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Practical jokes?

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Armárse de palos putas, que la cabrona va a pelear! Fue el grito de guerra y un pelao con barba se lo tomó muy serio y saltándo de un bote de papel a otro al grito de al abordáje muchachos! fue a dar con sus asentaderas a territorio enemigo, y nadie lo siguió. Pero la mamá historia siempre se acuerda de él y le regalaron un día de feriado vitalicio por servicios prestados a la clase político-militar, en sus objetivos logrados de hacer más largo el chorizo angosto de la geografía nacional.

  

Y con desesperación se percató que su refrigerador estaba casi vacio aparte de un paquete de leche a medio consumir, una olla inoxidable con restos de un guiso sin nombre ni color, pero con mucho gusto a pobreza, un pedazo de queso algo rancio y duro, más la infaltable botella de jarábe de frambuesa con azúcar  que según las instrucciones, siempre debia estar en un lugar privilegiado de ese frio compartimento creado por la civilización (sifilisación?).

  

Un insider le habia informado que el Consejo de Defensa de la Contrarevolución haria un control de su refrigerador, pues según las leyes en pro de las Buenas Costumbres y la Tradición, todos los ciudadanos tenian la obligación de mantenerlo siempre lleno. En primer lugar con productos que se definian como “insustituibles” y que por lo tanto siempre tenian que estar alli. El ketchup, la Coca-Cola y la salsa americana encabezaban esa lista de “articulos indispensables en la cocina occidental”.

  

Y en un acto de rebeldia, valentia, o locura – algo asi como el que motivó al pelao con barba a dar su acrobático salto mortal (que entre otras cosas nadie ha vuelto a repetir, porque la Historia prohibió su plagio, pero también porque esos botecitos de papel ya no existen), decidió desatornillar su cabeza del cuerpo que la sostenia, acomodarla en la heladera despues de haber levantado la comisura de sus labios en sonrisa irónica, y dejar apoyádo su cuerpo sin testa en posición firme, haciendo ridículo saludo militar, con la botella de ketchup reemplazando la caja redonda que a menudo cobijaba un disco duro blando y lleno de irregularidades, que se hacia llamar cerebro.

Vale agregar, que el Consejo de Defensa de la Contrarevolución habia prohibido el suicidio, decidiendo que quien se dedicase a practicarlo seria condenado a muerte. Y también hay que acentuar que cada uno de esos consejos llevaba el nombre de algunos de sus héroes más representativos.

Y justo ese que daria por pasar por su ex-vida, se llamaba George W. Bush.



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