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Feliz Navidad! dijo y se pudrió

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(Visita también: Reflexiones desde las cloacas)

Habia vivido tanto tiempo entre leprosos malolientes, cuyos tufos caian a pedazos en los catres que sujetaban apenas el resto de sus cuerpos, entre tuertos de ojos putridos y membranas pegajosas y grises que no dejaban pasar las lágrimas, sino que colaban lo salado de las mismas formando duras costras en sus mejillas, entre mancos de codos podridos de tanto usarlos como dedos garrotes, entre cuerpos sin piernas pero que aún olian a pies descalzos y hediondos de callos sudorosos, resquebrajados y purulentos por el paso del tiempo sin jabón ni recipientes en que remojarlos. Habia vivido tanto tiempo entre ellos, que hasta en la vaporosa y amarillenta orina que arrojaba con disgusto, cada vez que la vejiga exigía la expulsión de su contenido, se podia sentir el olor del concentrado conjunto de todos los hedores que rodeaban su vida de asalariado infeliz, sin seguro estatal contra la putrefacción del status quo.

Feliz Navidad! Le dijo el hipócrita de turno, con voz de vieja bruja que con dientes apretados intentaba entonar un rock de AC-DC, cuando el basurero del sueño de mi madre coló entre sus manos lo que podia comer.
La puta navidad no es más que un artificio, dijo y se cagó de la risa al tiempo que metió su mano derecha en la la cremallera de sus pantalones y revolviendo su contenido de calzoncillos endurecidos, pendejos sueltos y arrugadas bolsas tibias, le hizo un saludo a la noche que ya comenzaba, despidiendo el día de manera algo original: cerró los parpados de su ojo izquierdo para dormir sin pestañar.

Porque podran bajar cientos de telones. Y otras tantas piezas de teatro podran comenzar, mas todo lo que aprendi de ti, quedará marcado en mi conciencia como un estigma tatuado en mi corazón. Que nunca olvidare. Ni como estigma, ni como tatuaje.

Siempre dijistes que no te quize lo suficiente. Pero, que sabias tú de mis sentimientos alocados? O qué sabia yo de los tuyos? Ni de la esperanza de sentir el calor de un abrazo en tu cuerpo cansado. O del valor de un simple y rutinario “te quiero”, que nunca salió de mi boca y que ahora arrepiento por su nonato inexplicable. Pero no es asi que el silencio aprueba? Para qué entonces tanto plesbiscito? me pregunto sin encontrar respuesta al cuestionario de mis razones ya sin norte, cuyo horizonte es más insignificante que el destrozado muro de Berlin.

Pero todo es tan simple asi como el 1 + 1 de las aritmeticas de mi niñez: el capitalismo se surte de nuestra sangre cual vampiro hambriento e insaciable, y el amor se termina no cuando las reglas de las relaciones sociales asi lo determinan, sino cuando simplemente los celos dejan de existir.

Y qué haras en estas navidades que ya se acercan?, me preguntan los dependientes de regalos banales y obligatorios que invierten más de lo que sus sudores humedece, e insisten en que eso de comprar es sinónimo de amar.

Las navidades son ficticias, le dije al hipócrita de turno cuyo “Feliz Navidad” inspiró esta reflexión. Porque si no tienes dinero conque celebrarlas, pues eres un paria sin ton ni son que lo mejor que puede hacer es irse a beber una cerveza barata y tibia en una plaza cualquiera, para remojar sus penas ajenas con algo de alcohól biblico.

Y es exactamente lo que pretendo hacer en esta estupida fecha creada por la sociedad de consumo, mano a mano entrelazada con la cristianidad colonizante y avallasadora del catolicismo arrogante, conservador y obsoleto.
O a lo mejor me voy a ver al papa que tras las rejas virtuales de una calle en Estocolmo, sonrie su boba sonrisa de falsario institucional.

Carpe Diem!

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