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Muerte, remordimientos y ataúdes diversos

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(Visita también: Azkintuwe. Periódico mapuche)


La muerte es un negocio rentable. Al menos en Suecia. Porque, aparte de aquel que transita hacia desconocidos lares, desde un punto de vista económico son muchos los que ganan con este acto fúnebre. Y no me estoy refiriendo aqui a secuestros lucrativos en Colombia, que a menudo terminan con la muerte para unos y ganancias para otros. No! Me estoy refiriendo a una muerte normal y natural que es socialmente aceptada por todos.

Porque si intempestivamente dejo de existir, de forma inmediata una enorme maquinaria hechará a mover sus piñónes, y se hará cargo no solamente de mi muerte sino también de mi cadáver. Es como si mi último suspiro estuviese acoplado a la misma: dejo de respirar y comienza a funcionar. Y si por esas cosas de la vida, muero en un hospital u otra institución parecida muy higiénica y aséptica, algún médico con diploma de tal expedido por peritos en eso de las artes de Hipócrates, corroborará mi muerte.

Y cuando el rigor mortis ya haya jugado su rol ablandando mi cuerpo, y con mis ojos fijos en algun punto lejáno que solamente yo podré ver, seré oficialmente declarado fiambre, y personal experto en la materia comenzará a lavar mis restos desde distintos ángulos y distancias.

Me vestirán con mi mejor terno (que aun no tengo!) y un sobrio pañuelo mantendrá mis mandibulas en su lugar. Porque si no estuviesen cerradas a la fuerza, el risgo seria grande que salieran de mi hocico un montón de palabrotas y garabatos poco apropiados en tan solemne ocasión. Con ayuda de pincelitos y maquillaje repasarán mis cejas, mis pestañas, mis mejillas y mis labios para darle algo de vida a la muerte. Y luego de ese tratamiento de belleza me meterán en un refrigerador construido para tal efecto, en donde pasaré las próximas tres o cuatro semánas todavia sub sole, a la espera de ser incinerado o enterrádo.

Al mismo tiempo y en forma paralela a mi silenciosa espera, alguien o algunos de mis familiares se verá en la obligación de comprar un ataúd, cuyo precio puede variar entre 5 o 35 mil corónillas suecas. Esto, más las flores, la música, el local de tal ceremonia, el transporte de mis huésos ya relajados, y el arriendo por 25 años de un hoyo en alguno de los cementerios de Estocolmo, son algunos de los costos que les espera a mis sobrevivientes y que tendrán que financiar de alguna manera. Y todo esto sin contar con la fiesta obligatoria con comida y trago para todos los participantes – oportunistas los más - que vendran a "llorar" mi muerte. Buena suerte!

Pero como estamos viviendo en una sociedad muy racional y ordenada, encontramos miles de empresas funerarias (posibilidad de elegir! Cómo no!) que dandole los sentidos pésames a la parentela ocupada en cuestiones tan cotidianas como la muerte, ofrecen un servicio de información… gratis! Y para demostrar que sus intenciones son serias, hacen entrega (todavia gratis!) de una preciosa carpeta, suave al tacto y agradable a la vista, llamada El archivo blanco.Guía para mis familiares, en el cual el futuro fiambre escribirá todos sus deséos – antes de morir, por supuesto - de como quiere que sea su funeral: que canción adornará tal acto, si será una ceremonia religiosa o atéa, si quiere ser incinerado o enterrado, si será envuelto en túnica o en sus propias ropas, el color y la calidad del ataúd, si está o no de acuerdo en que algunos de sus órganos sean donados, autopsia o no, etc, etc. Y todo esto a precios humanos, otros no tan humanos, muy inhumanos y carísimos.

Pero para conocimiento general. Existe también una alternativa muy baráta y cómoda, en caso que el fiambre haya elegido ser reducido a cenizas. Un ataúd de cartón. Y porqué no, digo yo? Si al fin y al cabo toda la mierda será quemada, qué puta importancia puede tener el envoltorio!

Pero, lamentablemente no todo es tan fácil. Porque a menudo son los sentimientos – sobretodo los remordimientos – de los familiares del muerto los que son priorizados y no los deseos del cadáver en cuestión. De tal modo que vaya aqui una advertencia, pues algun tipo de conflictos se pueden ocasionar. Y a veces pareciera que la gran mayoria de los sobrevivientes intentan mostrar su mejor lado respecto al cadáver, pagando el ataúd más lujoso y caro que puedan encontrar en ese fúnebre mercado de la muerte. Y mirado desde ese punto de visa, El Archivo blanco puede ser de gran ayuda.

Y al menos yo, ya he tomado mi decisión:
- al fuego con toda mi carne y huesos
- en el envoltorio más barato posible
- ninguna donación de órganos
- ni tampoco autopsia

Cada uno de mis componentes deberá ser asado, y mis cenizas hechadas a volar en el Mar Báltico.

Que la muerte es una ganancia para empresas consultores funerarias, firmas privadas y oficinas especializadas en la muerte, no queda ninguna duda.

Y como último acto revolucionario entonces, reduciré al minimo sus macabras ganancias, para permitir que mis sobrevientes se compren la pantalla-plasma que tanto desean y para lo cual han ahorrádo tanto tiempo.

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