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Misceláneas sugestivas

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A veces me como las distancias,
los tiempos de atrás y de adelante,
naufrago con la luna en las tormentas,
me visto de mañana en los albores,
leo el vuelo de las aves en el abismo,
viajo con los viejos dioses,
ceno en el Olimpo,
cuento las olas de los mares,
converso con el silencio antiguo,
sueño con el sol en los ocasos,
y las estrellas forman mi inocente abecedario.

Observo el exelso guión de un meteorito,
con su apoteosis plena,
lloro la nada de su corta existencia
la estela del vestido de la novia,
en la bóveda celeste
donde el amor en búsqueda furtiva,
rebota en el magnetismo de una luna de yeso,
que llora su soledad, en la distancia.

La bruja geometría de los astros,
amar a Venus y a Afrodita,
correr libremente y perdernos
en las riberas viejas del Mar Negro,
en las praderas verdes
del gran Caucaso.

Cruzo el espacio, escucho el ruído de la vía Láctica
sonrío junto a la paloma blanca de Picasso,
pienso en tu amor, y en esa lágrima
corriendo como la gota de la lluvia
detrás de la ventana,
mientras la tormenta hace de las suyas
por las hojas verdes de la palma.

Amon-Ra llora su olvido,
Jehová en busca de un camello,
y en el reloj de arena del profeta,
minuteros del tiempo de la calma,
donde el pan era sin sal,
hecho con las manos y muchas lágrimas
un camino hecho sin regresos,
para esta pequeña nada que es la vida,
siempre queriéndose salirse de la cósmica galaxia.

Héctor Díaz
15/4 2008

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Miércoles, 23 de Abril de 2008 21:48. Guillermo Ortiz-Venegas Ver como artículo separado. Héctor Díaz

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