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Paraíso en el infierno

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Hoy día participé en un seminario relativo a la drogadicción en Suecia, con presencia de médicos de clínicas de rehabilitación, psicólogos, psiquiátras, enfermeras/os de centros de Dependencias de algúna especie, sociólogos, asistentes de psiquiatría, ex-narcómanos, más el encargado de Asuntos Sociales del municipio de Estocolmo. Porque aunque parezca raro, el problema de la drogadicción en el reino cáe bajo la responsabilidad del Ministerio de Asuntos Sociales y no del Ministerio de Salúd, como lo es en otros países europeos. Pero eso es harina de otro costal.

La consigna conque algúnos llegaron a esa conferencia fue “tolerancia cero a la drogadicción!” Y por supuesto que su presencia alli fue más efimera que lo que dura un fétido en un canasto, pues la intolerancia de sus postulados fue atácada desde variados ángulos.

Y como no pudieron hacer frente al tsunami de argumentos conque fueron bienvenidos, optaron por quedarse calládos lo cual contribuyó a que la conferencia se desarrolláse en completa normalidad, con puntos de vistas científicos probados por la práctica de la observación diaria del comportamiento de todos los que son víctimas de algún tipo de dependencias.

Mis propias conclusiónes, después de dos días de intensos debátes respecto a la drogadicción, son los siguientes:

1. La drogadicción debe ser considerada como una enfermedad somática . A menudo hereditaria, o dependiente de los factores socio-económicos y familiares en los que ha sido obligado a desenvolverse el afectado. Y psíquica en ese caso


2. el uso de drógas no debe ser penalizado, si se toma en cuenta el argumento anterior. Pues penalizar una enfermedad es simplemente una medida irracional, ya que a nadie en sus cabáles se le ocurriría por ejemplo, penalizar el cáncer


3. la “visión” de una sociedad libre de narcóticos es una utopía! Y es sobretodo un panfletarismo político utilizado por la mayoria de los partidos políticos parlamentarios suecos, los de derecha en unanimidad, como un intento de plasmar una supuesta “moral oficial” que ya no existe


4. una política de entrega de jeringas desechables, gratuita y controlada por las autoridades sanitarias municipales, a los heroinistas y amfetaministas de la capital del reino, no es solo un problema de prioridades políticas sino una necesidad desde un punto no solamente humano, sino también económico-sociales, para utilizar terminos establecidos por la economía de Mercado.

Estocolmo está viviendo una de las peores “epidemias” de VIH och SIDA, desde que esta enfermedad se estableció en Suecia a comienzos de la década de los noventa. Y la causa es, ni más ni menos, el uso colectivo de jeringas por parte de los narcomanos, que de esa manera se contagian los unos a los otros.
Porque para ser cínico de verdad, puedo agregar sin temor a equivocarme, que es más barato repartir jeringas desechables que financiar el costo que significa para la sociedad, el mantener en vida a un narcomano moribundo


5. que tanto la drogadicción como la dependencia en general no es un problema individual, sino un problema social el cual la sociedad en su conjunto, y el estado en particular con toda su estructura establecida, no puede seguir ignorando

La hipótesis entonces de que la drogadicción o la dependencia, son productos de la “desidia” de los que son afectádos por esa enfermedad, no es más que una banalidad sin base en su argumentación.

Y asi como lo expresó una ex-narcomana de 27 años de edad que tuvo el suficiente coráje civil como para narrar sus experiencias en uno de los tantos seminarios que ofreció esa grandiosa conferencia, “si alguien cree en serio, que drogárse es algo divertido y agradable, pues los invito a que vengan a probar una milésima parte de la mierda de vida en que estuve estancada durante casi quince años. Porque todos los esfuerzos que se hagan para lograr el paraíso en la Tierra, terminaran irremediablemente en el infierno”.

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