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Narratio galimatias

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(Visita también: Reflexiones desde las cloacas)

Exordium
A finales de los años sesenta escapó con vida de una de las erupciones más violentas que ha tenido el volcán Villarrica en su larga historia de humo, llamas y materias encendidas. El paisaje fue dantesco pero la urgencia por abandonar el campamento amenazado por la naturaleza en que se hallaba fue controlada, ya que la toma de conciencia de lo que estaba sucediendo no fue cabal y por lo tanto liberada de pánico.
Junto a otros compinches de pesca que se encontraban con él abandonó el Pueblo Hundido de Coñaripe y rodeando el Calafquén, llegó sano y salvo a Valdivia el mismo día del cumpleaños de Jesús.
La madre de uno de sus amigos, a la hora de los hechos católica ferviente, organizó una misa de gracias en la gran catedral de la ciudad por la salvación de sus almas a la cual se negó a asistir más por cuestiones de rubor que por humildad. Y las campanas repercutieron al aire el día en que se celebró tal eucaristía para agradecer al señor de los cielos por la salvación de sus almas . Perdió de esa manera la única oportunidad que le presentó la vida de hacerse famoso, mas se consoló con los cálidos senos de su novia Josefina, que se los ofreció con generosidad como recompensa a tal bravuconada.

Y según se sabe, ella nunca se arrepintió de aquella decisión sino solo cuando ya pasado los decenios se reprochó de la flacidez de sus pechos, aunque tal fenómeno anatómico se debia en primer lugar a las hambrientas e impetuosas chupadas a los que habian sido sometidos en años mozos, y a los agarrones entusiastas con que habian sido tratados. Pero como ya no podia llamar a capítulo a nadie, pues los que succionaron sus mamarias fueron muchos más que los días del més de Maria, se resignó a llevar con realce su colgante carga ceñida por sujetadores artificiales. Para su fortuna la tortura del corsé ya era historia, pues si no hubiese sido asi los habria tenido que portar para mantener en su lugar el tronco de su tosco cuerpo. Pero como los descubrimientos del ser humano son mayores que cualquier cantidad asignable, la aparición del sostén en la historia de la anatomía femenina la salvó de asfixias inminentes y pudo llevar con pudor y dignidad sus dos masas flojas que pocos centavos recaudarian como fotografías del Playboy.

Capitulum primarius
A los comienzos de sus años, Josefina fue mujer de ancas anchas, pechos fuertes y útero fecundo, atributos los cuales la situaban entre las primeras de la lista que las casaderas eruditas del pueblo - expertas en eso de contratos carnales - tenian en las hojas de sus libretas bajo la rubrica de Cualidades físicas pero casi entre las ultimas en eso de los epígrafes intelectuales, pues era de entendimiento torpe y hablar confuso.
Inmediatamente debajo de su nombre, con letras mayúsculas y entre signos de exclamación, las casaderas habian agregado asimismo junto a sus peculiaridades innátas que la podrian hacer más o menos competente en el mercado de los contratos nupciales, algunos apuntes escritos con tinta roja que formulaban lo siguiente: Ninfa de costumbres liberales y actuares repentinos. De disposiciónes indecentes, jerigonza soez y rara. No apta para lectura de versiculos dominicales, pero potencialmente buena para sobar masas panificadoras y trastos masculinos, si se la endilga en esos pormenores.
Y terminaban esos comentarios con el agregado de que a pesar de todo, Josefina era de contextura corpulenta, lo cual aseguraba su lugar entre las primeras de la lista de candidatas, puesto que sin temor a equivocarse, seria una campeona en eso de cortar y apilar leña, vaciar recipientes de aguas servidas, barbechar la tierra y alumbrar criaturas sanas y rentables, que asegurarían la sobrevivencia próspera del pueblito.

De cercána descendencia indígena y con diluida sangre italiana en sus venas, Josefina portaba con dificultades la carga que le provocaba esa mezcla de espermios colonizadores y gametos colonizados , haciendo de su distinción una contradicción permanente.
Porque las veces que bebía, declaraba con orgullo su raíz aborígen destacando lo mejor de las cualidades de “su” raza, mientras que cuando estaba sobria renegaba furiosa de tal morena descendencia, haciendo resaltar las infimas gotas de sangre itálica que corrian por sus venas.
En esos casos odiaba a indios y mestizos y se autodefinia como racista. Y en intento arribista y desesperádo por ser considerada algo que no era más que una ambición absurda, habia tomado por costumbre decir prego en vez de decir “de nada” cuando alguien le daba las gracias por sus servicios de costurera sin dedal, due en vez de “dos”, la mia mamma en vez de “mi mamá” y ciao en vez de “hola”. También habia aprendido algunas frases que repetia cada vez que la ocasión se le presentaba, para hacer la diferencia entre su genealogía y la del resto de los habitántes del pueblito en que vivia.

