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Oscuridad de recuerdos fritos

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Hoy día y sin aviso siquiera de los mágos de la meterología televisiva, el cielo de la primavera se vistió de color de invierno. Pero del color ese que tenia el cono sur latinoamericáno cuando yo podia decir con orgullo, que aqui bebémos agua pura y no en botellas que nos venden en envaces de plásticos. La industria del turismo tiene que salir adelante, y los pobres sin sol tienen derecho a utilizarlo si pagan por el.  Y nos vamos entonces a España, a Grecia, a Turquia o a Portugal para alquilar el calor mediterráneo y mal sobrevivir.

Y mientras pido una cerveza refrescante y acogedora en un bar al aire libre en Estocolmo, pienso que nuestra arrogancia de modernos conquistadores está destrozando nuestro pobre planeta, sin que nadie reaccione.  Y me pregunto porqué.
Tal vez porque hoy es el día nacional de Noruega? dicen algunos graciosos. O a lo mejor porque Sarkozy se instaló con su arrogancia habitual en el palacio de los Eliséos, dejándo bien en claro que Francia, es para TODOS los franceses que son franceses. Y que el resto puede irse a fumar una pipa de agua en cualquier camping fuera de las fronteras que abrazan con amor la cultura europea, (como si esta fuese virgen) a empacar maletas, baúles moros y bolsas de papél, para con sus videos y otros trastos que les ofreció el país galo por servicios prestados, (sus historias personales entre otras) ver jugar a Zinedine Zidán partidos de fútbol que ya son historia en la sub-historia de la republique.

O no será que el encuentro llevado a cabo en Sacramento, California, entre Fredrik Reinfeldt – el primer ministro sueco y miembro del partido derechista Los Moderados – y Arnold “Terminator” Schwarzenegger, empeoró notablemente las condiciones climáticas en el hemisferio norte del planeta? Y me pregunto con curiosidad, qué habrán discutido esos dos payásos sin sesos?


Pero cualquiera que sea el motivo, esta intempestiva oscuridad del día trajo a mi memoria la voz de chef de cocina pobre de mi abuela, llamándo a la mesa familiar para que saboreasemos su especialidad: pescado frito, acompañado con rodajas generosas de tomátes frescos, plumas cristalinas de cebóllas regadas con agua limpia de pozos empedrados y llenos de misteriosos ecos de campánas escondidas en el fondo de la tierra, y adornado con hojas de cilantro verde, de aromáticos segmentos dentados de gran virtud estomacal y sabor exquisito.

Corria entonces la parentela, invitada o no, a tal regocijo gastronómico salvando braseros, escobas, gatos ciegos - que ya ni maullaban porque no veian por donde venia el dolor – lauchas muertas, ropa recien lavada colgando de cualquier lazo ya sin uso estirado de pared a pared, de balcón a balcón, de techo en techo, o de esperanza en esperanza.

Toda esa carrera de atletas sin números en la espalda, de corredores aficionados y hambrientos que muy aténtos al dispáro de partida de la voz de mi abuela (”La comida está listaaaa!!!”) era recompensada por el sabor de mesa de dioses atéos, que sus doradas y ardientes presas de pescados untados en aceite hirviente, barátos pero deliciosos, nos ofrecia día a día, que de tanto comerlos hasta los orínes y otros jugos nos salian con olor a mar, arenosos y saládos, según afirmaban nuestras novias a las cuales les subiamos las faldas, cada vez que la tarde se transformaba en noche, para ver el color de sus calzones y también para admirar con la respiración contenida, las redondeces de sus culos blancos y juveniles.

Pero ahora que lo pienso, se me ocurre que a lo mejor la oscuridad de este día no es más que fruto de la distancia que nos separa. Lo cual ha teñindo de tristeza el espacio que existe entre tú y yo, princesa sudamericána austral. Porque al fin y al cabo, no somos más que voces atraves del océano.

Y Reinfeldt, Schwarzenegger, Bush, Blair, Sarkozy, Putin, Bachelet y similares, que se vayan a la grandisima mierda, pues la gran mayoria de la población mundial, pobre y sedienta, no tiene necesidad de sus servicios contra pago.



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