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Mi padre murió ayer a los 87 años de edad

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No hay vida sin muerte, fue lo que espontáneamente salió de mi boca cuando Tania me abrazó, después de enterarme vía e-mail de la muerte de mi anciano padre. Una manera muy moderna de recibir una noticia de esa magnitud, desde el otro extremo del planeta. De Polo a Polo.

“Esta es una voz a través del océano”, le dije hace muchísimos años atrás a mi madre, una vez que la llamé por teléfono cuando ella aun vivía. Y lo que en un comienzo fue una broma de mi parte, se transformó poco a poco en realidad. Porque al menos yo, no he sido para el resto de mi familia, sino solo eso: una voz. Y ellos para mi también. No hemos sido mas que voces, que cruzan sin grandes dificultades la enorme distancia que nos separa. A veces fluyen, a veces se entrelazan. Y cuando esto ultimo sucede, nos damos un abrazo  virtual en algún lugar del universo por nosotros desconocidos.

El recuerdo que de mi padre me queda es grato. Y no hay tristeza sino nostalgia, constato con algo de sorpresa, cuando dejo que mis sentimientos manen.

El cuerpo de mi Viejo será incinerado y sus cenizas serán repartidas: una parte en Tongoy y otra en el Tolten. Y ese acto divisorio unirá al río de sus amores, con ese pedacito del gran Océano Pacifico que más amó.

Pitrufquén, el pequeño pueblo en donde él vivió sus últimos años en el sur chileno, y por cuyas afueras corre el río Tolten, es un vocablo mapuche que significa “lugar de cenizas”. ¿Qué lugar si no ese entonces, para esparcir las suyas y  hacerle honor a ese nombre?

Adiós viejo mío! A partir de ayer ya eres Historia. Y la historia nunca se olvida. Ya has partido en tu bote azul por sobre el Toltén a desembocar en el Pacifico, y desde allí llegarás a la eternidad. Que tengas un buen viaje!

Tu hijo Luis Guillermo

guillermo_suecia@hotmail.com  

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