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Confesiónes de un penitente sin sacramentos

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Parado bajo el agradable masaje de la ducha, cerró los ojos y dejó que el agua rebotara sobre su caja toráxica y sintió que sus hormonas comenzaban a agitarse. De pronto se dió cuenta que un chorro le golpeaba en forma insistente uno de los testiculos, y el placer se transformó en dolor, algo asi como sucede cuando el amor se transforma en odio.

Dió un paso hacia adelánte y esa lluvia controlada por la mano débil del ser humano, continuó cayendo sobre su torso. Débil solamente cuando no sostiene un arma, le dijo alguna voz, pero no le hizo caso pues la esquizofrenia de sus sueños despiertos ya estaban en manos de un plancha-cerebros, y la bipolaridad de su personalidad la tenia controlada con Citalopram en sus momentos depresivos, y con Anfetamina en aquellos de júbilo maniaco.

Se sentó en el banquito de al lado de afuera de la puerta de su casa - aquél donde una oscura noche de invierno jugó a ser amante furtivo - y limpiándose los entredientes con un palillo construido para tal efecto, pensó que a lo mejor eso no era más que la reconfirmación de que su pasado estaba incondicionalmente atado a otro continente. En ese que relata García Márquez en sus narraciones fantásticas, y en donde los vecinos de un barrio pobre cercáno a Macondo, salian a eructar a las afueras de sus casas, para demostrarle a sus vecinos que hoy día también habian comido.

Tal vez yo estoy haciendo lo mismo, pensó inquieto, pero en vez de usar gases bucales, utilizo un mondadientes para demostrar que yo también tengo medios para ingerir alimentos! Dios me libre de tales pesamientos!, se dijo y llamó con su celular Samsung SGH-X650 apurado y algo nervioso, al Hermano Mayor de su congregación de cristianos disidentes, para reconocer que habia usado el nombre de su dios, en pensamientos de infiel no bautizado.

Y cuando cerró la puerta de un día más en su vida, se acordó con remordimientos que la luz del patio trasero de su casa estaba aun prendida, lo cual podria atraer asaltantes nocturnos en busca de algo de comida, pues a lo mejor lo habian visto mondando sus dientes a la luz natural de una tarde cualquiera.

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