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LA NOCHE QUE SALVARON LA BIBLIOTECA ANARQUISTA “ALBERTO GHIRALDO”, EN ROSARIO

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En homenaje a Juvenal Fernández, Roberto Fernández Romo y a Mario Bertot. Sin olvidar a Carlos Solero, Pedro Munich, Roberto Marrone y Carlos Machado, que hicieron que, con su ejemplo, y el de muchos más, esta biblioteca y archivo histórico anarquista, única en Rosario, haya llegado viva hasta nuestros días, tras varias dictaduras.

 

La historia que voy a contar a continuación, llegó a mis oídos casi de casualidad. Corría el año 2009 y unos amigos de mi barrio, en la zona oeste, que habían recuperado un club cerrado por muchos años, el club Federal, me dijeron que querían armar una biblioteca donde antiguamente estaba el buffet del club, y donde un policía retirado, años atrás, vendía droga desde allí al barrio entero durante los años 90. Lo que llevó a que, tras turbios manejes de la entidad deportiva nombrada, ésta cerrara sus puertas por muchos años. Ahora volvemos al año 2009, con el club reabierto.

Yo llegué casi de casualidad al club Federal, y estos amigos del barrio y de la infancia, me invitaron a armar una biblioteca, como decía al comenzar esta historia. Y así fue que, sin dinero logramos juntar más de 2000 libros para este proyecto. Algunas personas nos encargamos de manguear libros a otras bibliotecas, a editoriales, a escritores, a vecinos, donando cosas nosotros también, hasta que de pronto la biblioteca estaba colapsada. Teníamos más libros que estantes para guardarlos.

Lo cierto, es que un día nos invitaron a un programa de radio de la ciudad de Rosario, allí nos recibieron Enrique Gallego y Gary Vila Ortiz, en su programa radial “La Buhardilla”, para que contemos cómo se había recuperado el club, y qué cosas necesitaba la biblioteca. Fuimos tres o cuatro compañeros del club Federal, nos presentamos a los oyentes y empezamos a contar algunas cosas.

Al terminar el programa, nos avisaron que había llamado por teléfono un oyente, vecino del club, que quería donar libros para nuestra institución. El oyente se presentó como Carlos Pérez, y nos dejó su teléfono para reunirnos y retirar los ejemplares que quería donar. Una tarde me llama Carlos Pérez, previamente yo le había pasado mi número, y me dice:   “Bueno Juan Manuel…¿Qué te parece si nos juntamos en la estación de servicio de Mendoza y Felipe Moré? Y hacia allí me dirigí. Entre la casa de Carlos y la mía había solo muy pocas cuadras, pero no nos conocíamos. Al llegar en el horario y al lugar convenido, ahí estaba Carlos esperándome desde minutos antes, con dos o tres bolsas repletas de libros.

Le di la mano, me senté, pedimos dos cafés y acá empieza la parte de la historia más interesante. Carlos era un señor de unos setenta y pico de años, puede que más, puede que menos, pero por ahí. Lector compulsivo, se notaba a la legua. Y como es lógico, como todo amante de los libros, quería que yo me presente, saber quién era, qué historia y proyectos tenía este club, al cual le iba a dejar parte de su biblioteca personal.

Así fue que le dije, que durante varios años había colaborado en la Biblioteca Popular “Alfonsina Storni”, y que sobre todo, había militado en la Biblioteca y Archivo Histórico-Social “Alberto Ghiraldo”, vinculada al movimiento anarquista. No hizo falta que le explicara mucho más. Carlos se sacó los lentes, puso cara de asombro, y noté que se emocionó muchísimo cuando nombré a esta última biblioteca. Resulta que allí el había conocido a quien, en palabras suyas, fue su “maestro”, y gran amigo. Se estaba refiriendo al increíble militante anarquista Juvenal Fernández, a quien yo no llegué a conocer. Porque cuando yo ingresé a la Biblioteca Ghiraldo, donde tantos años había agitado este personaje, resulta que Juvenal había fallecido hacía muy poco, por lo que no tuve el gusto de conocerlo. Pero sí nuestro amigo Carlos Pérez quien, preso de la emoción, casi se pone a llorar en plena estación de servicio.

Y ahí, entre el griterío de la gente que entraba y salía del negocio, sumado a un televisor a todo volumen, que hablaba de los nuevos índices de inflación, Carlos comenzó a contarme historias increíbles. Muchas de las cosas que se sabían de Juvenal Fernández, habían llegado por transmisión oral a mí, sobre todo por compañeros como Carlos Solero o Pedro Munich, que habían fundado junto con Juvenal, el Centro de Estudios Sociales “Rafael Barrett”.

