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Inverosimilitudes culinarias

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o el problema de no entender tu rededor 

”Qué cenaremos hoy día?” me pregunta la voz. Me quedo en silencio y constáto que esa interrupción me irritó. No sé, respondo con poco interés. Una carne al jugo, agrego por decir algo aun cuando no tengo idea de qué es lo propuesto por mi. “Una carne al jugo o una carne jugosa?” responde la voz. Cierro el libro que estaba leyéndo y replico de mal humor que cuál es la diferencia porque la carne siempre es carne, o no!?  “La diferencia es que una carne jugosa puede ser cualquier tipo de carne no reseca, entiendes? En cambio una CARNE AL JUGO es una manera especial de cocinarla. Te queda claro!?”

No, no me queda claro! Digo ya casi fuera de mi y me pregunto de qué mierda estamos hablando. Hacia menos de un minuto atrás estaba enfrascado en la interesánte lectura de un libro y ahora estaba respondiendo de manera automática a preguntas que no entendia. Cómo es que llegamos a estos niveles de incomunicación hablada?, pienso decir mas opto por callar.   

Ok!, digo con exageración conciente. Desearia entonces comer una paella marinara con una porción extra de calamares en su jugo, acompañada con una buena botella de vino tinto riojano!

”Calamares en su jugo?” pregunta la voz y noto algo de confusión en su tono. Si! Digo exasperado. En su jugo y no en los mios ni en los de un maldito pulpo, ni tampoco en los de tu tío abuelo o qué se yo!

”Mi tío abuelo!?” dice la voz con furia. “Te refieres en verdad a mi tío abuelo, o estás bromeando?”

Me refiero a los putos jugos del recondenado calamar en una paella marinara! Le digo y agrego con sorpresa no fingida, y cómo es que llegamos a hablar de tu parentela?

“Tu la sacastes al tapete de la discusión!” me responde la voz con calma irónica.Pero si estabamos hablando de la cena, por favor… digo implorando y agrego ya casi sin fuerzas, y a qué discusión te refieres?

“Pero es que ni siquiera sabes de lo que estamos hablando!!!?” truena la voz en mis timpanos desgastados por el correr del tiempo y las voces ajenas.

Aprovecho los segundos que se demora la voz en recuperar energias y salgo corriendo de mi casa, sin entender exactamente el porqué de esa desesperáda carrera. Pero cuando paso frente al kiosko de la esquina, me acuerdo que tengo hambre y que tal vez fue eso lo que ocasionó todo este disturbio culinario.  Who knows...   

Lo unico que si fue cierto, es que esa tarde comi a la cena un salchicha con mucha mostáza, envuelta en un pedacito de papel con el logo de la fábrica de cecinas que la fabricó, sentádo en el banco de un parque cualquiera de mi ciudad natál. 

Bon apetit!



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