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Bagatelas democráticas

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En este, el país de las mujeres más bellas del mundo, los obreros con las manos manchadas de grasa industrial y aceite negro de máquinas misteriosas, son cada vez menos. Mi vecino de la derecha, es uno de los últimos de esa especie en extinsión. Generoso y bonachón, siempre mal vestido, con olor a fábrica después del tercer turno, amante del vino y las longanizas, poco aficionado a las actividades físicas – como no sea el montar a su mujer – e ideas políticas poco claras y que varian dependiendo de las copas que ha ingerido, es el típico representánte de una clase que cada vez más, es reemplazada por la técnica de la computación, los robots industriales y la indiferencia de toda una sociedad más interesáda en las bagatelas que le ofrece la prensa actuál en forma de noticias semidigeridas que la gran mayoria traga más que nada como una acto de reflejos condicionados de movimientos peristálticos, y no como una necesidad intelectuál crítica, de intentar descubrir las faláceas que nos presentan entre los reglones de artículos recubiertos con retórica baráta de “derechos democráticos” o “libertad de expresión”.

Derechos democráticos para quién? me pregunto, porque los mios parecen terminar justo ahi en los límites de la frontera que imponen los que usufructan del Poder de lo que es políticamente aceptado y de lo que no lo es. Pero quien decide lo que es correcto hoy día, sino ellos mismos?
O libertad de expresión para decir qué? si la censura que Google ha impuesto de forma solapada en nuestros cerebros, es quien crea nuestras opiniónes con la ayuda de los frios datos que nos ofrece Wikipedia, la “enciclopedia libre” de internet con hechos “objetivos y despolitizados” que apuntan a crear una población políticamente conformista y pasiva.
Algo asi como mi vecino de la derecha, un obrero en extinsión con olor a longanizas y parque industrial. Generoso y bonachón, siempre mal vestido y muy débil en sus principios ideológicos.

La aspiradora verde me mira con sus ojazos sin vida recordándome que es hora de hacer el aseo, mientras mi iguana del mismo color observa con indiferencia de prelado católico ante la pobreza de su congregación, el movimiento de mis dedos sobre el tecládo que describen justamente ahora, parte de su vida en cautiverio involuntario.

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