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Solfeo de amor

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”Cuánto te extraño!”, cantó el juglar desde la nube de su inspiración, lamentando la ausencia de un viejo blues aguardientóso cantádo por negros, como fondo de su confesión poética.

 

”Quisiera sacar tú imágen de mi espejo para poderme afeitar, pues ya me parezco a Sadán”, continuó ”Y también llamárte desde mi mobil que ya lo quieren prohibir

en trenes, autos y metros de mi ciudadddddddd….” recitó con voz baja hasta que el aire se le acabó y sus pulmones comenzaron a protestar. ”Cof, cof, cof!” quisieron tosér, pero la magnitud del momento no se lo permitió y tuvieron que callár.

 ”El remolino de colchas de mi lecho, cual ballena herida en costa noruega, retiene aún el perfume de tu cuerpo embriagador,mientras buitre negros, hambrientos de amóres a la deriva, extienden sus alas, llevando a continentes lejános y desconocidos en aterradoras garras y picos devoradores la noticia, que tú ya no me amas.”

 

El poéta hizo una pausa y todo el público contuvo el aliento, pues sabian que algo magistral saldria de su gran cerebro literato y creador.

 ”Porque si la sociedad ha creado la necesidad porqué prohibírla entoncessssss…?” declamó con voz de Neruda gangóso y cansádo.

”Cuál será el próximo paso? Cuál será, pregunto yo!?” gritó el célebre poéta levantándo sus brazos al cielo, al tiempo que ingeniosas instalaciones escondidas tras el escenario, regaban su rostro de gotas de sudor artificial acentuándo lo dramático de su declamación abyecta.

 

Quise aplaudir para poner final a toda esa parodia de literatura oral, pero Anna Karin me introdujo un códo en las costillas haciendome gemir. ”Silencio! Silencio! Se escuchó por todos lados. ”Ni se te ocurra empezar con tus tonterias!”, me dijo muy despacio y me sobó el pescuezo exactamente en el lugar en donde no me habia hecho doler su amor. Pero logré doblar mi cuerpo y poner su oreja en mis labios y le dije suavemente ”bla, bla, bla: Babilonia nació en Iráq y la Torre de Babél también. Y los hijos de Babilonia quisieron construir una torre que llegáse al cielo, pero el señor dios se enojó de tal atrevimiento. Porque al cielo no llego más que yo! Vaya osadía! Detronó el patrón de las divinidades y la torre se desplomó. Y con plumazo diestro, creó lenguas distintas, para que los pobres seres no se pudieran entender entre si. Váya cosa siniestra!” Anna Karin me miró sin comprender y agregué cansado de explicar mis reflexiones: ”Algo asi como lo que hoy día hace Bush en Iráq. Me entiendes?” Pero cuando vi su mirada vacía sosteniendo miles de interrogántes en su espacio, me apresuré a decirle que tenia que ir al baño a lavar cualquier cosa menos mis propias dudas , y sali a fumar a la fria noche de principios de inviernos eternos y oscuros.

 

Dejámos el teatro y decidimos caminar por las antiguas calles de Estocolmo. Anna Karin adóra su ciudad natál y yo la adoro a ella. Lo que por asunto de ecuaciones extrañas e incomprensibles para muchos, deberia significar que por cosecuencia yo también amo a mi ciudad adoptiva, pero la verdad es que no sé si será asi.

Pasamos por Gamla Stan y su silencio lleno de luces y me sentí muy romántico cuando dirigiendo mis pasos a un portal escondido en sus calles, abracé a Anna Karin levantándo sus faldas para sentir la tibieza de sus nalgas. La idea no le pareció buena y nos mimetizamos con la noche en Kungsträdgården, donde grupos de jóvenes bebían frias cervezas para engañar la realidad que los rodeaba. Seguimos por Klarabergsgatan hasta llegar a Sergels Torg, cuna de desposeídos y cámaras televisivas de seguridad, mercado blanco de cualquier droga que quieras consumir. A Anna Karin se le puso en la cabeza que queria comprar algo de marihuána y mis argumentos en contra poco valieron, cuando me enrostró que el fumar algo de yerba fresca, no era solamente hábito de intelectuáles, ni menos aun monopolio de mi generación, sino también costumbre feminista actuál. Consumimos el pitillo en silencio mientras caminabamos por Drottninggatan, paraíso del consumo navideño y doblámos por Sveavägen hasta llegar a la solitaria plaza de Högtorget, habitada a esas horas solo por fantásmas en blanco y negro que rodando por todos lados, le daban a ese lugar algo de vida y personalidad. Seguimos por Kungsgatan hasta Stureplan y tomando hacia la izquierda nos encontramos con el parque de Humlegården y su biblioteca reál.

 

El sabor de tu amor siempre me gustó, le dije inspirado por la sesión de poesía que ya habiamos dejádo atrás. Qué!? Respondió Anna Karin con disgusto y tal vez adivinando mis intenciones, cerró con decisión los botónes de su chaqueta para quitarme el alcance hacia sus pechos. Me voy a dormir! agregó y apresurando sus pasos se despidió de mi líbido que como nieve en primavera, se comenzó a derretir a mis pies. Nos vemos  mañana? Le alcancé a decir antes que su hermosa figura se perdiese entre la geografía de la ciudad, pero nada contestó.

”Es más fácil derrocar a un régimen que construir una nueva sociedad!” le grité con furia pero sólo el silencio de una nueva noche de invierno me observó tras un bostezo de aburrimiento. ”Y no me vengas con eso de que hay que democratizar la democracia para poder vivir.” Le dije a mi alter ego, y abandonándo la noche, abrí un nuevo día para dejárlo pasar con sus horas, minutos y segundos, esperando que algo sucediese que no fuese igual que siempre.

      
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