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Y en meditar tampoco

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Las decisiones más importantes de mi vida, las he tomado siempre sentádo en el trono de mis olóres estomacales. Como el casarme, por ejemplo. Y tal vez por lo mismo todos mis casorios se han ido a la mierda. Pero no solo eso. El día que decidí crear este blog, coincidió con el sonido profundo, de un desecho corporal golpeando las aguas de mi retrete. O cuando llegué a la sana conclusión que pagar dinero por vivir es un derroche y me dediqué a consumir sueños sentado en la taza de mi antiséptico baño escandinavo. Y cuando decidí que ya era hora de amar, salió un suspiro algo bullicioso desde lo más adentro de mis intestinos, como para recordarme que no puede haber felicidad sin musicalidad.

Y el día en que la presencia de Bush vaya a dar al basurero de la historia, lo celebraré con el libertario acto de una defecación sin prejuicios.


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