Pero la historia que pasó a contarme Carlos Pérez sobrepasó todas mis expectativas. Muchas historias serán para contar en otras notas. Aquí me limitaré a contar la que me pareció más valiosa.

Corría la dictadura de Onganía, año 1966, y la biblioteca “Alberto Ghiraldo” funcionaba en aquél entonces en otro local. Si no me equivoco, fue en el famoso “sótano de los anarquistas”, en calle Córdoba y Maipú, de Rosario, donde hoy funciona un local donde se hacen recitales, que suelen terminar siempre con disturbios.

Lo cierto es que bajo dicha dictadura, la Ghiraldo había sido clausurada otra vez más. (1).Y es aquí donde quiero reproducir la historia que me contó Carlos Pérez. Resulta que Juvenal Fernández ya había oído, que cerca de la Ghiraldo, otra biblioteca había sido allanada, y posteriormente incendiada por los militares. El pánico se apoderó de él, temió que la biblioteca fuera incendiada como tantas otras bibliotecas anarquistas desde 1900 o antes, hasta todo el período peronista. Y anarquista de acción, no lo dudó un instante. Reinaba el estado de sitio, pero eso no amilana a ningún espíritu rebelde, por eso Juvenal se dirigió hacia el barrio, donde vivían otros dos anarquistas valiosos, en la misma zona oeste, se trataba de Roberto Fernández Romo, fallecido recientemente, y de Mario Bertot, un anarquista que venía de una familia un poco más adinerada, que se dedicaba a la compra y venta de maquinaria agrícola. Y así estos tres anarquistas, sin dudarlo un segundo fueron hacia un depósito, donde la familia guardaba algunas máquinas, entre ellas un tractor con acoplado.

Se subieron los tres al tractor, y desde el lejano oeste rosarino se dirigieron al centro, en pleno estado de sitio, y a riesgo de perder sus vidas, hacia el centro donde estaba la biblioteca “Alberto Ghiraldo”, clausurada hacía muy poco. El centinela ya no estaba, la biblioteca tenía la faja de clausura y un modesto candado. Juvenal se bajó del tractor que manejaba él o Bertot, burlaron la faja, rompieron el candado, y mientras Fernández Romo espiaba en esa esquina, por si venían los militares, los otros dos rescataban libros y libros, todo un historial de lucha obrera y anarquista, que había costado trabajo, plata, y mucha sangre. En tiempo récord rescataron los 5000 libros, que arrojaron sobre el acoplado del tractor, y antes de irse cargaron también allí el mimeógrafo con el que imprimían la prensa anarquista contra el régimen.

Puede imaginarse el lector, el espectáculo bizarro y quijotesco de estos tres anarquistas arriesgados, trasladando 5000 libros, tapados con bolsas de papas y cosas parecidas, por las calles rosarinas, bajo otro gobierno militar, en un tractor con acoplado, hasta llevar todo a otro domicilio seguro.

Así me contaba Carlos Pérez, con lágrimas en los ojos, cómo su amigo había salvado esa biblioteca. Y su emoción por saber que alguien mucho más joven, que había participado allí, en el mismo lugar donde militaba su “maestro”, llevaría ahora sus libros donados a una nueva biblioteca que nacía en el mismo barrio que había conocido las andanzas de Juvenal Fernández.

 

Juan Manuel Ferrario

juanmaferra@hotmail.com

Septiembre del 2011

 

 

(1) Esta biblioteca había sido fundada en 1945, y ya había sido cerrada en 1950 bajo el gobierno peronista que, con la ley Visca de “actividades antiargentinas”, la cerró y obligó a sus militantes a realizar actividades desde la clandestinidad. Posteriormente, fue clausurada bajo el gobierno de Onganía, desde donde se organizó allí una gran resistencia, hasta mudarse a las corridas, luego fue, por consejos de compañeros, trasladada a un domicilio particular, en 1976, ya con la dictadura de Videla, con todos sus muebles y libros (más de 5000 ejemplares muy específicos de historia del anarquismo, el socialismo, el comunismo y el cooperativismo, mas un archivo con publicaciones de todas partes del planeta, en varios idiomas, incluido el esperanto, es decir algo único en Rosario. Finalmente fue allanado ese domicilio, en 1981, y sus ejemplares se salvaron de ser quemados de milagro, yendo a parar a un sótano de una comisaría, rescatados luego por el valor del compañero Carlos Machado, que era abogado. En 1986, y tras el fin de la dictadura militar, la Ghiraldo volvió a abrir sus puertas. En sus distintos domicilios, funcionó durante años la Unión Socialista Libertaria, y pasaron por allí personalidades del anarquismo como Juan Lazarte, Diego Abad de Santillán, Georg Nicolai o el genial Ángel Cappelletti. Llegando la biblioteca hasta nuestros días.

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