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Alternativa de vida

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Ya nadie quiere divertirse en esta vida, dijo el vendedor de máscaras y bajó la balustrada de su viejo local. Y si lo hacen, agregó con resignación legitimada por la vida, usan drogas, alcohól y sexo para lograr diversiónes pasajeras.

Y cuál es el problema en ese caso? Le dijo el zapatero, su vecino de negocios pobres pero honestos, muy poco parecido a los estafadores mundiales de Wall Street. Y agregó como al pasar, asi como pasan los pájaros viajeros en el otoño en busca de sol y comida en otros continentes. Cambiate entonces al rubro de la pornografía, que eso si que es rentable, le dijo con su boca llena de pequeños clavos de suelas despegadas.

Y agregó entre toses malolientes de tabacos añejos, porque la reacción no es la misma si matan a Juan el Moreno Latino, o a Jan el Rubio Escandinavo. La pornografía es global y no es nada original, le respondió el vendedor de máscaras con ira y se fue a confesar en la primera iglesia que se le puso por delante.  

Monagillo nacistes, monagillo morirás, le dijo el cliente habitual del bar de la esquina entre la Avenida Grande y la calle Aleluya y como no le qudaban más alternativas que el suicidio, optó por seguir viviendo la única vida que le ofrecieron cuando nació.

Y al doblar la calle que cruzó su pesar, gritó de dolor. Pero no fue un grito del alma sino de muelas, que picadas y poco blancas, le hacian la vida más imposible de lo que ya era, cada vez que intentaba engullir un pedazo de alimento abandonado.


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