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Alegoria al desconocimiento

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Macondo? Y donde queda eso?, preguntó mi amada. Pues a la vuelta de la esquina, le dije. Y apunte con mi dedo torcido por el tiempo hacia un lugar que ni siquiera yo conocia. Hacia donde? respondió su voz. Y las aspas de mis brazos en movimiento apuntaron para cualquier lado, asi como gesticula un cuerpo al morir. Ah…dijo, y me quedé tranquilo al comprobar tanta comprensión. Nunca dejaré de existir si tu presencia estará siempre a mi lado, dije atragantandome con el bocado de mi tardia cena, y limpie mis labios con una servilleta de papel fabricada para tal efecto.

Y sin mas obligación que la de cumplir mi rol temporal en el contexto de lo establecido por las reglas de la moral, entro a la oscuridad de mi inseguridad y te envio un beso algo ajado por la pronunciación desconocida de una palabra no aprobada por la Real Academia Espacojónes. Salúd!, digo y levantando una lata de cerveza pobre, me dispongo a disfrutar del descanso legal que me otorga el hecho de ser un trabajador feliz, en la sociedad tan perfecta como en la que vivo. Con ghettos en su seno, discriminación institucional y parodia de igualdad entre los sexos.  

Y a los nuevos “ciudadános suecos”, les ofrecen una ceremonia espectacular, filmada por los canales estatales que ya van en desaparición, y con la presencia de algún parasito de la familia real, en la ceremonia que inventaron cuando cualquier infeliz obtiene su certificado de normalidad – es decir, de ciudadania sueca -  con cesantia y subsidio social, como regalo de bienvenido a esta sociedad experta en eso de la sobrevivencia sin compensación. Y con clinicas de urgencia en caso de sobredosis de bajativos injectables sin mantel blanco y pocas lágrimas, en cuerpos dificiles de convencer que la vida es un paraiso de alegria y  comprensión, en el reino escandinavo sueco. 

Macondo digo, y ya nadie pregunta por su significado, cuando casi cada día una vida se transforma en cadáver en el lugar donde trabajo. Y en donde me pagan por mantener viviente  a disidentes que ya no quieren aceptar el rol que la sociedad les ha establecido de antemano de vivir para producir, o reproducir. 

Y si cierran mis labios con hilos de prejuicios congelados, tomense un trago a mi salúd, pues significa que he triunfado.



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