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Realidades absurdas

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(Visita también: Palestina)

Me encontré con mi amigo Pelle en el trencito local ese, que nos mal traslada de un punto a otro dentro del Gran Estocolmo. Porque desde que lo privatizaron ya nunca sabes a qué horas pasa, ni menos aún a que parte de la Venecia del norte iras a ir a dar.
Sentados uno frente al otro, sacamos nuestros respectivos diarios matinales y nos enfrascamos en lectura obligada.
Supe que a uno de nuestros vecinos lo encontraron muerto, me dijo y carraspeo en forma incomoda. De quién se trata? le inquirí pensando en mi propia suerte. Fijó su mirada en algún punto lejáno a traves de los impecables cristales del flamante trencito y me dijo que Arne, el jubilado aquél, simpaticón y bonachón que bebía más de la cuenta. Te acuerdas? Lo encontraron muerto después de transcurrido casi un año. En su departamente y solo. Y ya no olía a nada. A nada!? le pregunté. Tal vez a madera empolvada y sucia, pero a cadáver abandonado! No, no, no! nada de eso, agregó Pelle y se reacomodó en su asiento.
Carájos! Exclamé en forma espontánea. Y cómo estaba? pregunté con ansiedad creciente pues a Arne lo conocía bien y ahora que lo pensaba mejor, pues claro que no lo veia ya desde hacia mucho tiempo atrás.
Estaba!? Respondió Pelle insinuando una ironia en ese, su eterno estilo que yo a veces aborrezco y me preparé para lo peor.
Era solamente una pequeña mancha sobre el piso del dormitorio. Y no hizo más falta que una cucharilla para borrar su pasado y también su presente del mundo de los vivos. Algo asi como el pincelazo furioso de un pintor sobre error cometido en su tela.
Pelle soltó una risita sarcástica y yo lo traté de imitar, pero es tan garboso todo esto – preguntó una voz en el interior de mi concicencia influenciada por el consumismo de la sociedad de bienestar sueca – como para suponer que cualquier risotada forzada puede reemplazar la tragedia diaria de cientos de miles que, sin razón y muy callados, murmuran sus últimos lamentos de piedad sin que nadie los acompañe? Abrir una firma de “lloronas” en este país, seria a lo mejor rentable.

Mas para proteger nuestro solar y esparcimiento, el río Bug - con sus 1200 kilometros de extensión que se desplaza por la frontera polaca con Rusia, Belorusia y Ucrania – se ha transformado en el Río Grande de Europa. Este río-frontera en la américa del norte que separa a EEUU de México y del resto de latinoamérica, es el modelo que utiliza hoy día la mal parida Unión Europea (UE), para separar a los países ricos de los pobres en el viejo continente. El río Bug es actualmente la frontera entre el ”bienestar” del que supuestamente gozamos todos los miembros de la UE y los que no lo son.
Una vez más, Europa ha sido dividida en dos. Pero ahora no con un muro, sino con la ayuda del Tratado de Schengen. Tratado que le permitiría a todos los ciudadanos de la UE, el traslado sin pasaportes entre sus fronteras. Y digo ”permitiría” porque el requisito indispensable para tal privilegio es tener estampa de europeo unionista, para poder sobrevivir con algo de dignidad en este gran condominio, que es la europa occidental actuál.

Por una orilla del río Bug, guardias fronterizas polacas vigilan nuestro reconfortánte y bien merecido descanso nocturno, mientras que por la otra, una enorme masa de desesperádos está dispuesta a jugarse la vida a cambio de un futuro mejor. Son los gitanos de la Europa del Este, albaneses y ciudadános de la ex-Unión Soviética, los más indeseados en el floreciente paraíso artificial de la UE.

Pero pongámosle una alegre pizca de samaba brasilera a todo esto. Porque a algún genio de ese país, se le ocurrió la brillante idea de levantar un muro entre las miserables favelas del pueblo pobre y el paisaje de tarjetas postales oficiales del país carioca.
Algo me dice que a partir de la caida del Muro de Berlin, a finales de la década de los ochenta, el nuevo milenio ha traido brisas nostálgicas que apuntan a duros trabájos de empalizadas separatistas. Si no me creen, pues preguntenle a los ingenieros de construcción israelíes en que se ganan el sustento diario.
Y en el caso brasilero, lo único que conseguiran será dejar cesantes a los miembros de los Escuadrones de la Muerte (la propia policia camuflada de “aseadores” nocturnos), que se dedican a ajusticiar niños callejeros y desamparados cuando duermen tirados por las calles, ensuciando con su presencia, los agradables momentos de turistas europeos y yanquis.

El día en que empiecen a levantar muros alrededor del barrio en que vivo en Estocolmo, será el día en que me pondré un cinturón de dinamita, me tomaré un caro whisky, escribiré mi última carta, sacaré mi imagen recién afeitada de mi espejo favorito, y me inmolaré sin hacerle daño a nadie.
Porque a lo mejor, el que no entiende nada soy yo. Y porqué entonces dañarte a ti, lector de mis columnas algo desabridas.

Mi tiempo se está acabando y como de costumbre, estoy falto al contante. Mas en general – y aún a riesgo de ruborizarme - podria afirmar que estoy satisfecho por tanta situación ”curiosa” que me ofrece la vida.
Pero no debemos olvidar que todo es relativo, y que mañana estaré sin duda alguna asi como he estado siempre. Es decir, con la cabeza en la línea y el tren piteando.

Habemus novus parasitus!

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