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LA PARCA

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(Visita también: Héctor Díaz )

(En honor al trabajo, a la ética emanada de la humildad, al hombre nuevo que cada poeta lleva adentro).

Se dice que nació para siempre, fue tan sencillo, supo juntar su muerte con la infancia. Defendió la alegría y quería no perder la ilusión de seguir jugando como los niños...

Si te agarra desprevenido,
se te sacude el alma,
y las palabras se van por la ventana,
quizás de aquella casa perdida en otro tiempo.

No había camino, era como arar en el arroyo.
Teníamos el canto de los sapos,
metamorfoseados con los juncos,
y la luna, iluminando nuestros pies descalzos.

La poesía la hacíamos con retazos,
buscando la forma de nuestro vocabulario,
con el sudor de un labrador del campo,
y un terrón, seco como mojón de pampa.

Comprendimos el crujir de la chicharra,
y hasta el vapor que se despedía de los techos,
un sol quemando, tarde de enero,
cuando tus ojos hicieron, mi primer verso.

Fue el milagro de la mano del hombre,
alguien que escribió, que hizo mañana,
arabescos ligeros llenando espacios blancos
así con esas letras, acortando las distancias.

Llegamos a la playa a conversar con los vecinos,
a repartir la voz escrita, usando los silencios;
se confundieron los momentos de la tarde
y el saber se despertó con ese canto.

El camino se hizo sin saberlo,
se amontonaron noches, para ganar estrellas
y despacito y sin destinos,
nos dejamos llevar por esos campos.

Discutimos con dios, con Juan el diablo
comparamos estilos y senderos
fuimos deslindando sin saberlo
que el hombre libre debe crecer de adentro.

Entonces, la muerte es un bostezo,
un decir “ hasta luego ”,
un regreso, en otro sueño “ compañero ”,
si otra generación, diestra extendida,
le agrega otras palabras al intento.

Héctor Díaz

09-05-22

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