pues ya se habia acostumbrado a sacar pequeñas bolitas de sus narices con las cuales jugaba un rato amasandolas entre sus dedos, para pasado un instánte no muy largo, - pero tampoco muy corto que le impidiera el placer de sentir como las iba poco a poco disecando – dejarlas caer sobre sus pies para sentir el suave tic! que producian cuando como pelotas de caucho rebotaban sobre sus empeines, para luego irse a perder en la inmensidad de la nada.

Pero también ese acto algo de mal gusto para algunos, era una viejisima tradición familiar y unos de los pilares fundamentales en que se sostenia su andamio moral y de principios, de valores y concepciones diversas tales como los gustos culinarios, y su apendice el arte de sazonar, el favoritismo por uno u otro equipo de fútbol (de preferencia capitalino), tal o cual prejuicio que reafirmaba los lazos extrauterinos de la familia, el color de las tiendas políticas que apoyar o rechazar, la facción religiosa a la cual pertenecer, los tics nerviosos, las joróbas y la eyaculación precoz, entre otras.
Eso de la preferencia del color de la piel y/o la pertenencia a una clase social de hábitos sanos y economía estable, eran cuestiones que dependian sin ninguna discusión (eso estaba claramente establecido por las tradiciónes más arriba señaladas) de los ceros a la derecha de la cuenta bancaria de los que vendrian a ser parte de la gran familia.
Todo eso significaba, el metérse los dedos en las narices y arrancar algún fruto de ellas. Y por eso su frustración cuando no pescó nada, poniendo en peligro la estabilidad de todo ese conglomerado de transmisión de doctrinas, ritos, costumbres, etc que lo sujetaban a su realidad, asi como cientos de garrapatas chupasangres, sostienen en pie a gatos famélicos de anemia aguda.

Domingo
cuando el susodicho declaró con pompa y fuegos articiales, en forma de rayos y truenos, que ese sería un día de fiesta y de descanso a la vez. Algo contradictorio para oídos profanos, sin lugar a dudas! Pero como la antítesis era un nudo misterioso y divino, se podria incluso aceptar esa testificación en ese entorno contemplativo. Seria también, como habia decidido su excelencia, jornada de recapacitación y cuestiones litúrgicas que dedicasen sus ruegos, adoraciónes y similares a su recuerdo y nombre, para que al homosapiens no se le olvidase nunca que habian sido por su voluntad creados, so pena de cocción eterna en los peroles canibalescos de Belcebú

Porque de la misma manera que la sal se contrapone al azúcar, el mar al continente, el vino al agua, el devoto al ateo, el obcecado al emancipado, el cohibido al osado y el etcétera a lo explícito, de ese mismo modo no deberias olvidar que aunque andes despacio para no hacer ruido, no podrás evitar que las rodillas crujan, me dijo Pelle con conocimiento de causa. Y sorbiendo su infusión de té con miel y gotas de limón, hizo paladear la lengua contra la basílica de su paladar, estiró su osamenta como felino después de reponedora siesta, soltó un sonóro quejido de placer originario y me dijo ”y con esta frase supongo que darás terminado a todo este embrollo incoherente que has escrito ahora. O no?”

Y mientras Pink Floyd interpretába The Wall en una radio que habia elegido al azar, y como además era este el séptimo día de la semana y además el primero de la semana litúrgica, decidí darle la razón y sin agregar nada más, finalizo en este renglón.

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