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Este es el cuento del macho más macho de todos los machos. El Machote Machito!

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Decia ser karateca porque según su manera de ver las cosas, eso le daría algo de prestigio. Sobretodo entre las mujeres. Y claro, en el periodo más oscuro del país, la violencia era aceptada como arte, mientras el arte verdadero era quemado en las calles. Pero nadie lo vio nunca ni siquiera levantar una flacida piernilla para subir a una vereda, y menos aún hacer una pirueta karateca, porque oportunista como era, utilizaba siempre esas aberturas que han hecho en todas las veredas del mundo, para facilitarle el tránsito a los discapacitados en sillas de rueda.

Otra vez le dió por hacerse llamar director de diario, cuando – aprovechandose del capital heredado de su nueva victima – imprimió unas cuantas páginas que el llamó ”periódico” y que nunca nadie leyó, ni menos compró.

Lo parieron en un pueblucho llamado Penco. Y solo el nombre de su lugar de nacimiento contribuyó a que su diagnóstico de sicópata se hiciese más y más claro en su vidita parasitaria.
Y ya conciente de su condición, engañó, maltrató, parasitó, cafichó, violó, robó, falsificó, compró ternitos tercermundistas - de esos que incluyen calzoncillos almidonados y suspensores para los calcetines - para esconder su arribismo innáto, su gordura eterna, y su cerebrillo acomplejado de megalómano rabioso.

Y equipado con esos accesorios de su mente, arrancó de Penco a otros puebluchos parecidos y con tenida de gran señor, se dedicó a violar, engatuzar, estafar, falsificar para sobrevivir. Pero como a esas alturas ya nadie creia en sus cuentos descabellados - sino solo sus victimas - decidió que parasitar y cafichar era lo suyo, pues su propia vida demostraba que nada peor podia ser asi como era.

En un arrebato de generosidad, su dios – otro igual de su estirpe – le recomendó ser oportunista, para de esa manera evitar pensar y sacar conclusiónes propias. Pues el oportunista solo necesita ser llevado por el soplo de cualquier viento para sobrevivir. Y como en el país de los onanistas el violador es rey, no tuvo ningún problema en transformarse en perdedor eterno sin remordimiento alguno.

Y el Machote Machito se dedicó entonces a dejar pasar los años susurrando melodias que nunca le cantaron al oido peludo de su infancia infeliz, y que necesitaba escuchar, para poder dormir tranquilo y ser normal.

Pero ya es tarde pues si vida se acabó.

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