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Sentimientos ermitaños

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Si llueve en Washington se abren los paraguas en Estocolmo. Y si el pasado me persigue, llora mi alma también. Plaf, plaf, plaf! suenan los pasos encuclillados que se mueven en el escenario oscuro al cual estoy invitado y quiero aplaudir, pero mis manos estan enfrascadas en amasar mi devenir y no hago nada. Pero si llueve en un barrio de Estocolmo nadie llora en Washington.Y mis hijos bailan, digo. Y los mios también! dices y añoro el dia en que te volveré a ver.

Desde que aparecistes no leo ni el periódico, se me ocurre decir desde mi teclado desdentádo. Oh! respondes suspirando aires transandinos, y sin consultarle la razón a nadie nos fuimos al Museo de Arte Moderno y te vi feliz, sentáda en tu silla de cartón. Y vimos una pelicula que ni tú ni yo entendió mientras jugueteabas con tus dedos con la presencia de algo real. También dejé de comer huevos, dijo mi iguana. Comer huévos? respondió el eco de otro eco y olvidastes tu presente. Si. De esos que ponen las gallinas cuando meditan cual beduinos a la sombra de dromedarios sin joroba, dijistes y te fuiste a lavar el pelo.

Las malas lenguas dicen que la santa salió por la puerta grande, se recogió el pelo en un moño para abajo, le guiñó el ojo a un gato encolerado, se arregló la tunica arrugada, aspiró un detalle de su vida, soltó unas lagrimas de adiós y se fue a los cielos vestida de avión. 

 A mi alrededor todas las puertas estan cerradas y yo converso contigo sin espantar fantásmas. Y no hay nada que sea más agradáble que tu presencia en mi vida.    

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