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Tan Simple ( SALUD...)

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(Visita también: Héctor Díaz )

Una poesía es como un cuadro que se pinta, no se termina nunca. No sé si se precisa ritmo, rima, esta cadencia proviene de la locura de cada uno. La musicalidad es otro misterio. Las notas musicales son como la lógica o la gramática de la música, el intento de un ordenamiento. Hasta qué límite esto es posible escapa de mi sapiencia, cae en la divagación de la intuición. La creación, el origen de la vida no tiene explicación posible. En la poesía hay como una doble musicalidad no descubierta, se manifiesta por el eco de la filosofía que acompaña cada bípedo.


Aquí, en las horas imperfectas,
lo comentamos todo,
el azabache de la noche,
la playa golpeando
con sus olas de letras,
el sueño de descubrir,
de ser más grandes,
de verme en la altura de tus ojos,
para soñar de nuevo.
El beso ya no importa.
solo queda el recuerdo,
el dibujo de tu sonrisa,
única esencia del perfume
de tu mirada negra de la tierra.

Y yo, la barca, la distancia y los otros.
Pedro Rojas con su cuchara de albañil,
Cipriano haciendo un gesto hacia el futuro,
Buenaventura, con esas ganas que le come el alma,
y los miles de hombres del planeta
antes de que la bota criminal, los destrozara.

La muerte también es un paseo,
un viaje a la energía sin prestigio,
la competencia que se quedó sin podio,
la brisa tan sola del recuerdo.
Ahora afirman, que la poesía
ha muerto,
de edad, de carga natural, o de angustia congénita.
IDEA se fue, para seguir viviendo.
Una calle, una baldosa, una piedra,
la creación y el brote,
la luz, el milagro de la síntesis,
“ Siempre habrá una bota sobre el sueño “.
Tan efímero es el hombre,
Y sin embargo.... sueña.
Cada vez que el hombre se incorpora..sueña.
Serán muchas las voces desquiciadas,
-: Que soñar no cuesta nada.
Que siempre se vuelve a aquel origen,
al milagroso trueno, o al martillo,
a los hierros candentes del castigo,
a la idea fatal de los pecados,
donde un dios dirige los destinos.
En estas horas desquiciadas,
lo comentamos todo;
cada vez que los hombres se incorporan,
cada vez que reclaman lo que es suyo,
o que buscan ser hombres simplemente.
Cada vez que la verdad nos llega,
la bota negra, sucia, nos aplasta.

Y es tan sencillo, se trata del amor
tomar distancia de ese resto,
Vivir del otro lado del tejido,
donde no exista la injusticia,
el frío, la muerte, la explotación, el miedo.
Me quedo de este lado del camino.
Todo el horror, todo el dolor del hombre,
va cambiando la piel según el oro,
según la fuerza y el poder se mudan.
Siempre habrá alguna, y aveces más que una,
de las botas feroces,
pisoteando los sueños de los hombres.

Por eso en las horas contradichas,
mientras naufraga el vino en mar abierto,
seguiré la sandalia de los pobres,
la alpargata de deflecado vuelo,
porque es entre los que no tienen nada,
donde nacen las orillas de los sueños.

Si esta bota feroz sigue aplastando,
se caerá la vida como una cabellera,
el planeta se quedará sin plantas,
sin gatos, sin tejidos de la ropa,
sin lluvia plena en medio del verano,
sin la gota de recina que da el árbol,
sin el libro escondido en aquel hueco,
que un borracho bohemio
dejara abandonado, cerca del nido de la vida
que hacían el llamado de los pájaros.

No voy hacer ningún llamado,
ninguna consigna, escrita por la mano,
tan frágil es el planeta azul,
tan débil el Principito alado,
tan suave el colibrí y tan variado,
la mariposa regalona de colores,
el otoño, con sus ocres y sus campos,
las aguas delirantes que en cascadas,
producen el arco iris del mañanana.

Mi juventud sigue descalza.
la recuerdo lejana en la montaña.
muchos días de valle,
días aciagos.
Hoy pisando sobre la arena tibia,
descubro las huellas de otros sueños,
el mito y la utopía cabalgando.

Héctor Díaz
17 de mayo 2009

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