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Señáles de humo desde un bar

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Y cuándo se acabará esta puta huelga!? me dijo Pelle, cuando llegó jadeándo a sentarse a la sombra del bar en donde yo estaba disfrutando de una cerveza bien fria. No sé, le dije mientras un eructo cortó mi frase sin empezar.
Ibamos ya en el cuarto día de una acción de protesta de los choféres de buses de la locomoción colectiva de Estocolmo, y las partes en disputa aún no habian llegado a ningún acuerdo. Algo asi como los palestinos con los israelíes? ironizó Pelle mientras pedía un vaso de vino blanco, también frio. En ese caso, esto va para largo, dijo secándose el sudor de la frente con el dorso de su mano. Pero como no hay mal que por bien no venga, le dije, servirá al menos para que la grasa de los estocolminos con sobrepeso – la gran mayoria – corra por las calles de la ciudad, ayudandolos a una mejor calidad de vida.

Mejor calidad de vida!?, bramó Pelle y sentí que nuevamente me habia metido en un lío, sin saber a ciencia cierta cual habia sido mi contribución al mismo. Porque siempre era asi con él: sus opiniónes variaban como el día de la noche, dependiendo del humor que lo envolvía, en el momento en que las declamaba.

Y quién te ha dado la potestad de decidir lo que es mejor o peor para el pueblo de Estocolmo!? dijo casi a los gritos, mientras el mozo no sabia que hacer con el vaso de vino que traia muy elegantemente envuelto en una servilleta, para mantener la frescura de su contenido.
Déjelo ahi, le dije haciendo lugar en la mesa que ocupabamos y que estaba llena de artefactos cotidianos. Pelle tenia la mala costumbre de, cada vez que se atrincheraba en algún lugar, vaciar sus bolsillos sobre cualquier mesa que ocupaba: un par de móviles, manójos de llaves de dudosa procedencia y cerraduras desconocidas, un paquete de cigarrillos, cerillas, tres encendedores de distintos colores, un MP3, audiculares, una cámara digital, gafas de sol, una billetera que ya habia visto sus mejores días, un libro a medio leér de Noam Chomsky (“El Poder, mentiras y resistencia”), dos periódicos de esos que reparten gratis en las estaciones de metro, un arrugado - y a todas luces usado también - pañuelo desechable, un cuentapasos, porque se le habia metido en la cabeza que tenia que llevar una minuiciosa cuenta de lo que caminaba durante un día, la tarjeta de locomoción colectiva y…

Porque si yo pago el precio no rebajádo de esta puta tarjeta, tengo también el derecho a exigir que los medios colectivos funciónen! Y me cágo en sus huélgas! agregó cambiando bruscamente de tema, otra de sus caracteristicas personales. Nada comenté, porque cualquiera que hubiese sido mi opinión, la habria rebatido de la misma manera asi como quien espanta una mosca molesta. Soportar a Pelle no es siempre fácil, pero como la paciencia es la virtud de los ingenuos, aqui estoy yo para ofrecerle una válvula de escape a sus frustraciónes.

Salúd! le dije y levanté mi vaso en señal inequivoca de amnistia y paz, mientras el humo de los cigarrillos que ahi se consumian a destájo, se elevaban sobre nuestras cabezas como nubes de telegramas apaches, enviando mensájes desconocidos a destinatarios de quién sábe que lugar del universo.
Y que a lo mejor llegaran a ti, o a lo mejor a mi.


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