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Mendigos sin deudas vitalicias

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Salió a recorrer con su vista los campos que ahora le pertenecian, y se sintió satisfecho de ser parte integrante de la globalización de sus derechos y también de sus prejuicios. ”Soy un triunfador!”, pensó con alegria y se preguntó como se sentirian sus hermanos al otro lado del planeta, que habian tenido el infortunio de haber nacido como perdedores. ”Pero ese es problema de ellos!”, se dijo convencido que la vida le ofrece a cada uno, lo que se merece.

 

Pero claro. La materialización de nuestros sueños pobres son a menudo producto de la tragedia de otros, con la cual podemos comparar nuestros ”triunfos” pasajeros. Y qué pasó con conceptos tales como tolerancia, empatia, solidaridad, comprensión, entendimiento, etc. Aunque etcétera no venga al caso… 

Estamos muy ocupados en tratar de sobrevivir, me dijo alguien un día y hasta pude comprender lo que me quizo decir. Pero luego de digerir lo escuchado, llegué a la conclusión que eso no puede ser correcto. Porque si la sobrevivencia es el principio fundamental que mueve nuestras vidas, no vale la pena sobrevivir. 

Estoy convencido que el optimismo, la esperanza, la alegria de vivir, el convencimiento de que alguna vez lograremos la paz mundial y la convivencia, es lo que hace rodar la rueda de la vida. Y si en ese intento se cruzan los yanquis en nuestro camino, pues debemos combatirlos con todas nuestras fuerzas. O sea, un nuevo concepto aparece en nuestra vida, la lucha consecuente por nuestros derechos humanos inalienables. 

Y porqué tenemos que trabajar y pagar cuentas? Me preguntó Pelle. Y destrozar el medio ambiente con nuestra sola presencia en el planeta? El homosapiens es el unico ser que no vive en armonía con la naturaleza, lo cual me hace suponer que no somos más que temporales en el mundo de las criaturas que pisan la tierra. Y al igual que pasó con los dinosaurios, desapareceremos sin dejar otra cosa que malos recuerdos, remató Pelle y dandose vueltas en su sillón de plástico negro, se hechó a dormir.


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