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Respuestas sin preguntas

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(Visita también: Reflexiones desde las cloacas)

Sabes cual ha sido el descubrimiento más importante en la historia de la humanidad? me preguntó de improviso Pelle. La pornografia? le dije. No, me dijo y agregó muy serio, la cerveza en lata! y me mostró la que chorreaba espumas de una de sus manos.

Cuando comenzamos a usar los dientes delanteros como órganos de masticación para demoler pan tostado o galletitas de agua en nuestros hocicos, es señal que vamos cuesta abájo en la rodada, me dije mientras roia una hueso con mis incisivos.
Y cuando encontramos un molar enterrado en el pedazo de asado al que fuimos invitados a comer porque somos ”buenos para el diente” (cuáles dientes?) , es hora de comenzar a pensar en los detalles del entierro, me respondí a mi mismo.
Pero mientras tengamos encias le seguiremos haciendo empeño! me respondió mi otro yo y nos cagámos de la risa. Porque eso de reirse de uno mismo, es un buen método para sobrevivir la miseria humana que nos rodea. Y la terapia que nos ofrecen cuando nos estamos ahogando de ansiedad y angustia, es de recetas sagradas con tabletitas multicolores que acomplejan nuestros sentido y nos hacen sentir culpables de no sé qué.
Un pedazo de carne asada y un vaso de vino, son mejor que cien terapeutas europeos, agregó Pelle y no supe que agregar.

Yel choque fue terrible! me dijo. Su auto quedó totalmente destrozado y más parecia un bandoneón aplastado por botas de milicos transandinos, de tangos tragediosos y acentos italianos, que vehículo de transporte personal.

Apretujado entre las ruinas de lo que hasta hace unos segundos atrás habia sido un auto de esos de cuatro ruedas, motor y chasis, y seminconciente por el brutal golpe recibido cuando se estrelló contra los pilares de un viaducto, apenas si pudo abrir los ojos. Pero escuchó claramente sirenas aullántes de vehículos que auguraban tragedia, cada vez más cerca de su demolición privada.

Sin mover un músculo de su cuerpo y sin aún abrir los ojos, escuchó que alguien o algúnos se acercaban a él. “Es mi salvación!”, pensó e intentó hacerle entender a sus salvadores que aún vivia, y que necesitaba ayuda para seguir haciendolo pues su presencia en el mundo era demasiado importante, como para dejarla pasar. Según él. Pero lo único que consiguió fue semiahogarse en su propia sangre, que esta vez corria de afuera hacia adentro, en vez de lo contrario como era lo normal, en caso de cortes interiores.
Optó por callar entonces, y esperó que los acontecimientos siguiesen su devenir, aún cuando poco a poco comenzó a comprender que la suerte que le ofrecia el destino, no parecia estar a su favor.

“Por quince euros lo llevamos a un hospital de emergencia!”, dijo la Pinochelet con suave voz de hipócrita arrendada, y creyó que estaba soñando. Pero cuando vió que dos siluetas vestidas con ropas fluorecentes de personal sanitario privado estaban a su lado, se dió cuenta que no bromeaban.
“Y por cien euros, le ponemos un gran candado a su vehículo destrozado! Para que ni negros, ni indios, ni pobres, ni imigrantes ilegáles ni nadie que no tenga seguro, lo usen como domicilio de sus antojos ”, le dijo Bush el-Ignorantón.

Y cuando se dió cuenta que la realidad que lo rodeaba no era un sueño, ni alucinación causada por un traumatismo encéfalo craneáno o lo que fuese, decidió cerrar los ojos para siempre para no despertar nunca más. Al fin y al cabo, los bancos en quiebra a través de todo el mundo capitalista, se irian también a la tumba junto a él.

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