Scusi! Ma oggi sono molto affaticata e soltanto voglio facere l’amore con te, se le podía escuchar decir cuando alquien le encargaba simples bordaduras para adornar cuerpos resentidos por el trabájo duro y sin consuelo. Y estirando sus manos recogia las telas barátas que le depositaban sus clientes pobres, agregando con voz de ilustrada: Dame cento lire domani per la matina che l’America voglio andare.
Estos escuálidos conocimientos de la lengua italiana, los habia obtenido de tanto mirar la telenovela italiana que se transmitía a diario en el unico canal de cobertura nacional del país y que por esas inverosimilitudes de la técnica habia dado por llegar también a ese lugar.
Algunos decian que habia sido producto de un equívoco geográfico, mientras que otros afirmaban que eso no habia sido sino un eslabón más dentro del plan diabólico de las clases dominantes en pro de la enajenación total de todos los seres humanos del planeta Tierra.
Los habitantes del pueblo, desposeídos de los conocimientos idiomáticos de Josefina y sin entender por tanto lo que esas simples palabras italianas significaban, dieron por seguro que toda esa verborrea extraña no era más que una incorrecta forma de hablar el idioma castellano, y sin más ni más la tildaron de idiota.

Capitulum secundus
Josefina ignorante del nuevo cargo que sustentaba en el pueblito, simpatizaba con los sectores aristocráticos y más retrogrados de la sociedad y tenia el convencimiento que tal adoración platónica le otorgaría privilegios de los cuales su propia clase social estaba marginada, aún cuando esas prerrogativas nunca se concretizaron en algo real.
Fue asi entonces que comenzó a exigir que la llamásen “donna” provocando nada más que la hilaridad de sus amantes, conocidos y parientes que vieron en esa actitud suya otra muestra más de su latente estupidez que ya para muchos era congénita, puesto que el padre y uno de sus hermános habian terminado sus días en el psiquiátrico municipal del pueblo, más bien parecido a una cárcel que a un establecimiento de salúd mental.
Pero a Josefina nunca le faltaron amantes. Y en una comunidad en donde la religión católica prohibía toda relación sexual que no tuviese que ver con la sobreviviencia de la especie, una mujer libertina como ella era siempre bienvenida a manchar sábanas ajénas con sus jugos de hembra indomable. Mas como a Josefina no le hacia mucha gracia esa idea de ser compartida por cuanto paisano suyo se le pusiese por delánte, o por arriba para ser más correctos en esa descripción, decidió sin comentárlo siquiera con su cura confesor - que estaba al tanto de todos los amantes de turnos que tenia – que iria a convertirse en mujer de todo uso del boticario de la plaza mayor. Personaje éste muy conservador en sus ideas políticas, pero muy libertario en asuntos carnáles y que contaba con el respeto y la veneración de la población, a raíz de sus conocimientos médicos que si bien es cierto no pasaban de la constatación que la cabeza descansaba sobre el cuello, y que habia aprovechado muy bien, producto de su carisma sicopático.

Porque aparte de su botica, también hacia parte de la directiva de la Junta de Vecinos del barrio en que vivia, del único club de fútbol que alli existía, del cuerpo de bomberos en el cual ostentába el pomposo título de capitán aunque nadie recuerda haberlo visto apagando algún incendio, y de guía espiritual del pueblito.
Su curriculum religoso era algo que tomar en cuenta cuando los habitántes tenian controversias existenciales tales como si eran dos o tres las papas que se ocultaban debájo de la cama para la noche de San Juan, y que predicirian si el futuro iba a ser bueno, aceptáble o de miserias. O si habia que dormir con los ojos abiertos o cerrádos cuando se tumbaban debajo de una higuera para poder ver la aterradora y también fascinante figura de Satanás. O si la pizca de sal que se tiraba hacia atrás para evitar el mal de ojo deberia ser sobre el hombro izquierdo o el derecho, cuando alguien vertia ese elemento de manera involuntaria. O si eran dos o tres las vueltas que, maleta en mano, deberian darse alrededor de la casa el día de Año Nuevo, para lograr un viaje largo y provechoso el año entrante.

