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A falta de piscinas, buenos son los pozos

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Nunca he sentido más calor que aquella vez cuando logré sobrevivir bajo 32 o 35 grados a la sombra. Y no me acuerdo si fue en Turquia o en España. Pero ahora que lo pienso, tal vez fue en el local mustio del Registro Civil sueco, cuando me casé por tercera vez. Exitado y semiatontado por lo caluroso del momento, comecé a tararear una canción cubana que en una de sus partes dice “Se acabó la diversión! Llego el comandante y mandó parar”, para autoconvencerme de que todo era normal.  Y por esas cosas de la globalización he dicho que si, en tres idiomas: en español, en rumano, y en sueco. Muestra más que fehaciente que mentir no tiene fronteras idiomaticas. Porque la pregunta fue siempre la misma “tomas a esta mujer como tu esposa…?” y por no atreverme a decir otra cosa que no estuviese estipulada en la moral oficial, dije siempre que si, aun cuando sabia que eso era una mentira más grande que la palabra democracia en democracia sudamericana. 

Lo mejor entonces es meter la cabeza ahi donde beben agua los caballos, para pasar el bochorno de mejillas sonrosadas y perlas de sudor en mi frente.

A lo mejor un refrescón es lo que necesito en mi vida, para sobrevivir con compostura, recato y modestia.
Mierda! Me estaré transformando en monje tibetano?
 

Y como hoy día es el aniversario yanqui en esa parodia de país, suelto un fetido al aire, para limpiar un poco el medio ambiente de residuos norteamericanos.

Happy birthday? Fuck you! Country shit!



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