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¡Víctor Jara y Chile en el corazón! ¿Y por qué no es posible hacer una cosa así en España?

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Para Mercedes Iglesias Serrano, quien - con la ayuda de su hermano - empezó a escuchar a Víctor Jara a los 12 años.

“Chile salda cuentas con los asesinos de Víctor Jara. La Justicia ordena detener a siete militares a los que acusa de torturar y dar muerte al cantautor de ‘Te recuerdo Amanda”. Son titulares de una información que no puede dejar indiferente, que no deja indiferente a ningún demócrata del mundo, a nadie que siga llevando al Chile de Jara, Allende, Neruda y de miles y miles de socialistas y comunistas anónimos en su corazón.

Chile, como se sabe, es actualmente un país gobernado por la derecha extrema neoliberal. A pesar de ello, en ese país hermano, la Justicia ha ordenado “detener a siete militares retirados bajo la acusación de ser autores y cómplices del asesinato del cantautor Víctor Jara, acribillado con 44 tiros (44!) el 16 de septiembre de 1973”. El juez especial del caso, Miguel Vázquez, tras establecer los detalles del crimen, ha apuntado como muy probables ejecutores del homicidio “a los tenientes Hugo Sánchez y Pedro Barrientos”, este último residente en EE.UU. ¡Fue la hora de esos “valientes”! El magistrado Vázquez identificó como cómplices, “a los ex oficiales Roberto Souper, Raúl Jofré, Edwin Dimter, Nelson Hasse y Luis Bethke, todos ya capturados”.

No es necesario recordar que fue Víctor Jara fue un compañero, un artista, un cantautor comunista que apoyó el gobierno socialista –esta vez en serio- de Salvador Allende, un gobierno democrático-popular derrocado por el golpe militar del general asesino Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973, el mismo militar fascista que dos años después asistía en minoría de uno o de dos a los funerales de otro general asesino del que tanto aprendió y copió, el generalísimo Francisco Franco, el máximo responsable de los asesinatos de Julián Grimau y Salvador Puig Antich.

El día del golpe, Víctor Jara intentó resistir la agresión militar fascista “junto a miles de estudiantes en la antigua Universidad Técnica del Estado [hoy Universidad de Santiago de Chile]. Los militares lo apresaron y sometieron a torturas continuas”. No sólo eso: “le cortaron las manos y deformaron su rostro, golpeándolo con las culatas de sus armas”. El crimen, la infamia, la abyección fueron en Granada y en Santiago.

“Canto que mal me sales cuando tengo que cantar espanto”, fue su último verso, escrito “en un papel arrugado que otros presos lograron sacar del Estadio”, convertido en un campo de torturas y asesinatos. El líder estudiantil Osiel Núñez ha contado así su despedida: Víctor Jara tuvo conciencia de que “sería ultimado cuando fue separado del grupo de presos y obligado a ir al subterráneo del estadio que hoy lleva su nombre. En ese momento lo miré a la cara y ambos supimos que lo iban a matar”. El ayudante de los militares acusados por el crimen, Víctor Pontigo también ha detallado ese momento. “Llevé a Víctor Jara a declarar con los tenientes y, después de unas tres horas, escuché los disparos. Pregunté a José Cáceres de dónde venían y me señaló que habían matado a Víctor Jara”.

Como hacían en España con los republicanos, cenetistas, socialistas y comunistas asesinados tras el golpe de 1936, el cuerpo de Jara fue arrojado al Cementerio General, donde fue reconocido por un funcionario, quien –no sin riesgos para él- alertó a su viuda, Joan Jara, para que pudiera enterrarlo en clandestinidad.

Muchos años después, en 2009, la Justicia ordenó la exhumación del cuerpo de Jara. Miles de chilenas y chilenos rindieron tributo al cantante en su entierro definitivo.

¿Sería posible en España un proceso parecido? ¿No fue asesinado aquí García Lorca y miles de resistentes más? ¿Y por qué no es posible? ¿Tendrá algo que ver con ello las características falsamente democráticas del régimen de la segunda restauración borbónica? ¿Hay alguna correlación razonable entre ambos sucesos?

Mientras tanto, las comparaciones enseñan mucho en este caso, en el régimen borbónico español a un franquista de toda la vida como Martín Villa se le premia con un cargo político-institucional. ¿Ningún tribunal de derechos humanos tiene nada que decir sobre ello?

Otro motivo más, nos sobran las razones, para que una masiva rebelión cívica democrática haga temblar nuestras ciudades como quería el autor, vilmente asesinado, de “Grito hacia Roma”: porque queremos el pan nuestro de cada día, /flor de aliso y perenne ternura desgranada, /porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra/ que da sus frutos para todos.

 

Salvador López Arnal 

Rebelión

 

Comentarios a:

Guillermo Ortiz-Venegas ®

guillermo_suecia@hotmail.com

 

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