El boticario habia comenzado su carrera religiosa como católico omnipotente para luego de ser excomulgado por haber negado el misterio inefable de la religión cristiana de la distinción de tres personas divinas en una sola y única esencia, pasó a ser parte de una comunidad evangélica la cual a poco andar tuvo que dejár apresuradamente luego de una denuncia en su contra por malversación de fondos, acusación que sin embargo nunca llegó al juzgado local de menor cuantía por cuestión de careos fallidos.
Cambió nuevamente de tienda y fue a dar con sus sentaderas en las pláticas de los Testigos de Jehová donde estos enseñaban la doctrina cristiana a su manera, elogiaban los actos de virtud y reprendian los vicios y faltas de sus fieles. Malas lenguas afirmaron que una vez más habia sido excluido de tan flamante secta, por lios de faldas con la hija de uno de los Hermanos Superiores de tal organización. Tal afirmación nunca se pudo comprobar pero lo que si es cierto fue que a Manuela, una jóven de 16 años algo retardada y miembra por herencia de tal organización, se le terminaron de improviso los ciclos mentruales y le comenzó a crecer el vientre sin que nadie pudiese explicar tal fenómeno, sino como producto de una copulación con todas sus reglas y posiciones diversas.

A alguien se le ocurrió que a lo mejor todo eso no era más que la comprobación de la santidad de Manuela y que nunca habria perdido su virginidad sino penetrada por los rayos divinos del dios omnipotente que habitaba en los cielos que no tienen ni pueden tener término, para plantar en ella la semilla de su hijo en la tierra de la cual seria su salvador divino. Mas tal afirmación nunca tuvo aceptación entre los feligréses de la secta puesto más que uno habia visto a Manuela refregándose las entrepiernas bajo sus faldas cuando sentáda en un banco de la parroquia, dejába escapar grititos y gemidos de placer que mucho avergonzaba a la hermandad femenina de devotos de la secta, pero que erectába los órganos sexuáles de los hombres y también de algunos animales que por alli daban en pernoctar. De hecho, la cantidad de congresales jóvenes aumentaba en más del doble cada vez que se celebraba la eucaristía mayor de esa congregación los cuales por no tener acceso a pasquínes pornográficos, utilizaban como válvula de escape para saciar sus sueños eróticos reprimidos.

Y no pasó mucho tiempo antes que se viera al boticario muy de terno, camisa blanca y tira de seda enlazada alrededor de su cuello en compañia de dos yanquis muy lampiños intentándo convencer a los habitántes del pueblo de las ventájas de ser mormón.
Nadie nunca entendió el porqué de su afán de participar en tanta congregación de dudosos propósitos, como haber sido miembro de la iglesia católica entre otras. Y según se dice, participa aun con los mormónes de profeta inventados en el siglo XIX, y los cuales por ser de su misma laya nunca lo han expulsado de sus filas.

Y con el paso del tiempo que tarda la tierra en dar sus vueltas alrededor del Sol, ya todos se olvidaron del boticario y sus aflicciónes mas no el autor de esta historia, que por archivos ictéricos se enteró que aun sigue cazando ingenuos, que consume pastillitas calmadoras para tener al menos algunas horas de reposo y tranquilidad tan ficticias como el papel moneda, cuando se enteró que el feminismo se hacia cada vez más notorio y fuerte, que a los homosexuáles y a las lesbianas se les habia permitodo casarse, que la futura presidente de la nación seria del sexo femenino, y que los soldados europeos usaban el pelo a la moda, maxilares sin afeitar y botas sin lustrar.

Epilogus.
Pero si hay alguien que todavia saca pecho por la vida es Josefina quién, después de cansarse de tanto amante pueblerino con pocas fantasias sexuáles que buscaban en primer lugar su propio placer en desmedro de las insaciables necesidades eróticas de ella, decidió que lo mejor era emigrar a otro país, cuestión muy de moda gracias a la globalización que se llevaba a cabo en el mundo. Y le cayó entonces como anillo al dedo una carta que recibió desde un extraño reino del norte de Europa en el cual su hermano menor residía, desde que a un extraño ser - mitad hombre, mitad simio – se le ocurrió que aquello de que por la razón o la fuerza era un pricipio por el cual regirse y las emprendió contra todo y todos los que no estuviesen de acuerdo con tal enunciado sagrado.
En esa carta su hermano le proponia casorio con un súbdito de esos lares, previo pago en contante y sonante de una cantidad predeterminada de antemano y que su hermano habia negociado a su favor. Josefina recibiría a cambio de tan flamantes nupcias un subsidio estatal permanente pagado con cheque a su nombre y respaldado por el servicio social del municipio en donde asentaria su trasero vírgen aun de penetraciones atrevidas.
Y si demostraba respeto, humildad y obediencia a su amo podria hasta tener el privilegio de elegir entre un buen par de bototos de invierno, algo de pintura labial, e incluso poder sentárse en el asiento delantero de la cacharra que conduciría su futuro cónyuge, para llevarla a mercados grandes de un cuantuay, y llenar el moderno refrigerador que congelaria sus sueños por el resto de su vida.

Y si esta historia la encuentran conocida, pues a no preocuparse demasiado por infimos detalles que no son estos inventos del autor de esta narración, sino realidad de tan buena ley como el oro de los incas del Perú.

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