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Tristeza repartida

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Ahi estaba en una sala común de un hospital público de un país tercermundista y subdesarrollado. Sus ojitos los tenía abiertos, respiraba sin ayuda, y  tenía pequeños movimientos involuntarios en su rostro. Debe haber sido terrible verlo yacer ahi, en una cama extraña más cercána a la muerte que a la de su hogar. Y también es terrible que los padres entierren a sus hijos. Lo natural es lo contrario, dijo mi padre y rompió a llorar. 

Pero si ya nada queda por hacer, iré una vez más al cementerio vikingo, alli en donde desde la lejania de mis recuerdos entierro a los mios, a llorar la partida de mi hermáno Jaime. Las lágrimas en ese lugar corren con facilidad, sépanlo ustedes. Como si ya supieran que al llegar alli, pueden aflorar sin inhibiciónes. Alli lloré por mi abuela paterna,  por mi madre, por Claudio, mi hermano-primo y ahora lo haré por ti, hermáno mayor! Y algún día, espero, que también alguien llore por mi en este mismo lugar sagrado, cuando mis cenizas sean esparcidas a tu lado. Y a mis entierros  virtuales prefiero ir solo. Llorar al viento y dejar que la naturaleza me consuele, es un sentimiento maravilloso, inmaculado, omnipotente. Me limpia el alma y refresca mi memoria. Es como un tributo a nuestra existencia que nunca es eterna. Es como el reencuentro con nuestras raíces más puras y primitivas. Es maldecir, pero también es dar las gracias por haber tenido la oportunidad de haber sido alguien. Alguno más entre miles de millónes, pero en este caso, alguien que fue parte de mi propia vida y de mi historia personal. Y no encuentro lugar más adecuado que desde aqui, desde estas calladas piedras milenarias, para decirle adiós a mi hermáno Jaime, que ya se vá.

Solo queda aceptar la realidad de que nuestras existencias son así, un golpe de "suerte" pero que termina con otro golpe de "mala suerte", y la materia vuelve a su estado inanimado. Sin embargo, a  nosotros que lo sobrevivimos nos quedará en la memoría la dicha de haber compartido con alguien muy especial: Jaime permanecerá vivo en nuestros recuerdos.  

Hermano mio! Recibe un pedazo de la poesía de la tierra escandinava y su pasado, que te envío envuelta en un abrazo eterno, para que la tengas a tu lado en tu tierra originaria cuando bájes a ser parte de ella. 

Pasaron asi las horas, y llego el momento de despedirme. Eran cerca de las 22:00 horas, y aun podia  tomar un bus que me dejaria en el terminal de mi ciudad temporal. Nos despedimos con un gran abrazo, le tomé la mano y le dije que estaria en contacto con él. Y contigo. Y que con toda seguridad nos veriamos el proximo mes. Luego camine sola por las calles santiagueñas, de vuelta rumbo a Talca. Asi lo hice, y llegué aqui cerca de las dos de la mañana. Y una vez ya acostada, me costo muchisimo dormir! Sin embargo estaba tranquila. Creo que conseguí lo que queria: ver al abuelo, acompañarlo y hablarle de ti. Con relación a  Jaime, lamentablemente ni yo ni nadie, puede hacer nada. Y aunque quizas, él jamas sepa que aquella noche yo estuve alli, espero que de algun modo haya sentido tu presencia, a traves de la  mia. 

El cementerio vikingo ha sobrevivido por más de mil años y sé que esperará por mi. Y de pronto y sin quererlo me he transformado en el más viejo de nuestra generación, privilegio que nunca quise tener, pero que llegó a mis manos como un trono mal habido.   



(El primer párrafo en cursivas pertenece a Alvaro Ortiz, el segundo a Javier Figueroa y el tercero a Tania Ortiz)



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