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Observaciones espontáneas

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Solitario en un paradero de buses, me percaté con algo de desagrado que un par de mujeres jovenes empujando modernos coches en los que descansaban sus respectivos hijos, interrumpieron mis pensamientos. Y no porque tenga algo contra las mujeres y sus hijos, sino porque mis reflexiones quedaron colgando cual babas de cincuentañero admirando cuerpos de adolescentes femeninas, y no me quedó otra alternativa sino observarlas.

El parecido entre ambas es algo que remarcar, pensé. Las dos son rubias. Más o menos de la misma edad. Sus hijos son casi mellizos, para no describir los coches. Idénticos!

Y mientras mis pensamientos corrian ya por cuenta propia, bajo el techo del paradero nadie intercambió palabra con nadie. Todo sucedia en cámara lenta, mientras la lluvia se empecinaba en caer sobre la pequeña capital del reino de juguete sueco.

 

A los pocos minutos llegó otra madre jóven, también con su coche a cuestas. Las tres se miraron de reojo, valorando vehiculos, ropas y también sus respectivas criaturas. Todo seguia en silencio y la presencia de esa ultima pareció molestar a las que habian llegado antes que ella. Pero su aparición despertó las opiniones expertas de una de las rubias que, casi de inmediato, comenzó a deliberar sobre la calidad de los pañales desechables, que hoy día son ofrecidos por canales televisivos a madres ingenuas.

  

“Ya no compro Pampers”, dijo decidida y agregó con acento de experta en la materia que “la humedad de los orines no son absorvidas en un 100%, lo cual provoca irritaciones en la piel de mi hijo”, y cerró con fuerza la tela impermeable que protegia su coche, y también a su hijo. Y hasta casi la pude entender pues la lluvia seguia cayendo de manera torrencial, sobre las cabezas de los habitantes de este país.

 

La segunda rubia se quedó sin nada que decir, lo que asegura que su criatura tenia su cuerpito enterrado en las maravillas de los pañales Pampers y solo se logró escuchar un ligero ”hmm”, de su boca bien pintada. Porque si son madres, no por eso dejan de ser mujeres! Qué mierda!

 

La tercera recorrió con su mirada el paisaje matriarcal que la rodeaba y miró con simpatia y algo de solidaridad a ambas contendientes. Y constató con algo de desilusión que su coche era igual al de las otras, pero que sus pantalones no era exactamente lo que exigia la moda actual, lo cual la puso triste y algo deprimida, pero se recuperó rapidamente al pensar que le iria a comprar a su hijo, un biberón turbo y digital con termometro incluido.

 

La llegada del bus puso termino a mis reflexiones y no pude sino sentir algo de satisfacción un tanto sadista se podria suponer, cuando constaté que el bus estaba repleto de otros coches para niños, lo cual significó que no pudieron subir al mismo.

  

Agregar debo, para que no se me mal interpréte, que yo soy uno de los pocos “papás” en este país que llenan la pobre estadistica de hombres que han tomado libre de su trabajo para cuidar a sus hijos, despues que han dejado la edad mamaria. Un año en total, estuve haciendolas de nodriza, de lo cual no me arrepiento sino muy por el contrario me llena de un orgullo, tal vez exagerado.

  

Porque despues de cinco hijos y cincuenta años, eso de limpiar culos y lavar pañales es una bicoca, me dijo Pelle y se fue a una sesión de sauna para suavizar su piel de dinosaurio con escamas.

 

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