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8 de abril 2013

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Las borras del café  ya lo insinúan,

hurgamos en la matriz de las derrotas,

se rompen geografías y los héroes de la pantalla

son caminos repetidos y sin  regresos,

refugiados en las geología de la descendencia,

buscamos la noche aquella,

en que descubriendo el fuego

un beso de amor,  juntó  la sangre,

tejiendo el fino hilo,

en las cosmogonías de los sentidos,

sin que nosotros intuyéramos el enigma.

 

De estrella en estrella, estrellizamos,

fuimos los tatuajes de las piedras,

las afeitadas llanuras del Mar de los Silencios

donde los ríos secos nos dejan su memoria,

ceremonias de antiguos dioses, danzando en el olvido,

ninfas y faunos, aún trabajan

para que la luz, se haga pensamiento.

 

Alguna vez vinieron las palabras,

se cocieron los idiomas con los siglos,

nació la consciencia de los hechos,

el hombre nuevo se hizo viejo

y antes de descubrir como entendernos,

transformamos el miedo irracional

en muchas guerras.

 

En eso estamos todavía.

Son pocos siglos, de eso que se llama tiempo,

renegamos y peleamos con los dioses,

con los mitos que cada uno lleva adentro.

Nos cuesta mucho ser los otros,

las otras voces que a meditar invitan.

 

Después vino la historia,

la memoria de los besos,

el ósculo que quiebra los silencios.

La tierra roturada, que espera la semilla

los entuertos de la poesía,

letra desprolija, amparando a mi enemigo,

si lo tengo.

 

Tu existencia me preocupa

es la memoria triste o alegre de tus sueños,

tus refugios de sótanos inconfesos,

ahí donde los libros se esforzaban

por construir un mundo nuevo.

 

Ignorábamos que fuera del guión

estaba el hombre de carne y hueso,

hombre despojado de sus sueños,

noches sin pan, techos oxidados

barrios de cartón y de pobreza,

donde dios es un pretexto,

y el mañana, una incógnita del cielo.

 

De todas formas, desafiamos,

éramos jóvenes, la muerte no existía

el presente era un pasado de injusticias,

redentores de una humanidad,

que se sigue buscando, todavía.

 

Los espectros siguen escondidos,

ancestrales amigos de la memoria,

conocen casi todos los cuentos,

la narración de las dos lunas..., en el espejo,

la que entraba de noche, disfrazada de sueño,

y otra aventurera, amiga de los gatos y los perros,

escondiendo la tenue sombra del estaño,

en lagunas, aljibes, o el mar abierto,

fabricando  los poetas y los celos,

atando las pasiones y los momentos,

noche y día, muerte y nacimiento.

 

Argencio golpea en la ventana,

viene con la luz de Belén, el pan de los hebreos,

la luz de Prometeo y su castigo,

las chispas del cometa Haley

que nos trajo a Samuel,

y se llevo a Héctor Díaz,

de este planeta sur, a alguna parte norte,

donde el bosque de abetos, conversa con el cielo.

 

Héctor Díaz

Abril del 2013

 

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