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Y ahora que me quedo solo

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Y ahora que el sol se fue a invernar, comienzo a pensar en ropas que tengan la capacidad de proteger mi cuerpo de las frias fauces articas que chorreando vapores congelados, intentaran como en tantos otros años transcurridos en silencio, devorarme sin auxilio ni contribuciones fiscales, aún cuando el devenir de los mismos sea igual que salario pobre de fin de més: escualido y efimero.

  

Y cuando la pensionista que se lleva una buena tajada de mi vida, sube el alquiler de mi cuarto porque dice que lo comparto con mis pensamientos, y quitandome el espejo me priva de mi compañia solitaria, busco en la bolsa de mis recuerdos algo que me pueda proteger del invierno cuya hora ya está presente. Y con algo de resignación llego a la conclusión que su presencia es algo asi como migas de panes duros en mis bolsillos rotos y llego a la triste y  fria conclusión que tengo más calzoncillos y calcetines sin zurcir, que canas en mi pelo.

 

Buenas noches entonces, y ya veremos si mañana es algo distinto a la luna que siempre se  va a dormir cuando yo despierto y que brilla cuando me tiro a dormir en mi camastro lleno de cojines y almohadas prefabricadas.

  

Y con algo de ironia constato además, que la vida que me rodea me ofrece más pantalones de segunda mano que amantes de primera.


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