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TRÁFICO DE MUJERES. Segunda parte

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Prácticas fascistas-machistas 

Las mafias usan “marcadoras” o “reclutadoras”, según denuncia Página 12: “resulta impresionante la similitud obvia que existe entre el lugar que se les asignó a algunas de las mujeres secuestradas por la última dictadura y el que se le asigna a esta niña como marcadora de otras criaturas para convertirse en prisioneras”. El periodista habla de una adolescente que aporta datos sobre el Tráfico. Las sospechas de sus fuentes judiciales son que las familias denuncian la desaparición de sus hijas, pero los funcionarios policiales no hacen llegar las denuncias a las Fiscalías correspondientes. Lo otro que se subraya es que los relatos de las niñas víctimas lucen como “desmesurados” (incoherentes), pero es porque las “obligan a consumir drogas, sobre todo, Rohypnol con alcohól y marihuana”. El resultado es que la persona pierde la linealidad del tiempo, y su relato puede aparecer poco creíble (5).

 

En Chile asistimos entre los años 2003 y 2004 al bullado caso de Gemita Bueno, que dió varias versiones sobre niñas explotadas sexualmente a la policía y a la prensa, habiendo sido ella, según su relato, una de las explotadas. Implicó a políticos de derecha y de la Concertación y luego fue desacreditada como madre y como testigo clave. A fines de 2004 quedó silenciado el caso. A mucha gente del país nos quedaron dudas: ¿Cuánto de su relato fue real? ¿Porqué aceptó reconocer que había mentido? ¿Mintió en todo?

 

En Argentina, el Consejo Directivo Provincial de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) denunció en comunicados de prensa “que los funcionarios del poder político democrático no han hecho nada por desactivar las mafias que siguen desapareciendo personas”. ATE sostiene que el caso de Julio López, desaparecido primero de la dictadura y luego desaparecido por segunda vez de la democracia por declarar contra un ex torturador, como en el caso de Andrea López, secuestrada por la Trata de mujeres, “dejan al descubierto no sólo que el aparato represivo que terminó con la vida de 30 mil compañeros durante la última dictadura militar permanece intacto, sino que también los funcionarios provinciales y nacionales de las instituciones democráticas no han hecho nada por desactivar las mafias”(6).

 

Las estrategias para retener a las niñas y mujeres esclavas sexuales, cuando ya están atrapadas en el tráfico son las mismas de las dictaduras. Están secuestradas, desaparecidas, bajo llave, no tienen contacto con el exterior. Son amenazadas con matar a sus familias, son golpeadas, torturadas y finalmente asesinadas.  

Antes de ser atrapadas las tácticas usadas por la Trata, son limitadas pero eficientes, con mucho ojo patriarcal. Además del secuestro estilo dictadura latinoamericana, está el enamoramiento de la víctima por un proxeneta y hacer un casting de modelaje en un hotel. Aprovechan la necesidad de trabajo aliada con necesidades enseñadas por el género a las mujeres, de ser aprobadas por su belleza.

El tráfico utiliza todas las enseñanzas de género para su despliegue (el amor romántico, el familismo, la maternidad y fueron felices para siempre). Un informe de la OIM, Organización Internacional de Migraciones, dice que el enamoramiento es un método común: por ello a los cafiches, se los llama también “maridos”. Los maridos proxenetas tienen hijos con las mujeres y los reconocen legalmente, viven con ellas.  Es decir, arman la familia feliz para someter y arrebatar cualquier autonomía a las mujeres. Las alejan de sus familias de origen y redes sociales, como cualquier agresor hijo de vecino. Cuando la mujer se da cuenta, ya está aislada y probablemente con sensaciones de vergüenza y culpa, como toda mujer que vive violencia.

(Continuará)

Victoria Morales Aldunate


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