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Mutaciones sin eco

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Profané el silencio de una noche de otoño escandinavo, rasgando un palillo de fosforo contra la superficie negra de su contradicción de alumbre, y satisfecho con su resultado aspiró profundo el humo azul de un cigarrillo sin sentido y pensó que por menos males muere el mundo, pero el riesgo ya estaba tomado. 

Aun tenemos patria, ciudadanos! Repitió la voz cansada de un feriado de septiembre y viva chile mierda, le respondió un bigotudo sin corbáta en el parlamento del pasado y cerrando la puerta de sus recuerdos, se ahogó en un vaso de vino tinto algo agrio por la espera de ser bebido en misas dominicales, sin hostia ni confesiones en pulpitos oscuros de reconocimientos obligados. 

Pero si la noche es jóven! Repuso un jóven algo viejo, y el sonido sordo de un saxofón con equis de sexo sin fronteras, marcó el ritmo del batir de alas de una luciérnaga sin luz. Son ya las cuatro de la mañana, es que no duermes nunca? Preguntó una voz al otro lado del océano y la realidad de su vida actual, se presentó sin muchas intenciones de días sin pasados y el insomnio de noches con poco sueño apagó la luz de la luna y se fue a dormir.


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