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El porqué del Río de la Plata

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(Visita también Héctor Díaz)

Tan solo nos queda la palabra,
el silencio de una calle incierta,
felinos que se confunden con la noche,
y la luna rebotando en el filo
de un tintillo que le robaron a la parra.

Sin horizontes escondidos,
vidrios que defienden la ignorancia,
el mar y la música que acarician
la espuma y la sal que duermen en la playa.
Una gaviota escribe su lenguaje,
garabateando la noche con sus signos,
los mitos eternos,
y los sueños frustrados.

Granitos emergiendos, refulgiente oro,
a veces plata,
saludan la tonina silenciosa,
bohemia de las noches
de las aguas barrosas del Río de la Plata.

Camino de la tormenta, huracanados vientos
labrando la memoria de los años
sedimentos de barro y piedra,
recostados en los arenales de la costa.

Una casita blanca de alas ligeras
una metáfora de ventanas
sin cordura, dos gatas ronroneando
su libertad sentida, una maceta solitaria vuela
con su arco-iris de flores peregrinas.

Lluvia fina en los inviernos de tango,
silencio y quietud con el sol del verano,
el tiempo se ha parado, detenido el pensamiento
el epitelio siente, tenso el infinito
y la palabra surge como río sagrado.


Héctor Díaz
7 de julio del 2008

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