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Camino a la LIBERTAD

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(Visita también: Héctor Díaz)


Alguna vez el hombre creó a dios. El jefe de la manada, el más fuerte, el más sabio, el más artero o cómplice con el crimen que lentamente se convirtió en rey. Este rey envejeció y si tuvo la suerte de que “otro rey” no lo matara, se convertiría en algo camino a dios. Después de su muerte nace el endiosamiento, el mito que como en cualquier velorio de cualquier mortal pasa a la categoría de tener una cantidad de virtudes no conocidas hasta el momento. Así nace el mito y de aquí a la mitología no hay mas que un paso . La palabra hace luz, es la herramienta posible para que el hombre llegue a la comprensión de que el mito fue y es parte de un desarrollo evolutivo, y que fue y es materia prima para la literatura en todas sus formas, pero que con el conocimiento sistematizado y el crecimiento constante de las palabras y los idiomas, los mitos van cambiando de forma y produciendo el ocaso de los dioses.

Esta aventura plástica de la palabra,
saltando del miedo al mito,
dejándose llevar por la lluvia
que arrastra el pedregal de la montaña,
juntando el valle con la agricultura,
con el sueño de computar las noches,
de contar las lunas de los días,
un idioma parido,
con símbolos de cuniforme diestra,
legendarias tablillas de barro,
trabajando el subconsciente y la memoria.
Esta locura mía de los contagios,
de sentir que el adoquín es solidario,
que la noche necesita de los bohemios,
que nadie está de más o de menos
en este entierro,
que el silbido del río, es un surubí penando;
que en su lecho se confiesan,
los secretos de la luna y de los astros.
Y la madre de todos las corrientes
busca el camino sin rastros de las ballenas,
en esa batalla de las rosas rojas,
que viven los delfines del Atlántico.

La palabra creció,
el cuento de hadas se convirtió en novela
el hombre creció en contenido
fueron las noches de los poetas lunáticos
acariciando la felina piel de la nostalgias
donde la gota de la lluvia horodó,
con la paciencia de los vientos,
la violencia disfrazada de capital y estado.
Vestiremos la plaza de colores,
que los árboles del barrio tengan manos,
que la uvas revienten de verano,
que el mar se convierta en vino blanco,
que la libertad empiece a tomar forma,
y el hombre nuevo sea algo más
que retórica vacía arrojada al espacio.
Miro al que fuera mi perro,
¡si hay algo que pueda ser mío!,
me ladra desde el espacio,
desde la sinfonía de puntos blancos,
solo somos intención,
campo roturado, abierto
la simiente heredada y transmitida,
el comienzo y el fin,
una neurona multiplicada,
la célula compartida,
y cada uno sudando su tiempo,
camino a alguna esquina,
donde nos espera la libertad
y el hombre redondee
su condición humana.

Héctor Díaz
Dios derrotado

2008-08-28


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